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viernes, 6 de mayo de 2011

La vida loca

Don Gaspar puso en marcha el Ford T y salió con rumbo desconocido dejando a su esposa y su hijo llorando en la puerta de la casa.
Desapareció durante veinte años. Hasta que un atardecer de primavera regresó con el mismo Ford T, más viejo y más destartalado, cargado de colchones, bultos y valijas, una mujer más joven y nueve hijos.
Compró una casa, unas hectáreas de campo, y comenzó a darse la gran vida. Dicen que hizo fortuna. Lo dicen todos sin acertar a responder cómo ni dónde y porque seguía conservando el viejo cachivache del Ford T.
Todo iba viento en popa. Don Gaspar era feliz. Su nueva familia era feliz. Vivían la vida loca de los nuevos ricos que no saben qué hacer con el dinero. Todo parecía estar bien. Pero mientras tanto la ex mujer estaba reuniendo bronca y odio porque lo había esperado durante veinte largos años, rechazando pretendientes y amantes. Una madrugada de invierno tomó la escopeta y se encaminó a la casa de Don Gaspar. Ingresó a la habitación, donde dormía plácidamente con su nueva mujer, y le pegó un tiro en la cabeza, dando por finalizada la historia.

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