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Historia, costumbres y tradiciones de los alemanes del Volga. Investiga y escribe: Julio César Melchior
Rescata
viernes, 4 de septiembre de 2020
Soy descendiente de padres alemanes del Volga
jueves, 3 de septiembre de 2020
4 de Septiembre: Día del Inmigrante
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“El Día del inmigrante en la Argentina, se celebra el 4 de septiembre de cada año desde que se lo estableció mediante el Decreto Nº 21.430 del año 1949, siendo presidente Juan Domingo Perón. Se eligió esa fecha para recordar la llegada de los inmigrantes al país en recuerdo de la disposición dictada por el Primer Triunvirato en esa fecha de 1812, que ofreciera “su inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que deseen fijar su domicilio en el territorio”.
miércoles, 2 de septiembre de 2020
lunes, 31 de agosto de 2020
Recordando a nuestras madres alemanas del Volga
Mamá se levantaba bien temprano, generalmente a las cuatro de la madrugada, para ayudar a papá a ordeñar las vacas. Después encendía el horno de barro que estaba detrás de la casa y comenzaba a amasar el pan del día. Sus manos trabajaban la masa con el palote sobre una mesa de madera curtida, llena de años y de cicatrices. Amanecía y el rocío caía desde el cielo humedeciendo su cabello cano. Tanto en verano como en invierno, con heladas o sin ellas, mi madre siempre se las arregló para tener el pan sobre la mesa a la hora del desayuno. Ese pan rico para untar con manteca y miel y acompañar el chorizo seco, las morcillas y los dulces caseros.Historia de Zulema, una abuela alemana del Volga
“Nací en una casita de adobe, con piso de tierra” –cuenta doña Zulema Jacob. “Los muebles eran de madera gastada, legado de la abuela” –agrega. “Éramos muy pobres” –afirma.
domingo, 30 de agosto de 2020
Historia de vida de doña Aurelia, una abuela alemana del Volga
jueves, 27 de agosto de 2020
28 de agosto: aniversario del holocausto de los alemanes del Volga
martes, 25 de agosto de 2020
Libros que rescatan, revalorizan y difunden la historia, cultura y tradiciones de los descendientes de alemanes del Volga
El rumor como control social en las comunidades de alemanes del Volga
Los habitantes de la localidad eran descendientes de inmigrantes alemanes, que llegaron al país con una cohesión social firme, basada en dogmas religiosos, que tenían su raíz en tradiciones y costumbres milenarias, cuyos rastros se perdían en la noche de la Edad Media. También una historia común de lucha, esfuerzo y superación. Un pasado de aldea en la mítica Europa y la noble Rusia zarista, de los siervos incultos y los rebeldes cosacos. Habían emigrado dos veces. Primero de Alemania, su tierra natal, la que jamás olvidaron. Y luego de Rusia. País que dejaron sin llevarse nada. Porque nada asimilaron. Ni siquiera el idioma.Cuando llegaron a la indómita pampa Argentina, a finales del siglo XIX, lo primero que hicieron fue levantar una cruz. Dios estaba por delante de todo. Después recién pensaban en ellos. El cuerpo podía esperar; el alma no. Así surgieron majestuosas iglesias, con altares de mármol de carrara y cálices de oro en el centro de pequeñas localidades. Grandes escuelas parroquiales. Y sacerdotes y monjas inquisidoras que velaban por la moral, la ética y el buen comportamiento social. El cura predicaba aprovechándose del sacramento de la confesión para enterarse de lo que sucedía y de lo que no pasaba también. Mentirle al sacerdote significaba arder eternamente en el infierno por lo que a nadie se le hubiese ocurrido pensarlo siquiera. Como tampoco no ir a confesarse. Era una obligación moral y un dogma de fe sagrado el ir a contarle todo al santo hombre de la iglesia.Y el hombre de negro, con su sotana al viento, lo sabía todo. Era el comisario, el juez, el intendente. En una palabra, era Dios. Dios y todos los apóstoles juntos. Porque no había tema, no había asunto, ni público, ni privado, dónde su autoridad fuera apelable o siquiera pasible de opinión. Era la voz de Dios en la tierra. Y la conciencia de todos los hombres y mujeres, niños y niñas incluidos. Porque