Rescata

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miércoles, 3 de abril de 2013

Cuatro jóvenes oriundos de Alemania visitaron los pueblos alemanes

Los cuatro jóvenes oriundos de Alemania 
(Markus Hartel, Nicole Lotz, Jessica Bettinbinder 
y Samuel Wielath), junto a Daniela Urban, 
Patricia Mellinger, Néstor Alebuena, Gabriel Nebbia, 
Marcos Palavecino, el escritor Julio César Melchior 
y Claudio Holzmann, presidente de Club El Progreso.

Cuatro jóvenes alemanes, becados por el Gobierno Alemán, que realizan una pasantía en trabajo social en la ciudad de Buenos Aires, visitaron las colonias junto a Marcos Palavecino, director de una ONG que trabaja con fines humanitarios y solidarios. En su recorrido por Pueblo Santa María, los acompañaron Gabriel Nebbia y Néstor Alebuena, de la Comunidad Cristiana – Hogar Betiana. Los guiaron e hicieron de anfitriones, la Directora  de Turismo de La Municipalidad de Coronel Suárez, Verónica Mayer Rattegan, y el Presidente de Club El Progreso, Claudio Holzmann.

Los jóvenes provenientes de Alemania son Markus Hartel, Nicole Lotz, Jessica Bettinbinder y Samuel Wielath. Llegaron al país para sumarse a la ONG que dirige Marcos Palvecino, que se ocupa de brindar una mejor calidad de vida a chicos de la calle, adictos, madres solteras y a personas con distintas carencias materiales y humanas. Una noble tarea que les valió concretar un proyecto conjunto con el gobierno alemán y, por eso, el arribo de los cuatro jóvenes de ese país, que permanecen en la Argentina durante un año.
Un trabajo que da sus frutos en la rehabilitación y en la reinserción social de personas con diferentes dificultades. La ONG lleva a cabo un trabajo a consciencia y, según comentó Marcos Palavecino, “nos ocupamos de personas de todo tipo de edades y de todo tipo de dificultades sociales”. Las rescatan y les vuelven a brindar una nueva oportunidad de llevar una vida digna.
“La conexión con Coronel Suárez se concretó mediante la Comunidad Cristiana – Hogar Betiana” –contó Néstor Alebuena-. “Hicimos todo lo posible para que nos visitaran y así poder intercambiar experiencias de vida, para que los jóvenes vieran y vivieran otro tipo de realidad social”.
Es importante citar que la comunidad que integra Néstor Alebuena, está realizando una enorme labor social en Coronel Suárez. Una tarea que tiene que ver con un compromiso con la solidaridad y el servicio al prójimo.
De esta manera se conjugaron voluntades en beneficio de los que menos poseen. Sobre todo teniendo en cuenta que el grupo que nos visitó fue numeroso y estuvo integrado por chicos y jóvenes de todas las edades.

lunes, 1 de abril de 2013

Ruben Rohwein y Héctor Sauer: ¡Honor y gloria a nuestros héroes!

Hoy es un día especial para la Argentina y, sobre todo, para las colonias. Hoy es el día de rendirles tributo a nuestros héroes. A nuestros vecinos que nos dieron una lección de patriotismo y entrega por los altos valores de la patria. Honor y gloria a Ruben Rohwein y Héctor Sauer.

Rubén Rowhein y  Héctor Sauer (oriundos de Pueblo Santa María)

La rueca


Por Francisco Villaespesa (1877-1936)
La virgen hilaba,
la dueña domía,
la rueca giraba
loca de alegría.

¡Cordero divino,
tus blancos vellones
no igualan al lino
de mis ilusiones!

Gira, rueca mía,
gira, gira al viento,
que se acerca el día
de mi casamiento.

Gira, que mañana
cuando al alba cante
la clara campana,
llegará mi amante.

Hila con cuidado
mi velo de nieve,
que vendrá el amado
que al altar me lleve.

Se acerca: le siento
cruzar la llanura,
me trae la ternura
de su voz el viento.

Gira, gira, gira,
gira, rueca loca,
mi amado suspira
por besar mi boca.

¡Cordero divino,
tus blancos vellones,
no igualan al lino
de mis ilusiones!

