Maultasche, Wickel Nudel, Kleis,
Füllsen, Strudel, Kreppel… y mil delicias más. Sabrosas comidas que se
cocinaban en la cocina a leña. Ricos platos que preparaban nuestras madres o
abuelas y que hoy todos conservamos en nuestra memoria o podemos recuperar,
gracias al libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”, que rescata para
siempre más de ciento cincuenta recetas tradicionales de nuestros antepasados.
Lo pueden adquirir desde cualquier lugar del país de forma muy sencilla. ¡No se
lo pierdan! Para más datos de cómo adquirirlo escribir al siguiente correo electrónico:
juliomelchior@hotmail.com.Historia, costumbres y tradiciones de los alemanes del Volga. Investiga y escribe: Julio César Melchior
Rescata
Para más información pueden comunicarse al WhatsApp: 2926 461373 o al Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com
sábado, 14 de marzo de 2020
¿Qué comidas recuerdan de la infancia?
Maultasche, Wickel Nudel, Kleis,
Füllsen, Strudel, Kreppel… y mil delicias más. Sabrosas comidas que se
cocinaban en la cocina a leña. Ricos platos que preparaban nuestras madres o
abuelas y que hoy todos conservamos en nuestra memoria o podemos recuperar,
gracias al libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”, que rescata para
siempre más de ciento cincuenta recetas tradicionales de nuestros antepasados.
Lo pueden adquirir desde cualquier lugar del país de forma muy sencilla. ¡No se
lo pierdan! Para más datos de cómo adquirirlo escribir al siguiente correo electrónico:
juliomelchior@hotmail.com.Mi bisabuelo un día llegó a su nueva tierra
Descendió del tren en la estación
de Coronel Suárez, donde lo esperaba un familiar. Mi bisabuelo y sus hijos
ayudaron a descender y volver a cargar, ahora en carro tirado por dos caballos,
los baúles. Cuando terminaron con la tarea y de saludarse efusivamente con el
conductor, ascendieron y se sentaron dónde y cómo pudieron.
Emprendieron la marcha
conversando animadamente. Mi bisabuelo contando novedades de la aldea que había
dejado atrás para siempre y el auriga
refiriendo los avances que estaban obteniendo los colonos en el sitio elegido
para levantar un nuevo pueblo. El primero hablaba con palabras impregnadas de
llanto y el segundo, con una voz que desbordaba entusiasmo.
Recorrieron
un sendero apenas marcado por las huellas de las ruedas de los carros de las
personas que se animaban a transitar por esos caminos olvidados, después de que
un grupo de colonos se animaran, a fundar un pueblo, no lejos de allí, en el
medio de la nada, entre malezas, alimañas y el rumor de aborígenes rondando en
el horizonte, tal vez esperando la oscuridad de la noche y la profundidad de la
madrugada para atacar y asesinar a todos.
Mi
bisabuelo oteó lejos y por fin descubrió un caserío. Unas pocas viviendas de
adobe, una enorme cruz de madera, aguardando ser reemplazada por una iglesia,
un pequeño cementerio y parcelas de terreno con flores, huertas y trigo.
Había llegado a Kamenka, futura Colonia Tres, futuro Pueblo Santa María. Autor: Julio César Melchior.
Había llegado a Kamenka, futura Colonia Tres, futuro Pueblo Santa María. Autor: Julio César Melchior.
viernes, 13 de marzo de 2020
Se agotaron los libros del escritor Julio César Melchior en la reciente Strudelfest
Fuente: lanuevaradiosuarez.com.ar
Se agotaron dos de los
libros del escritor de Pueblo Santa María. El de gastronomía alemana, y el de
historia de los alemanes del Volga.
Consultado, Julio César
Melchior se refirió a esto que es una verdadera alegría.
“Nos fue muy, muy bien. Más
allá de todas las expectativas que teníamos y lo que habíamos planeado. Nos fue
espectacularmente bien. Así que estoy muy contento y dispuesto a seguir
trabajando, como siempre. Porque esto renueva energías, recarga baterías y te
alienta a seguir trabajando. También es la cosecha de tantos años de trabajo”.
Cuenta que el libro
sobre gastronomía alemana, “está prácticamente agotado”, es decir, quedan muy
poquitos ejemplares. Y el de Historia…, “estamos en cero, se agotó totalmente.
El libro ‘Vida privada de la mujer alemana del Volga’ también está muy cerca de
agotarse. Y quedan muy pocos ejemplares de ‘La infancia de los alemanes del
Volga’”.
Agrega el autor de este
fructífero trabajo literario que “nos fue muy bien. Aparte, veníamos de un
proceso este último año, pese a toda la situación económica difícil, en cuanto
a la venta de libros y repercusión de los trabajos, muy, muy bueno. Esta última
edición de la Strudel Fest es como que ratificó todo lo que veníamos haciendo y
logrando a lo largo del año. Terminó por cerrarlo y por agotar los libros que
aún nos quedaban”.
¿Quiénes comparan sus
libros? ¿Por qué los compran? Estas preguntas no son al azar, sino que sirven
para graficar un éxito creciente del escritor de Santa María.
