Rescata

Para más información pueden comunicarse al WhatsApp: 2926 461373 o al Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com

viernes, 30 de enero de 2026

La educación de las niñas en las aldeas de antaño

 La educación de las niñas en las aldeas alemanas del Volga estaba trazada, desde la cuna, por un destino de servicio, abnegación y fortaleza. A diferencia de los varones, cuya instrucción se orientaba a la fuerza del campo y el liderazgo comunitario, la niña era formada para ser el alma invisible pero resistente del hogar. Su aprendizaje no buscaba el brillo intelectual ni la independencia, sino el dominio perfecto de un complejo sistema de saberes domésticos y virtudes espirituales que garantizara la continuidad de la familia y de las tradiciones más profundas de su estirpe.
​Desde muy temprana edad, la niña abandonaba los juegos para convertirse en la alumna perfecta de su madre. En la cocina, aprendía los secretos de las recetas ancestrales, entendiendo que el alimento era mucho más que sustento: era un rito de unión. Aprendía a amasar el pan con la fuerza necesaria para que el horno de barro entregara piezas perfectas, a manejar la palangana y la tabla de lavar hasta que sus manos se enrojecieran por el frío y el jabón casero, y a dominar la aguja con una precisión que rozaba el arte. Coser, remendar, tejer y bordar no eran pasatiempos, sino habilidades críticas de supervivencia en un mundo donde nada se desperdiciaba y cada prenda debía vestir a varias generaciones de hermanos.
​En la escuela, su paso solía ser más breve que el de los varones, pero no menos riguroso. Se ponía especial énfasis en su caligrafía y en su capacidad para leer las Sagradas Escrituras, pues ella sería, en el futuro, la primera maestra de fe de sus propios hijos. Sin embargo, su verdadera formación era la del "carácter": se le enseñaba el valor del silencio, la modestia en el vestir y la templanza ante el dolor. Una niña educada era aquella que sabía cumplir con sus deberes sin quejas, que mantenía la casa impecable mientras cargaba a un hermano menor en brazos, y que comprendía que su voluntad debía estar siempre subordinada a las necesidades del grupo familiar y a la autoridad del padre.
​Esta educación también incluía el duro aprendizaje de las tareas rurales que recaían sobre los hombros femeninos. Las niñas eran responsables de la quinta, del cuidado de las aves de corral y del ordeñe matutino, tareas que realizaban antes de que el sol terminara de salir. Esta preparación integral las convertía en mujeres de una resiliencia asombrosa, capaces de gestionar una economía doméstica compleja, criar a una decena de hijos y trabajar la tierra a la par del hombre, todo sin perder la devoción religiosa que era el norte de sus vidas. Era una pedagogía del sacrificio silencioso que forjaba mujeres de hierro con manos de artesanas.

lunes, 26 de enero de 2026

Gracias por acompañarme siempre y por brindarme tanto afecto

 Hoy quiero tomarme un momento para agradecerles a cada uno de ustedes que se detiene un minuto a leer las historias que publico diariamente.
​Escribir sobre nuestros antepasados, los alemanes del Volga, es para mí un honor, pero esas palabras cobran vida gracias a ustedes. Gracias por cada "me gusta", por cada vez que comparten mis publicaciones y, sobre todo, por sus hermosos comentarios.
​Saber que estos relatos les traen lindos recuerdos de sus abuelos, de sus infancias o de la vida en las colonias me llena de alegría y me motiva a seguir investigando y escribiendo.
​¡Sigamos recordando juntos! Los invito a que nunca dejen de compartir sus propias anécdotas, fotografías o vivencias aquí en los comentarios. Cada recuerdo, por pequeño que sea, es una pieza fundamental de nuestra identidad que no debemos perder.
​¡Gracias por ayudarme a mantener viva nuestra cultura y nuestras raíces!
​Un fuerte abrazo para todos

