Mi dirección de correo es: juliomelchior@hotmail.com

martes, 6 de diciembre de 2016

Mi abuelo llegó a la Argentina a los ocho años

Mi abuelo partió de la aldea Kamenka, a los ocho años, junto a su madre y varios hermanos, para arribar a la Argentina y reencontrarse con su padre, que había llegado unos años antes para trabajar, edificar una vivienda y luego mandar a buscarlos a ellos y cumplir con la promesa que había realizado al dejar las orillas del río, para escapar de las hostilidades rusas y el prejuicio, el sufrimiento, la miseria, las muertes por el hambre de seres queridos y amigos.
Aquí se instalaron en Pueblo Santa María, en la que en aquel entonces se conocía como la Matschgasse (Calle de barro), con la idea de continuar desarrollando la profesión de zapatero, que venía llevando a cabo desde hacía muchos años. Para eso había traído consigo sus materiales de trabajo y las maquinarias necesarias para cortar cuero y fabricar zapatos. Y así lo hizo. Sus hijos crecieron. Mi abuelo comenzó a llevar a cabo actividades relacionadas con la iglesia, colaborando con el sacerdote y sus menesteres eclesiásticos. Andando el tiempo se casó y formó su propia familia. Arrendó campo y logró cierta holgura económica. La que se le escurrió de las manos cuando llegó la modernización y los tractores de combustible comenzaron a reemplazar a los caballos. Esto acaeció en su etapa de madurez, por lo que ya no pudo comenzar de nuevo. Fue allí que retomó la profesión de su padre: zapatero. Y por años fue el zapatero de la localidad. Lo fue hasta el día que murió, en el año 1972.

domingo, 4 de diciembre de 2016

¿Será por eso que fuimos tan felices durante nuestra niñez?

Cae la tarde y las familias de la colonia salen a sentarse en las veredas a tomar fresco y conversar con sus vecinos. Sacan las sillas, el equipo de mate, junto a algún trozo de torta tradicional y semillas de girasol. Y mientras los mayores hablan sobre temas de grandes, los niños jugamos en la calle, a la pelota, a la escondida, al huevo podrido, a la rayuela, a la payana… Más tarde nos conseguimos un frasco limpio y nos abocamos a atrapar bichitos de luz. No hay televisores ni computadoras, celulares ni Internet. Tampoco tenemos deseos desmesurados de poseer juguetes imposibles de comprar por parte de nuestros queridos padres, humildes trabajadores, es cierto, pero personas buenas, honestas y justas, como jamás volvimos a encontrar a lo largo de nuestras vidas.
¿Será por eso que fuimos tan felices durante nuestra niñez?

sábado, 3 de diciembre de 2016

La casa de mis abuelos está sola

La casa está tapiada. Las puertas y las ventanas clausuradas con tablones. La galería llena de hojas. Las paredes marchitas de tiempo y gastadas de tanto olvido. Reina un silencio de sepulcro. Las flores del jardín están marchitas, sin hojas ni pétalos de colores. La bomba de agua es una garganta de hierro oxidado muriendo de sed. Veo el paso de los años en cada rincón del lugar. Mis abuelos ya no están. ¿Y los hijos? Tampoco. Los hijos se fueron. Se marcharon buscando lejos lo que no supieron o no pudieron encontrar en su lugar de origen.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Pueblo Santa María se prepara para la segunda Strudel Fest


Este martes por la noche se realizó una nueva reunión de cara a lo que será la segunda Strudel Fest, en Pueblo Santa María, a llevarse a cabo en marzo.

De la misma participaron representantes de cada una de las instituciones de la comunidad junto a autoridades municipales encabezadas por el secretario de gobierno Guillermo Sol.
Se está realizando el cronograma de actividades para el primer domingo de marzo donde se realizada esta segunda edición a lo largo la avenida 11 de Mayo.
Se invita a todas las mujeres y hombre de la comunidad que quieran participar de la elaboración del Strudel gigante que se anoten en el Centro Cultural o bien ante Javier Graff, quien es el chef que tendrá a cargo la creación de este Strudel de 30,60 cm. de largo.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

El amor prohibido en tiempos de nuestros abuelos

Le contó a su madre que le gustaba Luis y su madre la retó y le dio un sermón de nunca acabar. “¿Cómo se va fijar en Luis si su padre ya le dijo que dentro de dos años se tiene que casar con Juan? Juan es buen muchacho. Es el hijo del primo José. Un hombre bueno, honesto, trabajador. Y seguramente Juan va a salir igual que el padre” –le dijo su madre aquella tarde de otoño en que María sintió la necesidad de ser sincera con su mamá.
“Y cómo si eso no fuera poco –continuó su madre- Luis ni siquiera es de la colonia. No sabemos quiénes son sus padres y cómo son. Él vino a trabajar acá, al campo, y eso es todo lo que conocemos de él. Puede ser un cualquiera” –manifestó su madre. “La gente de la ciudad no es cómo nosotros. Tiene otras costumbres y no creen en Dios” –agregó. “Además no quiero a alguien como él en la familia” –concluyó.
María se alejó llorando. Caminó con la cabeza baja rumbo al galpón a llorar en soledad. Se sentó sobre unas bolsas de trigo. Junto a ella estaba uno de los perros de la familia, que la miraba llorar en silencio, meneando la cola. María lo acarició en la cabeza. El perro se acostó a sus pies.
Sus padres no le dejaban opción. Y Luis tampoco. Eran ellos o él. Quedarse junto a sus padres, trabajando en el campo y dentro de dos años casarse con Juan o escaparse en la madrugada con Luis e irse a vivir lejos y no volver a verlos nunca más ni a ellos ni a sus hermanos. Esas eran las alternativas y ella debía decidir.
Y decidió: se fugó con Luis. Se casaron a los dos días. Se radicaron en la Capital Federal, dónde él trabajo en una fábrica y ella en una casa de familia. Tuvieron tres hijos, seis nietos y once bisnietos.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Receta de dos quesos tradicionales de los alemanes del Volga, la ricota y el Falkaese

“Los colonos alemanes del Volga fabricaban sus propios quesos, por ejemplo, la ricota. Este producto lácteo se elaboraba dejando la leche en un sitio cálido, con lo que el azúcar de la leche, la lactosa, se agriaba, lo que hacía que los constituyentes sólidos de la leche, se separan del suero por la acción de las bacterias del ácido láctico. La precipitación daba como resultado un producto espeso, la cuajada o ricota, que se recogía en un trapo fino o gasa para que escurra bien el suero y después suavemente removido se preparaba para su consumo. Con la ricota se elaboraban ricas comidas y también se hacían otro tipos de quesos”.

