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martes, 24 de abril de 2012

Graciela Schmidt: La mujer que, con poesía, logró vencer a la muerte


Gentileza de Diario La  Nueva Provincia

Perdió a su mamá a los 11 años, y a su papá, mientras la intervenían quirúrgicamente producto de un carcinoma invasor. Hoy, recuperada, piensa hasta en tener un hijo.
  
     Graciela Schmidt Robilotta, de 42 años, decidió vivir para contarla, y lo logró. Convirtió el dolor en poesía, la experiencia límite en liberación y su lucha en Ofrenda , el libro que editó recientemente y en el que refleja la convicción que la sostuvo durante su tratamiento contra un carcinoma invasor.
     "Nunca le tuve miedo a la muerte, tenía la certeza que eso no iba a pasar", asegura esta mujer de palabras serenas y unos ojos verdes tan intensos como las experiencias que vivió desde muy chica, ya que a sus 11 años se enfrentó a la muerte de su mamá, quien padeció un accidente cerebro vascular.
     "He vivido mucho, no en tiempo, sino en cómo sentí la vida; pese a todo, ella me recompensó tres veces más de lo que yo esperaba", asegura y aclara "y no hablo de cosas materiales, como tener una casa o un auto lujoso sino de la paz interior que siempre tuve", comenta.
     Ese estado del alma --dice-- la ayudó a afrontar su diagnóstico de cáncer invasivo, en 2009.
     También habla de que su enfermedad le enseñó a vivir sin miedo al fracaso, con el solo objeto de ser libre y de hacerse más fuerte cada día.
     Uno de los momentos más dolorosos de los últimos tiempos, fue la pérdida de su padre.
     "El murió de tristeza, se infartó mientras me practicaban una cirugía; estaba muy triste por mi enfermedad, aunque estoy segura de que dejó su ofrenda por mí", asegura Graciela con entereza.
     Confiesa que hoy disfruta en silencio tanto de un cielo estrellado como de acompañar a sus amigos, sometidos --como ella misma en un tiempo-- a eternas sesiones de quimioterapia y a quienes contuvo, escuchó y hasta sostuvo las manos aún sabiendo que --a muchos-- debía decirles adiós.
     Dice que su libro es una ofrenda para todos ellos y que en él registra los momentos vividos en comunión, historias y testimonios de muchos que hoy ya no tienen voz para contar su experiencia.
     "Muchas veces me preguntaba cómo podía querer tanto a los amigos que había hecho durante el tratamiento de quimio. El sentimiento surgía por compartir historias, vivencias y dolores, no físicos, sino del corazón", reflexiona.
     También destaca la calidad y calidez del servicio de oncología del Hospital Municipal Doctor Raúl Caccavo y destaca al doctor Paul Ginestet.
     Durante su tratamiento de quimioterapia, Graciela confiesa haber sentido que vivía en dos mundos paralelos.
     "Por momentos, disfrutaba con intensidad de un baño en la pileta y, en otros, tenía que encerrarme en una pieza para recibir quimioterapia", expresa.
     Así, la grata situación de cenar con amigos se contraponía al pesar de tener que entrar a su habitación a ponerse una peluca.
     Dice que hoy se siente libre de toda presión social, moral y religiosa y asegura que pudo valorar "lo esencial y cotidiano".
     "Muchas veces pensaba que si me iba no iba a volver a volver a ver el sol o un cielo estrellado. Y quizás nunca antes me había detenido a maravillarme con tanta inmensidad", sostiene.
 "Voy a tener un hijo". La esperanza y las ganas de vivir de Graciela se traducen hoy en las ganas de tener un hijo, de proyectar su existencia en otro ser.
     "Espero se sancione la ley de alquiler de vientre en nuestro país, ya que es muy riesgoso para mí hacerme un tratamiento de fecundación in vitro, además de haber tenido una conización del cuello de útero por haber padecido HPV, por lo que es casi imposible pensar en un embarazo", indicó.
     "Para mí es un hecho que voy a tener un hijo, es más en mi libro le hablo y le digo a Mefistófeles (que representa al diablo) que mis hijos vendrán, que he soñado con ellos y veo sus caritas, porque sé que van a ser varios; no estoy embarazada pero la idea existe y cuando existe la idea, se cumple", finaliza esta defensora de la vida que ha sabido luchar contra la adversidad con una pacífica sonrisa.

Otra vez a bordo de su alfombra mágica
  
     Desde muy chica sintió pasión por leer, sentía que a través de la lectura se transportaba a un mundo imaginario donde las cosas que sucedían eran "siempre buenas y percibidas desde otro punto de vista".
     "Así cuando mi papá me retaba yo pensaba en la alfombra mágica que me llevaría al palacio de las princesas", recuerda.
     Con el tiempo, la lectura, el estudio y la vida misma, hizo que se inclinara por la poesía filosófica, donde --según explica-- los poemas componen en base a intuiciones, percepciones y asociaciones libres que invitan al lector a una reflexión.
     Los temas abordados en su libro Ofrenda son duros --refiere-- como la muerte, el dolor, la libertad sexual, el alquiler de vientre y Dios en todas sus formas.
     "Yo sentía que debía escribir y porque sé que voy a vivir muchos años; voy a desparramar estas historias como si fueran pedacitos de almas; para transmitir mi paz a quienes quizás estén pasando por lo mismo", añade.
     "Y si algún día me lleva la muerte, quiero que no me quede nada por decir, quiero haber podido ofrendar todo mi sentir a la humanidad", reflexiona con entusiasmo y ansias de gritar al mundo su felicidad por haber vencido a la muerte, cuando sentía que no era su momento.
     Cuenta que cuando empezó a escribir su libro, conoció a personas que dejaron testimonios esperanzadores, un mensaje de vida que le llegó al alma y la motivó aún más a finalizar su trabajo.
     "Era como si Dios me confirmara que todo iba a andar bien y que mi misión era dejar ese mensaje en el mundo", sostiene.
  
Una ofrenda de amor para quienes ya no están.

Ofrenda se divide en cuatro partes: a los padres, a la vida, al amor y a Dios; coincidiendo con los estados de niñez, adolescencia, adultez y vejez.