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sábado, 20 de octubre de 2012

¡Mamá!


Dame tu risa,
campanadas de cristal,
en una aurora
de tiernas caricias

que nazcan de tus manos,
aves al vuelo,
en este atardecer
de nostalgia.

Que no sepa el tiempo
que te has marchado,
siguiendo los pasos
de Dios Nuestro Señor.

Quédate un rato conmigo, mamá,
arrúllame en tu regazo,
regálame una canción,
como cuando era niño.

Que nadie sepa
que eres solamente un recuerdo,
tenue, fugaz, doloroso,
que al abrir los ojos volverá a desaparecer.