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domingo, 5 de agosto de 2012

Carta de amor para una abuelita


 Por L.C. Galícia de Abarca
Escritora y Periodísta

Abuelita, te llamo así porque sé que eso eres para todos mis primos que son tus nietos, pero quisiera cambiarte el nombre y llamarte... mamá. Porque eso fuiste para mí desde que tu hija me llevó con amor a conocerte, hace tanto tiempo que estoy a tu lado que se de ti más que de la que me dio la vida, porque a tu lado… viví mi niñez… mi juventud… y fui dichosa.
Has sido enérgica y dura pero eso me ha servido para ser una chica juiciosa y limpia de corazón que lo tenía lleno de rencor por el abandono. Sé que mi madre buscó fronteras para que yo saliera adelante, pero tú me diste cariño para que lo agradeciera,  eres esa fuerza en la que me guarezco desde niña, el pilar que me ha sostenido en mis tristezas, la voz que me aconseja para no tropezar, la mano dura que corrige mis errores.
Sabes que nunca voy a olvidar ese día en que corriendo fuimos a comprar los tenis para el desfile, como te veía sudando y apresurada, preocupada por mí como sólo una madre lo hace. No olvido los cuentos increíbles que me contabas cada día para hacerme olvidar que tu hija no nos visitaría otra vez.
Abuelita milagros que haces pan de la nada. Abuelita consuelo para mi alma agitada, tu amor será recuerdo, añoranza, misterios.
Hoy llegaste pensando y no viste el juguete que dejó el primo Juan y resbalaste triste, no por tu dolor ni por lo que pasó, sentías ya no poder hacer los dulces de guayaba fresca a tus nietos, y esos guisados deliciosos que no olvido nunca.
Por favor no estés triste. Sé que a tu edad es difícil recuperarte pero sé que sembraste tanto amor que sobrarán nietos que vean por ti y si no es así estaré ahí a tu lado como siempre lo estuve. Ahora me toca cuidarte, porque durante el tiempo que tu lo hiciste descubrí que el lugar donde abunda el amor son tus brazos, que te quiero no como una nieta más, que siempre seré tu apoyo sin dudarlo,  que si ya no puedes levantarte no te apures, sabes bien que cuidaré de ti si enfermas, que correré si me llamas, que te quiero,  que te daré tanto amor como el que siempre recibí de ti, que seré tu guardiana... tu bastón... toda mi vida... por siempre.