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domingo, 22 de noviembre de 2009

Sabores y comidas también forman parte de la memoria

Un libro que rescata tradiciones culinarias que no deben perderse

El escritor, historiador y recopilador Julio César Melchior sigue apostando a rescatar del olvido y del paso de los años tradiciones fundamentales de los colonos llegados desde la fría Rusia. En esta oportunidad con un nuevo libro, “La gastronomía de los alemanes del Volga”, que incluye unas 150 recetas de tradicionales comidas de los inmigrantes.

Continuando con su imprescindible tarea de conservar para la posteridad tradiciones, historias y costumbres que llegaron a nuestra patria de la mano de los inmigrantes arribados desde las orillas del río Volga, Julio César Melchior ha editado un nuevo libro, el quinto de su autoría, en este caso dedicado a un rubro muy típico y característico como es la gastronomía que acompañó a los colonos desde su arribo hasta mediados del siglo pasado, aunque muchas de esas recetas aún forman parte del acervo cultural de los alemanes del Volga. Pero más allá de las que aún persisten en cada cocina de los pueblos alemanes, el trabajo de Melchior se ve realzado porque ha logrado rescatar del olvido algunas recetas que ya no se utilizan y otras que se van perdiendo paulatinamente. Este nuevo trabajo, “La gastronomía de los alemanes del Volga” sucede a “En tus ojos un misterio”, “Historias para leer con el corazón”, “Historias para el olvido” y “La vida privada de la mujer alemana del Volga”, exitosos libros anteriores del mismo autor.

Según reflexiona el profesor Desiderio Walter el nuevo libro es “un trabajo que debe ser valorado en su justa medida cultural porque rescata antiguas recetas que, por esas circunstancias de la vida moderna, donde no parece haber tiempo para preparar comidas que requieren de tiempo y paciencia, comienzan a desaparecer y en esta obra no solamente vuelven a resurgir sino que quedarán inmortalizadas en el recuerdo permanente de los descendientes de alemanes del Volga como uno de sus legados más preciosos”. Este es un acertado análisis de la importancia de este libro para la conservación de las tradiciones de los inmigrantes.

Dos años de trabajo

Julio César Melchior ha decidido no realizar un acto formal para presentar este nuevo libro, pero pese a ello ya el éxito está asegurado debido a que muchos suarenses ya saben que es necesario tener en la propia biblioteca los libros de este autor por su importancia cultural y sus profundas investigaciones. Y así lo reconoce el investigador, quien explica que en un gran esfuerzo personal costeó la edición de 700 ejemplares y pese a que todavía no le ha dado gran difusión, ya ha logrado colocar la mitad.

La investigación duró dos años y medio y merced a ese esfuerzo la obra contiene unas 150 recetas de la cocina de los inmigrantes alemanes llegados desde Rusia. Julio César Melchior señaló que “recopilar esas recetas fue un trabajo arduo, ya que algunas se siguen elaborando, pero otras en vías de extinción y otras ya extinguidas, por eso quiero agradecer enormemente a esas abuelas, algunas de más de 90 años, que me ayudaron mucho para poder escribir este libro”. Destacó que “muchas de esas abuelas me hablaron en alemán, así que tuve que grabarlas e ir dándole cierto orden a sus palabras y algún toque literario para hacerlas bien entendibles”. Explicó que inclusive en algunas casas debió utilizar una balanza para pesar los ingredientes “porque las abuelas tienen la costumbre de decir un puñado, una pizca, un toquecito”.

El trabajo de recopilación se realizó en los tres pueblos alemanes, a que como explicó Melchior “he debido incluir recetas de las tres colonias y de abuelas que residen en Coronel Suárez porque depende de que en que colonia estemos la misma receta es distinta y eso tiene que ver con que las familias llegaron desde distintos lugares”.

Lógicamente que al tener un contacto tan estrecho con tantas mujeres no sólo han surgido recetas de cocina, sino que también Melchior ha logrado conocer historias referidas a otras cuestiones. “Realmente fue un gran contacto y por eso hay una variedad muy amplia de historias, inclusive historias de amor ligadas a algunas comidas, al igual que tomar cerveza y tocar el acordeón después de la cena”.

Melchior también reflexionó sobre la consistencia calórica de la mayoría de las comidas de los inmigrantes, concebidas para afrontar el frío clima ruso. “Son todas con alto contenido en calorías y hechas con mucha harina y muchos productos para el frío”, recordó.

Sobre las motivaciones que lo llevaron a emprender esta investigación analizó que “la razón del libro es porque la modernidad no deja a la gente tiempo para hacer comidas que llevan tres o cuatro horas, inclusive más tiempo porque requieren tiempo para darles el sabor y de a poco se van perdiendo las recetas y eso era algo que me preocupaba”.

De ricos y pobres

El recopilador realizó un análisis sobre las distintas recetas y se aseguró de clasificarlas en dos grandes grupos. Admitió que “si bien suena clasista lo que voy a decir es real que hay algunas recetas muy simples que corresponden a las familias más humildes, que son las que usaban esencialmente la harina y la sal, que eran los ingredientes más baratos y los más simples. Con esos ingredientes se hacían, por ejemplo los kleis, la comida más usual y más sencilla”. Agregó que “por el otro lado había comidas más elaboradas y con muchos más ingredientes que correspondían a las familias más acomodadas y la verdad es que la diferencia es bien notoria y marca el significado de la comida en cada familia”.

Como dato anecdótico pero de gran valor para el análisis del significado de la comida dentro de la sociología de los inmigrantes, reconoció que “esto que cuento es tan así que aún hoy sobreviven familias que llevan el sobrenombre de kleis (la más típica y simple de las comidas) porque sus tatarabuelos eran familias muy humildes, tan humildes que llevan el apodo de lo que comían casi diariamente y aún se conserva ese apodo en algunos casos”.

Para reforzar el dato comentó que “también está aún la familia kalach, que es el pan tradicional alemán, y se cuenta que se lo pusieron a una familia que elaboraba ese pan en forma permanente y si bien hoy es tercera o cuarta generación, siguen llevando el sobrenombre de kalach y no es algo que me contaron ya que es una familia de Santa María”. Y enfatizó, por si hacían falta más razones: “esos sobrenombres no sólo los lleva un individuo particular de una familia sino a veces toda la familia, viva donde viva, aún fuera de la colonia y es tan así que a los kalach muchos los conocen por ese apellido, que no es su apellido e ignoran totalmente su apellido verdadero”.


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Dónde adquirirlo

Los interesados en adquirir este libro, que con seguridad serán muchos, pueden hacerlo a un precio de $ 25 en Isabela Libros, Librería Lázaro, en algunos kioscos del centro y en Pueblo San José en Kiosco “Cacho”. En Pueblo Santa María directamente en el domicilio de Julio César Melchior.

Del éxito de la venta de este libro, que auguramos y casi aseguramos, dependerá la pronta aparición del sexto trabajo de Julio César Melchior, que llevará por título “Lo que el viento se llevó”, que recopila historias sucedidas en las colonias alemanas y que vendrán acompañadas por históricas fotografías.



El presente artículo periodístico fue publicado en diario Nuevo Día, de Coronel Suárez.

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