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sábado, 7 de junio de 2014

Iglesia de Pueblo San José: Un lugar para el recogimiento espiritual y para disfrutar de su gran belleza arquitectónica


Los emotivos relatos de Manuel Ángel Valea. “Aquí tenemos elementos que en su momento tuvieron un valor pecuniario, pero para los que somos habitantes de este pueblo es el valor de la ofrenda que hicieron nuestros antepasados”.

Manuel Ángel Valea no es oriundo de Pueblo San José y su apellido lo denuncia, pero fue a vivir a la segunda Colonia Alemana siendo muy chico, acompañando a sus padres que tenían expendio de frutas y de verduras en ese lugar. 
Pero adoptó a este pueblo como su hogar, aprendió a quererlo y a conocer cada una de sus tradiciones, sus costumbres y por supuesto su historia. 
En su casa, en su biblioteca personal, guarda valiosos documentos y libros que dan cuenta de detalles, historias, relatos que tienen que ver con la vida de los tres Pueblos Alemanes.
Don Manuel Valea será el guía en una recorrida que para este domingo propone la Liga de Madres de Familia a la Iglesia de Pueblo San José.
Por eso La Nueva Radio Suárez lo entrevistó para conocer algunos de los detalles y secretos que guarda ese templo parroquial.
“Tenemos la enorme alegría de tener un templo que aparte de ser la casa del Señor, donde vamos a ofrecerle nuestro reconocimiento y a pedirle por nuestras cuestiones, en este lugar se da una circunstancia muy especial: todo esto que tenemos hoy –la tercer iglesia en el desarrollo de la vida religiosa de San José- está hecha con el esfuerzo de toda la comunidad. Como diciéndole al mundo que iglesia somos todos. Aquí se han conjugado varias cosas: que ese esfuerzo se transfirió a una belleza no suntuosa. Si uno va los días de sol, en cuanto entre a la Iglesia se puede apreciar la conjunción de los distintos colores de los vitrales, se puede disfrutar de una paz que a uno lo invade, dando ganas de seguir en el lugar, orándole a Jesús y agradeciéndole por todo lo que nos da”.
Agrega Manuel Valea que “aquí tenemos elementos que en su momento tuvieron un valor pecuniario, pero para los que somos habitantes de este pueblo es el valor de la ofrenda que hicieron nuestros antepasados”.
Recuerda “Nene” que el Altar fue traído de Italia, que los bancos y las puertas fueron hechos por un carpintero de San José.
Cuenta entonces que “cada familia donó un vitral que fueron traídos del exterior y sus nombres figuran al pie de cada uno de ellos. Y lo que tendría que ser mármol y cemento se trata de pintura que surgió bajo la creación de un habilidoso pintor. Además de dibujar las líneas que tiene el cemento, se puede descubrir el rostro de Jesús –uno mirando a la gente, el otro hacia el cielo, en gesto de oración o de súplica a Dios-, también una de sus manos, crispadas por el clavo que lo sujetó a la cruz; también el rostro adusto del Padre Charles. Y en una de esas columnas también el nombre de quien el pintor amaba, Imelda, en los años en que se construyó la Iglesia una jovencita de San José, cuyos padres no permitieron esa relación amorosa. 
Y en los atuendos del mendigo que están en una de las naves laterales un número apenas perceptible, 26, que era el número de las ropas que tenía el Padre Charles en el seminario. Es que el pintor había dibujado al hombre sin ropas y el sacerdote lo obligó a pintarle un atuendo.
Secretos, detalles, historia que Manuel Valea irá contando este domingo a quienes participen de la recorrida por la Iglesia de Pueblo San José.

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