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viernes, 10 de junio de 2011

Leña para el invierno

El niño empuja el carrito que construyó su padre. Unas cuantas maderas prolijamente clavadas, un eje y dos ruedas de acero. Va rumbo al arroyo a buscar leña. Día tras día, durante todo el verano. Sin embargo, va sonriendo. Al regresar, cargado hasta más no poder, se engancha al carrito cual si fuera un caballo de tiro. Llega a casa cansado, trayendo ramas de eucalipto y sauce que juntó en la ribera del arroyo mientras, de vez en cuando, tiraba alguna piedra con la gomera.
Lo descarga. Descansa un rato. Y después toma un hacha y comienza a cortar las ramas acumulando astillas que van creciendo en un cúmulo de leña acomodado para el invierno. Para calentar el hogar, cocinar las comidas, y brindarle abrigo a su madre y hermanos.

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