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sábado, 10 de noviembre de 2012

Para ser felices debemos aprender a disfrutar de la soledad


En nuestros momentos de soledad no caigamos en el error de hundirnos en la desolación. La soledad es un estado positivo para entrar en diálogo con nuestro ser interior y conocernos a nosotros mismos: ¿Quiénes somos? ¿Qué pensamos? ¿Qué queremos de la vida? La desolación, sin embargo, es dolor, es angustia, es orfandad, es la necesidad de algo o alguien que nos acompañe, en resumen, es autodestructiva y culmina en la depresión.
Nada ni nadie es tan importante como para merecer el sacrificio de nuestra salud psíquica y física. Nada ni nadie nos es tan imprescindible para vivir, amar y ser felices, ni merece la pena de sufrir por ello. Nada ni nadie justifica nuestra desesperanza y la entrega de nuestra vida. Nosotros somos más importantes que cualquier cosa o persona. La cosa o persona podrá vivir sin nosotros, si morimos o enloquecemos; pero nosotros no podremos vivir sin nuestro cuerpo ni nuestra salud mental si le ocasionamos un daño irreparable.
Aprendamos a vivir en soledad y a disfrutar de ella para saber estar a solas con la persona que más debe importarnos en este mundo: nosotros mismos. Y esto no es ser egoístas, todo lo contrario, es ser conscientes de que para ayudar al prójimo, para amar y ser amados, para ser feliz y hacer feliz, primero tenemos que estar bien con nosotros mismos.