Tenía catorce años cuando mis padres
arreglaron mi matrimonio y quince cuando nació mi primer hijo –revela Ofelia
Stadelmann. Tuve dieciséis hijos (once vivos y cinco fallecidos
prematuramente). Todos nacieron en mi casa. Sin médico. Algunos partos fueron
tremendamente dolorosos –recuerda.
“Mi marido era veinte años mayor que yo.
Viudo y con siete hijos. Me pedía varones todo el tiempo. Quería muchos
descendientes machos, como él decía, para que lo ayudaran en los trabajos de la
chacra. Se ponía triste cuando nacía una nena. ‘Otra boca más para alimentar
que no va a producir nada’ –me decía. ‘Las mujeres no sirven para nada –aseguraba.
No sirven para trabajar en el campo, no sirven para trabajar con los animales,
no sirven para hacer trabajos de hombres. Solamente sirven para traer machos a
la casa. Nada más. Y engendrar hijos a escondidas de los padres’.
“A las mujeres las mandaba a trabajar
desde muy chicas a la huerta, a ordeñar, cuidar los cerdos, alimentar todos los
animales domésticos de la granja. Decía que las mujeres no tienen que estudiar.
‘Ahora las mantengo yo y después las va a mantener el marido’ –explicaba.
“Tenía un carácter bravo. Enseguida se
enojaba si una lo contradecía. A veces nos amenazaba con la fusta. Pero en el
fondo era una buena persona. Honesta. Nunca nos faltó nada. Iba todos los
domingos a misa. Colaboraba en la parroquia y las escuelas. Los vecinos lo
querían. Fue un buen padre y un buen esposo. Antes todos eran hombres rectos.
Así era la vida.
“No creía mucho en los médicos. Por eso
a todos mis hijos los tuve en mi casa, con la ayuda de mi suegra. Nacieron en
nuestra habitación matrimonial. Algunos partos fueron muy largos y dolorosos.
Mi suegra siempre me decía que me porté como una nena por gritar tanto. Eran
otras épocas. Hoy todo es distinto.
“A pesar de que no pude elegir a mi
marido y de que me mis padres me casaron muy joven, no me puedo quejar de mi
matrimonio ni de mi esposo. Nunca me hizo faltar nada ni tampoco a mis hijos. Todos
salieron buenas personas, trabajadoras, honestas. Todos están casados y con hijos”
–concluye Ofelia Stadelmann.
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