Un mensaje especial

​Llevo más de 32 años dedicados plenamente al rescate de nuestra historia. Esta labor es mi misión de vida y requiere un esfuerzo inmenso: hoy mantengo múltiples páginas y cuentas activas con contenido diario para que nuestra cultura llegue a cada rincón, además de llevar adelante la escritura de mis numerosos libros.
📚✍️
​Como escritor independiente, dedico mis jornadas completas a investigar, entrevistar y escribir para que el legado de los alemanes del Volga no se pierda. Sin embargo, coordinar todas estas plataformas y continuar con la producción de mis libros de manera autónoma conlleva gastos y un tiempo que solo es posible sostener con apoyo, porque cada ejemplar es el resultado de años de entrevistas, viajes a las aldeas y búsqueda de archivos. No son solo datos, son los nombres, las penurias y las alegrías de nuestros abuelos que merecen ser recordados.
​Si valoras este trabajo de décadas y quieres colaborar para que pueda seguir adelante con esta dedicación plena, puedes realizar una contribución voluntaria mediante una transferencia a  mi Alias:
SABATO.CERVANTES
O internacional, por:
PAYPAL
​Cualquier aporte, por pequeño que sea, me ayuda a seguir sosteniendo este gran proyecto cultural y a continuar publicando mis libros.
¡Gracias por reconocer estos 32 años de camino y por ayudarme a que nuestra memoria no se apague nunca!
🇩🇪🇦🇷❤️

domingo, 11 de enero de 2026

La abuela cocina Kleis, una comida tradicional de los alemanes del Volga

 Pela las cebollas, las lava, las picas y las arroja dentro de una sartén para rehogar en un poco de grasa, después corta pequeños rectángulos de pan duro y también los arroja dentro de la sartén mientras en una olla pone a hervir los Kleis, preparados con harina, sal, un poco de agua caliente y algún ingrediente más.
Parada frente a la cocina a leña, la abuela supervisa y controla cada detalle, esperando que las cebollas y el pan terminen por rehogarse y los Kleis se cocinen.
Ya en su punto, abuela cuela los Kleis, los coloca dentro de una fuente y distribuye encima el pan un poco frito con las cebollas y todo listo para servir. Solamente resta agregarle un poco de crema.
Su madre le enseñó la receta, pero sin el agregado de las cebollas, porque el plato original solamente se prepara con pan duro, sin sumarle nada más, apenas un poco de grasa para freír. Abuela no lo olvidó, se acuerda muy bien, pero qué va a hacer, a su nieta le gusta con pan y cebolla frita, y quiere agasajar a su nieta, que hoy viene a almorzar con ella y le pidió que cocinara Kleis con una cobertura de pan duro y cebolla, recalcando “como solamente vos, abuela, sabes cocinarlo”.
Y eso hace feliz a abuela. Tanto que puso sobre la mesa sus mejores platos y cubiertos.

Para volver a cocinar la receta ancestral de los Kleis, les recomiendo mi libro “La gastronomía de los alemanes del Volga Volga”, que, además, rescata más de 150 recetas tradicionales con fotos a color en papel brillante de la elaboración paso a paso de las comidas tradicionales.
Para encontrar la receta también pueden visitar la siguiente página: https://hilandorecuerdos.blogspot.com/.../receta-de-kleis...

martes, 6 de enero de 2026

Una tradición perdida de los alemanes del Volga

 Cada 6 de enero, jornada en que se conmemora el Día de Reyes en las aldeas y colonias fundadas por descendientes de alemanes del Volga, se llevaba a cabo una tradición que se denomina “gross neujahr” que en su traducción literal puede leerse como Año Nuevo Grande.
Su desarrollo estaba a cargo de los hombres, que salían con el amanecer a recorrer los hogares de familiares y amigos a desear feliz año a cambio de un Schnaps, es decir, una copita de licor casero o algún símil.
En cada vivienda se los recibía con entusiasmo y alegría, en las que no faltaban la música y las canciones picarescas. Sobre todo, a medida que avanzaba la mañana, las reuniones y los Schnaps se multiplicaban, y el licor comenzaba a hacer su efecto.

Las fiestas de fin de año: costumbres y tradiciones

Las fiestas, celebraciones, conmemoraciones y ritos comenzaban al aproximarse el final de noviembre, cuando se iniciaba el mes de Adviento, con el que se preparaban las almas para recibir al Niño Jesús el 25 de diciembre, noche en que toda la comunidad, quedando exceptuados los enfermos, asistía a la medianoche a la Misa de Gallo o Mette, después de la cual, habiendo regresado las familias a sus hogares, recibían la visita del Pelznickel y el Christkindie, siendo el primero una especie de ogro que hacía expirar sus culpas a los niños traviesos y la segunda, un hada buena simbolizando el amor que Jesús traía al mundo con su nacimiento.
Los festejos continuaban el primer día del nuevo año, cuando los niños, en tropel, recorrían las aldeas y colonias desde el amanecer a desear un venturoso Año Nuevo a familiares y amigos, recitando antiguos versos compuestos para tan trascendente ocasión.
Y finalizaban el Día de Reyes, con el “gross neujahr” tal como ya describimos en detalle al inicio de esta nota, cuando explicamos que el “gross naeusjahr” era el Año Nuevo Grande.

