Rescata

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miércoles, 15 de junio de 2016

¿Qué tipo de colonias se fundaron en el país durante los años en que llegaron los alemanes del Volga?

Es por demás conocida la historia de cómo se afincaron los alemanes del Volga en el país. También sabemos el tipo de contrato que firmaron y el acuerdo al que llegaron para fundar una determinada clase de colonias. Pero asimismo es interesante extender la mirada y observar con criterio amplio qué acontecía en el resto del país y preguntarse: ¿qué clase de colonias propiciaba fundar el gobierno argentino al alentar el ingreso masivo de inmigrantes? La respuesta la encontramos en la obra del Reverendo William C. Rhys, escrita en 1902.

William C. Rhys llegó a la Argentina a fines del siglo XIX para hacerse cargo de la iglesia bautista en Chubut, donde permaneció quince años, sirviendo pastoralmente a la grey galesa. De regreso a su tierra natal, Gales, en 1902 escribió sus memorias, que recién fueron publicadas hace unos pocos años por uno de sus nietos.
En esta obra, titulada “La Patagonia que canta”, el reverendo, con abundantes datos recogidos en el lugar, traza la historia de los pioneros galeses que el 28 de julio de 1865 arribaron al país para colonizar una porción de tierra patagónica. De entre su pintoresco relato, donde revive la epopeya colonizadora de sus compatriotas, es interesante extraer un párrafo en el que reflexiona respecto a las clases de colonias que se establecían en la Argentina a finales del siglo XIX, durante el masivo arribo de inmigrantes.
El reverendo Rhys explica que eran tres. A saber: “1) Algunas son solamente especulaciones lucrativas de aventureros. Los hombres celebran contratos con el gobierno para asentar tantos hombres en tantas leguas de tierra. El gobierno asegura las mayores facilidades y parte de la concesión se divide en pequeños lotes, que son vendidos al precio más alto que se pueda obtener de los colonos. La parte restante de la concesión se reserva hasta que la colonia haya ganado un buen nombre y buenas perspectivas. Se ayuda a los colonos con comida, animales, implementos, semillas, alambrados, etcétera, y se les facilita el crédito. Esta clase de colonias por lo general es la ruina de los colonos pobres que, confiados en el éxito, son fácilmente inducidos a la especulación y arrastran el asfixiante peso de las deudas. Bajo esta carga, después de luchar contra algunas temporadas malas y otros incidentes desafortunados, comunes a las mejores colonias en estado embrionario, son aplastados y sucumben; los lotes, las mercancías y las mejoras vuelven a sus antiguos dueños. De esta forma hay muchos colonos trabajando para las compañías ferroviarias. 
2) Las colonias establecidas directamente por el gobierno son de otra clase. La gente es inducida a colonizar mediante el ofrecimiento de una generosa porción de tierra y una asistencia sabia y limitada para comenzar. El progreso .de estas colonias es más lento y menos ostentoso al principio, pero también es menos desastroso para los colonos sin capital, que con el correr del tiempo suelen ser los más prósperos. Las desventajas radican en que estas colonias por lo general están ubicadas en distritos alejados de mercados convenientes, etcétera. Los especuladores tienen una manera sutil de conseguir las mejores tajadas de tierra para sus propias concesiones.
3) A la tercera clase pertenecen las colonias creadas por filántropos, por medio de las cuales buscan establecer una comunidad de acuerdo con alguna idea y así producir, desde cierto punto de vista, una sociedad modelo.
Estos hombres obtienen una concesión de tierra y la colonizan con inmigrantes especialmente conseguidos a ese fin. Algunos de estos colonos tienen éxito y otros no. Y en caso de fracasar, los filántropos son los que pierden.
Por otra parte, si estos fundadores y héroes bien intencionados tienen éxito, reciben como recompensa más aplausos que provecho y más gloria que ganancia. Sin embargo, generalmente la retienen hasta que dejan de estar sobre la tierra”.

¿Qué significaba ser niño en la época de nuestros abuelos?

Los niños tenían que comenzar a desarrollar trabajos de adultos
desde muy pequeños para colaborar en la economía del hogar.
Fotografía de Lewis Hine
Realizar un estudio sociológico para responder a esta pregunta -¿Qué significaba ser niño en la época de nuestros abuelos?- no es tarea sencilla. Porque no existen datos escritos respecto a estudios previos que se puedan tomar como base ni tampoco hay evidencia de que alguien se haya planteada este interrogante con anterioridad. Asimismo es muy difícil encontrar en la sociedad de hoy parámetros válidos para entender la función de los niños y los jóvenes en la sociedad de los alemanes del Volga de los primeros años de las colonias. La niñez como etapa de juegos, de socialización a través del contacto con otros niños y con adultos, de aprendizaje elemental, de estímulo a la inteligencia, de afecto, cariño y abrigo, es algo que surge con las ideas contemporáneas que asimilaron sus descendientes en la República Argentina.

