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viernes, 6 de mayo de 2011

Chismes y otras menudencias

Encasquetó el sombrero en la cabeza calva y salió corriendo rumbo a la casa parroquial. La vecina, que lavaba ropa en el patio en una palangana, lo vio pasar veloz y furioso, vociferando un cúmulo de vocablos incongruentes entre las que, sin embargo, Doña Margarita entendió una palabra clave útil para el chisme social que a ninguna mujer que se precie como tal podía escabullírsele entre el fárrago de groserías que el hombre lanzaba al aire.

-¿Quién estará embarazada? -se preguntó enseguida Doña Margarita-. La hija, esa mosquita muerta -se respondió sin dudar un instante.

El hombre continuó su carrera loca. Llegó a la casa parroquial e ingresó sin golpear la puerta ni anunciarse. Discutió con el cura a gritos. Los oyó el pueblo entero. Se escucharon reproches. Recriminaciones. Quejas. Algún que otro insulto. Blasfemias por parte del sacerdote. Hasta que un portazo dio por terminada la conversación y el hombre volvió a la calle más enojado que al entrar. Corrió a su casa. Ingresó en ella pegando más portazos. Nuevos gritos, llantos enloquecidos de mujeres desesperadas. Palabras duras, nuevos insultos, lío de voces en un caos de pelea familiar.

Dentro de la casa bullía el escándalo. El pueblo expectante trataba de escuchar y deducir lo que sucedía. Nadie sabía nada con certeza pero todos creían que ya lo sabían todo. “La hija está embarazada”, cuchicheaban. “¿Pero de quién?”, preguntó alguien. “¿Del cura?”, afirmó otro. Las evidencias estaban a la vista. Además la hija solamente dejaba el hogar para ir a confesarse y asistir a misa. No cabía duda para nadie. Todos sacaron la misma conclusión. Aunque nadie nunca logró comprobar nada. Pero nueve meses después... la hija dio a luz un varón. Jamás se supo quién fue el padre. Pero cosa curiosa para los habitantes de la colonia, el sacerdote fue removido de su cargo al frente de la parroquia. Nadie volvió a saber de él.

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