todo el mundo se confesaba.Cuando en el secreto inviolable de su confesionario, el cura se enteraba que alguna mujer había dado el mal paso, él la condenaba a rezar treinta rosarios, veinte avemarías, dieciocho padrenuestros y una semana de ayuno, sin carne ni pan. Y si esto no alcanzaba para mitigar los deseos insanos de la oveja descarriada, ponía en marcha una argucia que nunca le fallaba. Echaba a correr el rumor: “María engaña a su marido, se acuesta con Juan”. Porque sabía que las quince viejas que se pasaban el día en la iglesia rezando para que no llegara el fin de la creación, enseguida iban a poner en marcha el andamiaje del control social y moral. A partir de saber la novedad, no solamente se la pasarían una a otra, sino que la desparramarían por todo el pueblo, y después se las ingeniarían para espiar a María y a Juan, haciéndoles notar que algo sabían y que con su proceder innoble estaban mancillando el buen nombre de la localidad. Y la pobre María terminaría por encerrar en cuatro paredes, y ocho llaves de castidad, sus deseos e impulsos sexuales, al igual que Juan, so pena ser desterrados a vivir apartados de aquellos santos varones y señoras de alcurnia, que tenían la frente limpia y el nombre sin mácula.Pero hete aquí, que un día sucedió algo inaudito. El sacerdote se enteró en el confesionario que estaba corriendo por la vecindad un rumor que lo afectaba a él y a su buen nombre. Se decía que el cura se acostaba con la viuda Elisa. Por eso iba todas las semanas a visitarla y a llevarle la comunión. Y que era mentira que ella no podía salir de su casa porque estaba deprimida por la muerte de su marido.Indignado, en la primera misa que ofició, el cura se encaramó en el púlpito, y en su sermón fustigó a su rebaño por hablar mal de ese pobre apóstol de la iglesia, que era él, ese hombre que renunció a las riquezas y bienes materiales para servirlos a ellos con humildad y entrega absoluta. Justamente a ellos, persistentes pecadores. ¿Y así le pagaban? ¿De esa manera tan atroz? ¿Tan diabólica? –preguntó a los gritos.Sin embargo, transcurrido un mes, el cura hizo su valija. El obispo le notificó en una carta que, dado los rumores, era mejor que se marchara del pueblo. Su credibilidad había caído hasta abismos inverosímiles y esto le causaba mucho daño a la imagen de la Santa Madre Iglesia. Por supuesto que el obispo, otro santo varón, no lo iba a abandonar porque unos innobles pecadores mancillaran su buen nombre. Ya lo había designado a otra parroquia.Antes de marcharse definitivamente del lugar, el cura pasó por casa de la viuda Elisa, a confesarla por última vez.Autor: Julio César Melchior(Para leer mas historias, consultar mi libro "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga").
¿Por qué nuestros ancestros deciden marcharse de Alemania?
A finales del siglo XVIII Alemania (por entonces el Sacro Imperio Romano Germánico) era una organización imperial apenas sostenida por la enorme cantidad de principados menores saqueados y arruinados por las sucesivas guerras que tuvieron como escenario su territorio. Las aldeas se erigían humeantes y desoladas, las campiñas, otrora florecientes y productivas, despojadas de toda su riqueza de tanto soportar sobre sus fértiles innumerables batallas y un sinnúmero de muertes: las tierras yacían yermas y vacías como desiertos. Las ciudades se encontraban arruinadas. La población había disminuido de manera considerable. El pueblo estaba sumido en la más absoluta miseria. En resumen: Alemania era un conjunto de principados destrozados por la guerra, los conflictos religiosos, la desigualdad social, las hambrunas y las pestes. Un territorio arruinado y un pueblo hambriento.
Los habitantes de las aldeas apenas conseguían sobrevivir llevando una existencia miserable e indigna, sobreviviendo a costa de tremendos sacrificios mientras la aristocracia residía en enormes y lujosas mansiones, disfrutaba de la fastuosidad y de los adelantos técnicos y científicos que podía dispensar el siglo XVIII, Siglo de las Luces o de la Ilustración, una edad iluminada por la razón, la ciencia y el respeto por la humanidad.
