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lunes, 20 de febrero de 2017

Cumple 52 años la Gruta de la Virgen de Fátima de Pueblo Santa María


La imagen de la Virgen de Fátima 
fue traída desde Portugal 
por el padre Juan Peter
Con tal motivo habrá una procesión que contará con la presencia del Obispo Coadjutor de Bahía Blanca, Fray Carlos Aspiroz Costa.

El próximo 21 de febrero se cumplen 52 años desde que se dejó inaugurada y bendecida la gruta a la Virgen María que se encuentran en el cruce del camino de las colonias hacia la ruta85 y el ingreso a Pueblo Santa María.
Vale recordar que en el año 1962 nuestra zona sufrió la sequía más intensa y prolongada de su historia y que los productores de aquel entonces, cansados de mirar el cielo vanamente, encomendó sus sembrados a la Virgen pidiendo por lluvias  y prometiendo la construcción de una gruta para venerar su imagen y tener un lugar donde ir a agradecerle de manera permanente. El padre Peter, impulsor de la idea, trajo desde Portugal una imagen de la Virgen de Fátima, que luego fue emplazada en la Gruta e inaugurada un febrero de 1965.
En estos días se celebran los 52 años de este histórico acontecimiento de fe y esperanza, y como sucede cada año se ha organizado una procesión en honor a la Virgen. Se llevará a cabo el día 26 de febrero. La procesión partirá desde el templo de Santa maría, sobre la calle 11 de Mayo, y los feligreses caminarán hacia la Gruta hacia la gruta, donde las 17:00 comenzará la concentración y a la 18:00  está prevista la misa frente a la gruta.
En esta oportunidad, se contará con una destacada presencia: la del Arzobispo Coadjutor de Bahía Blanca, que este año se ha propuesto visitar todos los lugares de oración dedicados a la Virgen de Fátima, ya que se cumplen 100 años de la primera aparición de la Virgen, en el año 1917, en el pueblo de Fátima, en Portugal.
El fiel custodio de la gruta de la Virgen de Fátima, Oscar Baumgaertner, recordó que la imagen fue traída por el padre Juan Peter “en viajó a Alemania y en su vuelta, pasó por Portugal y trajo esta imagen de allí, original, ya que en su base tiene tierra de Portugal. Fue entronizada el 21 de febrero de 1965, veníamos de una sequía importante, cuando el padre Peter dijo a los colonos que tenían que pedirle ayuda a la madre de Dios, a Santa María. Llegó la lluvia y la promesa había que cumplirla, de levantarle a la Virgen un santuario a la entrada del pueblo, donde está hasta el día de hoy”.
Dijo que “el domingo 26 a las 17:00, sale la procesión desde la iglesia de Santa María. A las 18:oo habrá una Santa Misa, presidida por el arzobispo Fray Carlos Azpiroz Costa. También estará el padre Leandro Volpe, párroco de los pueblos alemanes, y si Dios quiere, va a estar el padre Antonio Vedellini, representando a la congregación del Verbo Divino, ya que en dicha misa le vamos a hacer un homenaje al reverendo padre Víctor Heit, que falleció el año pasado, el 4 de abril”. 
Oscar Baumgaertner luego comentó que “La gruta de la Virgen de Fátima, era un lugar que el padre Víctor quería muchísimo, por eso vamos a colocar una placa y una foto, recordándolo para siempre. Fue un sacerdote muy querido por todo pueblo Santa María, y él siempre se acordaba de nosotros. Más adelante le haremos un homenaje, cuando sea el aniversario de su fallecimiento”.
La invitación a todos para que participen de esta procesión y posterior misa en la gruta de la Virgen, al ingreso a pueblo Santa María.

El constructor

Un hombre de bien, llamado Pedro Schmidt, fue el constructor de la Capilla ‘Virgen de Fátima, quien no sólo profesaba su profunda fe cristiana sino que además tenía cercanía con el clero y principalmente con la congregación del Verbo Divino, lo cual hizo que fuera el constructor de los sacerdotes. La familia cuenta que trabajó en la ampliación de la Iglesia ‘Natividad de María Santísima’, en su parte trasera, en las aulas que están sobre el costado izquierdo. 
 Para construir la Capilla, según Juan Pedro Gallinger, su yerno, lo había contratado directamente el Padre Peter, quien señaló que también trabajó en el seminario de Pueblo San José. Tuvo dos hijas, Irma Schmidt y Olga Beatriz Schmidt de Fuhr.

jueves, 16 de febrero de 2017

Canal Encuentro filmará un documental en Pueblo Santa María, sobre su historia, su cultura y su gente


El ciclo será conducido por Ana María Cacopardo, periodista, guionista y documentalista que trabaja en el canal Encuentro.  El ciclo “Dos Patrias” contará la historia de comunidades de inmigrantes que llegaron a la Argentina en el siglo XIX, entre ellos los alemanes del Volga. Se filmará durante la Strudel Fest.

