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domingo, 13 de marzo de 2011

Está lloviendo en el pueblo

Está lloviendo en el pueblo. La gente corre en las calles como empujada por el viento. La tempestad arrecia. Los árboles se inclinan. Torrentes de agua y viento golpean en mi ventana y se torna oscura la mañana. Nadie se percata de la melancolía que reina en el ambiente, de la tristeza que invade cada rincón de la localidad, mojando hasta los sepulcros de los pobres muertos que no pueden descansar en paz en un amanecer tan aciago como este.
Las hojas de los árboles desprendidas por el viento se confunden con las aves que vuelan presurosas en pos de sus nidos. El cielo se torna gris. Un relámpago traza un garabato de luz y se escucha un estruendo que retumba removiendo hasta lo recuerdos más íntimos y secretos. Los pesares y angustias de seres queridos que se fueron y amores que no pudieron ser y que todavía continuamos llorando.
Llueve como aquella mañana en que también llovía y ella me miraba triste desde sus ojos llorosos con los que me dijo adiós sin palabras, sin un beso y sin agitar su mano. Cuando se fue de mi vida caminando lento bajo la lluvia y los truenos. Cuando dejó su vacío lleno de recuerdos y una espera interminable. Cuando me dejó clavado en el pasado, sin futuro ni mañana. Cuando no pude ni quise llorar ni implorarle ni pedirle que se quedara, porque sabía que era inútil y, sin embargo, siento que debí haberlo hecho como último intento de un náufrago que se juega la vida en un mensaje arrojado al mar dentro de una botella.
Llueve en el pueblo, como ayer, como siempre seguirá lloviendo. Y yo sin ella, sabiendo que todavía la quiero y que no volveré a verla jamás. Porque ella ya no me ama y está con otro. Porque mal que me pese, ella ahora ama a otro hombre.

2 comentarios:

  1. Ah el amor, el amor y oh el desamor, el desamor!

    Marisa Peña- 25 de Mayo

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  2. Un resumen perfecto, Marisa! Gracias por visitar el blog!

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