En circunstancias tan tristes y nefastas un anuncio a modo de pregón recorre Europa: un Manifiesto emitido por Catalina II La Grande de Rusia, fechado el 22 de julio de 1763 en San Petersburgo, ofrece a través de leyes extraordinarias la salvación a los desheredados y menesterosos aldeanos. El Edicto prometía a los colonos que desearan emprender la aventura colonizadora de transformar tierras incultas en un territorio civilizado, prerrogativas demasiado atractivas como para ser rechazadas, como la libertad y la tan ansiada paz para construir un presente sin guerras y sin hambre. Por eso no es de extrañar que el 80% de los alrededor de 30.000 europeos que emigraron a Rusia, entre los años 1763 y 1767, fueran de origen alemán.
Es en ese momento crucial de su historia cuando se inicia la epopeya de un numeroso grupo de familias alemanas que dos emigraciones y varias generaciones después serán conocidos mundialmente como descendientes de alemanes del Volga, radicándose, algunos de ellos, en la República Argentina. (Autor: Julio César Melchior).
Los habitantes de las aldeas apenas conseguían sobrevivir llevando una existencia miserable e indigna, sobreviviendo a costa de tremendos sacrificios mientras la aristocracia residía en enormes y lujosas mansiones, disfrutaba de la fastuosidad y de los adelantos técnicos y científicos que podía dispensar el siglo XVIII, Siglo de las Luces o de la Ilustración, una edad iluminada por la razón, la ciencia y el respeto por la humanidad.
En circunstancias tan tristes y nefastas un anuncio a modo de pregón recorre Europa: un Manifiesto emitido por Catalina II La Grande de Rusia, fechado el 22 de julio de 1763 en San Petersburgo, ofrece a través de leyes extraordinarias la salvación a los desheredados y menesterosos aldeanos. El Edicto prometía a los colonos que desearan emprender la aventura colonizadora de transformar tierras incultas en un territorio civilizado, prerrogativas demasiado atractivas como para ser rechazadas, como la libertad y la tan ansiada paz para construir un presente sin guerras y sin hambre. Por eso no es de extrañar que el 80% de los alrededor de 30.000 europeos que emigraron a Rusia, entre los años 1763 y 1767, fueran de origen alemán.
Es en ese momento crucial de su historia cuando se inicia la epopeya de un numeroso grupo de familias alemanas que dos emigraciones y varias generaciones después serán conocidos mundialmente como descendientes de alemanes del Volga, radicándose, algunos de ellos, en la República Argentina. (Autor: Julio César Melchior).
viernes, 21 de agosto de 2020
Si vas de visita a mi pueblo, diles que los extraño y que jamás los olvidé
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| Iglesia Natividad de María Santísima, de Pueblo María, Provincia de Buenos Aires |
Si vas de visita a mi pueblo, saluda a mi gente, esa bella gente de alma generosa, manos extendidas, temerosa de Dios, trabajadora, honesta, sacrificada, que nunca baja los brazos. Que jamás deja de creer. Esa gente rubia de ojos claros que descienden de colonos que un día llegaron a esos lares desde las lejanas tierras del Volga, a forjar su ideal en este suelo argentino.
Si vas de visita a mi pueblo, diles que los extraño y que jamás los olvidé. Diles que sueño con volver y descansar junto a ellos. Diles que estoy regresando. Diles que ya reservé mi lugar, junto a mis padres y a mis abuelos, al lado de mis hermanos.
No te olvides de darles mi mensaje. Ellos sabrán comprender. Y echarán a volar las campanas para esperarme y acompañarme en mi último viaje.
lunes, 17 de agosto de 2020
Las recetas de la abuela
jueves, 13 de agosto de 2020
Se lanzó la décimo cuarta edición del libro "La gastronomía de los alemanes del Volga", del escritor Julio César Melchior
Fuente: lanuevaradiosuarez.com.ar
domingo, 9 de agosto de 2020
Me siento sumamente feliz: el blog superó las 3.800.000 visitas!
domingo, 26 de julio de 2020
Doña María Berta, una abuela alemana del Volga, nos revela su niñez
“Nos levantábamos a las cuatro de
la mañana para ordeñar las vacas, mi padre, mi madre, mi hermano, mis tres
hermanas y yo. Los pies hundidos en el fango hasta las rodillas, chapoteando en
el barro, el excremento y el pis de los animales. En invierno soportando una
helada tremenda: las vacas tenían el lomo blanco de escarcha. Bajo la lluvia,
titiritando de frío. Terminábamos a las ocho y media. La mayor parte de la leche se vendía y un resto se utilizaba para
elaborar crema, manteca y queso. Todo con artefactos que funcionaban de manera
manual, con manivelas que había que hacer girar y girar y girar. Allí también
colaboraban todos los hijos, sin importar la edad" -cuenta la abuela María
Berta Stadelmann.“No nos quedaba tiempo libre ni siquiera para jugar. Y ni que hablar para ir a la escuela. Mi hermano mayor fue hasta segundo grado. Mis hermanas hasta primero. Y yo apenas asistí medio año.