La niñez constituía un lapso de la vida desdibujado y hasta contradictorio -al menos con lo que hoy considerarnos la niñez-, en tanto se esperaba de ella una conducta adulta o casi adulta. Ello se probaría con el esfuerzo laboral que los niños -por lo menos los de las clases populares- debían realizar desde muy pequeños y la sociedad les exigía un comportamiento adulto que se expresaba en una disponibilidad para el trabajo de un modo u otro. No es que los niños no gozaran de sus juegos, simplemente tenían un espacio limitado entre otras obligaciones, como por ejemplo, ayudar desde pequeños a sus padres.
Del estatus del niño podría sintetizarse en el concepto de "transición a la adultez", que es el que mejor calza para definir la etapa de la adolescencia. Es decir, más que de un período importante de la vida de todos los individuos, se trataba de una edad de pasaje a la mayoría de edad, que era lo que verdaderamente contaba.
Pareciera que en sí mismo, el lapso de vida infantil no tuviera sentido más que en su prospección adulta, es decir, como una necesaria transición para transformarse en una persona mayor.
Estas consideraciones no quieren reflejar necesariamente que en el pasado los niños no fueran queridos o no recibieran afecto. Los hombres y las mujeres somos moldeados desde nuestra llegada al mundo psicológicamente por una constelación de valores, sentimientos, contacto físico y social, creencias y tradiciones, que son cambiantes. Los sentimientos, el afecto, el amor o ¡a ternura se transmitían (de otro modo, y de acuerdo con los moldes y representaciones sociales en que fueron socializados los individuos en esa sociedad, en la que los roles femeninos y masculinos, de padres e hijos, de jóvenes y viejos, eran definidos de acuerdo con las pautas prevalecientes. Surge con claridad que el niño no ocupaba un lugar central en la familia y la sociedad como hoy lo ocupa, sujeto privilegiado en los desvelos de los progenitores y de los educadores.

lunes, 13 de junio de 2016

Un recuerdo para mi madre

Calles de tierra en verano,
calles de barro en invierno,
otrora era el camino,
que seguía para llegar a casa,
después de un largo día de trabajo,
siendo todavía un niño.

Y mi madre me esperaba,
sola en la casa grande,
viuda y con trece hijos,
la comida servida,
sonriente y  feliz,
mes tras mes,
año tras año.

Hasta que un día llegué
y la mesa no estaba puesta,
y pregunté por mi madre
a mi hermano mayor,
quien con los ojos llorosos,
abrazándome, me respondió:
¡tu madre ha muerto!

domingo, 12 de junio de 2016

Fotografías de comidas tradicionales de los alemanes del Volga





(Estas recetas y muchas más, se pueden encontrar en el libro "La gastronomía de los alemanes del Volga", del escritor Julio César Melchior. Se adquiere por correo mediante el sistema de contra reembolso: Ud. hace el pedido y recién paga cuando lo tiene en sus manos. Para ello comunicarse a juliomelchior@hotmail.com.).

viernes, 10 de junio de 2016

Un libro de los alemanes del Volga con diez ediciones casi agotadas que ha llegado a varias partes del mundo

Por María Rosa Silva

Tapa del libro. Contiene más de 150 recetas
tradicionales. Se puede adquirir desde
cualquier lugar del país. Comunicarse a:
juliomelchior@hotmail.com
Va camino a agotarse la décima edición del libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”, del escritor Julio César Melchior. Tal es el éxito que alcanzó esta obra que rescata más de 150 recetas tradicionales de nuestros ancestros. De continuar así, dentro de unas dos o tres semanas, tal vez antes, inclusive, ya no quedarán ejemplares disponibles. Por lo que invito a todos los que desean contar con un ejemplar lo adquieran lo antes posible.