“Si bien, por lógicas razones,
son muchos los descendientes de alemanes del Volga que adquieren los libros,
sobre todo, personas mayores que buscan reencontrarse con sus raíces, con cosas
que alguna vez vivieron, también los muy jóvenes que buscan conocer su
historia. Pero, en estos últimos años, también me ha pasado mucho que los
libros son adquiridos por personas que no tienen absolutamente nada ver con la
historia y la cultura de los alemanes del Volga. Los buscan por una cuestión
histórica, literaria, académica, porque les interesa el tema; para las tesis de
las universidades. Y el de gastronomía lo adquieren chicos de todo el país que
están estudiando Chef. Los libros, todos, trascendieron lo que tiene que ver
con los alemanes del Volga. Eso hace que, año a año, la repercusión crezca y se
vendan cada vez más rápido” expresó Julio Cesar Melchior.
Y por supuesto, ya está
pensando en nuevas reediciones, en virtud del gran interés que despiertan y lo
valioso que son estos libros para recuperar la historia, tradiciones y cultura
de los alemanes del Volga.
miércoles, 11 de marzo de 2020
Infinitas gracias a todos por el enorme éxito que cosecharon mis libros durante la Strudelfest
Infinitas gracias a todos por el enorme
éxito que cosecharon mis libros durante la Strudelfest y felicitaciones a las
instituciones que organizaron el evento, que resultó un suceso multitudinario.
Todos juntos trabajando para mantener viva nuestra identidad cultural e
histórica.
Gracias a todos los que se acercaron al
stand a adquirir mis obras y sumarse al proyecto cultural de mantener viva la
memoria de nuestros antepasados. Fue un éxito tan espectacular, que no
solamente nos sorprendió y alegró profundamente, sino que también se
agotaron varios de mis libros. Un momento de felicidad más, en este recorrido
que ya lleva veintiséis años de trabajo ininterrumpido dedicados a rescatar,
revalorizar y difundir la historia y cultura de nuestros ancestros.
Nuevamente gracias! Infinitas gracias
por tanto éxito y tanto afecto que me vienen brindando a lo largo de todos
estos años de labor.
viernes, 6 de marzo de 2020
Durante la 5ta. Strudelfest vamos a estar sorteando cuatro libros sobre los alemanes del Volga
Durante la 5ta. Strudelfest vamos a estar
sorteando cuatro libros sobre los alemanes del Volga en mi stand. Del sorteo
podrán participar todos los lectores que adquieran algún ejemplar de mis
libros. Los esperamos!!! No se pierdan esta oportunidad!!!
Sortearemos
los siguientes premios:
Primer premio: " Lo que el
tiempo se llevó de los alemanes del Volga " y "Letanías post
mórtem".
Segundo premio: "La infancia
de los alemanes del Volga" y "Letanías post mórtem".
No
dejen de visitarnos y participar de estos premios.
Los
libros que vamos a tener a la venta son: "La vida privada de la mujer
alemana del Volga", "La gastronomía de los alemanes del Volga",
"Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga", " La
infancia de los alemanes del Volga", "Historia de los alemanes del
Volga", "Letanías post mórtem".
No se
pierdan esta extraordinaria fiesta tradicional de los alemanes del Volga, que
se llevará a cabo durante este fin de semana en Pueblo Santa María, Partido de
Coronel Suárez, Provincia de Buenos Aires, y en la que se desarrollarán
multitudinarios eventos culturales, musicales y sociales, con la elaboración
del Strudel gigante y la presentación de números musicales de renombre
nacional.
Recuerdos que nunca debemos olvidar
Las mesas largas con
sus sillas de madera, las cocinas a leña, el sabor y el aroma de las comidas
tradicionales, el amor de mamá y papá cuidándonos en las largas noches de
invierno, cuando nos enfermábamos, la abuela cantándonos el “Tros tros,
Trillie” y el abuelo tocando la acordeón… Los casamientos de antaño, que se
prolongaban durante casi una semana, la misa de los domingos, los almuerzos
interminables… Y el recuerdo de los que ya murieron pero nunca se fueron de
nuestro corazón… Todo eso y mucho más, en el libro “Lo que el tiempo se llevó
de los alemanes del Volga” y "La infancia de los alemanes del Volga",
que se pueden adquirir desde cualquier lugar del país.sábado, 22 de febrero de 2020
Receta de Kartoffel und Klees
Preparación:
Colocar en un bol ½ kilo de
harina, agregar el huevo, el agua y pizca de sal; mezclar bien todos los
ingredientes hasta obtener una masa liviana y dejar descansar ½ hora
aproximadamente. Cortar las papas en dados y ponerlas a hervir. Luego tomar la
masa con las manos y cortar pequeños trocitos, dejándolos caer directamente
dentro del agua, que debe estar en plena ebullición. La cocción de los Klees es
de 5 minutos aproximadamente. Pasar todo por colador para que escurra bien. Se
puede servir con chucrut, con pedacitos de panceta dorados previamente en
aceite, con crema o con huevo batido.
Esta y 150 recetas más, todas tal
cual las elaboraban las abuelas, las encuentran en el libro "La
gastronomía de los alemanes del Volga", que pueden adquirir desde cualquier punto del país, escribiendo al correo electrónico juliomelchior@hotmail.com.
Eran otros veranos, los veranos de nuestra niñez
Durante el verano, a las mañanas, bien temprano, con el
amanecer, y al atardecer, junto con el sol que se iba a dormir en el horizonte,
las madres y los niños de la casa, sin importar edad ni sexo, regaban la
huerta, llevando y trayendo enormes baldes desde la bomba de agua hasta la
quinta. Las verduras y hortalizas florecían y producían por doquiera. Había
abundante cantidad de tomates, pepinos, zapallitos, lechuga, repollo, decenas y
decenas de cosas ricas que mamá y la abuela transformaban en sabrosas
comidas o ensaladas o en conservas y dulces que almacenaban en los sótanos para
el invierno. Me acuerdo del dulce de zapallo y tomate, entre varios otros, que
cocinaban sobre la cocina a leña y envasaban en frascos de todos los colores y
tamaños que juntaban a lo largo del año para estos menesteres.