Ana María Cacopardo hace unos días atrás se comunicó con Juan Carlos Roth, presidente de El Progreso de Pueblo Santa María, para informarle que venía a conocer Santa María, en una actividad de pre producción de un nuevo ciclo documental, de cuatro programas, en uno de los cuales será protagonista esta colonia alemana.
El miércoles por la mañana, previo a llevar a cabo una serie de visitas y entrevistas habló con los medios de prensa de la ciudad.
“Estamos haciendo una primera visita a la colonia, en lo que se llama una pre producción. Es el primer contacto con historias, con el territorio, con las instituciones. Es para una serie del canal Encuentro, que se va a llamar “Dos Patrias”, que trabaja con comunidades de inmigrantes que llegaron a la Argentina en el siglo XIX, entre ellas, alemanes del Volga”. 
La periodista luego comentó que “con un enfoque que no es tan histórico, sino que lo que busca la serie es poner foco en la vitalidad que tienen estas identidades hoy. El foco está puesto también en las nuevas generaciones, en cómo ciertos legados se siguen transmitiendo de una generación a otra. Y cómo en definitiva, lo diverso nos enriquece, nos hace mejores. Eso es un poco la mirada. Va a ser una serie de cuatro capítulos. Uno dedicado a la comunidad italiana de Mar del Plata que está instalada en el mundo del puerto. Otro capítulo dedicado a los lituanos que están instalados en Berisso. Otro dedicado a la comunidad gallega en Avellaneda que fueron un puntal en el desarrollo industrial”.
Fue allí donde anticipó que “el cuarto capítulo será en Santa María: Juan Carlos, el Club El Progreso, su bar, el barrio La Manchurria, el grupo de teatro, la familia Meier. Estamos asomándonos a algunos de esos linajes familiares”.
La idea para una jornada de trabajo intensa el miércoles era, al decir de la prestigiosa periodista, “conversar, tranquilos, dibujando un guión de trabajo. Vamos a volver a rodar, vendremos a grabar en la fiesta del strudel. Ese es un poco el motivo de la presencia nuestra acá”.
Destacó que “hay una cuestión muy fuerte de identidad alemana. No es únicamente una mirada sobre lo que fue, una mirada melancólica sobre lo que quedó atrás, sino algo que tiene mucha vitalidad en el presente y lo tiene desde la mezcla”. 
“Por eso el título de la serie, “Dos patrias”, porque es algo que también define a estas identidades que se afincaron en la Argentina, y que tienen una preocupación por preservar un legado que reconocen como único. Por ejemplo, el idioma, que vienen los alemanes a estudiarlo aquí. Entonces, la conciencia de que hay algo que es un patrimonio y que hay que preservarlo. Pero al mismo tiempo, eso tan lindo que produce la mezcla, de estar en esta tierra y dialogar con la cultura argentina, con eso que construye la diversidad. Lo que estamos intentando transmitir en esta serie, que se estará estrenando en el canal Encuentro, prontito, en marzo o abril, es esta idea: la vitalidad de las identidades migrantes, que hace pie en las nuevas generaciones. Con una capacidad de mezcla y de diversidad”.
¿Por qué eligió Santa María? Responde la periodista que “Santa María tiene una identidad muy fuerte. La distancia es pequeña, son apenas unos 15 kilómetros de Coronel Suárez. Nos interesó su visualidad, su arquitectura. Es una colonia que no perdió su trazado original. Podríamos habernos ido a Entre Ríos, pero hay algo como demasiado ligado a lo turístico, que la verdad no nos interesaba. Encontramos que estaba menos contada la historia de Santa María y que valía la pena acercarse aquí. El eje está puesto en esta dimensión de lo diverso, en la de los legados familiares, y en un territorio que nos pareció que no estaba tan contado”.

lunes, 13 de febrero de 2017

En tiempos de la abuela daba gusto recorrer la colonia durante el verano

En tiempos de la abuela daba gusto recorrer la colonia durante el verano. En cada casa florecía un jardín y producía una huerta. Hombres, mujeres y niños se esmeraban para regar en los atardeceres, sacando agua en la bomba y trasladándola en enorme baldes. Se trabajaba en familia. Todos utilizaban la pala para dar vuelta la tierra, el rastrillo para emparejarla y la azada para formar los círculos dónde luego se sembraban las semillas. No faltaba la clásica regadera. Tampoco los inventos para espantar los pájaros, sobre todo a los gorriones y a las palomas, como el rectángulo de madera recubierto con alambre tejido o los piolines con tiritas de tela o papeles de colores, entre otros.
Las verduras se cosechaban y se consumían frescas y con el excedente se preparaban dulces, conservas y encurtidos.
En pleno verano, se hacían suculentos pucheros que contenían abundante verdura, que se ponían a hervir bien temprano sobre la cocina a leña. Donde también, y a la par, se cocinaban dulces de tomate, zapallo, entre otros muchos, para su consumo inmediato  y para guardar en el sótano para el invierno.
Pequeños recuerdos cotidianos del tiempo de nuestras abuelas. De aquellos veranos inolvidables de nuestra niñez.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Traumática historia de vida contada por su protagonista

La imagen es meramente alegórica.
Doña Águeda desea contar su historia de vida pero sin revelar su apellido. Tiene temor de que los vecinos la señalen con el dedo y que sus hijos la consideren una mala madre, explica.  Cuenta que guarda un secreto que la atormentó a lo largo de toda su existencia. Un hecho que la marcó profundamente y destrozó sus sueños de casarse virgen y de, según afirma, “poder mirar a mi esposo y a Dios a los ojos”. En esta historia quedan en evidencia no solamente los prejuicios y las severas normas morales, religiosas y sociales que gobernaban la época sino también cómo las personas de dinero y poder se aprovecharon de la necesidad de los más humildes.