Hace algunos años fue necesario rescatar y recopilar en un libro las recetas con que las mujeres más ancianas de los pueblos alemanes del Volga elaboraban sus comidas típicas traídas de las aldeas de Rusia  y heredadas durante siglos. Así surgió el  libro de cocina alemana del Volga con recetas típicas tradicionales que perduraron y se irán trasladando de generación en generación, gracias al primer escritor que rescató la manera de elaborar comidas de nuestras mujeres, que con los pocos ingredientes que tenían lograban manjares que quedan en el recuerdo de todo aquel que las probó.
Un libro con diez ediciones casi agotadas que ha llegado a varias partes del mundo para,  no solo no dejar que las recetas se diluyan con las generaciones, sino para que otras culturas conozcan los manjares que estas mujeres han logrado con elementos que hoy son básicos y están al alcance de todos, pero que en aquel entonces nuestras mujeres atesoraban y lograban alimentar a su familia obsequiando su realización como ofrenda a la familia y a sus seres cercanos,  agradeciendo a Dios poder saborear tales alimentos obtenidos a partir de grandes esfuerzos en el trabajo y compartiendo cuando era posible, ya que no siempre eran tiempos de abundancia pero si siempre eran tiempos de pensar en el prójimo y en compartir.

jueves, 9 de junio de 2016

“A los catorce me casaron con un viudo de treinta y cinco años”

Todavía jugaba con su muñeca de trapo cuando su padre la llamó a la cocina y la sentó frente a Don Luis y le dijo “te vas a casar con él”. Doña Catalina recién había cumplido catorce años y su futuro marido era viudo, tenía treinta y cinco años y nueve hijos.

Doña Catalina pasó de jugar con su muñeca de trapo a criar un bebé de cinco meses que la mujer de Don Luis dejó al morir en el parto, y ser la madre de ocho hijos más. Los había de todas las edades y sexos. Grandes, tan grandes que podían ser sus hermanos, y tan chicos que necesitaban del cuidado más elemental para sobrevivir. A todo ese universo familiar tuvo que sumar enseguida a su propio hijo, que nació un año después y luego otro y otro, hasta completar siete. Su marido murió pero no se salvó de tener más hijos. La volvieron a casar con un hombre cinco años mayor que ella, con el que tuvo cuatro hijos más.
Su vida no fue fácil. Su existencia la pasó pariendo hijos, encerrada en su casa, yendo del dormitorio donde traía niños al mundo a la cocina donde los alimentaba y criaba. Jamás fue a una fiesta. Jamás salió a pasear con ninguno de sus maridos. Su territorio fue siempre la casa. Su universo los niños. Su futuro ser abuela si es que tenía suerte y la voluntad suficiente para sobrevivir.
Y sobrevivió. Y dice que fue feliz.
Y seguramente lo fue porque no conoció otra realidad. Las pocas mujeres con las que intercambió experiencias a lo largo de su vida, estaban casi en la misma situación. Por aquellos lejanos años nadie se planteaba la cuestión de la felicidad y tampoco nadie se preguntaba ¿soy feliz? La realidad se aceptaba tal como era. No se la cuestionaba jamás. Las cosas eran así y punto.
Catalina vivió una vida larga. Crió hijos. Los suyos y los de su marido. Enviudó dos veces. Fue abuela. Bisabuela. Tatarabuela.  Y un día llegó su hora. Murió apaciblemente. De vejez. Falleció sin saber ni preguntarse jamás qué es lo que quería o esperaba de la vida, de su vida. No se lo preguntó porque jamás supo que tenía derecho a preguntárselo y porque ahogaron su adolescencia bajo el yugo de un matrimonio y un hogar sin escalas previas. Sin tener en cuenta su opinión ni sus deseos. 
(No deje de adquirir el libro "La vida privada de la mujer alemana del Volga". Rescata la vida de nuestras queridas madres y abuelas. Se puede adquirir desde cualquier lugar del país. Comunicarse: juliomelchior@hotmail.com)

martes, 7 de junio de 2016

Entrevista a Julio César Melchior: "dentro de quince días se lanzará la cuarta edición del libro "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga"


Para dentro de quince días, aproximadamente, volverá a estar en la calle una nueva edición, la cuarta, del libro “Lo que el viento se llevó de los alemanes del Volga”, de Julio César Melchior.