Ricota

Ingredientes:
Leche

Preparación:
Dejar la leche en un sitio cálido hasta que se vuelva agria, lo que hace que la leche se solidifique. Lo que da como resultado un producto espeso, llamada ricota, que se recoge en un trapo fino o gasa y se cuelga para que escurra bien el suero. Después se remueve y se preparaba para el consumo. Con la ricota se elaboran varias comidas y también otro tipo de quesos. (Entre las comidas se destacan los Maultaschen o Varenick)

……………………………………………………….

Faulkaese

Ingredientes:
1/2 kilo de ricota
Una cucharada de bicarbonato
Una cucharada de sal
1 huevo

Preparación:
Dejar reposar durante veinticuatro horas la ricota condimentada con la cucharada de bicarbonato y sal. Luego poner en una olla dos cucharadas de margarina y colocarla sobre el fuego; agregar la ricota que se dejó en maceración y revolver hasta que espese. Volcar en un molde mientras se le agrega huevo batido. Dejar enfriar.

sábado, 26 de noviembre de 2016

La casa de mis padres

La casa está vacía. Vacía de personas pero llena de recuerdos. Ya no están mamá ni papá ni mis hermanos, es cierto, pero están los muebles y en cada mueble grabado un recuerdo. Allí, en esa silla, mamá pasaba las largas noches de invierno tejiendo medias de lana y en aquel banco papá leía la Biblia en voz alta, para que todos escucháramos la palabra de Dios. Y en ese banco largo, junto a la pared, sentados dos de mis hermanos pequeños.
No, la casa no está vacía. Está llena de recuerdos. En ella palpita mi pasado. Es un corazón que late al compás de mi memoria. Y mientras camino por sus habitaciones, recorriendo cada lugar, mi mirada se encuentra con vestigios de un ayer del cual formé parte. Y caminando hacia el pasado, me encuentro a mí mismo.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Historia de vida de la abuela Ofelia Haffner, de 91 años

“Nací en el campo, en el dormitorio de la casa donde vivían mis padres. Sin ayuda de partera ni de médico. Mi mamá me contó que ella estaba sola, con su hija de dieciséis años y mis otros tres hermanos, más pequeños. Mi papá estaba arando el campo, lejos de la vivienda. Recién se enteró que yo había nacido, a la noche, cuando regresó para cenar” –recuerda Ofelia Haffner.

“Vivíamos lejos de la colonia. Creo que a unos doscientos kilómetros. Y a cincuenta de distancia de cualquier pueblo o ciudad. Así que no quedaba otra que arreglárselas solo. Mi mamá hacía de madre, de médico, de todo. Uno de mis hermanitos murió a los tres años. Mi papá lo envolvió en una manta y juntos, él y mamá, lo llevaron a la colonia, para sepultarlo. Nosotros nos quedamos solos en el campo, llorando, yo y mis seis hermanos.
“Mi niñez fue muy corta. Enseguida tuve que empezar a ayudar a trabajar en las tareas rurales. Recién tenía siete años y ya tenía que regar la quinta con mis hermanos y mi mamá. También tenía que lavar la ropa, que era mucha. El agua había que  traerla con baldes, desde el molino, que estaba a cincuenta metros de la casa.
“No pude ir a la escuela porque quedaba muy lejos. Mi mamá me enseñó a leer la Biblia, que casi sé de memoria de tanto leerla. Es el único libro que leí en toda mi vida. Dios siempre nos protegió y cuidó. Siempre tuvimos trabajo, casa y comida. Mis papás trabajaron en ese campo hasta que se hicieron viejitos. En aquel tiempo no había jubilación. Así que, cuando se hicieron grandes, se fueron a la colonia, a la casa de uno de mis hermanos. Mis papás trabajaron toda su vida, criaron catorce hijos pero nunca pudieron comprarse una casa. Nadie les dio una mano. No es como ahora en que todos reciben ayuda. En aquel tiempo el gobierno no te ayudaba. Tenías que arreglártela sola si eras pobre.
“Yo permanecí en el campo, con ellos, trabajando a la par de mi mamá y de mi papá, hasta que me casé, a los veinte. Entonces me fui con mi marido a trabajar a otro campo, más cerca de la colonia. Era un tambo. Nos levantábamos a las cuatro de la mañana para ordeñar las vacas. En el invierno con unas heladas tremendas. Las espaldas de las vacas estaban blancas de escarcha. Las manos temblaban de frío. Pero el trabajo había que hacerlo.
“Tuve nueve hijos. Uno de ellos también nació en el campo. Me ayudó, como pudo, mi esposo. Los demás nacieron en la colonia, en casa de una abuela. Uno de ellos, murió a los seis años. Repentinamente. Fue un golpe muy duro.
“Trabajamos toda la vida en ese mismo lugar. Y nos fuimos con una mano atrás y otra adelante. Lo único bueno fue que pudimos tener una casa. Después nada. Los patrones se aprovechaban. Nos hacían trabajar y trabajar. Hasta los domingos. Solamente salíamos de visita a la colonia, en semana Santa, para Pascua, y en Kerb. Nada más que dos veces al año.
“Hoy estoy sola. Mi marido murió hace muchos años. Y todos mis hijos se casaron. Tengo noventa y un años. Todavía puedo hacer todo sola. Me cocino. Me lavo la ropa. Leo la Biblia. Rezo. Le agradezco a Dios estar sana” –concluye Ofelia Haffner.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Receta del Fülsen o budín de pan de los alemanes del Volga

El Fülsen o budín de pan es un plato tradicional de los alemanes del Volga,  que nunca falta en los grandes eventos, tanto familiares como sociales, que se llevan a cabo en los pueblos alemanes.