El día que me fui del Volga
Aquella mañana que marché de la
aldea, abracé a mi madre, que lloraba desconsolada. Le dije adiós sabiendo que
jamás volvería a verla. Intuí que la Argentina, esa tierra llena de promesas,
quedaba demasiado lejos para prometer un regreso.martes, 7 de julio de 2020
Tambera. Quintera. Trabajadora rural. Huérfana de padre. Sin adolescencia. Historia de vida de una abuela alemana del Volga
Tambera. Quintera. Trabajadora rural.
Huérfana de padre. Sin adolescencia. María Sauer falleció hace unos días en
Capital Federal. Nos dejó su legado en una entrevista concedida unas antes de
morir y esto es lo que nos contó:sábado, 4 de julio de 2020
Historia de vida de una abuela alemana del Volga
“Mi papá me contó que vino a la
Argentina con sus padres cuando tenía cinco años” revela Rosa Simon, de 90
años. “También me dijo que se acordaba del barco en el que viajaron” –agrega.
“Y que vio llorar a su padre el día que sepultaron a su hermana, que murió en
un accidente de carro, en el campo, cerca de la colonia”.El triste final de la casa de mis bisabuelos
Mis tías, luego de mucho batallar
con mi abuela, de ochenta y nueve años, lograron obtener la llave de la casa de
mis bisabuelos, cerrada hacía más de veinte años. Para limpiarla –adujeron.
Para hacer orden –sostuvieron. Ni lo uno ni lo otro. La verdadera razón de
tanto interés repentino por la vivienda en la que habían desarrollado su vida
mis bisabuelos, era arrasar con su memoria. Borrarlo todo. Tirar a la basura,
quemar, destruir. Abrir todo. Violentar todo. Buscar. Husmear. Encontrar cosas
útiles y tirar lo inútil. Que, según ellas, significaba tirar todo,
absolutamente todo. Salvo, claro está, dos o tres nimiedades que tuvieran algún
valor económico. Ni siquiera se salvaron los retratos de mis bisabuelos. ¿Para
qué los querés si no sabés quiénes son? –me reprocharon cuando quise salvarlos.
Los vi consumirse en el fuego angustiado. Lo único que remedaba sus facciones,
desaparecía para siempre. Era como si nunca hubieran existido.domingo, 28 de junio de 2020
Cada 29 de junio se conmemora un nuevo aniversario de la fundación de la primera aldea alemana a orillas del río Volga
El 29 de junio pero de 1764 se
produce uno de los acontecimientos más trascendentes en la epopeya migratoria
desarrollada por nuestros ancestros: se funda Dobrinka, la primera aldea
erigida a orillas del río Volga por los colonizadores alemanes que dejaron su
tierra natal para seguir las promesas escritas en el Manifiesto lanzado un año
antes por la zarina Catalina II “La grande”. Fue el
inicio de una colonización que marcó y modificó el destino de varias
generaciones de familias. Una historia que se redactó teniendo como premisas la
resistencia y la fuerza de voluntad de un pueblo, su vocación de trabajo, sus
convicciones, su fe en Dios y en sí mismo y su tesón de salir adelante
enfrentando todas las dificultades y todos los contratiempos. Fundando aldeas, construyendo
iglesias, levantando escuelas, forjando una sociedad y una cultura y sembrando
trigo y haciendo surgir un vergel donde solamente había estepa y desolación.viernes, 26 de junio de 2020
Las noches de verano de nuestra infancia
La noche comenzaba a vestir de
negro el atardecer. Una a una iban asomando las estrellas. En el horizonte
surgía la luna, blanca, redonda y hermosa. Y en la calle de tierra de la
antigua colonia, los vecinos se iban sentando en la vereda, trayendo sillas y
banquitos de madera, a medida que las familias terminaban de cenar. Algunos
integrantes traían consigo una fuente de semillas de girasoles recién tostados
en la cocina a leña y otros, más allá, llegaban con
la pava y el mate. Todos dispuestos a tomar fresco después de soportar una
tórrida jornada de verano, calurosa e interminable en quehaceres domésticos y
