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viernes, 8 de abril de 2011

Ella era mi madre

Ella estaba sola, sola en su casa sin fin. Sola en su jardín. Sola entre sus recuerdos. Sola entre sus fotos amarillas. Sola entre sus muebles viejos. Vestida de luto. Velando muertos. Ella tenía un rosario negro. Negro como la noche sin estrellas. Y la vida sin seres queridos que la cuidaran. Un crucifijo y un ramito de aromo bendecido el Domingo de Ramos en la pared. Una botella de agua bendita con la que santificaba la casa en noches de insomnio y tormenta. Ella era toda ternura. Viejecita y ajada. Anciana y cansada. La espalda cargada de años. El alma de alegrías y penas. Miraba el mañana con desdén y el pasado con ilusión. Ella era mi madre. Mi madre que ahora está muerta. Igual de viejecita. Igual de anciana. Igual de sola y abandonada dentro del ataúd.

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