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viernes, 29 de marzo de 2013

Luis y Agustín Meier: dos músicos, dos artistas


“Los Pueblos Alemanes y su gente”
 Los mejores recuerdos del tío “Bartolo”. Una entrevista con un sabor a nostalgia. La familia Meier sigue fiel a los principios inculcados por los mayores

Ambos son hijos de don Agustín Meier, un muy querido vecino de Pueblo Santa María, y sobrinos de don Bartolomé Meier, quien luego de dejar el Ejército un buen día se presentó ante su familia con la frase: “voy a hacer una banda de música en Coronel Suárez”. 
Eso fue hace más de 50 años atrás. Si bien a los 10 años de su creación el gestor de tamaña empresa falleció en un trágico accidente, el espíritu que impregnó en ese lapso permitió que la llama de la música siguiera encendida en muchos para canalizarla a través de una banda. 
Luis es el mayor de los hermanos Meier. Agustín es el que le sigue. Por eso a ambos le correspondió el enorme honor de heredar los instrumentos de sus ancestros. Luis el bandoneón de su padre; Agustín el de Bartolo, bandoneones que algunas veces, en las reuniones familiares, permiten que otra vez vuelva a inflarse de sonidos para alegrar el encuentro. 
Agustín estuvo desde el primer día en la Banda, fue uno de los músicos fundadores, y aunque faltó por muchos años finalmente volvió, con más pasión que nunca, para formar parte del grupo.
Luis se incorporó hace apenas 10 años. Era un buen mecánico y cuando al tío Bartolo le decía que quería entrar en la Banda este le contestaba: “vos seguí en lo tuyo, que sos un buen mecánico”. Cuando su padre estaba ya muy mal, a punto de morir, le dijo: “¿no me podrías pasar la habilidad que tenés en las manos para tocar música?”. Don Agustín Meier asintió con la cabeza y parece que ha adquirido esa habilidad. 
Hoy no solo forma parte del grupo donde están sus hijos como músicos miembros, sino que es el que se encarga de entretener los viajes cada vez que salen fuera de la ciudad para presentarse en algún lugar. Es el que ejecutando el bandoneón alegra los trayectos hasta llegar a destino.
Ambos no dejan de hablar y de reírse al acordarse de las anécdotas de los momentos que compartieron con don Bartolomé Meier, el que dicen se ponía muy serio al momento de los ensayos o de las presentaciones de la Banda que había creado, al mejor estilo del Ejército, pero que al instante de cerrar las partituras se transformaba en el tipo más loco y bonachón.

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