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viernes, 30 de septiembre de 2011

Historias secretas de las colonias: El pecado



La niña llora. Está triste y sola. Los cabellos enmarañados le cubren los ojos. Antes rubios como un sol, ahora negros como un infierno. Su cuerpo se agita en un espasmo de agonías repetidas. Las imágenes vuelven una y otra vez, una y otra vez… La anciana abriéndole las piernas… La anciana extirpando el pecado cometido…
La puerta de la habitación se abre. Papá satisfecho ingresa y le besa la frente. La humillación ha sido borrada. El inevitable escarnio público fue eliminado. Ahora puede estar en paz consigo mismo y la sociedad. Nadie se enteró de nada. Puede volver a salir a la calle con la frente en alto. Lo demás no importa. El tiempo sepultará las heridas. Era algo que había que hacer y él lo hizo. A pesar de la opinión de su hija; a pesar de sus creencias religiosas; a pesar de su conciencia; a pesar de todo… Era necesario salvar el buen nombre de la familia y el dispuso los medios necesarios para que así sea.
Lo demás no importa.

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