Ingredientes
Pan duro: 1 kg
Leche: 1 litro
Azúcar: 1/2 taza
Crema: de leche 1/2 taza
Huevos: 2 o 3.
Pasas de uvas

Preparación: 
Mojar el pan con la leche hasta que este blando, luego agregar la crema, los huevos, el azúcar y mezclar bien. Agregar las pasas de uvas y volver a mezclar. Colocar en un molde en mantecado. Cocinar a horno moderado.

(Si desea conocer más recetas tradicionales que nos legaron nuestros ancestros, puede adquirir el libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”, del escritor Julio César Melchior, que rescata más de 150 recetas de la cocina de los alemanes del Volga. Para ello, comunicarse a: juliomelchior@hotmail.com).

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Ya está a la venta la undécima edición del libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”, del escritor Julio César Melchior


El libro rescata más de 150 recetas tradicionales. Contiene fotografías a color. Y se puede adquirir desde cualquier lugar del país, comunicándose a la siguiente dirección de correo electrónico: juliomelchior@hotmail.com


La obra logró trascender las fronteras locales, ser presentada en Capital Federal, estar presente en varios eventos culturales, y llegó a lugares tan lejanos como Alemania, España, Italia, Francia, Estados Unidos, entre otros.
Sin duda, el escritor Julio César Melchior alcanzó con creces el objetivo que se propuso al publicar este libro, que fue rescatar, revalorizar, difundir y promocionar el legado gastronómico de los alemanes del Volga.

martes, 22 de noviembre de 2016

Cuando mi madre fue niña...

Nunca tuvo
una muñeca de verdad,
ni de porcelana
ni de plástico.

Nunca tuvo
tacitas de té de verdad,
como tampoco tuvo
amigas en el campo.

Su muñeca
fue un corazón de trapo
y un alma de hilos, 
que le cosía su mamá.

Sus tacitas de té
fueron latitas vacías
de sardinas y tomates,
que a nadie le servían.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Mamá me dijo “mañana es el último día que vas a la escuela” -cuenta la abuela Nélida Gallinger.

Mamá me dijo “mañana es el último día que vas a la escuela. Ya tenés edad para trabajar. Tu hermano, a los ocho años, ya ayudaba a su padre en el campo y tu hermana, a los doce, ya estaba trabajando en la casa de doña María, de cocinera. Y vos todavía no hacés nada. Solamente vas a la escuela y perdés el tiempo jugando”.
“Yo no entendía nada. No quería dejar la casa de mis padres para ir a trabajar con una señora que necesitaba una niñera para que la ayuden con sus hijos. Lloré durante toda la noche y le recé a Dios que me ayudara para que mi madre cambiara de opinión. Pero no pasó nada. A la mañana me mandaron a la casa de la viuda Margarita Denk a trabajar. Tenía once años.
“Y así me fui –cuenta doña Nélida Gallinger. Con mi pequeño atadito de ropa y lo puesto. Nada más. Tenía solamente una muda para domingo y otra para trabajar. Lloré durante varias noches. Extrañaba a mi mamá,  mi papá y a mis hermanos. Ellos estaban lejos. Yo trabajaba en la ciudad, que quedaba a cincuenta kilómetros de la colonia.
“La señora me hacía cuidar a sus hijos pero con el tiempo me hizo lavar la ropa y planchar.  Y yo no podía decir nada porque me iba a echar a la calle y mi madre me iba a retar si pasaba eso. Mis padres necesitaban la plata.
“Mi mamá cobraba mi sueldo y lo usaba para criar a mis hermanos. Éramos seis mujeres y cinco varones. Pasamos mucha pobreza y miseria.
“En esa casa trabajé hasta el día en que me casé, a los dieciséis años, y me fui a trabajar al campo, con mi marido, a un tambo, a ordeñar vacas. Ahí estuvimos veinte años. Hacíamos de todo. Yo era un peón más. Hacía las cosas de la casa pero también ayudaba a mi marido en todo” –concluye doña Nélida Gallinger. 

viernes, 18 de noviembre de 2016

Mi tía quería ser maestra

Por María Rosa Silva Streitenberger

Matilde vivía su niñez como todas las nenas de la colonia. Ayudando a su mamá y jugando con sus hermanos. Jugaba a ser maestra. Cosa rara entre las nenas que sólo soñaban con ser mamá. Pero ella no. Ella quería saber leer y escribir, sumar y restar. Su hermano mayor le traía cada tanto alguna revista, cuando le sobraban algunas monedas, que la pequeña Matilde no se cansaba de mirar,  porque eso era lo que ella hacía con las pocas revistas que Juan, su hermano mayor, y el único que la entendía, le podía traer.
El tiempo transcurrió y Matilde creció y se fue acercando el día de tener que salir a trabajar. Pero el sueño de estudiar también fue creciendo y arraigando cada día más y más. En la escuela le iba muy bien pero debía dejarla porque la pobreza en casa era insoportable y tenía que irse de la colonia a trabajar a alguna estancia, seguramente a la misma donde trabajaba Juan, su hermano, porque allí necesitaban una mucama.
Matilde tenía su alma destrozada. Ella quería ser maestra y con tan sólo diez años sentía que su sueño estaba muerto.
Pero habló con la hermana religiosa del colegio a quien Matilde admiraba, un día antes de tener que marcharse a la estancia a trabajar, para que ella la salvara. ¡Y así fue! La monja Preguita, de increíbles y puros ojos verdes, la miró con ternura infinita, comprendiendo perfectamente lo que la pequeña sentía. Y la guió para que fuera su discípula y pudiera cumplir su vocación de enseñar.
Matilde fue maestra en un pueblo alejado de la colonia. No volvió a ver a su familia ni a su amado hermano Juan. Pero fue muy feliz porque Juan sabía que la niña que un día había soñaba con leer y escribir, sumar y restar, supo hacer eso y mucho más!

jueves, 17 de noviembre de 2016

Entrevista a Elsa Kette y Noemí Pascal, las mujeres que elaboraron el Füllsen gigante degustado en la Fülsen Fest


Las manos que elaboraron el Füllsen gigante para la “Füllsen Fest”. Un gran acontecimiento que se vivió el domingo en Pueblo San José.