Consultado por La Nueva Radio Suárez se manifestó “muy feliz con la reedición de este libro, después de varios años que se había agotado. A raíz del éxito de los últimos libros, que tuvieron sus reediciones, de alguna manera se echó luz a otros libros que yo he ido publicando a lo largo de los años. Gente interesada en esos libros vio la posibilidad de reeditarlos, a raíz del pedido de diferentes lectores que están interesados por ellos, que quieren tener uno. Lo que más me sorprende es que hay lectores de todo el país y de algunos lados del exterior también. Con el libro ‘Historias de los Alemanes del Volga’, el de la ‘Gastronomía’ y el de ‘la Vida Privada de la Mujer Alemana del Volga’, que se han republicado en apenas un año y que en este último tiempo han tenido un verdadero boom. Es espectacular a los lugares donde llegan, he realizado envíos al exterior, a lugares como Francia, Italia, España, Estados Unidos, Alemania, también a países limítrofes de la Argentina”.
Esta segunda edición del libro “Lo que el viento se llevó…” será igual que la primera: “será tal cual como fue editado y presentado en su momento, hacia el año 2010, en la Sala Bicentenario del Mercado de las Artes. Además de la parte de historia, el libro rescata anécdotas, remembranzas, historias de vida y por supuesto algunas tradiciones y costumbres y 40 fotografías antiguas, lo que es un material bastante inédito”.
Sobre este particular, el rescate de tradiciones y costumbre de los descendientes de aquellos alemanes que vivieron a orillas del Río Volga, Julio César Melchior indicó que “con el transcurso de los años uno se da cuenta que más que llevarse cosas el viento está trayendo cosas de vuela, y muchas cosas. Eso uno lo ve cotidianamente, sobre todo en las redes sociales y en la vida cotidiana de las Colonias, donde muchas cosas se están recuperando, incluso en el habla cotidiana de la gente, que es mucho más importante que hacer un solo evento, que pasa y queda en una evento y nada más. Hay muchas cosas de las que la gente ha vuelta a hablar y esto es lo que se recupera y permanece”.

lunes, 6 de junio de 2016

Dentro de quince días el escritor Julio César Melchior lanzará la cuarta edición de su libro “Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga”


Será la tercera obra consecutiva de su autoría que se reeditará en apenas un año, en el que también vieron la luz y alcanzaron enorme éxito y repercusión nacional, la segunda edición de “Historia de los alemanes del Volga”, la tercera de “La vida privada de la mujer alemana del Volga” y la décima de “La gastronomía de los alemanes del Volga”, que ya está próxima a agotarse nuevamente.

“Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga” es una obra literaria que, mediante distintas formas narrativas, recrea con fidelidad histórica, la idiosincrasia social y cultural de nuestros pueblos alemanes, además de rescatar con veracidad y detalle, aspectos desconocidos de la vida diaria en estos pueblos en épocas pretéritas. Dejando en claro en cada página, que la premisa fundamental es erigir un homenaje a todas las familias, y personas individuales, conocidas y desconocidas, que escribieron la historia cotidiana de las colonias.
El libro está dividido en dos secciones de ocho capítulos cada una. En la primera se rescatan aspectos de la infancia de los abuelos de los pueblos alemanes, sus años de escuela primaria, el recuerdo de sus padres, el amor por la familia, los trabajos en el hogar, en el campo, historias de vida, vivencias, anécdotas,  aspectos desconocidos de su diario vivir y actuar ante situaciones concretas, y su adiós de la aldea natal, allá lejos en el Volga. Y en la segunda se rescatan tradiciones y cincuenta fotografías antiguas: la identidad de los alemanes del Volga, su forma de vestir, su perfil humano, basado en el respeto, la honradez, el trabajo y la fe en Dios, la educación, que estaba en manos de las hermanas religiosas, la manera de festejar los casamientos, de vivir la amistad, la música, entre otros.
“Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga”, en su cuarta edición, es un libro para coleccionar y atesorar. Y estará a la venta dentro de quince días, aproximadamente.

sábado, 4 de junio de 2016

Lo que sufrieron y padecieron nuestros abuelos para llegar a estas tierras

Carta que el escritor y periodista Roberto J. Payró le escribió al escritor y poeta José León Pagano, sobre las condiciones en que viajaban los inmigrantes europeos a la Argentina, en 1903, cuando todavía llegaban alemanes del Volga al país, entre ellos, muchos de nuestros abuelos. Leyendo esta carta podemos darnos una idea de todo lo que sufrieron y padecieron para llegar a estas tierras.

A bordo del “Pelagus”, 
14 de diciembre de 1903

Mi querido amigo:
Mañana, por fin, vamos a desembarcar, con dos días de atraso, y entonces echaré al correo esta primera carta que te escribo, todavía bajo la impresión de terribles emociones. Mi pasaje de tercera me dio un sitio entre cuatrocientos cincuenta pobres diablos como yo, que llenan el entrepuente convirtiéndolo en una especie de plaza de aldea en día de mercado, pero sin aire, ni luz, ni alegría. Está rebosando de hombres, mujeres, niños, en revuelta confusión, que hablan todos los idiomas, exhalan todos los olores, visten todos los harapos…
 No te puedes imaginar lo que una persona medianamente educada, por mucho que sea la amplitud de su espíritu, padece en lo físico y lo moral durante uno de estos viajes dolorosos y deprimentes. Mis compañeros mismos, aunque en su mayoría hechos a la miseria, se sienten rebajados de su dignidad de hombres, y se rebelan instintiva e inconscientemente contra ello, manifestando la protesta con su irritabilidad y mal humor.
Considérame en este hacinamiento humano, entre multitud de mareados que en un principio aumentaban minuto por minuto, con las apreturas, la falta de aire, el hedor, el contagio inevitable por la excitación y luego depresión de los nervios…
En los primeros días yo no podía estar sino en el puente, echado de bruces sobre la borda, mirando el mar, bebiendo la buena brisa del Océano, hasta que la fatiga me obligaba a ir a acostarme abajo, en aquellas mazmorras de madera, en que las camas parecen oscuros estantes, para mercancías sin valor, desperdicios de humanidad. […]
Mis pobres compañeros, anónimas reses de aquel rebaño encajonado, sufrían también, y en medio de la noche, entre ronquidos y respiraciones anhelosas, sonaba de vez en cuando algún terno sofocado, alguna imprecación, algún juramento. […]

