Rescata

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miércoles, 8 de abril de 2026

La inolvidable presencia de la abuela

Recordar a la abuela es abrir un portal a un tiempo donde el amor tenía sabor a pan recién horneado. Es evocar una presencia que todavía habita en los detalles de las casas antiguas, en el crujir de un piso de madera o en el rincón donde alguna vez descansó su delantal gris. Allí aparece su imagen eterna, con su vestido negro y esa manera jovial de caminar, siempre al servicio de la familia, como si el cansancio no existiera para un corazón tan grande. La vemos viejecita, con el rostro surcado por arrugas que son mapas de su historia y unos ojos celestes que irradiaban una ternura capaz de calmar cualquier tormenta, parada frente a la cocina a leña friendo Kreppel o arrullando con delicadeza a un nieto recién nacido.
Esa mujer nos pobló el alma con historias de aldeas lejanas y de un río llamado Volga que corría por sus venas tanto como por sus relatos. Siempre presente, siempre sabia, nos legó pergaminos de sabiduría en actos cotidianos, simples pero cargados de una inteligencia profunda. Sus canciones aún resuenan en nuestros oídos, abrigando las noches de nostalgia y amparando esos atardeceres de soledad donde su recuerdo se vuelve refugio. La abuela construyó un monumento de sí misma; fue un ser inmenso, de espíritu inquebrantable, a quien nada pudo doblegar. Era capaz de enfrentar cualquier labor y resolver los problemas más complejos con una determinación de hierro, sin que el idioma fuera una barrera. Aunque solo hablara en alemán, su fe, sus gestos y su actitud ante la vida hablaban un lenguaje universal que nada podía detener.

Y un día volveré a mi pueblo

 Y un día, más exactamente un atardecer, cuando las sombras comiencen a cubrir las cosas y los recuerdos sean más reales que la misma realidad, emprenderé el regreso. Me rendiré ante la nostalgia. Me daré por vencido frente a la melancolía. Pesarán más los años del pasado que los del futuro. Me llamará lo vivido y me dirá adiós lo por vivir.
Desandaré el camino de los sueños, transitaré la senda de los reencuentros con familiares que ya se habrán marchado, cansados de tanto esperar, y con viejos amigos, que ya no estarán en la antigua vereda, de la vieja casa, donde una noche le confesé mi amor a mi primera novia.
Tampoco estarán ni la misma escuela, ni las mismas aulas, ni los mismos salones en los que se celebraban los acontecimientos sociales, ni la casita de adobe de mis padres, ni la presencia patriarcal y severa, pero siempre comprensiva y justa, de mi padre, ni las manos tiernas de mi madre, siempre manchadas de harina, echando un leño a la cocina a leña.
Pero aún sabiendo todo eso, sé que un día, al atardecer, cuando las sombras comiencen a cubrir las cosas y los recuerdos sean más reales que la misma realidad, emprenderé el regreso a la colonia, a mi hogar, a mi casa, a mi terruño, a reencontrarme conmigo mismo, para recostarme a dormir el sueño eterno junto a mis padres, mis hermanos, mis familiares y mis viejos amigos.

Los libros del escritor Julio César Melchior fueron entregados al Embajador de Alemania en un acto que reafirma la vigencia de la cultura de los alemanes del Volga

 En un acto de profunda relevancia institucional, cultural y diplomática, se llevó a cabo la entrega formal del invaluable acervo bibliográfico del escritor Julio César Melchior al Embajador de la República Federal de Alemania, Dieter Lamlé. La ceremonia tuvo lugar en la localidad de Pueblo San José, partido de Coronel Suárez, en el marco de una recepción oficial de gala organizada por el Club Germano Argentino, entidad presidida por Hugo Omar Schwab

La bibliografía entregada al diplomático es el resultado de más de tres décadas de una labor intelectual incansable y apasionada. A través de sus investigaciones, Melchior ha logrado un rescate sin precedentes de la memoria colectiva y las tradiciones de los alemanes del Volga. Por ello, la incorporación de este material de excelencia al patrimonio custodiado por la máxima representación alemana en el país constituye un hito para la preservación de la identidad regional. Este gesto asegura que la historia, la cultura y los valores de los pueblos alemanes del Volga trasciendan las fronteras locales y ocupen, de manera definitiva, un lugar de privilegio en el registro histórico y diplomático de ambas naciones.
Asimismo, es imperativo destacar la generosidad de Hugo Schwab, cuya gestión y apertura permitieron que este encuentro fuera posible, brindando el escenario ideal para que la obra literaria de Julio César Melchior recibiera el reconocimiento que merece ante las más altas autoridades locales y del embajador de Alemania.
El evento estuvo impregnado de una atmósfera de gran solemnidad, pero también de una notable calidez humana. Fue un momento profundamente emotivo, donde el reconocimiento al rigor académico se mezcló con el afecto de una comunidad que ve reflejada su propia esencia en cada volumen. La entrega de los libros fue realizada por María Rosa Silva Streitenberger y María Claudia Melchior, quienes actuaron en representación del escritor. Su presencia fue el nexo fundamental para dar cumplimiento a este acto de justicia cultural, ya que el autor, arquitecto de esta vasta obra que rescata las raíces de su pueblo, no pudo asistir a la ceremonia debido a problemas de salud. Pese a su ausencia física, su legado fue el protagonista absoluto de la velada, reafirmando el compromiso de sus representantes por continuar difundiendo un trabajo que ya es parte de la historia

Fotografía gentileza de Fernando Berón