La niña cantaba,
la dueña dormía,
la luz se apagaba
y sólo se oía
la voz crepitante
de leña reseca
y el loco y constante
girar de la rueca.

domingo, 31 de marzo de 2013

1 de abril... es el día de las bromas pesadas, según la tradición de los alemanes del Volga


El 1º de abril es para los alemanes del Volga “el día de las bromas pesadas”. Una fecha similar a la conmemoración del día de los Santos Inocentes. En la jornada de hoy se realizan bromas sin ton ni son, que concluyen con la mítica frase “El 1º de abril se manda a los tontos donde se quiere”. De esta manera se inventan pesadas bromas en las que se manda a los amigos a hacer o buscar determinada cosa que no existe o no es tal. ¡¡¡Por eso, amigos, cuidado con las bromas!!! No vaya a ser cosa que nos mandan a buscar carne en un negocio vegetariano.

Y para completar la nota, transcribimos una investigación llevada a caboCharles Panati y publicada en su libro "Las cosas nuestras de cada días":

Del libro "Las cosas nuestras de cada dís"
de Charles Panati

El calendario litúrgico de la Iglesia católica conmemora el 28 de diciembre la matanza de niños perpetrada por Herodes el mismo año en que nació Jesucristo. El Evangelio de san Mateo explica, a este respecto, que el rey Heredes, convencido de que el Mesías acabado de nacer habla de ser proclamado rey y ocupar su trono, quiso suprimir este peligro y ordenó la muerte de todos los niños de Belén y sus alrededores, que contaran menos de dos años de edad. Se dio a estas victimas el nombre de Santos Inocentes, por su imposibilidad de haber pecado a tan temprana edad y por haber muerto en vez de Cristo.
Durante la Edad Media, los auxiliares de las iglesias, muy en especial los monaguillos, conmemoraban esta festividad, aunque el día señalado era entonces san Esteban, e! 26 de diciembre. Se entregaban en los recintos de los templos a una serie de diversiones y bromas, hasta el punto de elegir para aquel día a un pequeño obispo y a un predicador. Las autoridades eclesiásticas, después de haberse cometido algunos excesos, tomaron cartas en el asunto pero sin llegar a atacar a fondo la fiesta en sí. Con la Contrarreforma, estos festejos desaparecieron casi por completo, con la excepción de algunas ciudades de Francia, pero poco a poco arraigó en muchas familias la costumbre de permitir a los niños, y aun a los mayores, toda clase de bromas y engaños inocentes el día de la festividad.
 Actualmente, perdura esta forma de conmemoración, equivalente en sus manifestaciones al 1 de abril en otros países. Se espera la inocentada entre amigos y familiares, e incluso los medios de comunicación (periódicos, radio, televisión) compiten en ofrecer alguna noticia falsa convenientemente aderezada para suscitar credulidad entre algunos y sonrisas entre otros.

EL 1 DE ABRIL  (1564, Francia)

Se han ofrecido muchas y diferentes explicaciones acerca de los orígenes del día primero de abril, algunas de ellas tan fantasiosas como las bromas que se gastan en este día en muchos países. Una explicación popular pero altamente improbable es la de que los enemigos de Cristo intentaron ridiculizarle al obligarle a hacer una inútil serie de visitas a las autoridades romanas, cuando su suerte ya estaba sellada. Los misterios medievales dramatizaron con frecuencia estos hechos, al seguir los pasos de Jesús desde Anas hasta Caifas y desde Pilatos hasta Heredes, para volver de nuevo a Pilatos. (Es interesante observar que en muchas culturas existe una práctica, anterior al cristianismo, que consiste en enviar a algún inocente a cumplimentar encargos inútiles.) Las pruebas históricas más convincentes sugieren que estas bromas propias del día primero de abril tuvieron su origen en Francia, durante el reinado de Carlos IX.
A principios del siglo XVI, en toda Francia se celebraba el día de Año Nuevo el 25 de marzo, con el advenimiento de la primavera. Las celebraciones, que incluían intercambios de regalos, duraban una semana y concluían, con banquetes y fiestas, el 1 de abril. En el año 1564, sin embargo, con la adopción del calendario gregoriano, reformado y más exacto, el rey Carlos proclamó que el día de Año Nuevo se trasladaba al 1º de enero, pero muchos franceses opuestos a este cambio, y otros que meramente lo olvidaron, siguieron con sus festejos y sus intercambios de obsequios durante la semana que concluía el 1 de abril, Los bromistas ridiculizaron este apego de los más conservadores empeñados en mantener la antigua fecha del Año Nuevo, enviándoles obsequios absurdos e invitaciones a fiestas inexistentes. El objetivo de una broma del primero de abril se conocía como “pez de abril”, porque en aquella época del año el sol abandonaba el signo zodiacal de Piscis, y de hecho todo cuanto ocurría el 1 de abril se relacionaba con ese acontecimiento. Incluso Napoleón I, emperador de Francia, fue apodado “pez de abril” cuando se casó con su segunda esposa, María Luisa de Austria, el 1 de abril de 1810.
 Años más larde, una vez acostumbrado el país a la nueva fecha del Año Nuevo, los franceses, muy adictos a las bromas y extravagancias del primero de abril, hicieron de esta práctica toda una tradición a la que se unirían también los italianos. Sin embargo, transcurrirían más de doscientos años antes de que esta costumbre llegara a Inglaterra, desde donde pasaría más tarde a América.