Fuente: Documentos para la historia integral argentina 3, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1981

Recuerdos de mi niñez

Recuerdo los amaneceres de mi niñez,
escarcha rompiéndose bajo los pies,
camino a la escuela,
por las calles de la colonia.

Recuerdo el sonido de la campana,
formar fila haciendo distancia,
la pizarra negra
y la tiza blanca.

Recuerdo las religiosas en el aula,
la penitencia en el rincón,
arrodillado sobre granos de sal,
llorando pidiendo perdón.

jueves, 2 de junio de 2016

Recetas de Kartoffel und Klees und Kraut und Brei

Kartoffel und Klees


Ingredientes:
1 kg. de papas
½ kg. de harina
1 huevo
½ taza de agua
1 pizca de sal

Preparación:
Colocar en un bol ½ kilo de harina, agregar el huevo, el agua y pizca de sal; mezclar bien todos los ingredientes hasta obtener una masa liviana y dejar descansar ½ hora aproximadamente. Cortar las papas en dados y ponerlas a hervir. Luego tomar la masa con las manos y cortar pequeños trocitos, dejándolos caer directamente dentro del agua, que debe estar en plena ebullición. La cocción de los Klees es de 5 minutos aproximadamente. Pasar todo por colador para que escurra bien. Se puede servir con chucrut, con pedacitos de panceta dorados previamente en aceite, con crema o con huevo batido.

……………………………………………..

Kraut und Brei

Ingredientes:
1 kg. de papas
1 kg. de huesitos de cerdo o de panceta de cerdo
½ kg. de chucrut

Preparación:
Con las papas preparar puré. Hervir los huesitos de cerdo durante ½ hora aproximadamente y agregarle el chucrut y dejar hervir todo hasta que al carne esté cocida. Sacarlo y escurrirlo en el colador. Se sirve con el puré. (Estas recetas y muchas más, se pueden encontrar en el libro "La gastronomía de los alemanes del Volga", del escritor Julio César Melchior. Se adquiere por correo mediante el sistema de contra reembolso: Ud. hace el pedido y recién paga cuando lo tiene en sus manos. Para ello comunicarse a juliomelchior@hotmail.com.).

miércoles, 1 de junio de 2016

Mucha actividad y variedad de talleres en el Centro Cultural Santa María


Patricia Mellinger, a cargo del Centro Cultural que funciona en Pueblo Santa María, habló de los talleres que se están llevando a cabo en esta primera mitad del año, mientras que también se está programando la actividad especial para las vacaciones de invierno.

“Este año estamos muy contentos. Nuestros talleres siempre tienen mucha cantidad de gente, que concurre a aprovechar esta oportunidad. Los lunes tenemos guitarra y canto para niños, adolescentes y adultos. Los días martes ofrecemos teatro para niños. Los días miércoles seguimos con clases de crochet. Los jueves se sumó un taller de costura solidaria, que se lleva a cabo con el apoyo de Desarrollo Social y con el área de Producción de la Municipalidad, donde se recicla la ropa que la gente dona. Los días viernes tenemos el taller de dibujo y pintura, y los sábados danza alemana. En estas dos propuestas el salón se nos llena de gente que concurre a estas propuestas”.
Por otra parte, en cuanto a lo que tiene que ver con hilado de lana y tejido, comentó Patricia Mellinger que se está formando un circuito productivo, con el apoyo del área de Producción de la Municipalidad. “Las mujeres que han aprendido a hilar, que en su momento tomaron la capacitación, se compraron las máquinas y están hilando en su casa. Ahora cinco mujeres se van a incorporar, con el apoyo del INTA. El Centro Cultural trabajará con el área de Producción, porque la idea es que se logren las ventas, a través de ferias, como Suárez Produce”.
También se está programando la actividad especial para el tiempo de vacaciones de invierno, y por supuesto para la fiesta de Kerb para el mes de septiembre.
Patricia Mellinger anunció por otra parte que ya se está pensando en la próxima Strudelfest, que será el 5 de marzo del año 2017, y ya están trabajando mucho todas las instituciones para brindar una segunda edición de esta fiesta, más grande de lo que fue la primera.

