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viernes, 10 de febrero de 2012

La novia


No veía más allá de su sufrimiento. Estaba inmerso en una agonía atroz. Que lo consumía. Lo devoraba. Por eso regresó al pueblo un mes antes de lo establecido. Abandonó su trabajo en el distrito de Coronel Dorrego ni bien se enteró de la noticia de boca de otro peón recién llegado de la colonia: la muchacha a la que le declaró amor eterno se casaba con otro.
Rememoró la declaración, recordó las caricias, tímidas, tiernas... Reflexionó en lo que, con el alma palpitando en los labios, le dijo cuando le confesó su amor, y lo que ella, temblorosa y excitada, contestó cuando aceptó, correspondiendo a la solicitud de ser novios.
No veía más allá de su desconsuelo. Era lo único que lo sostenía en pie.
Mascullando maldiciones revolvió el antiguo baúl. Hurgó con desesperación hasta encontrar el revólver y las balas. Cargó las balas en el arma. La amartilló. Y se dirigió rumbo a la iglesia. Era sábado.
“Se casa en estos momentos, a las ocho”, alcanzó a pensar desenmarañando las palabras de las ideas y los recuerdos, en su mente atormentado.
Salió a la calle sin decir una palabra. No escuchó a su padre que lo invitaba a beber un vaso de vino antes de cenar.
Caminó hacia la iglesia. La gente se apiñaba en la vereda aguardando el arribo de la novia. Algunas personas cuchichearon al verlo llegar. Seguramente se estarían riendo de él, alcanzó a deducir sin tener bien en claro lo que pensaba.
Por fin, llegó un Ford A... se detuvo frente a la iglesia... alguien abrió la puerta del coche negro... y descendió la novia... blanca... radiante... joven... hermosa... Todos la miraron con admiración. Se casaba con el hombre más rico de la colonia. Todas las miradas eran para ella. Nada más que para ella. Hasta la envidia de algunas mujeres eran para ella.
Sonó un disparo...
La gente huyó despavorida... la novia retornó al automóvil... nadie comprendía lo que sucedía... Hasta que las personas, al dispersarse, dejaron ver el cuerpo de un hombre con un balazo en la sien. Un hombre que no tuvo valor para asesinar a la novia. Porque pese a todo su dolor, pese a todo el tormento de su alma... Pese a la traición, todavía la amaba.