viernes, 29 de marzo de 2013

Luis y Agustín Meier: dos músicos, dos artistas


“Los Pueblos Alemanes y su gente”
 Los mejores recuerdos del tío “Bartolo”. Una entrevista con un sabor a nostalgia. La familia Meier sigue fiel a los principios inculcados por los mayores

Ambos son hijos de don Agustín Meier, un muy querido vecino de Pueblo Santa María, y sobrinos de don Bartolomé Meier, quien luego de dejar el Ejército un buen día se presentó ante su familia con la frase: “voy a hacer una banda de música en Coronel Suárez”. 
Eso fue hace más de 50 años atrás. Si bien a los 10 años de su creación el gestor de tamaña empresa falleció en un trágico accidente, el espíritu que impregnó en ese lapso permitió que la llama de la música siguiera encendida en muchos para canalizarla a través de una banda. 
Luis es el mayor de los hermanos Meier. Agustín es el que le sigue. Por eso a ambos le correspondió el enorme honor de heredar los instrumentos de sus ancestros. Luis el bandoneón de su padre; Agustín el de Bartolo, bandoneones que algunas veces, en las reuniones familiares, permiten que otra vez vuelva a inflarse de sonidos para alegrar el encuentro. 
Agustín estuvo desde el primer día en la Banda, fue uno de los músicos fundadores, y aunque faltó por muchos años finalmente volvió, con más pasión que nunca, para formar parte del grupo.
Luis se incorporó hace apenas 10 años. Era un buen mecánico y cuando al tío Bartolo le decía que quería entrar en la Banda este le contestaba: “vos seguí en lo tuyo, que sos un buen mecánico”. Cuando su padre estaba ya muy mal, a punto de morir, le dijo: “¿no me podrías pasar la habilidad que tenés en las manos para tocar música?”. Don Agustín Meier asintió con la cabeza y parece que ha adquirido esa habilidad. 
Hoy no solo forma parte del grupo donde están sus hijos como músicos miembros, sino que es el que se encarga de entretener los viajes cada vez que salen fuera de la ciudad para presentarse en algún lugar. Es el que ejecutando el bandoneón alegra los trayectos hasta llegar a destino.
Ambos no dejan de hablar y de reírse al acordarse de las anécdotas de los momentos que compartieron con don Bartolomé Meier, el que dicen se ponía muy serio al momento de los ensayos o de las presentaciones de la Banda que había creado, al mejor estilo del Ejército, pero que al instante de cerrar las partituras se transformaba en el tipo más loco y bonachón.

“Chiquita” Meier y sus recuerdos de cómo celebraban la Pascua en su niñez


“Los Pueblos Alemanes y su gente”
 Integrante de una tradicional familia alemana que siente la música en el alma. Sus recuerdos sobre la celebración Pascual de otras épocas.

Este domingo de Pascua el hogar paterno de Pueblo Santa María volverá a recibir a todos los miembros de la familia Meier, hijos nietos y bisnietos de Feliciana Graff y Agustín Meier Schwerdt.
Antes se reunían cada domingo, en una tradición que inauguró Feliciana y que continuó “Chiquita” por muchos años. Pero las ocupaciones de todos hicieron que este encuentro se lleve a cabo en las fechas especiales como estas.
Luego de concurrir a las misas del sábado por la tarde y domingo bien temprano, comenzarán a llegar al hogar familiar para degustar un menú delicioso: habrá un fiambre (que puede ser mayonesa de ave, torre de panqueques, matambre arrollado), luego sopa de gallina con fideos caseros y carne al horno con papas, según anticipó.
A pesar que al principio se negó a hacer la nota porque, aclara, se emociona mucho, finalmente “Chiquita” Meier se dispuso a contar algunas de las vivencias familiares. 
Pertenece a un hogar donde la infancia y la adolescencia fueron muy felices. Donde el padre, Agustín, jamás se mostró enojado, nunca le levantó la voz a alguno de sus hijos. Quien llevaba el rol de mano firme era la madre, Feliciana.
“Chiquita” Meier recuerda luego que “en esos años se iba a los bailes los domingos y el lunes temprano había que volver al campo para las tareas habituales. Cuando la mamá despertaba a todos los hijos a las 7 de la mañana nadie se quejaba, todos prestos, se apuraban a vestirse y a viajar hasta el campo donde les quedaba una mañana de trabajo, las mujeres con las tareas del hogar y los hombres con labores en el exterior. Pero eso sí, luego del almuerzo tenían permiso para dormir una larga siesta para recuperarse de la salida del día anterior”.
Emocionada “Chiquita” siempre tiene presente que cuando su padre se encontraba con sus tíos se saludaban cantando y cada noche, al regreso del trabajo, estaba el sonido del bandoneón o de la verdulera trayendo buenos ritmos para alegría de toda la familia. Es por eso que los Meier son una familia que siente la música en el alma.