Talleres del Centro Cultural NAC Santa María

La actividad que se cumple en el Centro Cultural Santa María es variada, brindando la posibilidad de participar de una interesante diversidad de propuesta. 
Los talleres que se dictan son guitarra, canto, dibujo y pintura, danzas alemanas y teatro para niños, estos mismos brindados por el área del Instituto Cultural 
Ajedrez por el área de Deportes.
Crochet, jardinería y costura solidaria, por el área de Producción.
Autoproducción y cocina saludable, por el área de Desarrollo Social.
Los interesados en concurrir a algunas de estas disciplinas pueden comunicarse con Patricia Mellinger, la Coordinadora del Centro Cultural Santa María, sobre la Avenida 11 de Mayo, frente a la sede del Polideportivo de Club El Progreso.

lunes, 30 de mayo de 2016

Recuerdo de un día en la vida de nuestras madres alemanas del Volga

Mamá se levantaba a las cuatro de la mañana para amasar y hornear pan casero en el horno de barro que papá había construido en el fondo del patio de casa. Elaboraba el pan diario de cada jornada bajo la luz de un farol a kerosén. Lo hacía cantando. Con alegría. Contenta de la vida que llevaba.
Mientras hacía esto, encendía la cocina a leña, donde comenzaba a preparar la sopa que ingeríamos todos los días como entrada al plato principal del almuerzo. Era obligación que la sopa hirviera durante horas, con cuanta verdura se cosechara en la quinta: trozos de zanahorias, zapallos, zapallitos, papas, repollo, perejil, ajo… y por supuesto, abundante carne.
Después de terminar de hacer el pan, mamá lavaba la ropa de toda la familia en un enorme fuentón de chapa, refregando con sus manos en la tabla de lavar las prendas sucias de tierra y grasa de los hombres que trabajaban el campo. Las colgaba a secar al aire libre, a merced del viento, en largos hilos de alambre, tensados a lo ancho de la parte trasera del patio.
Era una tarea ardua y prolongada en la que colaboraban todas las mujeres del hogar, sin distinción de edad, así tuvieran veinte, quince o nueve años: era obligación so pena de castigo, sacar de la bomba el agua, acarrearla en grandes baldes, para que mamá pudiera realizar su labor.
Terminado ese menester, mamá comenzaba a preparar el plato principal del almuerzo: Kleis mit Sauerkraut, Wickelnudel… o algún otro manjar tradicional que andando el tiempo y la vida nunca nadie volvió a saborear con el mismo placer.
A las doce, cuando sonaban las campanas de la iglesia para rezar el Ángelus, toda la familia se sentaba alrededor de la larga mesa de madera de la cocina. Papá rezaba agradeciendo a Dios el alimento y el bienestar en que desarrollábamos nuestra existencia. ¡Y a comer! Mamá, papá, los abuelos, los tíos… Las personas mayores conversaban con gestos adustos y serios sobre temas que no incumbían a los niños, que debían permanecer en silencio. Nada de hablar en la mesa y de tener que hacerlo, a las personas adultas se las trataba de usted.
A la tarde, mamá y los hijos, concurrían al campo a ayudar a papá, a arar, sembrar, cosechar… Dar vuelta la quinta con la pala, carpir… Juntar bosta de vaca para quemar en la cocina a leña… Alimentar los cerdos, las gallinas, patos, gansos, pavos… Las vacas lecheras… Las ovejas para consumo…
El trabajo parecía no terminar nunca.
Al atardecer, mamá y sus hijas, luego de bajar la ropa de los tendales, comenzaban las largas horas de planchar la ropa con las planchas a carbón. Almidonar los cuellos de las camisas… Zurcir las medias y remendar las prendas con parches de tela, sin importar el tamaño y cuanto se notara. Eran otros tiempos, en que las camisas y los pantalones remendados, se lucían con orgullo, porque eran símbolos de trabajo, muestras evidentes de que quien las vestía trabajaba de verdad.
Después mamá empezaba a preparar la cena a la par que amasaba y freía Kreppel en una sartén con abundante grasa, que comíamos espolvoreados con mucha azúcar, y acompañados de unos ricos mates.
Llegada la hora de la cena, papá volvía a rezar. Se repetía la misma escena del almuerzo: las personas mayores conversaban y los niños permanecían sentados en silencio, saboreando la última comida del día.
Concluida la cena, y lavados los platos, se leía algún pasaje de la Biblia, se rezaba y se cantaba en alemán. El abuelo buscaba la verdulera para tocar canciones llenas de nostalgia que rememoraban viejos amores, seres queridos que se quedaron para siempre esperando allá en las aldeas del Volga, en Rusia…
Mamá, ajena a todo, sentada en un rincón, cerca de la lámpara a kerosén, tejía con cinco agujas, guantes y medias, pensando en vaya uno a saber qué cosa. (Autor: Julio César Melchior).