Los niños y las niñas ayudábamos sin quejarnos
ni lamentarnos jamás. Para nosotros nunca representó un trabajo regar la quinta
todas las mañanas y todas las tardes. Lo tomábamos como una obligación, es
cierto, pero también como un juego, un momento en que todos los hermanos
estábamos juntos, con mamá y, a veces, también con papá, riendo, conversando,
en ocasiones haciendo travesuras, como arrojarnos un balde lleno de agua.
Todavía la recuerdo a mamá retando a mi hermano porque me empapó o porque me
puso el pié mientras corríamos hacia la bomba compitiendo para ver quién
llegaba primero para sacar agua y volver a llenar el balde.
Eran otros veranos, los veranos de mi niñez.
Iguales a los de muchos de ustedes que leyeron estas líneas… ¿No es cierto?
Nuestras abuelas tienen mucho para contarnos
Nuestras abuelas tienen mucho para contarnos y este libro
rescata su memoria y la graba en el recuerdo para siempre. “La vida privada de
la mujer alemana del Volga”, tiene en sus páginas la voz de nuestras abuelas,
esas grandes mujeres que también hicieron historia y nos legaron una herencia
cultural que nosotros tenemos el deber de conservar para siempre.Por el orgullo de nuestra cultura y nuestras tradiciones
Por el orgullo de mi
crianza, de mi infancia y juventud, por mi pueblo y su gente, por mis padres y
abuelos, es que quise y quiero dar a conocer la historia y cultura de este
pueblo que acunó a tantos hombres y mujeres dignos de ser conocidos. Por el trabajo
y el sacrificio que marcó su historia, por la lucha y la esperanza. Por el
orgullo de su cultura y sus tradiciones, que son las mías. Por todo esto, es
que escribí libros que abarcan distintos aspectos de esta cultura digna de ser
conocida y difundida, para que no se pierda en el olvido y viva de manera
permanente en la memoria de sus descendientes y de todos aquellos que deseen
aprender de su legado y admirar su pasado, lleno de buenos ejemplos y de
epopeyas dignas de imitar.jueves, 20 de febrero de 2020
El 21 de febrero se cumplen 55 años de la entronización de la Virgen de Fátima en la gruta ubicada en la rotonda de ingreso a Pueblo Santa María
La imagen de la Virgen de Fátima fue traída
desde Portugal por el padre Juan Peter, un sacerdote que es recordado no
solamente por las obras que plasmó sino también por haber sido un gran
benefactor de la localidad. Por tal motivo, el domingo se llevará a cabo una
procesión y posterior misa de acción de gracias, para agradecerle a la virgen
las bendiciones recibidas a lo largo del año, tal cual se viene haciendo desde
aquel lejano 21 de febrero de 1955, en que se llevó a cabo la ceremonia de
entronización. Siendo una tradición que se mantiene inalterable a lo largo de
los años.
Haciendo un poco de historia, hay que
rememorar que durante los primeros años de la década del '60, profundizándose
aún más a lo largo del año 1962, la zona fue asolada por una de las sequías más
devastadoras de las que se tengan registros.
Los productores agropecuarios
cansados de tanto mirar el cielo en vano, fueron a ver al párroco Juan Peter
que, conjuntamente con toda la feligresía, se encomendaron a la virgen,
haciendo la promesa que si llovía, iban a construir una gruta en su honor.
El padre Peter, impulsor de la
idea, trajo desde Europa una imagen de la Virgen de Fátima, directamente desde
el lugar donde está ubicado el Santuario de la Virgen de Fátima, en Portugal,
que luego fue emplazada en la Gruta, construida en el acceso a Pueblo Santa
María, y consagrada un 21 febrero de 1965, con multitudinaria y solemne
procesión que partió desde el frente de la iglesia y recorrió los tres
kilómetros hasta el lugar a pie, con carrozas alusivas y llevando las
maquinarias que en aquel entonces eran de uso común en el campo, además de los
frutos que producía la tierra, para ofrendarlos en señal de gratitud por la
lluvia recibida.
Oscar Baumgaertner, fiel custodio
de la Gruta, que la visita diariamente y la mantiene en perfectas condiciones,
recordó alguna vez "que la imagen fue traída por el padre Juan Peter,
quien en un viaje que realizó a Alemania, a su vuelta a la Argentina, pasó por
Portugal y trajo esta imagen de allí, original, ya que en su base tiene tierra
de Portugal. Fue entronizada el 21 de febrero de 1965. Veníamos de una sequía
importante, cuando el padre Peter dijo a los colonos que tenían que pedirle
ayuda a la madre de Dios, a Santa María. Llegó la lluvia y la promesa había que
cumplirla, de levantarle a la Virgen un santuario a la entrada del pueblo,
donde está hasta el día de hoy”.
Oscar Baumgertner también
recuerda en una nota que le realizó La Nueva Radio Suárez, que "costó
mucho ingresar la imagen de la Virgen al país, porque cuando llegó a la Aduana
no pudo ser ingresada porque en aquellos tiempos ya se hablaba de la droga.