La tradición de los huevos de Pascua entre los alemanes del Volga


“El conejo de Pascua traía huevitos multicolores preparados por mamá. Nuestras madres hervían huevos de gallinas durante siete u ocho minutos. Después procedían a pintarlos, dándoles motivos decorativos y muy vistosos. Y pese a que no tenían colorantes ni ningún tipo de pigmentos a su alcance, se las arreglaban muy bien. Por ejemplo, para obtener el color rojo, colocaban a macerar el huevo en agua donde habían hervido remolachas; para obtener el color amarillo, hervían las cáscaras de cebollas; para el color azul, las hojas de malva. Y para que los colores adhirieran perfectamente, agregaban un poco de vinagre a la cocción. Una vez pintados los huevos –tarea que realizaban con primor y mucho arte- los untaban con tocino para lograr un efecto brillante y una mejor presentación”.

Der Osterhas

Los huevos de Pascua formaban una sólida tradición en la colonia, y los traía la liebre pascual (Osterhas). Una antiquísima leyenda cuenta que fue una liebre de campo (no un conejo) la primera, que vio la resurrección del Señor, en aquella madrugada gloriosa de Jerusalén, y valida de la velocidad de sus patas, salió apresuradamente a correr por el mundo anunciando la gran nue¬va. Por eso la liebre, trae un don, si bien extemporáneo, consecuente; los huevos de Pascua, que las madres, en el silencio de la noche pintarán de varios colores, para dejarlos junto a las camas de sus niños, quienes habrán tenido buen cuidado de preparar un nidito de suaves pajas, y de asegurarse que los perros de la casa, quedaran esa noche atados.
Y cuando despierten al día siguiente y vean alborozados el regalo multicolor, la madre les explicará el significado del huevo pascual. Así como el polluelo rompe por propia fuerza la cáscara del huevillo y sale al exterior, vivo, en la misma forma Nuestro Redentor, rompió por propia virtud el cascarón de piedra de su sepultura, para aparecer vivo entre los suyos, en el día de la Resurrección . . .
¡Cuánta Teología en un humilde huevito de colores!...
Y los niños esperarán ansiosos el paso de la liebre familiar de sus campos, arrastrando penosamente una canastilla de vistosos huevitos, como en un cuento animado de Walt Disney.
Buscar el origen de esa tradición legendaria, netamente cristiana, es remontarse al medioevo, en medio de los pueblos sajo¬nes nórdicos, donde su pista se pierde; pero es tanta la fuerza de su simbolismo, que hasta lo han adoptado los pueblos latinos, si bien en forma de huevos de chocolate, como han copiado tantas bellas cosas de los pueblos teutones.

