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jueves, 2 de febrero de 2012

Entre alpargatas y palizas


-Sakermensch –gritó a la par que salió corriendo detrás de su hijo de nueve años, alpargata en mano.
Lo alcanzó a los pocos metros. Le bajó el pantalón y le sacudió en la cola con la alpargata.
El niño lloró como un desaforado. Era la segunda paliza que ligaba en el día. La primera se la propinó el sacerdote en la escuela con el puntero, sobre los dedos, al no saber responder cuáles son los diez Mandamientos de la Ley de Dios. Y la segunda la recibió de su madre por contarle lo sucedido en la escuela. La madre no sólo no le perdonó no saber los Mandamientos de la Ley de Dios sino que lo castigó porque el cura lo había hecho y porque, según ella, el santo varón siempre hacía las cosas por la voluntad de Dios y con justicia.