¿Qué tuvieron que hacer? Abrir la parte de la cabeza, que hasta el día de hoy
se puede ver, para ver que en su interior no traía nada extraño.
"Lograr que la Aduana
liberara la imagen y permitiera su tránsito hacia Pueblo Santa María fue el
resultado de gestiones del escribano Domingo Nicolás Moccero” - revela Oscar
Baumgertner.
Y concluye que la Gruta de Fátima
tiene dos hermosos murales pintados en sus paredes laterales. Las mismas son
obras del recordado artista plástico de la localidad, don Salvador Schneider,
que fueron plasmadas hace muchos años, y restauradas por la artista plástica
Karina Schwert.
Dato
histórico adicional
El constructor de la Gruta fue don Pedro
Schmidt, oriundo de Pueblo Santa María, quien no sólo profesaba una profunda fe
cristiana sino que además tenía cercanía con el clero y principalmente con la
congregación del Verbo Divino, lo cual hizo que fuera el constructor de muchas
de las obras arquitectónicas que levantaron los sacerdotes en la colonia. La
familia cuenta que también trabajó en la ampliación de la Iglesia ‘Natividad de
María Santísima’ y en la Escuela Parroquial Santa María y participara en la
edificación de obras en Pueblo San José.
Manteniendo
vigente la tradición
Como se viene llevando a cabo desde hace ya 55
años, este domingo se llevará a cabo una nueva procesión a la Gruta de Fátima
en señal de agradecimiento por los dones recibidos. A las 17:30 partirá una procesión
desde el frente de la iglesia y posteriormente, a las 18:30, se celebrará la
misa en la Gruta. Seguramente volverá a ser acto de fe
multitudinario.
miércoles, 19 de febrero de 2020
Recuerdos que nunca debemos olvidar
Las mesas largas con sus
sillas de madera, las cocinas a leña, el sabor y el aroma de las comidas
tradicionales, el amor de mamá y papá cuidándonos en las largas noches de
invierno, cuando nos enfermábamos, la abuela cantándonos el “Tros tros,
Trillie” y el abuelo tocando la acordeón… Los casamientos de antaño, que se
prolongaban durante casi una semana, la misa de los domingos, los
almuerzos interminables… Y el recuerdo de los que ya murieron pero nunca se
fueron de nuestro corazón… Todo eso y mucho más, en el libro “Lo que el tiempo
se llevó de los alemanes del Volga”, que se puede adquirir desde cualquier
lugar del país, comunicándose a juliomelchior@hotmail.com.
miércoles, 12 de febrero de 2020
Homenaje a los alemanes del Volga de Entre Ríos
Vestían prendas
oscuras y sobrias a la moda de siglos pretéritos. Lucían cabellos rubios
y ojos celestes como el cielo. En las manos llevaban una Biblia y un rosario.
En los baúles traían materiales de labranza. Hablaban en alemán.
Asombraron a todos. ¿Quiénes eran estos rusos que hablaban entre ellos en
alemán y vestían de manera tan anacrónica?
Llegaron a la
provincia de Entre Ríos a colonizar tierra virgen e indómita y con la ilusión
de forjar los destinos de una nueva patria. Fundaron aldeas. Construyeron
iglesias. Abrieron caminos. Sembraron valles y valles de trigo.
Implantaron sus costumbres. Soñaron. Transformaron en realidad sus quimeras.
Cosecharon.
El tiempo pasó.
Llegaron los hijos. Luego los nietos. Las aldeas crecieron. Las familias se
multiplicaron y echaron raíces, cuyos árboles dieron buenos frutos: médicos,
abogados, maestros…
Entre Ríos comprende que sin
ellos ya no sería Entre Ríos. En las venas de su historia social, económica y
política, corre sangre de inmigrantes alemanes del Volga, esos mismos alemanes
tímidos pero aguerridos para el trabajo, que un día arribaron de la lejana
tierra de los zares para empezar una nueva vida. La provincia les debe mucho a
estos entrerrianos de alemanes de cabellos rubios y ojos celestes. Les debe
muchas páginas de su epopeya agraria y su grandeza agrícola.
martes, 11 de febrero de 2020
¡Nuestra identidad!
Bajaron del barco.
Viajaron en tren. Llegaron a sus colonias. Levantaron sus casas de adobe.
Sencillas y humildes. Ladrillo sobre ladrillo. Esfuerzo sobre esfuerzo. Araron
la tierra. La sembraron. Cosecharon. Y la volvieron a arar, sembrar y cosechar.
Hicieron todo eso y mucho más. Lo hicieron sin conocer una sola palabra de
español. Hablaban, cantaban y rezaban en alemán. Y la nueva patria y Dios
los entendieron y comprendieron. La Argentina los cobijó dándoles la
oportunidad de un destino de prosperidad y Dios los protegió llenándoles las
almas de gracia y las manos de abundancia.
Con el transcurso de
los meses nacieron los hijos. Con los hijos surgió un hogar. Con el hogar una
comunidad. Con la comunidad una colonia. Y con la colonia una iglesia, una
escuela, almacenes de ramos generales…
Y llegaron más
familias. Y la colonia creció. Se levantaron casas de ladrillo, grandes,
hermosas, con jardines. Se embriagaron de lujo. Nació el deseo de tener dinero.