Trucke Nudel (Fideos caseros)

Ingredientes:
4 papas
3 huevos
300 grs. de harina
1 cebolla
Pedacitos de pan tostados

Preparación:


Cortar las papas en dados y ponerlas a hervir. Con la harina y los huevos preparar la masa para los Nudel (fideos), y cuando las papas ya están cocidas, agregar los fideos. Sacarlos, escurrirlos y poner la cebolla dorada previamente en aceite o manteca y los pedacitos de pan toastados (Kristier). (Esta receta y muchas más, se pueden encontrar en el libro "La gastronomía de los alemanes del Volga", del escritor Julio César Melchior. Se adquiere por correo mediante el sistema de contra reembolso: Ud. hace el pedido y recién paga cuando lo tiene en sus manos. Para ello comunicarse a juliomelchior@hotmail.com.).

sábado, 28 de mayo de 2016

Receta de los Maultasche o Varenick, uno de los platos más tradicionales de los alemanes del Volga

Ingredientes:
1/2 kilo de harina
Una pizca de sal
4 huevos

Preparación:
Se colocan en un bol todos los ingredientes, se mezclan bien incorporando agua hasta obtener una masa que se pueda trabajar con el palote.

Relleno de ricota:
1/2 kilo de ricota
Un huevo
Crema y azúcar a gusto

Relleno de manzana:
Cinco manzanas

Crema y azúcar a gusto.

Preparación:
Se estira la masa, se pueden cortar cuadrados o discos, según el gusto de cada uno, rellenar y cerrar haciendo un "repulgue" para evitar que se abran. Hervirlos. Una vez cocidos se los escurre y se le puede poner encima trocitos de pan dorados previamente en aceite o una cebolla dorada en aceite.

Esta receta y muchas más, se pueden encontrar en el libro "La gastronomía de los alemanes del Volga", del escritor Julio César Melchior. Se adquiere por correo mediante el sistema de contra reembolso: Ud. hace el pedido y recién paga cuando lo tiene en sus manos. Para ello comunicarse a juliomelchior@hotmail.com.

viernes, 27 de mayo de 2016

Homenaje a los agricultores (alemanes del Volga)

Por  Carlos Castro Saavedra

La agricultura es como la mano de Dios, abierta y llena de mazorcas. Los surcos son como las líneas de esa mano infinita. Nace la agricultura cuando el cielo y la tierra se besan, cuando las espigas se levantan y encienden sus granos de oro, para alumbrar el camino del pan. Las parcelas responden a los hombres que las llaman con golpes de azadón.
La agricultura no se cansa de dar frutos y de elevarlos hasta la boca de los hombres. Desde el principio del mundo la tierra es generosa y derrama sus dones en plazas y mercados. Agricultura es todo lo que el suelo produce, con la ayuda del sol y de la lluvia, con el esfuerzo de los caballos y el sudor de los pobres.
Arrugadas y duras son las frentes de los labriegos. Arrugadas de pensar surcos y duras de tanto batallar con el invierno y el verano. Los labriegos parecen robles. Así son de sencillos y de sabios. Parecen también montes, tierras altas que sufren y respiran. Van al trabajo, a la faena diaria, con unos pasos anchos y seguros.
Por la mañana los labriegos brillan. Sus rostros multiplican en las gotas de rocío que coronan el campo. Durante todo el día el sol les quema las espaldas y les destiñe las franelas y los pañuelos de azafrán. Por la tarde regresan a sus casas, con las herramientas en los hombros. Brillan otra vez. Se apagan con el humo de las cocinas, que es como un anticipo de la noche.
Quien quiera recobrar sus virtudes originales y sentirse cerca del paraíso, que acuda a los brazos de la agricultura, que se deje acariciar por las hojas de los platanales, por el aliento de las lechugas y las zanahorias.

jueves, 26 de mayo de 2016

Exitosa venta de Kreppel solidarios


Elaborados a la vista y durante varios horas sucesivas en el feriado del 25 de Mayo. Por la mañana temprano empezaron con la preparación de la masa, luego hasta la tarde fue insistente la presencia de público.