“Tenía catorce años –relata-, cuando mis padres me entregaron como empleada doméstica a una familia rica de Buenos Aires, que tenía mucho campo por la zona de Bahía Blanca. Me subieron a un tren con mi atadito de ropa, sola, y me mandaron a Buenos Aires, donde, en la estación, me estaba esperando uno de los empleados de mis patrones. Me llevó a una casa inmensa, en el barrio de Palermo, donde me presentó a mis compañeras de trabajo, que eran tres. Me entregó un uniforme y las chicas me enseñaron lo que tenía que hacer y cómo comportarme. El trabajo empezaba a las seis de la mañana y terminaba cuando el último integrante de la familia se iba a dormir o decía que ya no necesitaba nada de la cocina.  Tenía que hacer de todo en la casa. Desde ayudar en la cocina, lavar, planchar, limpiar las habitaciones, hasta lustrar los pisos arrodillada para sacarles brillo. El sueldo que pagaban era una miseria pero había que aguantar, no quedaba otra. La plata se la mandaban todos los meses a mi padre que la necesitaba mucho, porque la estaban pasando muy mal. Había que mantener a una familia con quince hijos. La pobreza era tan grande y había que cuidar tanto los gastos, que yo solamente iba de visita a la casa de mis padres una vez al año. El viaje era muy caro. Y como yo no tenía familiares ni amigos en Buenos Aires, también tenía que trabajar sábados y domingos” –evoca.
“Los primeros días me la pasé llorando en secreto y llamando a mi mamá” -agrega. “Le pedía a Dios que mi papá me viniera a buscar; pero nunca vino. Con el tiempo me fui acostumbrando a estar siempre sola. Hasta que un día el hijo menor del patrón me empezó a hablar y a visitarme en la cocina. Tenía dos años más que yo. Me regalaba la ropa que ya no usaban sus hermanas, una cadenita y una pulsera. De a poquito nos fuimos conociendo. A veces me tocaba las manos y yo las apartaba enseguida. Me daba mucha vergüenza. Después empezó a robarme besos. Así hasta que un día, en que los patrones no estaban en la casa, se apareció en mi pieza para preguntarme si quería ser  su novia para casarme con él. Le dije que sí. Era muy tonta en aquel momento. Nunca había salido de la colonia. No sabía nada de la vida. Fuimos novios en secreto hasta que quedé embarazada y el patrón se enteró. Se enojo mucho, me gritó, me dijo que yo tenía la culpa, me insultó y casi me pega. Al otro día, al hijo lo mandó a Córdoba, a la casa de unos parientes, y a mí me subió a un tren y me mandó de vuelta a la casa de mis padres. Fue terrible. Mis padres se enojaron mucho también. Mi papá me dijo que había cometido un pecado muy grave y que, por eso, Dios me iba a castigar. Mi mamá lloraba y gritaba. Me repetía una y otra vez ‘y ahora que va a decir la gente’. Me encerraron en la pieza y no me dejaban salir para que nadie me viera. Fue terrible. Tuve mucho miedo. A la semana mi papá me mandó al campo en compañía de mi madre, a casa de unos tíos, para que nadie se enterara en la colonia de que estaba embarazada. Mi papá también pasó unos días en el campo. Me escondieron hasta que nació mi hijo. Cuando regresamos a la colonia mis padres le dijeron a todo el mundo que mi mamá había tenido un hijo. Nadie se enteró jamás de la verdad, ni siquiera el día en que mi hijo murió en un accidente en un campo en el que trabajaba de peón, a los cuarenta y cinco años” –confiesa llorando.
“Al regresar del campo con el bebé me dijeron que tenía que casarme enseguida para no volver a cometer el mismo error. Así que a los pocos meses me casé con uno de los hijos del vecino, que era un hombre muy bueno y fue un buen esposo y un padre excelente. Tuvimos seis hijos. Siempre estuvimos unidos, trabajando en el campo pero nunca pude recuperarme del todo. Al principio mi marido me preguntaba qué me pasaba porque siempre me veía triste y llorando. Me lo preguntó varias veces, hasta que una noche se enojó y me dijo que me dejara de llorar por los rincones porque si no lo hacía él me iba a dar un buen motivo para llorar.
“Con el tiempo aprendí a ocultar lo que me pasaba pero fue muy duro. Mi vida fue una tortura y empeoró con los años. Sentí tanto dolor que es imposible de contar. Dicen que el tiempo lo cura todo. Eso es mentira. El tiempo no cura nada. Al contrario. Empeora las cosas. Porque con los años me fui quedando sola. Otro de mis hijos murió y los demás se casaron y se fueron de casa. Y mi esposo también murió y me dejó sola. Y yo me quedé viva para sufrir y llegar a vieja como castigo” –sentencia doña Águeda, que hace unos días cumplió ochenta y nueve años.

jueves, 2 de febrero de 2017

Pueblo Santa María se prepara para la Strudel Fest, que se llevará a cabo durante los primeros días del mes de marzo

 Este año tres días: el 3, 4 y 5 de marzo.

Rocío Reser, responsable del Centro Cultural de Santa María, habló de los preparativos para la segunda gran fiesta del Strudel que se prepara para este año.
Explicó que “para nosotros el año pasado fue la primera vez. Nos desbordó, no nos imaginamos la gran cantidad de visitantes que tuvimos en ese momento. Así que en los preparativos de esta segunda edición las instituciones organizadoras nos hemos juntado prácticamente todos los meses, y este último tiempo con más frecuencia, para tomar muy en cuenta diferentes detalles de la organización”.
Por supuesto que se viene registrando mucho interés, a través de las redes sociales, de potenciales visitantes y artesanos de toda la zona y aún más allá.
“Venimos recibiendo muchas consultas de turistas que quieren venir”, explicó, por lo que “estamos tratando de cerrar el programa de actividades, porque la idea de este año es sumar más propuestas. Que no se centre sólo en el día domingo y alargar un poco la fiesta, centrándola ahora en viernes, sábado y domingo. Se trata de ofrecer diferentes propuestas que abarquen todo el fin de semana para la gente que viene de otros lugares y también los vecinos del Distrito”, explicó Rocío Reser.
El día viernes, en la Casa del Fundador, estará abierto el patio cervecero y un gran parque de diversiones. 
A las 20 horas se hará la apertura de la Strudel Fest, en el Centro Cultural, con un pequeño acto donde se llevarán a cabo danzas típicas. Y con muestras de la artista Karina Schwerdt y exposiciones de fotos de la primera fiesta a cargo de Juan José Detzel.
El día sábado anticipó que habrá un torneo de Kosser, a las 14 horas, con inscripciones ya abiertas para las que quieran participar. 
La Dirección de Turismo llevará a cabo un circuito fotográfico con previa inscripción. La Casa del Fundador también ofrecerá comidas típicas para la tarde de ese día, con el patio cervecero. A las 21 horas el grupo de teatro de Santa María estará ofreciendo la obra “Tartufo”, en versión en idioma alemán, en el Salón Parroquial. A la misma hora también se ofrecerá la cena y baile organizada por la Casa del Fundador. Las entradas ya están a la venta con un menú típico, actuaciones de danzas alemanas y música tradicional. 
El domingo la actividad inicia a las 10 de la mañana con la elaboración del Strudel gigante –ese año tendrá 30 metros-, habrá paseos de artesanos, la feria local Unser Saich, exposiciones de autos antiguos y de comercios locales. 
A las 12 horas se abren los patios de comida de las diferentes instituciones organizadoras. Habrá por supuesto buena música durante toda la tarde, animando en un escenario, en vivo, toda la fiesta. 
La inauguración oficial, con la presencia de la Banda Municipal, será a las 14 horas, con presentación, exposición y degustación del Strudel gigante y palabras de las autoridades.
(La localidad de Pueblo Santa María está ubicada en el Partido de Coronel Suárez, en el sudoeste de la Provincia de Buenos Aires).

