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domingo, 21 de octubre de 2012

¡Un abrazo, mamá!

Por Mariana Raquel Baliño

Y ahora debo decirlo, ahora es el momento. Y entonces... ¿Cómo hacer que mis palabras resbalen como una caricia por los senderos de tu corazón y se internen en él para siempre, querida mamá? Porque cuando vos tenías mi edad, llenabas un cuaderno con frases y las leías y te emocionabas y las usabas en las cartas que escribías.
Y no sé si escribirte encabezando con una de mis frases sencillas y sin autor o atando cabitos de conversaciones pasadas, conversaciones compinches entre nosotras o lanzándome a este amor que nos unió siempre.
No sé qué hacer, mamá.
Tal vez comience diciendo que tu alma hermosa se vuelve  pájaro que tantas veces picotea en los profundos surcos  de mi silencio y continúe con una enseñanza y te diga, así, que aprendí a reírme sola mientras voy caminando por la calle y que
no es necesario una compañía porque siempre creí que mi risa, sin compañía, era una piedra lanzada al rostro de quien me veía reírme.
Y hoy, los hermosos recuerdos, me encuentran, de pronto y sin aviso, con una risa suelta, como una desafinada nota de cristal en el aire. Y no es fácil escribir tantos sentimientos y siento que pueden ser terriblemente complicadas las cosas que parecen simples. Pero un abrazo muy fuerte en tu día resumiría todo. Un abrazo donde apretemos, entre las dos, a los más maravilloso recuerdos y no los dejamos escapar. Y que para las dos, el haber buscado tanto, el haber mirado la vida, el haber aprendido tanto, el saber que tus lágrimas no evitarán las mías, que tu dolor no será barrera para los dolores que me aguardan... sólo un abrazo, mamá... y será todo! Y será toda mi alma resumida en ese gesto total.