Cientos de porciones pudieron degustarse el día domingo último en el marco de la Füllsen Fest, que organizaron instituciones y la comunidad de Pueblo San José, evento visitado y disfrutado por muchísima gente a lo largo de todo el día.
En el marco de la inauguración oficial, en un carro, fueron llevadas varias bandejas, entre ellas una muy larga, de 6 metros, con diferentes tipos de Füllsen: con manzana, con dulce de batata, con dulce de membrillo, con chocolate. Incluso un Füllsen sin nada de estos aditamentos, tal como se hacía en un principio: con pan oreado, leche, azúcar y huevo. Tal como se elaboraba a orillas del Río Volga por parte de las mujeres de las familias alemanas que vivieron en ese lugar de Rusia.
Quienes elaboraron esos tipos de Füllsen, que muchos pudieron degustar, fueron dos mujeres de Pueblo San José, Elsa Kette y Noemí Pascal.
Hablamos con ellas. Contaron que el día sábado cortaron el pan. Este fue un trabajo que les llevó más de 5 horas, que se trataba de cortar algo más de 80 kilos. Además se utilizaron en esta preparación las siguientes cantidades de productos: 35 kilos de crema, 3 kilos de pasas de uva, 90 litros de leche, 85 kilos de azúcar, 5 botellas de licor de banana, un cajón de manzanas verdes y un cajón de manzanas rojas. Dos kilos de dulce de membrillo, dos kilos de batata y 4 tabletas de chocolate.
El día domingo, a las 5 de la mañana, Elsa y Noemí, acompañadas por Tito, el esposo de Noemí, continuaron con la preparación.
“El domingo empezamos remojando el pan en la leche y a ponerle el azúcar. Todo el domingo a la mañana había que tenerlo horneado y listo para las 11, el horario del acto. Los tres hicimos todo eso: pelar y cortar chiquitas las manzanas, preparando el Füllsen para llevarlo a la panadería a eso de las 8 de la mañana”, contaron las mujeres.
“Hicimos dos bandejas de dulce de membrillo, dos de dulce de batata, una de chocolate, más 5 bandejas del Füllsen común que lleva sólo pan, leche, azúcar y huevo.
Además, por supuesto, del que se hizo en la bandeja grande. Todo lo que había arriba del carro lo hicimos nosotras, con la colaboración de Tito. En un momento estábamos tiradas en el suelo, revolviendo el Füllsen, porque era mucha cantidad. Uno revolvía una batea y otro en la otra. Estábamos muy ajustadas con el horario”.
“Fue muy lindo el momento de meter la asadera grande en el horno. Éramos alrededor de 10 personas, con el apoyo de los chicos que trabajan en la panadería, ayudando para meter esa gran fuente en el horno, tratando que no se doble, que no pase nada. Cuando lo logramos fue un alivio ver que ya estaba el objetivo cumplido. Era un desafío que todo saliera bien, nos teníamos mucha fe y lo logramos”.
Y vaya si lo lograron estas dos mujeres trabajadoras que elaboraron esa enorme cantidad de Füllsen, en sus diferentes variedades, que cientos de personas pudieron degustar al momento de la inauguración de la Füllsen Fest.

Fotografías del Füllsen gigante presentado en la Füllsen Fest, la fiesta de los alemanes del Volga llevada a cabo en Pueblo San José

Una multitud participó de la primera Füllsen Fest, organizada por las instituciones y llevada a cabo en Pueblo San José. Se presentó un Füllsen gigante y hubo un emotivo acto inaugural, donde hablaron  Diego Dome, Hugo Schwab y Juan Hippener, en nombre de las instituciones organizadoras y el Intendente Municipal de Coronel Suárez. Todos resaltaron el valor del ejemplo que nos dejaron nuestros antepasados.
Fue la Asociación  Argentina de Descendientes de Alemanes del Volga quién presentó el Füllsen gigante, de 6 metros de largo, elaborado en una sola fuente, donde un grupo de mujeres se ocuparon de la preparación de esta exquisitez que se transformó en un símbolo de esta primera gran fiesta, que resultó un gran éxito y que llegó para quedarse.



sábado, 12 de noviembre de 2016

Es la hora de la siesta en la colonia

Es verano y es la hora de la siesta en la colonia, algunos niños duermen, otros juegan bajo la sombra de un árbol, cerca de la casa, dónde mamá hila lana en la rueca que la abuela trajo de Rusia, cuando llegó a la Argentina, desde su aldea natal, ubicada a orillas del río Volga.
Conversan en alemán. Cantan en alemán. Los varones juegan a ser hombres de campo y las niñas a ser madres. Reproducen en su universo infantil el mundo que les rodea. Con sus costumbres y sus tradiciones. Son los hombres  del futuro, los que continuarán el legado que reciben de sus ancestros, para que llegue hasta nosotros y para que nosotros, se lo pasemos a nuestros hijos y ellos a sus hijos, así hasta el fin de los tiempos.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Federiquito

