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miércoles, 14 de septiembre de 2011

El enorme valor de las cosas pequeñas



Por Jorge Piaggio
Director
Revista La Mitad
En épocas en que los calificativos vuelan casi siempre sin sentido, desmesuradamente y con liviandad, me animo a enfatizar, con la certeza de no estar equivocado, que Julio César Melchior es nuestro gran historiador y que ‘Hilando Recuerdos’ es una obra de tal trascendencia que sólo con el tiempo las nuevas generaciones alcanzarán a comprender su magnitud.
Es que en comunidades chicas como la nuestra es común que todos nos hagamos eco equivocadamente de aquella costumbre de creer que no puede ser famoso o bueno quien vive en la cuadra de la casa de nuestros viejos.
Pero hay que sentarse a pensar y comprender que la historia de gran parte de nuestro pueblo sólo podrá ser reconstruida por el trabajo de hormiga de personas como Julio César y de su periódico, que incansablemente y con un esfuerzo que generalmente no es bien recompensado desde ningún ángulo, no cejan en su vocación de transmitirle a las generaciones venideras los acontecimientos del pasado.
Y la importancia de esa tarea merece ser rescatada, pero fundamentalmente revalorizada, ya que nos permite asentar las bases para pensar en futuro que obligadamente no puede ignorar lo sucedido.
Una vez escuché – y adopté la frase – que para poder volar hay que tener raíces y Julio César nos ayuda con su trabajo a que eso sea posible. Su rescate de costumbres, historias, anécdotas, vivencias es importantísimo y nos permitirá a nosotros, y a quienes vengan detrás, saber quiénes eran, cómo eran y de qué manera vivían aquellos heroicos colonos llegados desde las heladas estepas rusas. Y será entonces posible levantar vuelo como pueblo, con la seguridad de que las raíces serán sólidas.
De todos sus trabajos, y sin dudarlo, debo confesar que me enamoré del libro “La vida privada de las mujeres alemanas del Volga”, un trabajo que desde la humildad de su autor llega a convertirse en un acertadísimo estudio sociológico sobre los inmigrantes. Un trabajo que considero fundamental para comprender el pasado, pero mucho más importante para alcanzar a analizar con mayor criterio este presente, muy marcado aún por los tabúes, los miedos, las influencias religiosas, los secretos inconfesables y los paradigmas que atravesaron a las familias de los colonos y especialmente a sus mujeres, sometidas a situaciones que explican mucho de lo sucedido.
Cinco años para un emprendimiento gráfico no es poca cosa. Sé, por experiencia personal, lo tremendamente difícil y costoso que es hacerlo, por eso no puedo menos que celebrar y congratularme de que Julio César lo haya logrado.
E invito a todos quienes puedan hacerlo, a que este aniversario no se limite a una mera felicitación formal y se transforme en el aporte necesario para permitir que un suceso tan importante como “Hilando Recuerdos” siga siendo esta trascendente obra que por lo menos a mí, como suarense, me emociona y enorgullece.

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