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martes, 15 de mayo de 2012

Libro Ofrenda, de la escritor Graciela Schmidt Robilotta: éxito de venta!!!

Prólogo del libro y al final del mismo, el texto del poema que da nombre a la obra: Ofrenda, por Graciela Schmidt Robilotta.

El prólogo del libro de la escritora Graciela Schmidt Robilotta redactado por el escritor Julio César Melchior expresa que: El libro que tiene entre sus manos es como su nombre lo indica: una Ofrenda. Una ofrenda a cada lector. Con poemas filosóficos que incitan a la reflexión. Transitando temas fundamentales de la existencia humana, como la muerte, el dolor, el amor, el alquiler de vientre, la libertad sexual, etc.
Escrito en verso libre, blanco o poesía narrada, contiene un registro de voces sincopadas que conversan, dialogan, suplican, agradecen… siempre con un profundo respeto hacia las obras clásicas de la literatura universal, en espacial Fausto, de Goethe.
Asimismo, se concentra en las sensaciones del cuerpo y las percepciones del espíritu: todo es intuición. Dioses y héroes pasan a lo largo de la obra para ser eternizados, porque en ellos palpita el alma de los personajes.
Los diálogos, los monólogos, las súplicas, todo cumple su objetivo.
Imágenes, ironías, sentencias… La autora no se recata en confesar sus más secretas intimidades. Hermosos remansos, esperanzas aún dentro de los poemas más dramáticos y duros.
La obra está dividida en cuatro partes: Ofrenda a mis padres… Como principio de toda felicidad y el dolor al perderlos. A la vida… Como viaje de Ulises. Al amor… Como un fin en sí mismo. Y a Dios… Como paz, como la Ítaca del libro.
Es a su vez metáfora del desarrollo humano niño, adolescente, adulto, vejez; contención, rebeldía, orden y paz. Pasos y huellas en el camino. Donde se entrelaza otra historia en tres poemas, se entrecruza con la obra de Goethe. Las tres comienzan con monólogos de Mefistofeles en palacio: el primer presagio niega a éste su triunfo, el segundo cambia las leyes universales y el tercero, desencadena en un desenlace majestuoso, lo sentencia, al traer la certeza como última ofrenda a la humanidad.
Obra apocalíptica. Como la de Platon en su mito de la caverna, que viene a revelar misterios de las sombras y a anunciar la ¡luz!
Texto escrito en momentos turbulentos, en el paralelismo de su vida con las situaciones más funestas, la autora siente los mundo paralelos al estar en la pileta bañándose y un rato después con el oncólogo, cenando con amigos e ingresar a una piecita donde está su peluca… Puerta a otros mundos. Agujeros como el de El Alicia en el país de las maravillas. Creciendo dentro de libros de cuentos desde muy niña: En las mil y una noches y los Hnos. Grimm… Estando con ellos ella sabía que ante la trágica realidad  podía irse en una alfombra voladora o por algún pasadizo del castillo.
Mundos paralelos: dos caras de una misma moneda.
Mundos unidos en esta Ofrenda escrita con el alma. Porque trozos de la autora están repartidos en cada lector, desparramados como semillas, como al soplar un panadero.
“Los acompañaré desde mis versos, no vengo sola, Walt me acompaña, acostúmbrate a la luz”.

Julio César Melchior
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Ofrenda
Por Graciela Schmidt Robilotta

Ofrecieron aguardiente a la muerte en la calavera de sus abuelos.
Yanis Ritsos
Se levantó de su silla,
dio unos pasos, volvió el rostro hacia la amiga
diciéndole que regresaría pronto,
que lea sus poemas, si quiere…
Salió.
El sol tocaba su cara. No había viento.
Regresó.
Entró rápido, preguntándole si le gustaron los poemas.
Miraba a su amiga.
Esta les dice no haberlos comprendido.
Salvo el último…
Los demás… No…
Piden una gaseosa.
Trata de explicarle. Toma un párrafo como ejemplo contándole que donde dice busco una cuna para mi hijo se refiere al alquiler de vientre.
Tema del cual habían hablado.
Y su amiga le había dicho que nadie luego de parir un hijo lo daría.
Supo la sensatez de su amiga.
Así decidió ser inseminada con el riesgo de no ganarle la batalla al tiempo. Batalla considerada exitosa aún con un sobreviviente.
Sin levantar mucho la mirada,
con una voz distinta, con ojos cansados,
le repite que no comprende sus poemas.
Dice que no ha podido dejar de pensar en eso,
que ella la había ayudado en otras batallas.
Que…
Que…
Que si quería…
LE OFRECÍA SU VIENTRE PARA EL HIJO.
Muda. Ella pensaba cómo pudo decir que no comprendía sus poemas.
Muda. Se daba cuenta que ya todo había sido escrito.
Muda. Miraba sus versos más sagrados que las escrituras.
Muda. Sentía el milagro de resucitar a los durmientes.
Muda. Gritando con el alma volvía a la sublime humanidad.
MUDA. MIRABA LA CUNA.