De poseer cosas materiales. Floreció el ansia de poder. Se formaron clases
sociales. Ricos muy ricos y pobres muy pobres. Unos pocos pudieron estudiar.
Muchos tuvieron que comenzar a trabajar desde niños. Se acrecentó la
desigualdad. Se perdieron tradiciones, costumbres… Se olvidó el origen.
Empezó a desaparecer el idioma. La identidad tambaleó.
Hasta que un día unos
pocos comprendieron lo que estaba sucediendo: las raíces culturales morían.
Había que hacer algo. Y esos pocos hicieron. Y todavía están haciendo.
“Hay que conservar lo que aún tenemos y rescatar lo que ya perdimos”,
decidieron. Eran pocos, es cierto. Pero su trabajo está dando frutos. La
identidad se está recuperando. Están volviendo a ser lo que nunca debieron
dejar de ser: alemanes del Volga. Descendientes de inmigrantes de alemanes de
una aldea del Volga, con sus costumbres, tradiciones, cultura e historia. En
suma: ¡con su identidad! ¡Nuestra identidad!
domingo, 9 de febrero de 2020
Un libro que rescata la vida de las mujeres alemanas del Volga, con su historia cotidiana, sus costumbres y sus tradiciones, tanto familiares, como sociales y religiosas
Para poder conocer el
mundo que habitaba la mujer alemana del Volga de las aldeas de antaño, bucear
en las profundidades de sus secretos, desentrañar sus misterios, sus miedos,
sus creencias y todo de lo que en aquellos tiempos no se hablaba y era tabú, no
dejen de leer el libro "La vida privada de la mujer alemana del
Volga" que cuenta todo lo que por años se mantuvo oculto. jueves, 6 de febrero de 2020
Cinco libros que rescatan y preservan la historia, costumbres y tradiciones de los alemanes del Volga
Mis cinco
libros de los alemanes del Volga, cuyos títulos son: “La gastronomía de los
alemanes del Volga”, “Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga”, “La
vida privada de la mujer alemana del Volga”, “Historia de los alemanes del
Volga” y “La infancia de los alemanes del Volga” los pueden adquirir en pueblo
Santa María, partido de Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires y en el
barrio de Belgrano en Capital Federal. Además llegan a domicilio por correo a
cualquier punto del país. Para cualquier información comunicarse a la dirección
de correo electrónico: juliomelchior@hotmail.com.
El adiós a la aldea natal
Guardó sus enseres de cocina en los baúles al igual
que la ropa de cama y las prendas de vestir. Es imposible llevarlo todo. Sobran
platos, vasos, ollas, mantas, sábanas. Tantos años ahorrando y cuidando las
cosas. ¿Para qué? Para ahora terminar malvendiéndolas o regalándolas a las
familias que no quieren, no pueden, o tienen temor de marcharse. Es muy poco lo
que se puede cargar en el carro, menos aun lo que se va a poder subir al tren,
y menos todavía lo que se va a poder llevar como equipaje al ascender y ocupar
los diminutos espacios disponibles en el barco. Todo es así de injusto si se viaja
entre en el pasaje que ocupan los que huyen del hambre, de las persecuciones,
de las guerras, de la muerte, de los que son fáciles de estafar y engañar
porque ya no tienen opciones.
La familia termina de cargar los baúles en el carro.
La pareja asciende y se sienta en el pescante. Los niños dónde pueden. Todos
están tristes. La mujer llora. El hombre mira el camino. Una larga distancia a
recorrer los espera. Es duro el adiós y será doloroso el desarraigo y eterno el
recuerdo. Jamás olvidarán la aldea, el río Volga y a sus familiares y amigos
que los despiden con el alma desbordada de llanto.
El hombre agita las riendas, los caballos relinchan, y
empiezan a andar. Lentamente la historia que escribió la familia en las aldeas
del río Volga va quedando atrás. Los espera la Argentina. Autor: Julio César
Melchior.
lunes, 3 de febrero de 2020
Se viene la quinta Strudel Fest, el 7 y 8 de marzo, en Pueblo Santa María, con acceso libre para todo público
Fuente: lanuevaradiosuarez.com.ar
Pueblo
Santa María se prepara para un gran acontecimiento. Dos días plenos de
actividades tradicionales que incluyen elaboración y degustación de un Strudel
gigante, concurso gastronómico, degustación de gastronomía alemana,
espectáculos artísticos, danzas típicas, paseo de artesanos, recorridos
turísticos y el Strudel Rock, con la estelar presentación de Turf. Todo absolutamente
gratuito.
Se viene la
Strudel Fest en su quinta edición, con acceso libre para todo público, el 7 y 8
de marzo en el Pueblo Santa María.
Se elaborará
un Strudel gigante y habrá un concurso gastronómico, con degustación de
gastronomía alemana, espectáculos artísticos, danzas típicas, paseo de
artesanos, recorridos turísticos y el Strudel Rock con la estelar presentación
de Turf. Todo gratuito.
El sábado 7,
a las 15 hs., apertura del paseo a lo largo de toda la Avenida 11 de Mayo. A
las 19 hs., el concurso “Mejor Strudel de Santa María 2020” y se habilita el
museo para visita del público y la Strudel Rock con la actuación de Cínicos
Coyotes a las 20 hs., luego Raúl Benítez, a las 20:30 hs. J.A.M.A.S y a la
medianoche Rey Garufa.
El domingo
8 de marzo, a las 11:30 hs. será la inauguración oficial con la presencia de
las autoridades y la Banda Municipal. Habrá almuerzos populares y mucho más en
gastronomía.
