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sábado, 11 de agosto de 2012

¿Te acordás, abuelo? Fue una tarde de agosto...


Fue una tarde de agosto
a la hora de la siesta,
en que se quedó dormido
como todos los días.

Sin embargo,
no  despertó como todos los días:
lo acunó la noche,
lo envolvió la oscuridad.

Amortajaron de blanco su cuerpo
dentro de un lustroso ataúd;
que rodearon de cuatro velas
y varias coronas de flores.

Hoy descansa olvidado
en una tumba solitaria,
donde ya nadie llora
el eterno adiós que merece.