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domingo, 30 de enero de 2011

Crónicas de la vida cotidiana: ¡Es aquí, mi niño!

Es aquí, mi niño, es en esta tierra donde sembré el primer trigal. En este pedazo de suelo donde coseché mis primeros granos. En este terruño donde levanté mi casa, de barro y adobe, de madera y paja vizcachera. Donde oré mis primeras plegarias: pedí, agradecí; me fue concedido, me fue quitado. Donde me casaron, sin amor y contra mi voluntad. Donde tuve hijos engendrados en sábanas frías y cuerpos sin pasión. Donde forjé mis sueños en el yunque de la vida y a fuerza de martillazos del destino construí mi vida.
Es aquí, mi niño, en esta misma tierra en la que tú juegas hoy, adonde llegué desde el Volga, a los 15 años, desbordado de orfandad y desamparo. Buscando libertad, trabajo y un futuro. Con mis grandes baúles de madera, mis ropas anacrónicas, mi dialecto, mis costumbres, mis tradiciones, mi religión, mi Biblia. Mis creencias, mi moral, mi justicia, mi ética, mis valores.
Es aquí, mi niño, es esta misma colonia en la que tú juegas hoy, que comencé a ser hombre, a saber de los prejuicios, a comprender qué es ser pobre, a entender qué significa la humillación… A saber qué es la responsabilidad. A llevar sobre mis espaldas el peso de una familia que no había deseado tener. Y a mirar el mañana anhelando la riqueza de un presente justo que nunca alcanzaba a vislumbrar siquiera.
Es aquí, mi niño, no lejos del hogar en el que tú juegas hoy, donde me sepultaron hace 50 años.

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