……………………
Orígenes del Conejo de Pascua

Los persas y los egipcios coloreaban los huevos con colores brillantes y luego los comían durante el festejo de año nuevo, que comenzaba en primavera.
Uno de los símbolos más conocidos en Pascua son los famosos "Huevos", que en la antigüedad significaban la fecundación y la nueva vida.
A raíz de esta tradición, se hizo costumbre dar huevos como regalo en los festivales de primavera.
Hoy en día la gente sigue coloreando y decorando huevos de Pascua con distintos símbolos y colores. Uno de ellos es el sol que significa la buena fortuna. También el gallo que simboliza la concreción de deseos y las flores que representan el amor y caridad.
En Grecia, se utiliza mucho el color carmesí en honor a la sangre de Cristo. Una tradición en el festejo de la Pascua de este país es estrechar los huevos pintados de colores variados, tal cual como se brinda con las copas. En algunas Iglesias europeas se realiza una ceremonia en la que se bendicen los huevos, así como los Ramos de Olivo, y acompaña a este acto el dulce canto de un coro de niños.
En Alemania y Austria el Jueves Santo se utiliza el color verde para pintar los huevos. Los alemanes cocinan los huevos y luego quitan su contenido perforándolo con una aguja. Cuando el huevo está hueco los cuelgan en árboles y arbustos durante toda la Semana Santa.
En otros países, como por ejemplo Armenia, también vacían el huevo y en este país en particular, además los adornan con imágenes de Cristo, de la Virgen María y otros diseños religiosos.
Los eslavos pintan los huevos con especiales decorados en oro y plata.
En Inglaterra, en los pueblos de montaña, la celebración comienza en el amanecer del Domingo de Pascua. Hombres y mujeres suben a lo alto para ver nacer el Sol de la Resurrección. Al día siguiente, desde allí hacen desliza huevos de diversos colores que ruedan por las laderas y se pierden entre la vegetación de valles y llanuras.
Los artistas australianos diseñan los huevos con helechos y pequeñas plantas.
Los polacos y ucranianos, en cambio, los decoran con simples diseños y colores. Elaboran los llamados "Pysanki", que son una obra maestra de la habilidad y la mano de obra.
A pesar de todas estas variadas costumbres para adornar los huevos de Pascua que existen en muchos países europeos, la República Checa es el país donde más desarrollada tiene la técnica de ornamentación de los huevos.
El conejo era considerado el animal más fértil y era un signo de nueva vida durante la primavera. Sin embargo, el conejo como símbolo de Pascua fue originado en Alemania. En el 1800 fueron hechos los primeros conejos comestibles de pasta y azúcar.
Los alemanes fueron quienes incorporaron el conejo de Pascua en América del Norte, donde fue ignorado hasta poco después de la Guerra Civil norteamericana. La misma Pascua no era ampliamente celebrada en América hasta después de este tiempo.
El Conejo de Pascua también tiene un gran significado para los niños, quienes creen que el conejo es quien trae el huevo de Pascua. Esta creencia parte de una leyenda que comienza con la historia de una mujer que pintaba huevos para sus hijos en la Pascua y los escondía en nidos. Cuando los niños los encontraron un conejo saltó del nido y pensaron que el conejo les había traído los huevos.
La tradición de los huevos de Pascua

Todo comienza en Semana Santa y culmina con el Domingo de Pascua, que se presenta como una de las más importantes fiestas religiosas.
La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos, una de las conmemoraciones más importantes para la cristiandad. Muchos fieles van a misa con ramos de olivo -símbolo del recibimiento de Cristo en Jerusalén- para que sean bendecidos.
En esta semana se recuerda la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Con el Domingo de Ramos se evocó la entrada de Cristo en Jerusalén. Según la fe católica, el pueblo judío le dio la bienvenida agitando ramos de olivo.
A partir del jueves próximo -día que se conmemora la Ultima Cena- la liturgia religiosa adquiere mayor importancia. El viernes santo se evoca el tormento de Cristo en su marcha hacia el Calvario y el domingo, con la Pascua de Resurrección, se festejará el paso de la muerte a la vida del Hijo de Dios.
La Pascua constituye el fundamento sobre el cual se asienta y gira toda la vida del cristianismo. Es festejada por millones de fieles en todo el mundo y el Papa da la bendición en una misa urbi et orbi desde la Basílica de San Pedro.
Desde los comienzos de la humanidad, el huevo fue sinónimo de fertilidad, esperanza y renacimiento. El huevo adquirió importancia dentro de la mitología egipcia cuando el Ave Fénix se quemó en su nido y volvió a renacer más tarde a partir del huevo que lo había creado en un principio. También los hindúes sostenían que el mundo había nacido de un huevo.
Los huevos de pascua en la antigüedad eran de gallina y de pato, y en la Edad Media les eran regalados a los chicos durante las celebraciones. Al tiempo, los cristianos comenzaron a obsequiarse huevos durante la Semana Santa con regalos y al principio del siglo 19, en Alemania, Italia y Francia, aparecieron los primeros huevos hechos con chocolate con pequeños regalos adentro.
En cuanto a la decoración, los huevos de pascua siempre han representado un desafío para los reposteros. Pero las diversas culturas fueron decorando de manera diferente los huevos. En sus comienzos, eran pintados a mano con colores estridentes que representaban la luz del sol.
Los huevos se hacían uno a uno con un molde prefabricado, lo que dificultaba mucho su elaboración masiva. Los colores estridentes fueron apareciendo con las grandes producciones de huevos, por los años 20 y 30 del siglo XX.