Rotary Club Las Colonias instaló una carpa sobre la Avenida Casey frente al playón del ferrocarril, en Coronel Suárez, donde desde la mañana temprana comenzaron con la elaboración de los tradicionales Kreppel caseros, bien livianitos, calentitos y azucarados entregados en cartones con un aroma inconfundible.
La masa la dejaron levar, luego comenzaba el trabajo de estirado, fueron cortando y los rotarios eran quienes introducían la masa en aceite caliente y comenzaba el proceso final de la elaboración de una repostería característica alemana y que se transforma en una exquisitez, sobre por que quienes llevan a cabo la tarea fundamental del proceso clave de la masa, son manos entendidas y sabedoras del punto exacto de la preparación de esta exquisitez ideal para un 25 de mayo, feriado y donde mates y otras infusiones resultan ideales para acompañar con esta repostería.
El trabajo en equipo de Rotary Club Las Colonias resulta eficaz a la hora de evaluar el resultado de este “Operativo” que se hace a beneficio de las tareas comunitarias que lleva adelante la entidad, como lo será también la tallarinada del próximo viernes en Santa Trinidad.
La fila de vecinos de nuestra ciudad, no cedía, solo por algunos minutos durante el mediodía, pero en la tarde volvió a repetirse por lo cual la presencia de gente era incesante.
Varias horas, varios kilos de harina y todos los ingredientes necesarios para llevar a la práctica los típicos Kreppel.

martes, 24 de mayo de 2016

¿Se acuerdan del gallinero de casa?

En el gallinero de casa convivían en feliz armonía: gallinas, gansos, patos, pavos, algún avestruz, o alguna otra ave silvestre recogida y criada entre las aves domésticas que no discriminaban ni poseían estatus social. Todas por igual corrían alrededor de mamá cuando llegaba con migas de pan, granos de trigo o maíz. Saltaban hasta una altura impensada tratando de ver qué traía dentro de su delantal levantado. Semejaban marionetas vivas danzando al compás de su canto que remeda antiguas canciones alemanas. Arrojaba lo que traía en una cubierta de automóvil cortada en dos para formar dos cuencos: uno para los alimentos y otro para el agua.
El gallinero era un pequeño galpón construido con mucho ingenio por papá, con paredes y techo de chapa vieja y oxidada. En el interior, no se soportaba el frío en invierno y el calor en verano. Las aves ponían los huevos en cajones de fruta acondicionados con paja vizcachera: mamá era hábil construyendo nidos. ¡Les salían preciosos! Y las aves le estaban agradecidas y le devolvían la gentileza poniendo gran cantidad de huevos. Tantos que proveían al hogar de este alimento y en ocasiones hasta sobraban para vender y hacer algunos pesos extra. Lo mismo que aves, las que eran criadas para alimento de la familia y para comercializarlas y colaborar con la economía hogareña cuando las cosas no marchaban bien. ¡Y vaya si colaboraban! Mamá sabía muy bien cómo hacer para que el gallinero produzca cuando papá no tenía trabajo o estábamos de malas.

lunes, 23 de mayo de 2016

Homenaje a los carpinteros (alemanes del Volga)

Fuente: Carlos Castro Saavedra

Emocionante es ver a los que trabajan con serruchos y hacen saltar el aserrín; como polvo de oro, de la madera y sus fibras apretadas. ¿Quién no se ha detenido a mirar la belleza de un hombre que construye un armario, y humedece con el sudor de su frente el milagro de la creación?
Tiene la carpintería un ambiente casi místico, una como aureola de santidad. Allí, en medio de la madera fragante y las herramientas bruñidas por el sol, pesa menos el alma y el corazón palpita humildemente. Ningún sitio mejor que un taller de carpintería para recobrar la inocencia, para pensar cosas elementales, para recordar que un día, cuando venga la muerte y cubra nuestro sueño eterno con su manto, empezaremos a ser raíces, tallos, troncos, y más tarde madera aserrada, lista para ser transformada por los carpinteros.
¡Bendita sea la carpintería! Loados sean los carpinteros! Ella es simple y venerable. Ellos son simples también e igualmente venerables. Una y otros, forman un solo reino claro, donde la poesía y el trabajo se funden, para materializar los sueños más sencillos y nobles.
Amar la carpintería es tanto como entender que la madera es casi humana, casi madre, y que por eso en ella, cuando es árbol, se reúnen los pájaros a mecerse y a cantar sus canciones ingenuas.
Y que un día todos los hombres, en una u otra forma, carpinteros nos volvamos, para simplificar y ennoblecer la vida.