Por María Rosa Silva Streitenberger

Una casa de adobe, muy humilde, repleta de niños jugando y ayudando a mamá. Una mamá siempre sola, realizando los innumerables trabajos de sol a sol, con la ayuda de sus hijas más grandes. Los varones trabajan en el campo, al igual que papá, que se ausenta por meses, ya que el trabajo de campo es así. Lo mantiene lejos del hogar. Y cada vez que regresa es motivo de un nuevo embarazo. El más pequeño de la casa es Federiquito de tan solo un par de añitos. Rubio como el trigal, de ojos verdes como la hierba salpicada por el rocío primaveral. Ese pequeño que es la alegría de la casa. Esa alegría que se acrecienta al pedirle a sus hermanita: “Agneisi, macher Brot mit Butter und Zucker? (Agneisi, me hacés pan con manteca y azúcar?)”. Ese angelito al que papá vio sólo un par de veces y que él esperaba con todo el amor del mundo. Todo era amor y trabajo. Sacrificio y gozo.
Hasta que una lluvia torrencial comenzó a caer en la colonia. Con la lluvia llegó el malestar de Federiquito. Cada hora se ponía peor y cada hora la lluvia era más intensa. Federiquito pregunta por su papá. Mamá asustada le dice que está por llegar. Ojalá fuera cierto y papá estuviera en casa para no sentirse tan sola y desprotegida. No se lo ve bien a su niño y no puede hacer nada. Llueve mucho y el pueblo está lejos. No hay medio de transporte y las calles se volvieron puro barro.
Por la noche, Federiquito vuela de fiebre, su rostro pálido, más pálido aún por la tenue luz de la lámpara presagia algo muy malo. Mamá lo contempla con el alma destrozada porque sabe que se va, de a poco, su pequeño angelito. Mamá se queda dormida un rato y cuando despierta sobresaltada, lo mira y rompe en el llanto más desgarrador que existe, el llanto de una madre ante la pérdida de un hijo.
Al amanecer ya todo es calma. La lluvia cesó, el malestar del pequeño también. Ya su cuerpo encontró la paz, menos el alma de mamá, que quedó en carne viva, sufriendo en soledad, la pérdida de su amado hijito.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Una historia de amor en los tiempos de nuestras abuelas

Su madre la retó cuando le contó que le gustaba Pedro. Sí, la retó y mucho. Y le dijo unas cuantas verdades. Sí, así las llamó: “verdades”. Igual ella, mucho no entendió  o no quiso entender. Ella sólo sabe con certeza que se siente atraída por Pedro y que quiere casarse con él, formar una familia, como la de sus padres, tener una casa, con muchos hijos y trabajar en el campo. Eso es lo que más desea. Su madre le dijo que era una desagradecida por pensar en sí misma cuando tendría que estar pensando en conseguirse un trabajo para ayudar a criar a sus hermanos. Que por eso también era una mala hija. Que cómo podía estar pensando en un hombre. Que eso es pecado. Acaso no se lo había dicho bien clarito la abuela, que tuviera cuidado con los hombres, que si un hombre la besaba en la mejilla podía quedar embarazada y tener un hijo y correr el riesgo de ser una madre soltera. Después nadie la va a querer ni a mirar. Fue ahí. Sí, fue en ese momento cuando preguntó: “Cómo… ¿Los hijos no los trae el arroyo?” Y fue ahí, en ese instante, en que la madre se puso incómoda y vergonzosa y cambió enseguida de tema y dijo: “No quiero que vuelvas a ver a Pedro. Antes de pensar en un tipo tenés que ayudar en la casa. Además tu papá quiere que te cases con el hijo de don Agustín. Don Agustín  te quiere para uno de sus hijos. Para Luis. Es un muchacho muy trabajador. Salió al padre. Don Agustín ya habló con nosotros y tu papá le dijo que no había problema, que en dos años no había problema, que primero te necesitamos en casa. Y don Agustín, entendió. ¡Es un hombre tan comprensivo! “Nunca te va a faltar  nada”, le dijo seria su madre. Eso le dijo: “Nunca te va a faltar nada”.
Pero yo no lo quiero a Luis –piensa-, yo lo quiero a Pedro. Y recordó cuando se vieron en secreto en el galponcito donde se guarda la leña y él la tomó de la mano, o cuando se encontraron de casualidad en el almacén y los dos hicieron cómo que no se conocían ni que se hablaban, para que nadie sospeche nada. No, ella no quiere al hijo de don Agustín. Ella lo quiere a Pedro. Por eso aceptó irse de la colonia. Ellos dos solos. Pedro y ella. Nadie más. Se van a ir esta madrugada, cuando todos duerman. Lejos. Bien lejos. ¿A dónde? Ella no lo sabe y Pedro tampoco. Porque Pedro lo reconoció cuando él le propuso fugarse juntos. Solamente sabía que se iban a ir bien lejos, a trabajar en el campo y cuando ella sea mayor se van a casar. Pedro se lo prometió. Y le prometió que van a tener una casa, con muebles, con una bomba de agua, un jardín, una huerta, gallinas, algunas vacas. Eso le prometió Pedro. Y ella le cree. ¿Por qué no iba a creerle? A él. Justamente a él. Si ella no le pidió nada y él le prometió todo.
Ella se llama María Angélica Dornes y él, Pedro Agustín Lambrecht. Se casaron lejos de la colonia en 1958, en una parroquia rural. Los padrinos de la boda fueron dos peones rurales desconocidos que trabajaban en la misma estancia donde trabajaban ellos. Tuvieron nueve hijos. Pero jamás lograron tener una casa propia, como Pedro le había prometido. Murieron lejos de su gente, de su pueblo. Primero él y a los dos años, ella. Grandes. Ancianos ya. Contentos y satisfechos con la vida que habían vivido juntos.

martes, 8 de noviembre de 2016

El escritor Julio César Melchior participó del acto de lanzamiento de la Füllsen Fest, desarrollado en la Casa de la Provincia de Buenos Aires, en la Capital Federal

Al respecto, Prensa y Difusión de la Municipalidad de Coronel Suárez, expresa en un comunicado dado a conocer hoy, que “El intendente presentó, junto con la comisión organizadora de la Füllsen Fest, la primera edición de la fiesta, que tendrá lugar este domingo 13, a funcionarios de la provincia y periodistas”.

