T

T

lunes, 4 de marzo de 2013

La comadrona


Nadie supo por que bebió tanto esa noche y por qué estaba tan triste. Tampoco nadie intentó preguntarle. Menos aún cuando advirtieron que no tenía ánimo para hablar ni deseos de contar nada. Se paró frente al mostrador del bar y pidió un vaso y una botella de ginebra. Todos se miraron sorprendidos y pensaron al unísono que raro, Santiago no bebe nunca, pero nadie se atrevió a decir nada.
Transcurrido el momento de sorpresa, todos volvieron a lo suyo: unos a beber rumiando penas de amor, otros a beber por beber nomás, y otros a continuar jugando su partida habitual de naipes. Todos se desentendieron de Santiago. A nadie le importó el amargo desamparo que lo embargaba. Nadie se dio cuenta que su alma chapoteaba en el lodo rememorando una y otra vez un hecho que para él era el fin del mundo. No veía más que esa única escena, un cuadro representado en un escenario cotidiano y familiar: en la habitación de su casa, más exactamente sobre la cama matrimonial. Una y otra vez veía la sangre, las enormes manchas de sangre brotando de entre las piernas de su esposa y otra y otra vez veía también las manos groseras y torpes de la comadrona cortando el cordón umbilical de un niño que no lloraba, que ni siquiera gemía, que no hacía movimiento alguno.
Bebió el vaso de ginebra con desesperación, buscando perder la memoria en la niebla del alcohol.
Pero la imagen reaparecía con más nitidez. Volvió a ver cómo su mujer agonizaba, crispando los dedos, aferrando la sábana, en un último intento por inspirar la bocanada de aire que la conservara con vida. Volvió a ver cómo el cuerpo se contraía de dolor, desgarrado por dentro; y cómo, ese mismo cuerpo, se fue apagando lentamente, en un hilo de voz cargado espanto.
“Fue un parto difícil”, se disculpó la comadrona. Estaba acostumbrada a ver morir mujeres que daban a luz. Formaba parte de su oficio. Como formaba parte de su oficio recostar junto a la mujer sin vida al bebé también sin vida y comenzar a higienizarlos para luego dar parte a las autoridades y a la casa funeraria.


Blog de Periódico Cultural Hilando Recuerdos
Director: Julio César Melchior
Producción publicitaria: María Claudia Melchior

1 comentario:

  1. I believe that this site is not as serious as expected. Bibliographic citations? Authors consulted to a serious reconstruction of the past? Too much emphasis on the suffering of a nation that fails an auspicious legacy to their descendants.

    ResponderEliminar