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domingo, 10 de junio de 2012

Tradiciones y costumbres de Corpus Christi


“Del latín, 'cuerpo de Cristo': fiesta de la Iglesia católica apostólica romana que honra la presencia de Cristo en el sacramento de la eucaristía, establecida en 1264 por el Papa Urbano IV. La fiesta se celebra  en las colonias el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, que, a su vez, depende de la fecha de la Semana Santa”.

Libro religioso de los alemanes del Volga

Cuerpo de Cristo

La fiesta de Corpus Christi se co­menzó a celebrar en Lieja en el siglo XIII, como resultado de las maravi­llosas visiones de Sor Juliana de Monte Cornillon. El Papa Urbano IV la estableció universalmente en 1264 y fijada en el calendario el jueves siguiente al domingo de Tri­nidad. Después se le asignó una Octava y una Procesión solemne declarándosela fiesta de precepto, igualándola a las más clásicas del año eclesiástico.
Para celebrar dignamente tan alto misterio como es la Sagrada Euca­ristía, Santo Tomás de Aquino com­puso el Oficio y la música. Notables son los himnos "Pange Lingua", sobre todo sus dos últimas estrofas “Tantum Ergo” y “Genitori Genitoque" y "Lauda Sion", que era un verdadero poema teológico de la Eucaristía, donde en forma rítmica y eminente­mente sencilla expresó toda la delicada doctrina eucarístíca, hermanando la clari­dad con la profundidad y la simpli­cidad con el lirismo.
Los alemanes del Volga desplega­ban sus galas y se deshacían en cánticos y alabanzas a la divina Eucaristía. Y no bastándole el re­cinto del templo ni la quietud del santuario, se derramaron por las calles y plazas de las colonias en devota y bulliciosa procesión, paseando en artísticas custodias y bajo el palio el Rey de Reyes, encerrado en la Hostia consagra­da.
¡Paso al Sumo Sacramento! ¡Para El las flores, para El los cánticos, para El los repiques de las campa­nas, para El las salvas de las escope­tas!

Kapeller

Para la fiesta de Corpus Christi, los alemanes del Volga desplegaban sus galas en la ornamentación de Kapeller: cuatro capillitas construidas dentro del patio de la iglesia, cada una de las cuales ocupaba estratégicamente un punto cardinal, como asimismo estaban al cuidado y la protección de un barrio que para esa fecha trascendente se encargaba de adornarlo. Die Kapeller putzen, que así se llama la maestría de adornar las capillitas, era todo un arte, puesto que se ponía enorme creatividad en ello y un gran esmero, que se traducía en una ostentación fuera de lo común. Para ello se utilizaban las más finas sedas de brocato para revestir las paredes interiores y bellas perlas de vidrio de todos los colores. También se utilizan imágenes para realzar la religiosidad del ambiente. Mientras que en el centro se colocaba un altar con un mantel bordado con letras y motivos religiosos en oro.
Y para el día de Corpus Christi la feligresía, en procesión, abandonaba la iglesia acompañando al párroco, acompañado por otros dos sacerdotes que presidían el grupo humano llevando en alto el Monstranz (Sagrada Custodia). Los sacerdotes marchaban bajo la protección del palio. Delante de la comitiva caminaba un importante número de monaguillos que, al son armónico de campanillas que hacían sonar, a su vez eran precedidos por un conjunto de unas cincuenta niñas vestidas de angelitos, llevando canastillas llenas de pétalos o papelitos de colores, que arrojaban al aire, tapizando el camino que iba a transitar la procesión.
Detrás de todo este glorioso cortejo, estaban los escolares con sus pulcros guardapolvos blancos y la multitud de fieles: participando devotamente de la fiesta religiosa.
A medida que la procesión llegaba a los Kapeller, el sacerdote ingresaba a los mismos, y depositaba el Monstranz sobre el altar; tomaba en sus manos el Evangelio y comenzaba a leer una lectura ya preestablecida y que año a año se repetía en el mismo lugar. Los procesionantes entonaban con devoción el Tantum ergo. Seguidamente, y con profunda solemnidad, el párroco tomaba el Monstranz y levantándolo en alto, impartía la bendición.
Este acto litúrgico se reiteraba en los cuatro Kapeller. Finalizadas las ceremonias, la procesión ingresaba a la iglesia, donde se oficiaba una misa, dando por concluida la sagrada fiesta de Corpus Christi.