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lunes, 2 de enero de 2012

Bellos recuerdos de mi infancia! ¡Como extraño ser niño!


¡Cómo añoro ese universo mágico de sueños en que todo es posible! El frío del invierno atormentando mi cabeza, el único espacio de todo mi cuerpo que se libraba de los kilos de ropa con que mi madre me cubría. Su mano cálida, mientras caminábamos hacia la escuela parroquial y un sin fin de sueños surgía en mi alma libre de preocupaciones y problemas interminables que parecían tener las personas mayores. Saltando entre charcos de agua y escarcha. Jugando a ser grande cuando todavía era apenas un niño.
Recuerdo que una ventana separaba nuestra casa de la del único vecino de la colonia que tenía una bicicleta. Por ella me escapaba por las tardes a dar paseos sobre ruedas: vueltas y vueltas en un patio inmenso, recorriendo un mundo de fantasía que llegaba hasta Alemania ida y vuelta.
Y por las noches, un vaso de leche tibia, pan casero; y mi camita arropada, siempre con olor a limpio. El beso de mi madre, las canciones de mi padre, y las historias de horror con que mi hermana me atormentaba antes de dormirme.
Hasta ir al baño podía ser una travesía cuando un terrible monstruo escondido bajo la cama amenazaba con jalarnos por los pies a un mundo distinto de este mundo...
Y otro día despertar y comenzar de cero, y soñar con lo que haremos ese día y con lo que seremos cuando grandes... y construir castillos y convertirnos en príncipes... y creer que el más terrible de los problemas es no saber resolver una suma de cuatro dígitos... Y soñar... soñar... soñar... ¡Como extraño ser niño!