miércoles, 1 de febrero de 2017

Clementina Ruppel, de 91 años, nos cuenta su dura vida en el campo


Me casé a los quince –cuenta Clementina Ruppel. Mi marido tenía veintinueve años. Nos casamos un jueves y al lunes siguiente nos fuimos a trabajar al campo. Mi marido haciendo todo tipo de tareas rurales y yo como cocinera para los patrones. En aquella época solamente le pagaban sueldo a los hombres y la mujer tenía que conformarse con casa y comida. La casa estaba a varios metros de distancia del chalet de los patrones y era precaria, tenía solamente una pieza grande y una letrina a cierta distancia. Uno no podía decir nada ni quejarse de nada, porque enseguida éramos despedidos. Había trabajo de sobra y el patrón siempre tenía razón aunque, muchas veces, no la tuviera. En el chalet cocinaba para los patrones, donde había de todo para comer. Para nosotros cocinaba en la pieza, dónde había una cocina a leña y lo que había era escaso, lo necesario y justo para no morirse de hambre. Fue una época dolorosa –enfatiza. Sobre todo cuando comenzaron a llegar los hijos. A los patrones no les gustaba nada que hubiera más bocas para alimentar y menos que anduvieran por el patio junto a sus hijos. Nuestros hijos siempre tenían que mantenerse aparte, lejos de los hijos de los patrones”.
“Se nos permitía ir solamente dos veces al año a la colonia a visitar a nuestros familiares –agrega. En Pascua y en Kerb, o sea, cada seis meses. No había vacaciones ni tiempo libre. Hasta los domingos había que trabajar. Sobre todo en tiempo de arada, siembra y cosecha. Yo tenía que prepararles el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena; hornearles tortas; lavarles la ropa, planchar; limpiar la casa, lavarles las paredes; a veces, si los niños eran pequeños, cuidarles a los hijos, y un montón de cosas más que ya ni me acuerdo.
“En esa estancia estuvimos cuarenta años. Lo bueno fue que pudimos criar gallinas, gansos, patos y pavos y vender los huevos y las aves, a medias con la patrona. Eso nos permitía tener un poco más de dinero y algo más para comer. Ellos nos daban carne, pan, leche, fideos, arroz y alguna que otra cosa más, como la yerba y el azúcar” –cuenta Clementina Ruppel de noventa y un años.

lunes, 30 de enero de 2017

Receta de los pepinos en conserva (Sauer Kummer)

Los pepinos en conserva eran un clásico del verano. Cuando las huertas empezaban a producir a pleno, nuestras abuelas elaboraban este delicioso producto que forma parte insoslayable de nuestros recuerdos de la infancia.

Ingredientes:
2 litros de agua
1 docena de pepinos
Sal gruesa a gusto
6 hojas de parra
Enoldo o hinojo a gusto

Preparación:
Hervir el agua, dejarla enfriar y agregarle la sal y los pepinos. Sobre estos poner las hojas y el enoldo ohinojo. Finalmente colocar encima algún elemento pesado para que los pepinos se mantengan sumergidos en el agua
Necesitan aproximadamente tres días para lograr su conservación.

Esta y 150 recetas tradicionales más, las podrá encontrar en el libro de “La gastronomía de los alemanes del Volga”, que se puede adquirir por correo, comunicándose a: juliomelchior@hotmail.com.

jueves, 26 de enero de 2017

Recuerdos de mi infancia en la colonia

Recuerdo de mi infancia los amaneceres sentado frente a una taza de café con leche recién servida por mamá, su aroma en la cocina, y junto a ella manteca, crema, dulces, jamón y chorizos, todo casero, y el pan horneado por abuela en el horno de barro, durante la madrugada, mientras mis hermanos y yo dormíamos y mamá y papá ordeñaban las vacas lecheras en el tambo.
Recuerdo salir al patio, aspirar el aire fresco de la colonia, inundar mi alma con aromas entrañables, a flores, a eucaliptos, a pinos, a ligustrinas, a animales de granja, e ir en busca de mis amigos para correr libres en compañía de nuestras mascotas, por las orillas del arroyo, bajo la sombra de los árboles, gomera en mano, pescando, cantando y jugando.
Recuerdo aquellos tiempos tan felices y una lágrima rueda por mi mejilla en honor de los que ya no están físicamente pero viven en mi memoria. Por mis amigos, mis abuelos, mis hermanos, mi mamá y  mi papá. Tantos seres queridos que un día Dios se llevó a su lado mientras yo iba creciendo y yéndome de a poco de la colonia.

lunes, 23 de enero de 2017

¿Cuáles eran los trabajos que realizaban los niños y las mujeres durante el verano?