jueves, 28 de marzo de 2013

Así celebraban la Pascua los alemanes del Volga


“La Semana Santa comenzaba con el Domingo de Ramos, cuando se bendecían las palmas y ramos de olivo. Portando esas palmas y ramos se organiza una procesión, en recuerdo de la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. En tanto que durante la Semana Santa propiamente dicha, se celebraban tres ritos solemnes para evocar la pasión, muerte y Resurrección de Jesucristo. El Jueves Santo: la institución de la eucaristía; el Viernes Santo: las lecturas de las Sagradas Escrituras, oraciones solemnes, y la veneración de la cruz rememoraban la crucifixión de Cristo; y el Sábado Santo: conmemoraban el entierro de Cristo; los oficios de vigilia de medianoche inauguran la celebración de la Pascua de Resurrección”. (Memorias de August Brost)

Semana Santa

Durante la Semana Santa, las colonias cambiaban totalmente su aspecto. No se oían los suaves acordes de los “Schnerorgellier” y los colonienses que an¬daban por las calles lo hacían en profundo silencio.
El Jueves Santo, durante la Misa, en que se celebraba la Ultima Cena de Cristo y la ceremonia de lavar los pies para rememorar el lavado de pies de los discípulos de Cristo, el templo quedaba de pronto en silencio y a oscuras: súbitamente los fieles comenzaban a entonar el himno sagrado Gloria in excelsis al tiempo que comenzaban a repicar todas las campanas (que se “volaban” y permanecerían mudas hasta el sábado a la noche, cuando “regresarían”, haciendo el mismo estruendo que ensordecía a toda la colonia). Desde ese momento, solamente las matracas (Klapperer) de los campaneros anunciaban el inicio de la misa, durante los dos días subsiguientes.
El Viernes Santo, los fieles concurrían a misa vestidos de colores oscuros o de negro. Se conmemoraba la muerte de Jesucristo. Era un día dedicado a la penitencia, el ayuno y la oración. La liturgia se componía de cuatro partes diferenciadas: lecturas bíblicas y oraciones solemnes, incluyendo la lectura de la Pasión según san Juan, la adoración de la cruz, la comunión de los fieles y las devociones populares. También se realizaban procesiones por las calles, en las que los niños iluminaban su camino llevando en las manos farolitos (fackellier), adornados con papel crepé, entonando cánticos religiosos y orando devotamente. En muchas esquinas se instalaban pequeños altares preparados por los vecinos.
El Sábado Santo por la noche, se hacía el remedo de quemar a Judas, el traidor de Jesús. Y el Domingo de Pascua se asistía a misa con los corazones alborozados para celebrar la resurrección del Señor.
Al atardecer se organizaban animadas tertulias y bailes. Hecho que se reiteraba los lunes y martes. Siempre con una masiva participación popular.

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Die Klapperer (Antigua tradición de Semana Santa)


“Los chicos de la colonia soñaban con ser "campaneros de Semana Santa" (Klapperer) y hasta los más pequeños importu­naban a sus padres para sonsacarles el permiso, e iban confiados a algún amigo mayor que ellos. Y ahí se desplazaba el grupo, siguiéndole a prudencial distancia los perros fíeles, cuyos amos eran una máquina de ruido. La muchachada se la  pasaba en la calle matraca al hombro, anunciando a viva voz los horarios de las misas, y comunicando que su llamado correspondía a los tres consabidos toques de las campanas, rubricando el pregón con: Zum ersten mal, zum zweiden mal, zum dritten mal!" (¡Primera, segunda y tercera!) y cerrando el todo, con un ensordecedor ruido de los instrumentos especiales”.