Se elaborará
un Strudel gigante y habrá un concurso gastronómico, con degustación de
gastronomía alemana, espectáculos artísticos, danzas típicas, paseo de
artesanos y recorridos turísticos.
Más tarde
sigue la gran fiesta con los Alegres del Volga, danzas con el Ballet Alles
Froh, adultos mayores de Santa María y su ballet, música alemana con Gonzalo
Berger, Darío Franco y Dany Schwerdt, a las 21 hs. actuará Turf y el cierre
será con el gran baile popular del Grupo Revelación.
domingo, 2 de febrero de 2020
Una costumbre ancestral: la tradición de tener las gargantas bendecidas
Para los
habitantes de los pueblos alemanes hoy se lleva a cabo una importante
celebración litúrgica: la fiesta de San Blas, la tradición de tener nuestras
gargantas bendecidas. Para ello, el sacerdote consagra dos velas, por lo
general con una oración, y luego coloca las velas en una posición cruzada en la
garganta de la persona que está siendo bendecida. San Blas es el santo de las
personas con enfermedades de la garganta y era conocido por su don de curación
milagrosa. Salvó la vida de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta
una espina de pescado. Este es el origen de la costumbre de bendecir las
gargantas el día de su fiesta. Murió mártir en el siglo IV.sábado, 1 de febrero de 2020
Tros, tros, trillie, la canción que nos cantaban nuestras abuelas
Tros tros trillie, es
la canción que nos cantaban nuestras abuelas en la niñez y es quizás, la más
popular de todo el repertorio musical que nos legaron nuestros ancestros. La
versión que publicamos, fue tomada del libro “La infancia de los alemanes del
Volga”, del escritor Julio César Melchior, recientemente publicado, dónde se
podrán encontrar varias versiones más, rescatadas y reconstruidas para que no
se pierdan en el olvido.
Tros, tros, Trillie
Tros, tros, Trillie,
der Bauer hat ein Fihllien,
des Fihllien kandt net
laufen (1 ),
des Fihllien muss mer tragen,
pum, pum,
leits in grobe.
Arre, arre, caballito
Arre, arre, caballito,
el campesino tiene un potrillito,
el potrillito no puede caminar,
el potrillito tiene que ser cargado,
pum, pum,
cae en la zanja.
(1) Las traducciones se mantienen fieles a la lengua que utilizan en su habla cotidiana los descendientes de alemanes del Volga.
miércoles, 29 de enero de 2020
Un pedazo de la aldea en el alma
Llevaba un pedacito de cielo de
la aldea apretujado en el alma, escondido en la nostalgia de esos ojos
iluminados con el color de las aguas del río Volga, el día que se casó en la
colonia, en la Argentina, quince años después de haber emigrado de la aldea en
que nació.
Aún llevaba impregnado el aroma
de las estepas y el perfume de la primavera, cuando el deshielo da paso a las
flores.
Tenía
en la garganta apretado el adiós, hecho un nudo de tristeza, llanto y nostalgia.Los labios secos de tanto besar a su madre y a su
oadre el día que se fue para no regresar jamás.
Nació a orillas del río Volga en Rusia, y se casó a
orillas del arroyo Sauce Corto, en la Argentina.
No estaban presentes ni su padre ni madre. (Autor:
Julio César Melchior).
lunes, 20 de enero de 2020
A la memoria de mi abuelo
Cuando el abuelo envejeció, la
memoria se le llenó de recuerdos y la nostalgia anidó en su alma como un pájaro
herido. Los ojos profundamente celestes se colmaron de melancolía y el rostro
se le pobló de finísimas arrugas. El cuerpo cedió y se encorvó como un árbol
centenario inclina su tronco al paso de los años. Sus manos temblaban y sus
movimientos eran inseguros. De tan frágil que era, siempre había que velar por
su salud. Demasiado frío, le hacía mal. Demasiado calor, también. De la comida,
ni que hablar... nada de sal, poca carne, mucha verdura... y sin embargo, jamás
se quejó. Aceptaba la realidad tal como era. Poseía una enorme fortaleza y un
arraigado orgullo bien entendido. "Muss mer alles nehme wis kommt",
decía. "Der Herr Gott wos wasser macht". (“Se debe tomar todo como
viene” – “Dios sabe lo que hace”).
El abuelo era comprensivo y noble
y nos llenaba el alma de historias. Sentado sobre su falda aprendimos que
existe un río lejano y misterioso llamado Volga y una aldea de ensueño donde él
nació. Nos enteramos que un día se hizo a la mar para venir a la Argentina.
Supimos de su secreta tristeza y de su hondo dolor, porque allá, allende el
mar, quedó sus parientes, que nunca volvió a ver. Y nos emocionamos
escuchándolo cantar melancólicas canciones que hablaban de amores imposibles,
de despedidas y adioses permanentes.
El abuelo era dulce y tierno.
Sabía comprendernos y era nuestro compinche cuando había que guardar un
secreto, sobre todo si cometíamos alguna diablura de la que no tenían que
enterarse mamá ni papá. Compartía nuestros juegos, nos enseñaba juegos nuevos,
y nos miraba hacer la tarea, satisfecho de que sus nietos pudiéramos estudiar y
ser alguien en la vida. Ya que el pobre abuelo solamente había podido estudiar
hasta segundo grado y por eso, apenas si sabía leer y escribir. Pero eso no nos
importaba, sabíamos que él era un hombre bueno y que era el mejor abuelo del
mundo. Con el tiempo aprendimos que el poseía el más sabio de los conocimientos,
que es la sabiduría que da la vida.
