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domingo, 18 de diciembre de 2011

Algunas de mis Postales de las Fiestas en la Aldea Santa María...

Por  Margarita Sacks

Navidad
¨Navidad sin regalos no será Navidad¨… había leído en la primera página de ¨Mujercitas¨. ¿Será Navidad una sin árbol? pensé cuando vi caer con estrépito, al descuido de Javier, el árbol completo ante la cara de sorpresa y susto de los que trajinaban en el comedor con los preparativos del almuerzo.
Margarita Sacks, autora de estos bellos
recuerdos.
En instantes, todos los adornos se convirtieron en añicos mientras un silencio helado quebraba el mediodía.
Un silencio desangelado que tardó en desaparecer…
Hubo retos, hubo reproches… pero hubo Navidad.

Cosas de primos
Desde temprano comenzaron los preparativos. Los primos buscan un pañuelo (el más limpio, el más blanco… el más grande). Practican incansables un verso. Ya casi se lo saben de memoria.
¨Ig winsch eug…¨
No entiendo. Es difícil el alemán. Insisten:
¨Einen klükseeliges neusjar…¨
Yo ni siquiera lo intento. Los miro desde el vaivén de la mecedora esperando que al regreso compartan algún resto del dulce tesoro que esperan recolectar. Pero insisten en que los acompañe. Alguien me alcanza un pañuelo. Es suave y huele bien. Es de los más grandes. Sin darme tiempo a protestar, unas manos arreglan mi peinado y otras me toman entre las suyas invitándome a seguirlas.
Tengo vergüenza. Mucha. Toda…
En torbellino de risas y voces los primos comienzan el ritual:
¨Ig winsch eug…¨
Me escondo detrás de una columna. Suspiro bajito. Quiero desaparecer. Una mano sonriente se lleva mi pañuelo. Me lo devuelve llenito de sorpresas. Entonces salgo de mi escondite y suspiro otra vez.

Ese misterioso hombre de negro
Se anuncia con grave sonido de cencerros. Hacemos silencio. Nos miramos casi sin respirar. Creemos imaginar un ruido de cadenas que se arrastran.
Es él otra vez, ese misterioso hombre de negro al que tanto le tememos y que asoma puntual cada 31 de diciembre. Nunca vimos a la Solapa, alguna vez intuimos al hombre de la bolsa, pero la visita del Pelsnikel se repite, inclemente, cada fin de año. No nos gusta su largo sobretodo oscuro como la noche más oscura, nos atemoriza su larga barba tan desordenada como su cabello… Y esas cadenas, gruesas… con las que amenaza atarnos para llevarnos hasta
el pozo. Quiere arrancarnos la promesa de que seremos buenos.
Encontré bajo la cama, al lado de las alpargatas vueltas en cruz, el escondite perfecto para escaparme de sus ojos. Desde allí lo espío. No me importa que después llegue la Cris Kind con su traje blanco hecho con el polvo de las primeras estrellas y unas pocas flores de azahar enredadas en su pelo de hada joven. Sola, bajo la cama, estoy a salvo.
Hoy no quiero golosinas. Hoy no quiero más visitas. Solo espero el Año Nuevo.

Serenateros en Año Nuevo
Vuelvo canción y regreso
a despertar tu mirada
serenatero de bombos
golpeando la luna por el alba
Ika Novo, Serenatero de bombos
(I)
Las campanas de la Iglesia confirman las doce. Un año nuevo por estrenar. Una invocación a Dios regada de besos y buenos augurios sella la noche.
Los más chicos queremos ganar rápido la calle. Alguien trajo estrellitas y cohetes. Las advertencias adultas se multiplican más rápido que las luces multicolores de la primera cañita que ya vuela rumbo al cielo.
Las estrechas ventanas del comedor están abiertas de par en par.
Cuesta que el fresco de la noche se abra paso y alivie del bochorno del día. Una música de acordes descordados llega de la calle cortando el silencio. Es noche de serenata.
(II)
Son diez. Tal vez doce. Arrodillada en la silla bajo la ventana los observo curiosa: hay un acordeón conocido, dos guitarras, alguna pandereta.
El más grande de todos presenta al grupo y nos desea felicidades.
Hacemos silencio. Mis pocos años no entienden demasiado, pero todos parecen divertidos.
Somos los elegidos para la primera serenata de los MIR HUN TASCHT.
Alguien se acerca a la ventana y les ofrece la merecida recompensa en forma de helada botella. El grupo, un poco menos sediento, sigue su camino entre risas y cantos hasta la próxima casa.
Cuentan que el 1º de año, a veces el sol asoma más temprano… Él también espera su serenata en el balcón del alba.