Estas tradiciones y muchas más, que acompañaron a nuestros ancestros en toda su infancia y juventud, que marcaron nuestra identidad y le dieron valor a las celebraciones de fin de año, las encuentran en el libro “La infancia de los alemanes del Volga”, un libro con un contenido histórico sin igual donde se rescata el idioma, las costumbres y tradiciones festivas, los juegos, la infancia y la niñez. Todo en el dialecto alemán del Volga de nuestros abuelos y traducido al español. Lo reciben a domicilio por Correo. Si desean adquirirlo lo pueden solicitar al WhatsApp 2926 461373.

lunes, 5 de enero de 2026

El 5 de enero se cumple un nuevo aniversario de Colonia Hinojo, el primer asentamiento de alemanes del Volga en el país

 Los colonos buscaban un lugar donde pudieran preservar su identidad cultural, practicar su religión libremente y tener mejores oportunidades económicas. El gobierno argentino les ofreció grandes extensiones de tierra a bajo costo y les brindó la certeza de un futuro próspero y un lugar donde pudieran vivir sin las restricciones políticas, sociales y culturales que les había impuesto el Imperio Ruso. 

Los colonos llegaron al país alentados por la Ley de Inmigración y Colonización sancionada en 1876 por el presidente Nicolás Avellaneda, que tenía como meta poblar el territorio, desarrollar la agricultura y la industria, y consolidar el Estado nacional, que les ofrecía la oportunidad de construir una nueva vida en un país con grandes perspectivas de desarrollo y crecimiento, donde podían preservar sus tradiciones y disfrutar de los beneficios de una sociedad libre y democrática.
Es en este marco que el 5 de enero de 1878 fundan Colonia Hinojo, que en sus orígenes llamaron Kamenka, igual que la aldea natal que habían dejado atrás, allá lejos, en una amplia región meridional del río Volga, en el Imperio Ruso, que sus ancestros habían colonizado a partir de 1763, cuando emigraron del Sacro Imperio Romano Germánico rumbo a Rusia, convocados por la zarina Catalina II, La Grande.
En 1878, el territorio de la provincia de Buenos Aires presentaba características muy distintas a las actuales. La expansión hacia el sur estaba en pleno desarrollo y las campañas militares, con todo lo que esto significaba, estaban en pleno desarrollo para extender la frontera agrícola. Y las vías de comunicación eran escasas como escasa era la infraestructura en general. La región era un vasto territorio, con un horizonte infinito y donde todo estaba por hacer.
Al respecto, existe un antiguo manuscrito que el historiador José Gottfriedt encontró revisando viejos archivos hace ya varias décadas, que relata que "duros fueron los primeros tiempos, nos decían nuestros abuelos, primero el idioma, después los pajonales, no se divisaba más que unos metros y el poco tiempo transcurrido de la conquista del desierto, aún quedaban algunos aborígenes merodeando a los hombres que tenían que ir a sus chacras a trabajar” en jornadas agotadoras, interminables, en las que tanto los hombres como las mujeres tuvieron que realizar tareas sumamente agobiadoras, no sólo en la casa sino también en el campo.
La adaptación tampoco fue sencilla. Tuvieron que enfrentar un entorno y un clima diferentes, nuevas enfermedades y adaptarse a la convivencia con otras culturas. Tarea compleja, porque a raíz de algunos conflictos suscitados con un grupo de colonos franceses establecidos en la zona, los alemanes del Volga solicitaron y obtuvieron el permiso para trasladarse a un kilómetro de distancia del primer lugar escogido para fundar la nueva localidad. Acordado el permiso, desmontaron todo y se trasladaron al nuevo destino, al cual llegaron pocos días después nuevas familias.
Poco a poco, los colonos fueron levantando sus viviendas, construyendo una iglesia y estableciendo una escuela. La comunidad creció y se fortaleció gracias al esfuerzo conjunto de sus miembros, transformando las tierras vírgenes en campos productivos, contribuyendo al desarrollo económico de la región y del país. Por lo que con el correr de los años, Colonia Hinojo se convirtió en un modelo de inmigración exitosa, demostrando que con esfuerzo y perseverancia se pueden superar los desafíos y construir una nueva vida.
Los fundadores, que llegaron junto a sus familias, fueron, entre otros: Andrés Fischer, Jorge Fischer, José Kissler, Miguel Kissler, Andrés Kissler, Pedro Pollak, José Simon, Juan Schamber, Jacobo Schwindt y Leonardo Schwindt.
Colonia Hinojo se convirtió rápidamente en un próspero centro agrícola, contribuyendo al desarrollo económico de la región, merced al esfuerzo, el trabajo y los conocimientos ancestrales en agricultura, adaptados a las condiciones del nuevo territorio, que trajeron consigo los colonos.
Además, la comunidad alemana del Volga logró mantener su identidad cultural y transmitirla a las siguientes generaciones, en diversos aspectos de la vida cotidiana: en la arquitectura, la lengua, la música, la gastronomía, las festividades, las costumbres y las tradiciones. Un legado invaluable que todavía en la actualidad se mantiene vivo.
 