Y agrega que “La historia y tradiciones de los descendientes de Alemanes del Volga se pondrán de manifiesto en esta celebración el próximo domingo en San José.
Luego de haber sido recibido por la Directora de Relaciones Institucionales de la Casa de la Provincia de Buenos Aires, Agustina Ruiz Huidobro;  Palacio manifestó la importancia de la fiesta para la región y el turismo, transmitiendo también la gran religiosidad, que se ve expresada en la Iglesia San José Obrero “una de las más importantes de nuestra Provincia, que se destaca tanto como la de Luján”.
Hugo Schwab hizo referencia a la historia, desde los orígenes en la zona del Volga hasta la llegada a nuestras tierras gauchas, detalló los orígenes del Füllsen, entre otras comidas que hacen a la gastronomía típica y resaltó el mantenimiento del dialecto y la importancia para que los jóvenes repliquen la voz de sus abuelos.
El historiador Julio César Melchior, brindó detalles respecto a las construcciones de la época en la que llegaron los primeros pobladores.
Finalmente Isabel Kessler, Presidente de la Asociación Argentina Descendientes de Alemanes del Volga; manifestó sentirse muy contenta por el trabajo que se viene realizando en Coronel Suárez “mantenido la estructura de las calles y los nombres como en ningún otro lugar de nuestro país” resaltó además platos típicos y la importancia de la familia en el entramado social.
Para cerrar la jornada, se realizó una degustación de Füllsen sobre Av. Callao para los vecinos de la ciudad, que sumado a la vestimenta típica de los organizadores, despertó la atención e interés de todo aquel que pasaba y tenía la suerte de encontrarse con la promoción del evento.
Participaron de la presentación el secretario de Producción y Turismo, Juan Ignacio Fidelle; la Directora de Gestión y Coordinación, Cisel Segonds y  representantes de las instituciones organizadoras de la fiesta: Gustavo Waigel y su hija Melina, Hugo Schwab, Julio César Melchor, Isabel Kessler, Clarisa Preisseger, Mauricio Fibiger  y Mariano Baimer” –concluye el comunicado de prensa de la Municipalidad de Coronel Suárez.

Dentro de una semana se lanzará la décima primera edición del libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”, del escritor Julio César Melchior


 Una obra que en esta oportunidad será publicada con una novedad: contendrá fotografías a todo color de las comidas más tradicionales de los pueblos alemanes.

Continuado con el éxito que viene cosechando esta obra que rescata más de 150 recetas tradicionales de los alemanes del Volga, en los próximos días será lanzada la décima primera edición del libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”, del escritor Julio César Melchior. Será editada con una hermosa sorpresa: en su interior se podrán encontrar fotografías a todo color de las comidas más tradicionales de los pueblos alemanes.
La obra logró con creces lo que se propuso el escritor al publicarla, que es rescatar, conservar y difundir la rica gastronomía de los alemanes del Volga.

domingo, 6 de noviembre de 2016

La casa de mamá olía a pan casero, a café con leche, a sabrosas comidas tradicionales...

La casa de mamá olía a pan casero, a café con leche, a sabrosas comidas tradicionales, a chucrut, a pepinos en conserva y mil olores más que al recordarlos nos llenan el alma de ternura y el corazón de nostalgia y añoranza. Porque unidos a ellos está la imagen de mamá cocinando, lavando la ropa, cociendo, tejiendo, bordando, enseñándonos a escribir, compartiendo un secreto, ayudándonos a crecer... y está también la imagen de papá, tan serio y tan formal, pero en el fondo tan bueno y tan dulce, trabajando el campo, arando, sembrando, tejiendo sueños para el futuro de sus hijos... y los interminables atardeceres de invierno, en los días de lluvia, sentados alrededor de la mesa comiendo Kreppel, haciendo la tarea escolar, esperando que el tiempo pase y poder volar y poder crecer y poder ser grandes como mamá o papá.
Evocar la casa de mamá es recordar nuestra casa de la niñez, su enorme corredor donde jugábamos durante las siestas de verano, el patio inmenso, donde conquistamos los primeros sueños y concretamos nuestras primeras aventuras imitando los ídolos infantiles... y también es recordar la angustia del momento que dijimos adiós para marchamos y hacer nuestra vida, las lágrimas de mamá y el abrazo fuerte muy fuerte y silencioso de papá al despedimos y desearnos la mejor suerte del mundo... y el inesperado regreso a la casa cuando hubo que decirle adiós para siempre a nuestros queridos padres.
La casa de mamá en la colonia está poblada de recuerdos, llena de afectos inolvidables; pero está vacía, porque ya no están mamá ni papá ni nuestros hermanos. Está dolorosamente vacía.

Recuerdos inolvidables de la vida cotidiana de los alemanes del Volga

viernes, 4 de noviembre de 2016

La Escuela Parroquial Santa María lanzó el Proyecto: “Santa María: 130 años de historia”