rurales.lunes, 22 de junio de 2020
Nunca olvidé mi tierra

De tanto merodear la estación y
escuchar relatos de sueños que se cumplían si uno juntaba coraje, hacía las
valijas y partía rumbo al progreso, yo también junté valor, armé mis maletas,
me subí a un vagón, me senté junto a la ventanilla y partí rumbo a Buenos
Aires. De tanto pasar cerca de la colonia, el tren un día me llevó a la ciudad
de Buenos Aires. La ciudad que mis ancestros señalaban como el antro de la
perdición para los jóvenes y la misma ciudad de la
que en todos los lugares huían, yéndose a vivir a sus propias comunidades, las
que fundaban, empezando siempre de nuevo, en el medio de la nada.domingo, 21 de junio de 2020
Carta para mi padre y para todos los padres
Caminás a mi lado en las noches
oscuras, cuando mi alma se extravía en tribulaciones, sosteniendo mi mano, para
no salirme del camino. Me protegés para que no tropiece y caiga y, si por no
escucharte a tiempo, porque sé que a veces soy muy cabeza dura para oír
consejos, trastabillo de todos modos, estás ahí para ayudarme y decirme:
arriba, vos podés! Como cuando era niño y estabas ahí para enseñarme a caminar
solo, apartando los objetos de mi camino para que
no me lastimara. Como lo estuviste siempre, papá. En los días de risas, cuando
estaban todos, y era sencillo estar, y en los otros, en los tristes, cuando era
difícil permanecer y hasta los mejores amigos abandonaban el barco. Vos nunca
lo hiciste. Por más dura que fuera la tormenta, nunca me dejaste solo. Jamás!jueves, 18 de junio de 2020
La abuela le enseña a su nieta a cocinar Kraut und Brei
-En la colonia hay muchas recetas
que forman parte de nuestra identidad culinaria y que nos definen como
descendientes de alemanes del Volga. Una de ellas es el Kraut und brei, que es
un menú compuesto por el puré de papas, la carne de cerdo y el chucrut -leyó
Alicia a su abuela, que la escuchaba atentamente.Recuerdo de las carneadas de antaño, en las que colaboraban toda la familia y los vecinos
El proceso de la carneada comenzaba varios
meses antes, cuando la familia adquiría un lechón, que era criado en el
chiquero, que el padre construía en el fondo del patio con maderas y alambre
tejido, generalmente en desuso, y era alimentado con las sobras y desperdicios
de los alimentos que se consumían en el hogar y, ocasionalmente, se le
agregaban cereales o forrajes que se obtenían de algún chacarero conocido.Historia de doña María, una abuela alemana del Volga
Doña María cuenta que nació en
1943 en una pequeña casita de adobe y que su madre la trajo al mundo sin la
ayuda de ninguna partera ni médico, como era común por aquellos años. La
encargada de asistir a todos los partos y ayudar a dar a luz a las mujeres, era
la suegra, que a fuerza de presenciar nacimientos había adquirido cierta
experiencia. Los bebés nacían en casa y en alguna habitación alejada de los
demás niños. A quienes se le decía que el nuevo hermanito había nacido de un
repollo en la quinta, que lo había traído la corriente del agua del arroyo o
que algún personaje, al pasar, lo había dejado en la casa, al cuidado de la
familia.martes, 16 de junio de 2020
Los inmigrantes alemanes del Volga
Bajaron
del barco. Viajaron en tren. Llegaron a sus colonias. Levantaron sus casas de
adobe. Sencillas y humildes. Ladrillo sobre ladrillo. Esfuerzo sobre esfuerzo.
Araron la tierra. La sembraron. Cosecharon. Y la volvieron a arar, sembrar y
cosechar. Hicieron todo eso y mucho más. Lo hicieron sin conocer una sola
palabra de español. Hablaban, cantaban y rezaban en alemán. Y la nueva patria y
Dios los entendieron y comprendieron. La Argentina
los cobijó dándoles la oportunidad de un destino de prosperidad y Dios los
protegió llenándoles las almas de gracia y las manos de abundancia.