Julio César Melchior
Lleva más de 32 años dedicados a rescatar y difundir la historia y cultura de los alemanes del Volga. En la actualidad tiene disponible cinco títulos: “La gastronomía de los alemanes del Volga”, “Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga”, “La infancia de los alemanes del Volga”, “La vida privada de la mujer alemana del Volga” y “Hilando recuerdos de los alemanes del Volga”. Para más información, comunicarse a juliomelchior@hotmail.com o al WhatsApp 2926 461373. También pueden visitar su blog: www.hilandorecuerdos.blogspot.com.

jueves, 1 de enero de 2026

Wünsche: una antigua tradición de año nuevo de los alemanes del Volga

 El primer día del año era una fiesta para los niños, porque en esa jornada se levantaban apenas amanecía para saludar a sus padres y después visitar la casa de parientes y vecinos, para desear feliz Año Nuevo, recitando poesías varias veces centenarios. Manteniendo vigente una tradición ancestral, cuyas raíces históricas se diluyen en la Edad Media. A cambio, recibían una recompensa en masitas, golosinas o un poco de dinero. Esta tradición lleva por nombre wünsche gehen (cuya traducción aproximada sería “ir de buenos deseos”).

Cada primero de enero, los niños, ni bien despertaban y luego de vestirse, se paraban frente a sus padres, para desear un feliz Año Nuevo, recitando el siguiente poema:
-Vater und Mutter ich wünsch euch
ein glückseliges Neues Jahr,
langes Leben und Gesundheit,
Friede und Einigkeit,
und nach dem Tod
die ewige Glückseligkeit.
-Das wünsche mir dir euch! (1) -respondían mamá y papá, entregando masitas o golosinas (que eran un obsequio muy valorado por aquellos años) y en ocasiones, hasta un poco de dinero.
Después, los pequeños salían para desear un próspero año nuevo a familiares, vecinos y amigos, ingresando en la mayoría de las viviendas de la localidad para, al final de la jornada, reunir la mayor cantidad de obsequios, que guardaban en un Pindle, nombre que se le da al pañuelo atado en sus cuatro puntas en forma de paquete, para atesorar en su interior las masitas y golosinas que recibían. Obviamente, las familias los esperaban con alegría y los regalos preparados.
En esta ocasión, el poema que recitaban era otro:
glück und segen
auf allen Wegen!
Frieden im Haus
jahrein, jahraus!
In gesunden und kranken Tagen
kraft genung, Freud und Leid tragen!
Stets im Kasten ein stücklein Brot,
das geb’ uns gott! (2)
Al finalizar la jornada, los niños se sentían dichosos por la cantidad de cosas dulces que lograban reunir tras una larga jornada visitando tíos, abuelos y demás parientes. Además, regresaban a sus hogares con la satisfacción del deber cumplido y el corazón henchido por todo el cariño cosechado.
1. Traducción del primer poema:
-Mamá y papá, yo les deseo
un feliz Año Nuevo,
larga vida y salud,
paz y unidad,
y después de la muerte,
la dicha eterna.
-Eso te deseamos a ti también!
2. Traducción del segundo poema:
Felicidad y bendiciones
en todos los sentidos,
paz en la casa,
año tras año,
fuerza suficiente para soportar
los días buenos y malos!
Siempre un trozo de pan en la caja.
¡Dios nos conceda todo eso!

Julio César Melchior
Lleva más de 32 años dedicados a rescatar y difundir la historia, cultura, tradiciones y costumbres de los alemanes del Volga. Autor de doce libros (uno traducido al inglés). Fundador de Periódico Cultural Hilando Recuerdos, que publicó de forma mensual durante 8 años en soporte papel y que actualmente se puede visitar en www.hilandorecuerdos.blogspot.com, con más de 4 millones de visitas. Para más información, escribir a juliomelchior@hotmail.com o al WhatsApp 2926 461373.