Padre José Brendel

Die Klapperer

La Semana Santa llamada aún con el vocablo del alemán an­tiguo Karwoche, tenía a mal traer con mucha anticipación a to­da la muchachada coloniense de los primeros años de las colonias.
Ya meses antes, se trabajaba en la fabricación de matracas e instrumentos de propia invención (Raschpel), para intervenir en la Agrupación de campaneros que suplirían el silencio de las cam­panas entre el Jueves y el Sábado Santo, o como se decía "die Klocken fliegen fort" (se vuelan las campanas).
Llegado el momento, se reunía el grupo en la Parroquia, para ser admitido oficialmente con derechos y obligaciones en la Co­fradía, y para recibir las instrucciones de caso, y presentar al sacerdote las armas de combate, que eran poderosas matracas, capaces de hacer callar a una chicharra. En número de hasta cua­renta se salía a anunciar los diversos actos del programa y el Án­gelus, que era especialmente importante, porque había que le­vantarse de madrugada, recorriendo las calles en penumbras, can­tando el Ave Maria Gracia plena! Con ese motivo, fuera de las horas rituales en el templo, la muchachada se las pasaba en la calle matraca al hombro, anunciando a viva voz los horarios, y comunicando que su llamado correspondía a los tres consabidos toques de las campanas, rubricando el pregón con: Zum ersten mal, zum zweiden mal, zum dritten mal!" (¡primera, segunda y tercera!) y cerrando el todo, con un ensordecedor ruido de los instrumentos especiales.
De madrugada, el punto de reunión era el viejo y abandona­do salón capilla, y allí al alba, y a la luz de una vela, medio dor­midos aún, esperaba la trupp el momento de salida, que daría el Schulmeister. El salón distaba un buen tiro de honda de la iglesia, lo que atemperaba el bullicio de los muchachos, a pesar de los que gritaban más, exigiendo a veces la dictatorial intervención del Padre, con algún "sopapo" perdido, con lo que a la postre no se remediaba nada.
Los chicos de la colonia soñaban con ser "campaneros de Semana Santa" (Klapperer) y hasta los más pequeños importu­naban a sus padres para sonsacarles el permiso, e iban confiados a algún amigo mayor que ellos. Y ahí se desplazaba el grupo, siguiéndole a prudencial distancia los perros fíeles, cuyos amos eran una máquina de ruido.
Todo ese trabajo —pues no dejaba de serlo— tenía una re­compensa. El Domingo de Pascua y después de la Misa Mayor, volvía a congregarse la trupp, ya fuera de servicio, y arrastrando un carrito no mayor que un coche de bebé, rehacían el habitual recorrido, interesadamente, para recoger su recompensa. Se iba de casa en casa, entrando en todos los patios, para desear las Fe­lices Pascuas a la gente que se divertía con ellos y los esperaba, e inclusive les pedía la repetición de sus pregones, sobre todo el del ÁNGELUS, que cantaban a voz en cuello, mientras el ruido subía en crescendo y al ritmo de las dádivas de monedas y huevitos de Pascua que daban los dueños de casa, y los que al fin del re­corrido, eran repartidos en total entre los componentes de la agrupación.
Ya antes de entrar en un patio, el encargado de las finanzas hacía cálculos de lo que dará Don Fulano, si mucho o poco, y se­gún la intención se atacaba en tono mayor o menor, con todas las repeticiones que se pidieran, y que a veces eran muchas y pro­vechosas. De paso se iba comiendo torta pascual, entre canto y canto, ruido y ruido . . . por primera, segunda y tercera vez…

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Cena aniversario por los 126 años de la fundación de Pueblo San José



Desde hace unos años la comunidad de Pueblo San José se ha propuesto diferenciar el festejo de la fundación de la localidad de las tradicionales Kerb. Por eso cada 13 de abril se llevan a cabo, además del acto protocolar, otras actividades de tipo social

En esta ocasión el aniversario es justo el día sábado y es la Comisión Parroquial de esta Colonia Alemana la encargada de organizar la cena y baile.
Hablamos con Clemente Schwerdt, integrante de la Comisión, quien dijo que la ocasión servirá también para organizar la calefacción nueva que se ha incorporado al salón parroquial, como una de las obras de mejoras que se vienen instrumentando.
La cena será la típica, habrá además buena música para bailar con Fabián Díaz, su grupo y la voz de Silvina. Las tarjetas se venden a $100 por persona y pueden reservarse ante los miembros de la Comisión organizadora.
Los que concurran, además de estar pasando un muy buen momento, estarán colaborando con las obras de mejoras en el salón parroquial.

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miércoles, 27 de marzo de 2013

Elisabeta Perpetua Waimann de Streitenberger luce con orgullo la distinción de Mujer del Año


Elegida por el Pueblo de Coronel Suárez, Elisabeta Perpetua Waimann de Streitenberger, con sus 86 años continúa trabajando para su comunidad.
  
Llegada recientemente de Mar del Plata, aún se emociona por la distinción recibid “Yvonne Trillia de Leschot”, el último 8 de marzo en la ceremonia en el marco del Día Internacional de la Mujer.
a, valorando y agradeciendo el amor de su comunidad que la nominó para el galardón
“Esa noche quedará en el recuerdo de muchos, el homenaje estuvo muy emotivo, especialmente para su familia y para los que la quieren bien. Hoy por hoy, después de dos semanas, la abu sigue cosechando buenos augurios y deseos de todos los que la ven”, expresó Victoria Distel, nieta de doña Elisabeta que gentilmente envió al Intendente Ricardo Moccero la foto de la Mujer Destacada por sus Acciones Solidarias 2013.

Información brindada por la Oficina de Prensa de la Municipalidad de Coronel Suárez.

La anciana hila que te hila en la rueca


Hila que te hila
su vellón de lana,
en la rueca
la anciana.