Estábamos tan unidos al abuelo
que nunca pensamos que un día tendríamos que separamos: aún éramos muy niños
para saber que hay una ley de la vida que dice que toda existencia humana tiene
un límite y que ese límite es la muerte.
Y un día nos despertamos con la
noticia de que el abuelo había fallecido. El mundo mágico, ese universo de
cristal y cuento de hadas, se deshizo de golpe, se rompió para siempre.
Sentimos un gran vacío y una tristeza que parecía no tener consuelo. Ni
siquiera en los brazos de mamá pudimos comprender por qué Dios se llevaba a
nuestro abuelo.
Enojados con el destino, junto a
la familia velamos su cuerpo y acompañamos sus restos al cementerio, llorando
desconsoladamente.
Frente a su tumba, y antes de
marchamos, prometimos ser todo lo que el abuelo esperaba de nosotros, para que
pudiera sentirse orgulloso de sus nietos. También prometimos que nunca lo
íbamos a olvidar. Promesa que cumplimos, al escribir este relato. (Autor: Julio
César Melchior).
Recuerdos de nuestra infancia: Las pepitas de girasol
Cuando íbamos de visita a la casa
de abuela, ella se tomaba tiempo para tostar semillas de girasol. Llenaba hasta
desbordarla una enorme fuente y la introducía al horno de la cocina a leña.
Luego de unos minutos la casa se impregnaba del olor característico del tostado
de las semillas. De vez en cuando sacaba la fuente, revolvía su contenido,
probaba alguna que otra semilla para comprobar si estaban crocantes y listas
para ser comidas.
Una
vez tostadas, abuela se sentaba a la mesa, junto a nosotros, sus nietos, que
éramos aún muy pequeños para abrir las semillas de girasol con los dientes como
hacían las personas mayores, y las pelaba una a una, con suma paciencia, sacando
la pepita con los dedos.
Nosotros
la mirábamos “trabajar” con ternura, esperando con ansias que el montón de
pepitas creciera y abuela dijera: “Bueno… ¡Ahora se las pueden comer!” ¡Y vaya
si las comíamos! ¡¡¡Las espolvoreábamos con mucha azúcar, revolvíamos el montón
y a comer!
¿Se acuerdan de los veranos de nuestra niñez, cuando había que ayudar a regar la huerta?
Durante el verano, a las mañanas,
bien temprano, con el amanecer, y al atardecer, junto con el sol que se iba a
dormir en el horizonte, las madres y los niños de la casa, sin importar edad ni
sexo, regaban la huerta, llevando y trayendo enormes baldes desde la bomba de
agua hasta la quinta. Las verduras y hortalizas florecían y producían por doquier.
Había abundante cantidad de tomates, pepinos,
zapallitos, lechuga, repollo, decenas y decenas de cosas ricas que mamá y la
abuela transformaban en sabrosas comidas o ensaladas o en conservas y dulces
que almacenaban en los sótanos para el invierno. Me acuerdo del dulce de
zapallo y tomate, entre varios otros, que cocinaban sobre la cocina a leña y
envasaban en frascos de todos los colores y tamaños que juntaban a lo largo del
año para estos menesteres.
Los
niños y las niñas ayudábamos sin quejarnos ni lamentarnos jamás. Para nosotros
nunca representó un trabajo regar la quinta todas las mañanas y todas las
tardes. Lo tomábamos como una obligación, es cierto, pero también como un
juego, un momento en que todos los hermanos estábamos juntos, con mamá y, a
veces, también con papá, riendo, conversando, en ocasiones haciendo travesuras,
como arrojarnos un balde lleno de agua. Todavía la recuerdo a mamá retando a mi
hermano porque me empapó o porque me puso el pié mientras corríamos hacia la
bomba compitiendo para ver quién llegaba primero para sacar agua y volver a
llenar el balde.
Eran
otros veranos, los veranos de mi niñez. Iguales a los de muchos de ustedes que
leyeron estas líneas… ¿No es cierto? (Autor: Julio César Melchior).
jueves, 9 de enero de 2020
La Municipalidad de Coronel Suárez reconoció al escritor Julio César Melchior por su extensa trayectoria literaria en pos de rescatar los usos y costumbres de los descendientes de alemanes del Volga
En su gacetilla oficial
de prensa informa que “Reconocimos al escritor oriundo de Pueblo Santa María,
Julio César Melchior por su extensa trayectoria literaria en pos de rescatar
los usos y costumbres de los descendientes Alemanes del Volga.
“Por eso, declaramos
de Interés Municipal su último libro de poesías “Letanias pos morten”.
“Julio Cesar Melchior
ha plasmado –durante 26 años- en sus 10 libros publicados historias,
gastronomía, tradiciones, costumbres y vivencias de los descendientes Alemanes
del Volga, labor que le ha merecido el reconocimiento de sus seguidores,
trascendiendo los límites de Coronel Suárez”.
El Intendente Ricardo Moccero declaró de Interés Municipal el último libro de Julio César Melchior
Fuente: lanuevaradiosuarez.com.ar
El Intendente reconoció
al escritor, oriundo de Pueblo Santa María, por su extensa trayectoria
literaria en pos de rescatar los usos y costumbres de los descendientes
alemanes del Volga.