“En verano, la vida cotidiana de las mujeres y los niños estaba signada por una gran cantidad de trabajo, porque todos los hombres de la comunidad se abocaban a la tarea de levantar la cosecha de trigo, antes que la lluvia lavara la semilla y con eso perdiera valor y peso o una granizada o un incendio imprevistos, se lo llevara todo. Del éxito o fracaso de la cosecha dependía la supervivencia anual de la familia y la localidad, en todos sus aspectos” –cuenta María Margarita Gottfriedt.
“Las mujeres y los niños nos levantábamos a las tres de la madrugada para ordeñar las vacas, que no eran pocas, mientras los hombres se disponían a buscar los caballos dispersos por el campo y a preparar las máquinas segadoras para continuar levantando el trigo. No solamente ordeñábamos vacas para tener leche para consumo propio sino también para vender y para hacer crema, manteca y quesos. Después las mujeres mayores encendíamos el horno de barro para hornear el pan diario mientras las niñas lavaban la ropa con la tabla de lavar y los niños regaban la quinta y alimentaban los animales de granja” –enumera María.
“Concluidas estas actividades, llegaba el momento de preparar el almuerzo en la cocina a leña, para alrededor de veinte comensales o más, sumando a los hombres que trabajaban en la cosecha, los padres, hijos, hermanos, tíos, abuelos, suegros y muchos más. Siempre se preparaban varios platos y recetas tradicionales que requerían muchas horas de cocina” –acota.
“Después” –continúa-, “había que lavar todos los trastos, de lo que se encargaban las niñas más pequeñas, mientras las mujeres nos abocábamos a hornear o freír algo rico para llevarles a los hombres a la hora del mate cocido, a eso de las cinco de la tarde.
“Luego las niñas bajaban la ropa del cordel y todas las mujeres de la casa se dedicaban, algunas a remendar la ropa y otras, a planchar con la plancha a carbón.
“A todo esto había que sumarle el cuidado y la limpieza de la casa, el patio, el jardín, la huerta, más el cuidado, limpieza y alimentación de todos los animales domésticos: los gallineros con sus aves de corral y el chiquero con sus cerdos” –suspira agotada.
“Y así llegaba el atardecer, cuando nuevamente había que pensar en regar la quinta y preparar la cena. Había días en que a las siete de la tarde los más pequeños de la casa caían rendidos de sueño y cansancio sentados a la mesa” –concluye María Margarita Gottfriedt, de 92 años.

miércoles, 18 de enero de 2017

Recetas de Dünne Kuche, Keiskreppel, Brotschnistze y Gedehende como las preparaban nuestras abuelas

“Die Dünne Kuche, die Brotschnitze, die Der Kreppel y tantas otras delicias que las mujeres alemanas del Volga elaboran sobrevivieron al olvido porque las abuelas  supieron legar a sus hijas el secreto de cómo se preparan en el momento justo. Vienen pasando de generación en generación desde hace centurias.  Los ancestros, los abuelos, los hijos, los nietos... todos saborearon alguna vez las delicias de las tortas cuyas recetas las abuelas de Alemania legaron a sus hijas de Rusia y estas a sus nietas de la Argentina”.

DÜNNE KUCHE  O RIWWEL KUCHEN

 Ingredientes para la masa:
1 Kilo de harina
2 cucharadas de levadura
1/2 litro leche rebajada con agua tibia
4 yemas de huevos
3 cucharadas de crema
100 gramos de manteca
8 cucharadas de azúcar
1 pizca de sal

Ingredientes para los Riwwel:
200 grs. de crema
2 yemas
150 gramos de manteca
3 cucharadas de harina
6 cucharadas de azúcar

Preparación:
Poner en un bol la harina, la levadura, las yemas, la sal y de a poco la leche mezclada con agua tibia. Mezclar todos los ingredientes hasta obtener una masa liviana. Dejar levar y luego volcar a la asadera; dejar levar nuevamente.
Los Riwwel se elaboran en una sartén con los 200 grs. de crema, las 2 yemas, los 150 grs. de manteca, las 3 cucharadas de harina y las cucharadas de azúcar.
Los Riwwel se colocan sobre la masa antes de llevarla a hornear.

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KEISKREPPEL

Ingredientes:
1 kilo de harina
1 huevo
1 cucharada de bicarbonato o levadura
Leche
Aceite

Relleno:
1/2 kilo de ricota
1 huevo
Crema
Azúcar

Preparación:
Mezclar la harina con el bicarbonato (o la levadura), el huevo y la leche. Una vez realizada la masa estirar con el palote hasta que quede de unos tres centímetros aproximadamente. Ahora corte pequeñas empanadas que debe completar con el relleno elaborado a partir de los productos arriba citados.

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 BROTSCHNITZE

Ingredientes:
1 taza de harina
½ litro de leche
2 huevos
1 de pizca
2 cucharadas de azúcar
Pan de unos días de antigüedad

Preparación:
Mezclar todos los ingredientes hasta obtener una masa líquida y liviana. Cortar el pan en rodajas; remojarlo en la masa; y freírlo en la sartén con un poco de grasa.

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GEDEHENDE

Ingredientes:
½ kilo de harina
1 pizca de sal
1 taza de agua tibia
10 manzanas peladas y cortada en rodajas muy finas
Crema de leche

Preparación:
Mezclar la harina con la sal y el agua hasta formar una masa cremosa. Agregar harina hasta que el bollo se desprenda del bol. Dejar descansar unos minutos. Trabajar la masa sobre la mesa hasta lograr que a través de la misma se trasluzca la mano.
Esparcir sobre la masa las rodajas de manzanas y espolvorear con azúcar y crema de leche a gusto. Enrollar la masa.
Colocar la preparación en una asadera enmantecada y cocinar en horno de temperatura moderada entre 15 o 20 minutos.
Retirar cuando la masa esté dorada.
Servir caliente.