Hila que te hila,
los recuerdos van,
los recuerdos vienen,
en su memoria.

Hila que te hila,
surca el mar,
llora el adiós,
deja el hogar.

Hila que te hila,
llega a la Argentina
desolada y triste,
y sin embargo no se detiene.

Hila que te hila
su vellón de lana,
en la rueca
la anciana.

Mientras llora su ayer,
su aldea natal,
que dejó allá lejos,
allende el mar.

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martes, 19 de marzo de 2013

Una mujer alemana del Volga fue bautizada como Mala


Un profundo y protocolar silencio reinaba en la sala donde funcionaba la oficina del Registro Civil. Fuera por respeto al lugar y a la investidura de la persona que lo presidía o porque quien se encontraba sentado detrás del enorme escritorio cumpliendo una función que creía fundamental para el gobierno nacional y las futuras generaciones del país sólo hablaba español y el joven que esperaba ser atendido sólo sabía expresarse correctamente en alemán, lo cierto era que podía escucharse nítidamente el zumbar de las moscas que, molestas e insistentes, osaban posarse sobre los pulcros documentos que se encontraban dispersos sobre el escritorio.
El empleado del Registro Civil levantó la miraba, apartando la atención del acta matrimonial que revisaba para posarla sobre el individuo que aguardaba frente a él. Sin intercambiar palabra, supo de inmediato para qué venía. Lo delataba el pequeño bulto, primorosamente envuelto, que la mujer que lo acompañaba traía en brazos, tiernamente acomodado junto a su seno.
-¿Viene a anotar a su hijo?, inquirió sin demasiada gentileza protocolar, dejando en evidencia –mediante una deslucida dicción- que la preparación intelectual distaba mucho de ser no ya la ideal si no la básica para realizar el menester que debía llevar a cabo.
El colono asintió con la cabeza, intimidado quizá, por la actitud presumida y el alarde de autoridad que hacía gala el funcionario de gobierno que, mediante gestos ampulosos y soberbios,  atrajo hacia sí el libro en el que registraba los nacimientos y después de hojearlo con rapidez, lo abrió en dos, comenzando a llenar un acta mientras se formulaba a sí mismo las preguntas de siempre: “¿día? ¿mes? ¿año?”. Mientras de soslayo, y manteniendo una actitud de hombre superior, acorde al estatus social y cultural que en su delirio de poder imaginaba poseer, escudriñaba al padre del recién nacido, que a simple vista se veía que era uno de esos rusosalemanes que unos años atrás colonizaron la región, estableciendo tres colonias. “Lo delata la manera de vestir”, pensó. “Tan anacrónica y particular”. “Y para colmo, no entienden casi nada de castellano. Con suerte, apenas comprenden unas pocas palabras”, reflexionó imaginándose la tediosa labor que le aguardaba.
Sin embargo, el trámite se desarrolló de manera relativamente normal hasta el instante de inscribir el nombre de la criatura.
-¿Nombre de la criatura?, preguntó.
El colono, sorprendido ante el énfasis con que fue formulada la pregunta, respondió en alemán:
-Mole Siebenhardt.
El empleado, habituado a este tipo de contratiempos, descifró el apellido. Lo había escuchado en más de una ocasión. Pero el nombre le resultó totalmente desconocido.
-¿Cómo dijo?,  insistió mirándolo fijamente a los ojos.
-Mole Siebenhardt, volvió a ratificar el hombre en alemán.
Viendo que resultaba inútil persistir en el intento de entender el nombre, bien porque el rusoalemán no sabía  expresarlo en español, lo que era probable, o porque se sintiera cohibido ante su aplomo y viril autoridad, lo que también era posible, dado el aislamiento en que viven en sus colonias y el total desconocimiento que tienen de las leyes argentinas, el empleado del Registro Civil optó por escribir en el acta de nacimiento lo que creyó justo o lo que imaginó comprender, y se abocó, fastidiado con la falta de cultura de los inmigrantes que, según él, invadían el país, a continuar con el trámite. No sin antes esbozar una leve sonrisa de superioridad. Sin sospechar siquiera el ridículo que estaba haciendo y que su ineptitud quedaría para siempre en evidencia en el acta que estaba confeccionando. Porque desde ese día, la  niña que sus padres bautizaron como Amalia, pasó a quedar registrada como Mala. El funcionario, que no conocía ni una sola palabra de la lengua alemana, pese a atender diariamente a infinidad de descendientes de alemanes del Volga y a convivir con ellos, jamás se enteró, por ignorancia intelectual y prejuicios étnicos, de la barrabasada que cometió al confundir un sustantivo propio con un adjetivo común y corriente.

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