El primero de abril de cada año se celebraba el día de las bromas en las colonias de antaño, una jornada en la que los pícaros que adherían a este festejo se aprovechaban de la ingenuidad o confianza de las personas poniendo a prueba su credulidad con engaños divertidos sin mala intención, bajo el argumento (expresado en el dialecto que se habla en las colonias) de “der erste April schickt man die Narren, wo mer will”, que se traduce como el 1º de abril se manda a los tontos donde se quiere.
Como todas las costumbres de los habitantes de las colonias, esta también tiene sus raíces en antiguas tradiciones que se remontan a la Edad Media, incluso más allá. Tanto, que llegar a sus orígenes es una empresa harto difícil. Porque es tarea casi imposible separar el mito y la leyenda de los hechos históricos que, tanto en las fuentes orales como escritas, se entremezclan permanentemente.
Sin embargo, muchos historiadores coinciden en que las pruebas históricas más convincentes sugieren que estas bromas propias de cada primero de abril tuvieron su origen a principios del siglo XVI, cuando en Francia aún se celebraba el día de Año Nuevo el 25 de marzo. Celebraciones que duraban una semana y que concluían con intercambios de regalos, banquetes y fiestas, y se prolongaban hasta el 1 de abril. Hasta que, en el año 1564, con la adopción del calendario gregoriano, reformado y más exacto, el rey Carlos IX, proclamó que el día de Año Nuevo se trasladaba al 1º de enero, pero muchos franceses opuestos a este cambio, y otros que meramente lo olvidaron, siguieron con sus festejos y sus intercambios de obsequios durante la semana que concluía el 1 de abril, Los bromistas ridiculizaron este apego de los más conservadores empeñados en mantener la antigua fecha del Año Nuevo, enviándoles obsequios absurdos e invitaciones a fiestas inexistentes, naciendo así el festejo que, con el transcurso de los años, se convirtió en una tradición.
Otras fuentes, aunque sin demasiado respaldo histórico, asocian la costumbre a la Dieta de Augsburgo, de 1530, en la que especuladores perdieron el 1 de abril mucho dinero, siendo todos objetos de burlas, pasando esa fecha a llamarse “el día de los engañados”. Lo mismo que otras fuentes, sostienen que el primero de abril tiene raíces en antiguas festividades paganas, lo que probablemente tenga en algún punto una base de veracidad, como sucede con muchas tradiciones y costumbres de la cultura occidental.
Sea como fuere, esta celebración se extendió por toda Europa, adaptándose a cada región del Sacro Imperio Romano Germánico, de donde se la llevaron consigo los germanos que emigraron al Imperio Ruso, respondiendo al llamado colonizador de Catalina II La Grande, y un poco más de 100 después, al dejar atrás sus aldeas erigidas en las cercanías del río Volga, la trajeron consigo a la Argentina, y la conservaron hasta no hace muchos años en las colonias fundadas aquí, en que una persona incauta aún podía el 1 de abril ser sorprendida con una broma y al exigir una explicación recibir como toda respuesta “der erste April schickt man die Narren, wo mer will”.
Julio César Melchior
Lleva más de 30 años dedicados a rescatar, revalorizar y difundir la historia y cultura de los alemanes del Volga. En la actualidad tiene disponibles tres títulos sobre los alemanes del Volga: “Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga”, en el que rescata la historia y las antiguas tradiciones y costumbres de los pueblos alemanes, “La infancia de los alemanes del Volga”, en el que reconstruye cómo era la niñez en las colonias, y “La gastronomía de los alemanes del Volga”, en el que rescata más de 150 recetas tradicionales. Para adquirir los libros pueden comunicarse a juliomelchior@hotmail.com o al WhatsApp 2926 461373. También pueden visitar su blog: www.hilandorecuerdos.blogspot.com