Fundamentación del proyecto:
Santa María es un pueblo rural que pertenece al Partido de Coronel Suárez, ubicado al sudoeste de la Provincia de Buenos Aires. Es un lugar con tradiciones, costumbres, idioma, comidas, danzas y arquitectura muy peculiares que lo hacen atractivo y muy rico en historia.
Está ubicada a diez kilómetros de Coronel Suárez, es la Colonia más alejada respecto a la cabecera del Partido y más separada respecto a las otras dos Colonias (San José y Santa Trinidad).
Fue creada el 11 de mayo de 1887 y sus habitantes no hablaban el idioma de lugar, traían consigo una historia de guerras, éxodo y sufrimiento desde 1618 y un sistema organizativo que los llevó a defender férreamente sus tradiciones y sobre todo su religión. Las aldeas del Volga, una vez que alcanzaban cierta superficie o cantidad de habitantes, no podían continuar con su crecimiento y debían conformar una nueva. De esta manera preservaban sus costumbres sociales y culturales con un carácter homogéneo. Las viviendas también las construyeron siguiendo su tradición.
Las Colonias alemanas tienen un gran valor por su patrimonio urbano y arquitectónico aunque existen características propias en cada una de ellas.
Los fundadores, como en todas las colonias, lo primero que hicieron fue levantar una cruz de madera, al pie de la cual se reunían a orar en el solar destinado para la Iglesia. En el año 1888 se construye en ese mismo predio una capilla de madera.
A lo largo del tiempo se construyeron escuelas, monumentos, el club, espacios de recreación (plaza del inmigrante por ejemplo), y otros espacios físicos que fueron cultivando las tradiciones y que hacen hoy a la dinámica social de nuestro pueblo.
Este proyecto surge por la necesidad de realzar la historia de nuestros antepasados teniendo en cuenta lo vivido en los 130 años que lo conforman. Integrar a las instituciones en una misma actividad, interactuar, crear y socializar lo creado forma parte de los objetivos por el cual consideramos fundamental poder llevarlo a cabo.
Protagonistas: personas que forman parte de las distintas instituciones del pueblo (Taller Protegido, escuelas, Club “El Progreso”, Adultos Mayores, Centro Cultural, Centro de Jubilados).
Objetivos:
• Generar una actividad que permita la investigación y el conocimiento de aspectos que hacen a la historia e identidad de Pueblo Santa María; tales como, educación, religión, cultura, monumentos históricos, vivienda, trabajo, el rol de la mujer en la sociedad y familias, idiosincrasia, cruces rogativas, espacios verdes y de recreación, fiestas patronales, strudelfest, etc.
• Ejercitar la búsqueda, selección e interpretación de distintas fuentes, tanto orales como escritas.
• Motivar a la participación de todos los integrantes activos de las instituciones en la creación de un logo identitario y representativo del 130º aniversario.
• Profundizar el espíritu creativo en niños, jóvenes y adultos.
• Vincular a las instituciones del pueblo en una misma actividad y bajo un mismo lema: festejar juntos un nuevo aniversario conociendo nuestras raíces.
Actividad:
• Octubre de 2016: Difusión del proyecto.
• Noviembre y diciembre de 2016: cada institución comentará a sus integrantes los pormenores de la propuesta y decidirá dar comienzo o no a la investigación que permitirá justificar el logo a crear.
• Marzo de 2017: Cada institución presentará uno o varios modelos de logos que representen la historia de nuestro pueblo. Este logo será el resultado de la interpretación y selección del aspecto o de los aspectos que cada grupo de personas quiera resaltar de Santa María en sus 130 años.
• 15 de abril: entrega de logos a la Delegación Municipal en sobre cerrado. Colocar a cada sobre un nombre ficticio que representará al grupo de personas que lo presentan. Esta modalidad permitirá la objetividad de la elección del jurado.
• 30 de abril: fecha en la que el jurado deberá socializar su decisión. El mismo tendrá la obligación de tener que elegir un logo por institución que será plasmado en un mural en la plaza del inmigrante (patio de pinturas). Y además deberá seleccionar entre éstos el más representativo para los 130 años del pueblo. El ganador absoluto será quien representará al pueblo en todas las actividades que se vayan realizando. Se utilizará en folletos, sellos, banderas, calcos, etc.
• Del 1° al 10 de mayo: Se plasmarán los logos en la plaza del inmigrante. Ésta actividad estará a cargo de los jóvenes de las instituciones educativas.
• 11 de mayo: Presentación de las obras de arte al pueblo en el acto oficial.
ACLARACIÓN:
Dentro de cada sobre irá el logo, la explicación que fundamente lo creado y dentro del mismo otro sobre blanco que contendrá los datos de los participantes (nombre, apellido, edad).
En el lado exterior del sobre papel madera a entregar a la Delegación irá: el nombre ficticio del grupo y el nombre de la institución.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Tres libros que rescatan la historia, cultura y tradiciones de los alemanes del Volga

Se pueden adquirir desde cualquier lugar del país, por correo, por el sistema de contra reembolso.  Y también del mundo, por el sistema de western unión. Para  obtener mayores detalles, enviar mensaje a la siguiente dirección de correo electrónico: juliomelchior@hotmail.com.

"Historia de los alemanes del Volga", "La vida privada de la mujer alemana del Volga"
y "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga".

Las rogativas: una tradición milenaria de los alemanes del Volga, que se celebraba todos los años durante los primeros días de noviembre

Las Rogativas se definen como la visita en procesión para celebrar una ceremonia litúrgica frente a tres cruces enclavadas en tres puntos cardinales, en las afueras de la colonia y que, en su conjunto, representan a la Santísima Trinidad. 

La procesión, precedida por un sacerdote, los monaguillos y el Schulmeister, portando una cruz, parte de la iglesia durante las tres mañanas siguientes a la conmemoración del Día de los Fieles Difuntos, para dirigirse a una de las cruces, en tres jornadas sucesivas, erigida a uno de los laterales de las calles de acceso a la localidad, para celebrar una ceremonia religiosa en Acción de Gracias por los dones recibidos durante el año fenecido y solicitar que la próxima trilla sea buena y que Dios prosiga bendiciendo a la comunidad con su gracia divina. La procesión retorna, cantando y rezando, a la iglesia, donde el sacerdote oficia una misa.
Los colonos se dirigían en procesión a las cruces, imbuidos de un profundo misticismo, y acompañados de las letanías de los santos; mientras que ya en el lugar, frente a Jesús crucificado, el sacerdote, luego de expresadas las letanías, oraciones y cantos, rociaba con agua bendita los campos en señal de gratitud por los dones recibidos y en solicitud de buena cosecha. Y al término de la procesión oficia una misa en la parroquia.
La tradición proviene de antaño –revela un antiguo texto-, cuando San Gregorio Magno en el 590, las fijó para otorgarle mayor trascendencia a los festejos de la conmemoración de la entrada de San Pedro a Roma. Sin embargo, otros relatos, sostienen que el Papa lo hizo para sustituir las celebraciones paganas llamadas “Robigalia” (en honor al dios “Robigus”) que antiguamente efectuaban los labradores romanos, con procesión por los campos, para interesar la deidad a favor de los sembrados”.