“Letanías pos mortem” es
el nombre del último libro de poesías del escritor Julio César Melchior, donde
el autor desborda de sentimientos que oscilan desde la tristeza, ante la
pérdida de seres queridos, a la esperanza, en la búsqueda de certezas que le brinda
el diario caminar.
Con una trayectoria
literaria de 26 años, Julio Cesar Melchior ha plasmado en sus 10 libros
publicados historias, gastronomía, tradiciones, costumbres y vivencias de los
descendientes de alemanes del Volga, labor que le ha merecido el reconocimiento
de sus seguidores, trascendiendo los límites de Coronel Suárez.
En tal sentido, el
Intendente Ricardo Moccero, a través de la Dirección de Cultura, encabezada por
Marcelo Castorina, hizo entrega del decreto de Interés Municipal en un sencillo
acto que contó con la presencia del Delegado Municipal de Santa María Juan
Pablo Eberle y Giuliana Urban, en representación de la Secretaria de Gobierno.
sábado, 4 de enero de 2020
Se cumple un nuevo aniversario de la fundación de Colonia Hinojo, la colonia madre de los alemanes del Volga
Un 5 de enero pero de 1878 se fundaba
Colonia Hinojo, en el partido de Olavarría, provincia de Buenos Aires, el
primer asentamiento alemán del Volga en la República Argentina. Los fundadores
habían nacido en la aldea Kamenka. Traían consigo su lengua, su arquitectura,
sus costumbres, sus tradiciones y su idiosincrasia. Un legado cultural que
conservan con orgullo sus descendientes. La colonia madre fue fundada, entre
otros, por Andrés Fischer, Jorge Fischer, José Kissler, Miguel Kissler, Andrés
Kissler, Pedro Pollak, José Simon, Juan Schamber, Jacobo Schwindt y Leonardo
Schwindt, acompañados por sus esposas e hijos.
Todavía se conservan algunos testimonios de
esas primeras épocas, como por ejemplo un breve manuscrito que el Schulmeister
José Gottfried encontró en la iglesia local. Se lee allí que: "Duros
fueron los primeros tiempos, nos decían nuestros abuelos (...) primero el
idioma (...) los pajonales (sic), no se divisaba más que unos metros y el poco
tiempo transcurrido de la conquista de (sic) desierto siempre quedaban algunos
indios los hombres (que) tenían que (ir) a sus chacras a trabajar (ilegible.
Quizá: "les temían").
Con mejor sintaxis pero con datos parecidos, informa a su vez esta otra reseña: “Llegaron hasta un lugar llamado San Jacinto. Lo único que respondía a ese nombre eran los pajonales, donde los patriarcas permanecieron unos dos años, debiendo organizar continuamente guardias, armados con implementos antediluvianos para defenderse de los malones indios."
Con mejor sintaxis pero con datos parecidos, informa a su vez esta otra reseña: “Llegaron hasta un lugar llamado San Jacinto. Lo único que respondía a ese nombre eran los pajonales, donde los patriarcas permanecieron unos dos años, debiendo organizar continuamente guardias, armados con implementos antediluvianos para defenderse de los malones indios."
De cualquier forma, los rastros
de esta primera fundación prácticamente se han perdido.
“A raíz de algunos conflictos suscitados con otro grupo de colonos, en este caso franceses establecidos en la zona acogida por la misma ley de colonización, los alemanes solicitaron y obtuvieron el permiso para trasladarse a un kilómetro de distancia”, escribe Olga Weyne.
“A raíz de algunos conflictos suscitados con otro grupo de colonos, en este caso franceses establecidos en la zona acogida por la misma ley de colonización, los alemanes solicitaron y obtuvieron el permiso para trasladarse a un kilómetro de distancia”, escribe Olga Weyne.
Acordado este permiso,
desmontaron todas las viviendas para trasladarlas al nuevo destino, al cual
llegaron pocos días después nuevos emigrantes del Volga en cantidad bastante apreciable.
Así quedó fijado el lugar
definitivo de colonia Hinojo.
Como las familias estaban
formadas por personas todavía jóvenes y los hijos eran numerosos, tanto los
hombres como las mujeres, al principio, tuvieron que realizar tareas sumamente
agobiadoras, no sólo en la casa sino también en el campo. Uno de los más
jóvenes principiantes, el primer año, contra viento y marea pudo sembrar de
cuatro a cinco hectáreas; el segundo año anduvo mejor y llegó a las 14
hectáreas.
Después de fundarse la colonia de
Hinojo, se desplazó otra corriente inmigratoria desde el Volga y unas veinte
familias fundaron la colonia Nievas, llamada también Holtzen. El cielo los
favoreció y, obteniendo buenas cosechas en los años siguientes, pudieron
acomodarse bien. La producción abundante de la hacienda sumó nuevos ingresos,
que fortalecieron la economía que ya tomaba bases sólidas.
Estas circunstancias estimularon
su progreso y dos años más tarde se fundó colonia San Miguel.
Los colonos orientaron sus actividades
hacia las dos ramas fundamentales del campo: agricultura y ganadería. Las
chacras de las tres colonias contaban con pasto muy bueno para la hacienda. Ese
fue un factor de peso para que algunos se consagraran con preferencia a lo
último, por lo cual podía observarse chacras que contaban hasta con mil y dos
mil cabezas de animales, entre vacunos, lanares y equinos (Autor: Julio César
Melchior).
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