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miércoles, 20 de abril de 2011

Ya está a la venta la segunda edición del libro “Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga”, del escritor Julio César Melchior.

Luego de alcanzar un éxito de ventas extraordinario está a la venta la segunda edición del libro “Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga”, del escritor Julio César Melchior.


El libro rescata antiguas tradiciones y costumbres de los alemanes del Volga. Relatos inéditos, vivencias, anécdotas… y cincuenta fotografías antiguas. Se puede adquirir desde cualquier punto del país vía contra reembolso. Para ello, enviar dirección postal a juliomelchior@hotmail.com y la obra será despachada. Al momento de recibirla en su hogar, abonará al correo el valor del libro. También se puede adquirir desde cualquier lugar del mundo a través de western Union. (El valor del libro es de $48).


¡¡¡Muchas gracias a todos los que hicieron posible este éxito!!!





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Es un libro de una belleza poética inigualable, puesta al servicio del corazón nostálgico y el alma melancólica de remembranzas. Un homenaje a los alemanes del Volga que un día llegaron a la Argentina a hacerse la América y terminaron construyendo un próspero y hermoso país. Entrañables recuerdos que hacen al alma y a la identidad de los descendientes de alemanes del Volga, que el escritor Julio César Melchior recupera en esta obra, para que la guardemos como una valiosa joya que no debe faltar en ninguna biblioteca, escribe el profesor Desiderio Walter.


“Aprendimos a vivir sin tener en cuenta que los recuerdos no mueren. Nos formamos en el andar de la vida dejando en el camino del ayer historias que luego lamentamos haber perdido. Acontecimientos cotidianos que delinearon nuestro carácter, que forjaron nuestra voluntad sobre el yunque de la existencia, con martillazos de alegrías y tristezas, o que nos hicieron hombres dándonos una lección. Pequeñas vivencias, que de tan sencillas, simples y triviales, en la niñez y juventud, nos parecían hechos insignificantes, sucesos a los que no vale la pena tener en cuenta siquiera. Y así, en el diario vivir, en el minuto a minuto, olvidamos una palabra dulce dicha al oído por un ser querido, un gesto o un abrazo fraterno, una caricia, un consuelo, un beso suave y tierno, un te amo de alguien que con los años dejamos de amar, y hasta, a veces, un adiós que nos hizo llorar. Perdimos en la vastedad de la memoria, inmersos en la era del consumismo, imágenes de la colonia que un día fue una localidad distinta, con casitas de adobe y hornos de barro y chimeneas humeando aroma a pan casero horneado en frías madrugadas de invierno; con mamá, papá, la abuela y el abuelo vistiendo ropas tradicionales que nos parecían anacrónicas y fuera de moda; con sus tradiciones y costumbres que le conferían identidad; con sus campanas en la torre de la iglesia tocando a rezar el Ángelus o llamando a asistir a misa; con sus procesiones solemnes y fastuosas; sus fiestas religiosas: Kerb, Pascua, Navidad... y el Pelznickel deambulando en Nochebuena por las calles de tierra, buscando ingresar en las viviendas para castigar a los niños que se portaron mal durante el transcurso del año”.

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