martes, 1 de noviembre de 2016

María Gottfriedt, de 86 años, nos cuenta cómo era ser niña en las colonias de antaño

“La casa de mi niñez tenía solamente una habitación, dónde dormíamos mamá, papá, mis cuatro hermanos y yo, y en la cocina, donde estaba la cocina a leña, había una mesa larga, unas pocas sillas, un banco largo de madera, contra la pared. Era de adobe con chapa de techo cubierto con paja de trigo. Cada vez que soplaba un viento fuerte teníamos miedo que se nos volara todo. También estaba el infaltable Nuschnick, a unos cuantos metros de la vivienda y la bomba de agua, con su pileta de cemento” -revela.
“Comida había muy poca, la esencial para sobrevivir: mucha harina, leche y levadura, carne, verduras… y lo que nos traían los vecinos para completar el menú. Frutas casi no veíamos, salvo que los frutales de la colonia estuvieran en plena producción. Golosinas ni hablar. Eran un lujo que nadie podía darse” –afirma.
“La ropa escaseaba. Teníamos una muda para los días de semana y otra para los domingos, para ir a misa. Las prendas las cosía mamá, con moldes que ella misma diseñaba. Las hacía para el hijo más grande de la familia y de allí en adelante, un hermano se pasaba la ropa al otro. Al último siempre le tocaban prendas gastadas y remendadas” -confiesa.
“Lo mismo sucedía con los útiles escolares. Se compraban una sola vez y luego pasaban de hermano en hermano” -agrega.
“Para ayudar en la economía hogareña, salíamos a pescar mis hermanos y yo. No solamente pescábamos peces sino que también atrapábamos nutrias, peludos, mulitas y cuanto vicho podíamos agarrar: todo venía bien para la olla familiar” -evoca.
“Tiempo para jugar había poco, como asimismo había poco tiempo para asistir a la escuela. Ni jugar ni ir a la escuela. Primero estaba el trabajo y ayudar a criar a los hijos que nuestros padres traían al mundo” -sostiene.
“La vida era distinta. Empezamos a trabajar seriamente a los once años. A esa edad me mandaron a tomar empleo en un campo, como ayudante de cocinera en una cosecha de trigo. Y a partir de ese momento no paré nunca, hasta que me jubilé. Eso sí, el sueldo había que entregarlo en casa. A ningún hijo se le hubiese ocurrido no entregar el sueldo a sus padres” –finaliza.

lunes, 31 de octubre de 2016

Recuerdos de mis viajes en tren rumbo a la colonia, a visitar a mis abuelos

Por  María Rosa Silva Streitenberger

Ante los ojos de un niño, cada acontecimiento es una aventura. Y para mí, las vacaciones, claramente lo eran. Ir a Constitución, a esa estación inmensa, llena de gente, que llega y parte constantemente. Con su arquitectura imponente y gigante, para una niña que la vio dos o tres veces. Un salón antiguo lleno de gente, acercándose a ventanilla, planeando y acomodando, en lo posible, las fechas para el viaje. Y yo, ansiosa porque mamá ya tenga en mano los boletos de la aventura más extraordinaria de mi vida. Salir de la estación con los pasajes en mano, sabiendo que dentro de unos días volveremos, era la antesala al éxtasis.
Armar valijas, preparar lo que comeremos en el viaje (no vaya a ser cosa que muramos de hambre), cerrar todo, desenchufar los artefactos eléctricos, y dejar todo listo para el regreso, ese regreso que yo sentía tan lejano y que no me interesaba. Mi emoción estaba lista para desatarse ni bien cruzáramos el umbral.
El viaje en taxi, la mirada nostálgica de la ciudad que despedía, por unos días, y que cambiaba por la experiencia del campo. Y de nuevo, ante mis ojos, Constitución. Imponente. Hermosa y misteriosa. La espera en su hall chequeando que no nos hayamos olvidado nada y que estamos a horario. Hasta que por altoparlante se anuncia el ascenso al tren, ese tren que llega rugiendo  con la fuerza de mil leones, que se acerca majestuoso, amigable,, pero al que también le tengo terror, terror de que se vaya sin nosotros, de que no nos espere. Acercarme y ver y oler sus vagones, sus luces encendidas esperándonos que lo ocupemos, invitándonos a subir para llevarnos lejos a pasear, a toda prisa, a ese lugar desconocido por mí, a esa colonia donde hablan raro y todo es raro, distinto a la ciudad dónde vivo pero me gusta igual. ¡Ventanilla para mí! Abrirla, asomar la cabeza y sentirme la más dichosa de estar allí, con mi mamá. Comida y ropa en las valijas y saber que nos esperan en casa de mis abuelos tías y primos y un mundo distinto, sin escuelas ni portarse bien, sólo jugar y pasear.
¡Cuánta felicidad me diste querido tren! Agitaste mi corazón más fuerte que la potencia de tu locomotora porque mi corazón estaba cagado de inocencia, de pureza y dicha. Porque sabía valorar el sacrificio de mamá, para ir de vacaciones, el valor de la familia que te espera, la pureza de la vida rural y la simplicidad de la gente trabajadora. No sólo fuiste un medio de locomoción. Fuiste el lazo que une lo que la distancia y el tiempo no logran aniquilar. Fuiste la emoción de un sonido, un vaivén, un olor, me mostraste la belleza del paisaje, el olor a zorrino, el amanecer en el horizonte, la belleza de una bandada de pájaros cruzando el cielo. Lo bonito de ver las vacas pastar. Las luces del pueblo a lo lejos y la generosidad de tus rieles llegado al lugar más bonito que siempre me hizo sentir bienvenida y amada: la casa de mis abuelos.