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miércoles, 30 de marzo de 2011

Treinta años después: Vieja calle de la colonia

Ahora que he regresado sigamos caminando juntos por la vieja calle de la colonia, tu recuerdo y yo. Esa calle que en cada esquina tiene historias diferentes. Allí donde cada paso es extraño en el andar de los que van y vienen. Allí donde hemos dejado el amor en un beso no correspondido, el cansancio de las lágrimas arraigado en las miradas y los pasos que dejaron huella en el pasado siguiendo el andar de un amor imposible. Allí donde sufrimos y escribimos en el alma nuestro primer dolor. Sigamos caminando por la vieja calle del ruido a carros y caballos y del silencio del corazón que mira el presente llorando el ayer, mientras mis labios van pronunciando palabras extrañas y ajenas, nombres que confluyen en el recuerdo, rayos de esperanza que se funden en sueños e ilusiones de encontrar a seres queridos que todavía no hayan fallecido, a pesar de saber que treinta años de ausencia es mucho tiempo. Sigamos caminando mientras miramos el horizonte, entre los silencios amargos de los tristes recuerdos que florecen como flores de perfume a difunto en las veredas: mi dicha por volver a mi amada colonia me sigue alumbrando la sombra de la alegre sonrisa y me lleva al sitio aquel, donde el pasado fluyó en mis labios como evangelio eterno que se quedó en tus manos, querida María, para comenzar entre suspiros, el andar de la vieja calle que sigue allí mirándome, entre historias y sueños vividos. Esa calle que es aún el santuario del gran amor que te profesa este hombre que nunca dejó de amarte y regresó, treinta años después, para buscarte y te encontró en una tumba, en el cementerio.

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