Recetas tradicionales extraídas del libro "La gastronomía de los alemanes del Volga", del escritor Julio César Melchior. El mismo se puede adquirir por correo, por el sistema de contra re embolso, enviando un mensaje a juliomelchior@hotmail.com.

lunes, 16 de enero de 2017

Tres años de sequía

Tres años de sequía. Tres años sin cosecha. Tres años malvendiendo lo que fue comprando a lo largo de toda su vida. Ya no le quedan ni animales ni enseres de trabajo. Solamente tierra reseca, polvo y viento. Y sin embargo, resiste. Como un roble. Terco, porfiado, testarudo, mantiene firmes sus convicciones y su esperanza de poder forjar un futuro mejor en medio de la indómita pampa argentina para su familia y sus descendientes. Jamás va a abandonar la lucha. Nunca va a dejar de rezarle a Dios y de creer en él. Quiere arar, sembrar y cosechar. Producir trigo y amasar pan para comer y para transformarlo en hostia en el altar del Señor.
Le reza a Dios en cada comida y también al amanecer, cuando se despierta luego de largas madrugas de insomnio, y a la noche, cuando se va a descansar, después de una interminable jornada de trabajo, sabiendo que no va a conciliar el sueño pensando en la sequía y en la lluvia que no llega.
Están él y su familia. Solos en la inmensidad. En la tierra que hizo suya cuando llegó del Volga, huyendo del hambre, de las persecuciones, de las guerras y del dolor. Son ellos solamente. Ellos solos. Ellos que regaron la tierra con el sudor de sus frentes y ahora la están regando de llanto. Esa tierra que ahora está seca, que no produce nada. Esa tierra que va a tener que vender si no llueve pronto.

viernes, 13 de enero de 2017

El adiós a la aldea natal

Guardó sus enseres de cocina en los baúles al igual que la ropa de cama y las prendas de vestir. Es imposible llevarlo todo. Sobran platos, vasos, ollas, mantas, sábanas. Tantos años ahorrando y cuidando las cosas. ¿Para qué? Para ahora terminar malvendiéndolas o regalándolas a las familias que no quieren, no pueden, o tienen temor de marcharse. Es muy poco lo que se puede cargar en el carro, menos aún lo que se va a poder subir al tren, y menos todavía lo que se va a poder llevar como equipaje al ascender y ocupar los diminutos espacios disponibles en el barco. Todo es así de injusto si se viaja entre en el pasaje que ocupan los que huyen del hambre, de las persecuciones, de las guerras, de la muerte, de los que son fáciles de estafar y engañar porque ya no tienen opciones.
La familia termina de cargar los baúles en el carro. La pareja asciende y se sienta en el pescante. Los niños dónde pueden. Todos están tristes. La mujer llora. El hombre mira el camino. Una larga distancia a recorrer los espera. Es duro el adiós y será doloroso el desarraigo y eterno el recuerdo. Jamás olvidarán la aldea, el río Volga y a sus familiares y amigos que los despiden con el alma desbordada de llanto.
El hombre agita las riendas, los caballos relinchan, y empiezan a andar. Lentamente la historia que escribió la familia en las aldeas del río Volga va quedando atrás. Los espera la Argentina.

miércoles, 11 de enero de 2017

En muy pocos días se llevará a cabo la segunda Strudel Fest en Pueblo Santa María


Javier Graff, de Weimannhaus, informó que “estamos con reuniones quincenales y hasta semanales para organizar e ir definiendo algunos temas”. “Es importante destacar que el formato de la fiesta va a ser exactamente igual a la del año pasado, con algunas mejoras en cuanto a cantidades de comida”.

Las instituciones de Pueblo Santa María (ubicada en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, en el Partido de Coronel Suárez) ya se están preparando para la segunda edición de la Strudel Fest, que está fechada para el domingo 5 de marzo. 
Aunque los días previos también habrá actividad: el día viernes 3 se presentará la obra de teatro “Tartufo”, de Moliere, por el grupo de Teatro de Santa María, y el sábado habrá torneo de Kosser y una cena y baile, que será preámbulo del gran festejo del día domingo, donde está previsto que la actividad comience a las 10 de la mañana.
Javier Graff, de Weimannhaus, informó que “estamos con reuniones quincenales y hasta semanales para organizar e ir definiendo algunos temas”.
En cuanto al Strudel gigante, de presentación y apertura de la fiesta, anticipó que “este año vamos a redoblar la apuesta: el año pasado fue de 15,30 metros, y este año vamos a hacerlo de 30,60 metros, el doble exactamente”.
Para lograr esto ya está previéndose todo lo atinente a esta gran elaboración: “creo que este es uno de los atractivos de la fiesta, o puede llegar a serlo. El hecho que sea una pieza entera y gigante es muy atractivo. El molde que diseñamos para el año pasado este año se va a duplicar. Contamos con un auspicio de Zinguería Varela, que nos había hecho el desarrollo y demás. Y este año nos donaron el 50% del molde para duplicarlo, porque vieron que fue un éxito la fiesta y a manera de apoyo”.
En cuanto a los espectáculos, “hay grupos de baile de La Pampa y Olavarría ya confirmados, bandas musicales locales. Es importante destacar que el formato de la fiesta va a ser exactamente igual a la del año pasado, con algunas mejoras en cuanto a cantidades de comida, pero el evento va a ser popular, simple y sencillo como fue, con artistas locales y sin costo para nadie. Las instituciones que organizamos ese evento tenemos la oportunidad en ese momento del año, junto con la Kerb, de recaudar fondos, por eso lo hacemos de esa forma”.
Los gastos en sonido y también en la colocación de vallas, para organizar la degustación del Strudel gigante, los cubrirá la Municipalidad de Coronel Suárez, según lo han anunciado a las instituciones organizadoras.
Ya habrá tiempo de ir descubriendo todos los aditamentos que tendrá la segunda edición de esta gran fiesta, pero se anticipa que en esta ocasión cada una de las instituciones duplicará o triplicará la elaboración de Strudel para la venta, que fue el gran reclamo del año pasado, cuando para las dos o tres de la tarde no quedaba ninguna porción de Strudel a lo largo de toda la avenida 11 de Mayo.

lunes, 9 de enero de 2017

¿Se acuerdan de los veranos de nuestra niñez, cuando había que ayudar a regar la huerta?

