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viernes, 23 de diciembre de 2011

Das Christkindie und der Pelnickel: antiguas tradiciones de Navidad

El viejo Papá Noel
en una ilustración del
año 1855.

Por Gerardo Waimann
Desde Buenos Aires

Siendo los alemanes del Volga un pueblo de profunda fe, no podían estar ausentes en la época navideña sus propias costumbres y tradiciones relacionadas con la religión. Entre las que pude rescatar de los libros, relatos familiares y experiencias propias, puedo citar:

1.- Christkindie

Los niños buenos recibían en Nochebuena la visita del Christkind, que se puede traducir como Cristo Niño o Niño Dios y era representado por alguna mujer del pueblo, vestida de hada con su vestido de novia, con la cara cubierta por un tul y una diadema en la cabeza.
Llevaba un farol y unas sonoras campanitas.
Des Christkind era recibida con canciones religiosas luego de varios días de preparación (en los cuales se recordaba a los chicos la necesidad de portarse bien y orar). Les hacía preguntas sobre los principios de la fe cristiana, y, antes de retirarse, les dejaba algunos dulces como regalo.

2.- Pelznickel

La eterna lucha entre el Bien y el Mal tenía sus representantes entre los Alemanes del Volga: a la bondad y el amor que supone el Christkind se le oponía el terror que causaba entre los niños rebeldes el Pelznickel (Nicolás velludo o Nicolás con tapado de piel).
Este siniestro personaje, extraña mezcla de Papá Noel / Santa Claus piquetero y linyera malvado (y del que mis hermanos, primos y yo mismo fuimos sus víctimas una Nochebuena en Darregueira, Buenos Aires, hace ya unos 35 años), era precedido días antes por los relatos de los adultos que preparaban el terreno entre las numerosas proles que jugaban por las calles de las aldeas, contándoles historias terribles sobre este hombre infame que venía a castigar a quienes se habían portado mal durante el año.
El Pelznickel tenía un aspecto sumamente desagradable: se vestía con ropas viejas, usaba una barba larga y desordenada, a veces tenía la cara cubierta con una capucha para no ser reconocido, y siempre, siempre, arrastraba una ruidosa cadena, la cual, según las historias de los adultos, usaba para atar a los niños desobedientes y sucios, y luego arrojarlos a un pozo.
En nuestro caso particular, el Pelznickel se hizo presente luego de la cena de Nochebuena y (ante el silencio cómplice de los adultos) con voz áspera y blandiendo la cadena nos acusó de nuestras faltas y nos obligó a rezar para no llevarnos consigo, lo que hizo llorar desesperadamente a mi hermanita. Luego, en actitud perdonavidas, nos dejó caramelos y se marchó.
(Con este relato se puede apreciar fácilmente que nuestros antepasados alemanes no eran muy partidarios de las teorías de sicología infantil de Jean Piaget. Más bien diría que eran devotos del sistema pedagógico de la alpargata).
Este es mi pequeño aporte para estas Fiestas. Saludos cordiales y una feliz Navidad para todos.
Por las dudas cierren bien la puerta esta Nochebuena, para que no entre el Pelznickel.