Durante el verano, a las mañanas, bien temprano, con el amanecer, y al atardecer, junto con el sol que se iba a dormir en el horizonte, las madres y los niños de la casa, sin importar edad ni sexo, regaban la huerta, llevando y trayendo enormes baldes desde la bomba de agua hasta la quinta. Las verduras y hortalizas florecían y producían por doquiera. Había abundante cantidad de tomates, pepinos, zapallitos, lechuga, repollo, decenas y decenas de cosas ricas que mamá y la abuela transformaban en sabrosas comidas o ensaladas o en conservas y dulces que almacenaban en los sótanos para el invierno. Me acuerdo del dulce de zapallo y tomate, entre varios otros, que cocinaban sobre la cocina a leña y envasaban en frascos de todos los colores y tamaños que juntaban a lo largo del año para estos menesteres.
Los niños y las niñas ayudábamos sin quejarnos ni lamentarnos jamás. Para nosotros nunca representó un trabajo regar la quinta todas las mañanas y todas las tardes. Lo tomábamos como una obligación, es cierto, pero también como un juego, un momento en que todos los hermanos estábamos juntos, con mamá y, a veces, también con papá, riendo, conversando, en ocasiones haciendo travesuras, como arrojarnos un balde lleno de agua. Todavía la recuerdo a mamá retando a mi hermano porque me empapó o porque me puso el pié  mientras corríamos hacia la bomba compitiendo para ver quién llegaba primero para sacar agua y volver a llenar el balde.
Eran otros veranos, los veranos de mi niñez. Iguales a los de muchos de ustedes que leyeron estas líneas… ¿No es cierto?

viernes, 6 de enero de 2017

¿Qué tradición celebraban los alemanes del Volga el Día de Reyes?

Los alemanes del Volga festejaban durante el Día de Reyes el Grosse Neujahr, que traducido literalmente significa “Año Nuevo Grande” (otra traducción, quizás no tan fiel, pero si más acorde con el desarrollo de la celebración que llevaban a cabo, sería “Año nuevo para los grandes”).

La celebración del Gross Neujahr comenzaba con el amanecer, cuando las personas adultas salían de casa en casa, a desear feliz comienzo de año.  En cada ocasión eran agasajados con una copita de licor. Por lo que a medida que avanzaba la jornada y las visitas se prolongaban una detrás de otras, con parientes y amigos, y con ellas, una detrás de otras las copitas de licor, la alegría comenzaba a surgir y con ella los cánticos satíricos y la música del acordeón y la fiesta.

jueves, 5 de enero de 2017

Hoy se cumple un nuevo aniversario del primer asentamiento alemán del Volga en la República Argentina

Un 5 de enero pero de 1878 se fundaba Colonia Hinojo, en el partido de Olavarría, provincia de Buenos Aires, el primer asentamiento alemán del Volga en la República Argentina. Los fundadores habían nacido en la aldea Kamenka. Traían consigo su lengua, su arquitectura, sus costumbres, sus tradiciones y su idiosincrasia. Un legado cultural que conservan con orgullo sus descendientes. La colonia madre fue fundada, entre otros, por Andrés Fischer, Jorge Fischer, José Kissler, Miguel Kissler, Andrés Kissler, Pedro Pollak, José Simon, Juan Schamber, Jacobo Schwindt y Leonardo Schwindt, acompañados por sus esposas e hijos (aunque también había personas entre los fundadores).

Todavía se conservan algu­nos testimonios de esas primeras épocas, como por ejemplo un breve manuscrito que el Schulmeister José Gottfried encontró en la iglesia local. Se lee allí que: "Duros fueron los primeros tiempos, nos decían nuestros abuelos (...) primero el idioma (...) los pajonales (sic), no se divisaba más que unos metros y el poco tiempo transcurrido de la con­quista de (sic) desierto siempre quedaban algu­nos indios los hombres (que) tenían que (ir) a sus chacras a trabajar (ilegible. Quizá: "les temían").
Con mejor sintaxis pero con datos parecidos, informa a su vez esta otra reseña:  “Llegaron hasta un lugar llamado San Jacinto. Lo único que respondía a ese nombre eran los pa­jonales, donde los patriarcas permanecieron unos dos años, debiendo organizar continuamente guar­dias, armados con implementos antediluvianos pa­ra defenderse de los malones indios."
De cualquier forma, los rastros de esta primera fundación prácticamente se han perdido.
“A raíz de algunos conflictos sus­citados con otro grupo de colonos, en este caso franceses esta­blecidos en la zona acogida por la misma ley de colonización, los alemanes solicitaron y obtuvieron el permiso para trasladar­se a un kilómetro de distancia”, escribe Olga Weyne.
Acordado este permiso, desmontaron todas las viviendas para trasladarlas al nuevo destino, al cual llegaron pocos días después nuevos emigrantes del Volga en cantidad bastante apreciable.
Así quedó fijado el lugar definitivo de co­lonia Hinojo.
Como las familias estaban formadas por personas todavía jóvenes y los hijos eran nume­rosos, tanto los hombres como las mujeres, al principio, tuvieron que realizar tareas sumamen­te agobiadoras, no sólo en la casa sino también en el campo. Uno de los más jóvenes principian­tes, el primer año, contra viento y marea pudo sembrar de cuatro a cinco hectáreas; el segundo año anduvo mejor y llegó a las 14 hectáreas.
Después de fundarse la colonia de Hinojo, se desplazó otra corriente inmigratoria desde el Volga y unas veinte familias fundaron la colo­nia Nievas, llamada también Holtzen. El cielo los favoreció y, obteniendo buenas cosechas en los años siguientes, pudieron acomodarse bien. La producción abundante de la hacienda sumó nue­vos ingresos, que fortalecieron la economía que ya tomaba bases sólidas.
Estas circunstancias es­timularon su progreso y dos años más tarde se fundó colonia San Miguel.
Los colonos orientaron sus ac­tividades hacia las dos ramas fundamentales del campo: agricultura y ganadería. Las chacras de las tres colonias contaban con pasto muy bueno para la hacienda. Ese fue un factor de peso pa­ra que algunos se consagraran con preferencia a lo último, por lo cual podía observarse chacras que contaban hasta con mil y dos mil cabezas de animales, entre vacunos, lanares y equinos.
(Para más información pueden adquirir el libro “Historia de los alemanes del Volga”, del escritor Julio César Melchior, de dónde fueron tomados estos datos).

lunes, 2 de enero de 2017

Cuatro libros que rescatan la historia, cultura, tradiciones, costumbres y gastronomía de los alemanes del Volga

Cuatro libros que rescatan el pasado histórico, cultural y gastronómico de los alemanes del Volga. Publicados luego de varios años de investigación. A lo largo del tiempo han ido cosechando premios y éxitos. Se pueden adquirir por correo, por el sistema de contra reembolso. Para cualquier información, comunicarse a: juliomelchior@hotmail.com.
¿Por qué emigraron nuestros ancestros a orillas del río Volga? ¿Cuál fue la primera aldea que fundaron? ¿Cuánto tiempo estuvieron allí? ¿Cómo fueron los primeros años y su adaptación a ese medio? ¿Por qué volvieron a emigrar? ¿Cómo fue su viaje a la Argentina? ¿Cuáles fueron las primeras colonias que fundaron? ¿Dónde y cuándo? ¿Cómo se adaptaron al país? Preguntas que el libro responde. Y muchas más. “Historia de los alemanes del Volga”, el libro que hace historia.
Kreppel, Wückel Nudel, Dünne Kuchen, Strudel, Maultasche, Vanerick, Füllsen… y 150 recetas más, en el libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”. El libro que rescata las recetas de todas las ricas comidas tradicionales que preparaban nuestras abuelas en las cocinas a leña de antaño. Además de recetas de panes, sopas, quesos, dulces y mucha más.
La vida cotidiana de nuestras abuelas. Su nacimiento, su niñez, su adolescencia, su preparación para el matrimonio. Su casamiento. La crianza de los hijos. Sus innumerables trabajos, su fuerza de voluntad para superarlo todo, su dedicación, su entrega a la familia. Su vida toda en este libro: “La vida privada de la mujer alemana del Volga”.
 En este libro el amor infinito de mamá, los momentos en que preparaba las ricas comidas alemanas, la ternura del abuelo, sus palabras en alemán, lo que nos contó de las aldeas del Volga, la escuela primaria, los amigos, las grandes fiestas tradicionales, las costumbres de las familias, la alegría de los recuerdos felices, la nostalgia de un tiempo que se fue y nos dejó el alma llena de recuerdos. Eso y mucho más en este libro: “Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga”.

jueves, 29 de diciembre de 2016

¿Cómo festejaban el Año Nuevo los alemanes del Volga?

“Cuando éramos niños, el día de Año Nuevo era para nosotros una jornada de fiesta. Salíamos a visitar a toda la parentela vor wünsche. Entrábamos en todas las casas para desear un feliz comienzo de año a todos los integrantes de cada familia, y ellos, a cambio, nos obsequiaban caramelos y masitas. Para los niños humildes de la colonia era, quizás, la única fecha del año en que recibían una golosina. Por eso no dejábamos de visitar ningún pariente ni amigo. Con cada regalo armábamos un paquetito que llamábamos Pindllie: poníamos las golosinas en el centro de un pañuelo y uníamos sus cuatro puntas mediante un nudo”.

Wünsche gehen und gross neusjahr

El primer día del año los niños se levantaban bien temprano a la mañana, casi con el amanecer, para saludar a sus padres deseándoles feliz año nuevo, recitando un poema varias veces centenario y de autor desconocido, que dice así: Vater und Mutter ich wünsche euch glückseeliges neusjahr, langes leben und Gesundkeit; frieden und einigkeit und nach eren Tod die ewige klückseeligkeit”. “Das wüsnsche mir dir auch”, respondían mama y papá mientras les obsequiaban golosinas.
Cumplido este ritual, los pequeños salían a visitar a parientes y amigos para también desearles la felicidad en el año nuevo que comenzaba. Pero esta ocasión el poema era otro: glück und segen / auf allen Wgen! / Frieden im Haus / jahrein, jahraus! / In gesunden und kranken Tagen / kraft genung, Freud und Leid tragen! / Stets im Kasten ein stücklein Brot, / das geb’ uns gott!
Al finalizar la jornada todos los niños de la colonia, sobre todo los más humildes, se sentían dichosos con la enorme cantidad de golosinas que lograban reunir tras una larga jornada de “trabajo”, visitando tíos, abuelos y demás parientes.
La tradición se completaba el Día de Reyes con el gross naeusjahr (Año Nuevo Grande), cuando los que salían a expresar sus augurios de felicidad en el año que se iniciaba eran las personas mayores. Pero estos, en lugar de ser recibidos con golosinas, eran agasajados con sendas copitas de licor. Por lo que a medida que avanzaba la jornada y la visita de las casas se repetía una tras otra, con parientes y amigos, y con ellas, una tras otra las copitas de licor, la borrachera comenzaba a surgir, y con ella los cánticos satíricos.