Rescata

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martes, 25 de febrero de 2014

Lo que aprendían nuestros abuelos en la escuela primaria


El valor de los recuerdos...


Niño: Los recuerdos de tu familia y de tu escuela te seguirán toda la vida, te hablarán al oído, se te presentarán ante tus ojos y se revivirán en tus sueños.
Cuando seas mayor de edad y estés triste, los recuerdos infantiles, como aire fresco y puro, acariciarán tu rostro, enjugarán tus lágrimas y te darán un beso maternal en la frente.
Y se estás alegre, tu placer aumentará con los gratos recuerdos del pasado…
Siembra, pues, ahora, niño, querido, semillas de bondad y amor, para recoger más tarde flores de gratitud y cariño que alegrarán el jardín de tu vida.

Fuente: El texto fue extraído del libro que nuestros abuelos usaban en segundo grado en la escuela primaria, en la década del treinta. El autor es José H. Figuera.

jueves, 20 de febrero de 2014

Elaborando Kreppel (Ricos y sabrosos)

Receta elaborada a partir del libro La gastronomía de los alemanes del Volga, del escritor Julio César Mechior, que está a punto de agotarse en su novena edición. Apúrese a adquirir el suyo antes de que ya no queden ejemplares disponibles. (Producción fotográfica: María Rosa Silva - Julio César Melchior)























martes, 18 de febrero de 2014

Volver (Historia de amor)

Soñar con volver y por fin regresar, son dos acciones bien diferentes. Pensaba Richard Rigelhof rumiando palabras y sentimientos.  Las palabras se enmarañaban en una sintaxis deformada y tumultuosa en la mente devorada por el delirio de los recuerdos. Los sentimientos se desgajaban en sensaciones que oprimían el corazón y maltrataban el alma con ternuras y caricias que el transcurso de los años pasados en la cárcel no habían podido sepultar.
Regresar... Verla de nuevo... Después de diez años, después de haberla esperado tanto durante los primeros días de encierro y llorado los restantes meses de olvido, un olvido que nunca llegó. Comprender que la vida de ella continuó... Entender que también envejeció... Sospechar que tal vez amó a alguien... Temer que se casó.
Bajó del ómnibus, que lo dejó en la avenida central de la colonia, frente a la iglesia: a él, a su ropa raída y su pequeña maleta de cuero. El y sus recuerdos. El y su dolor. El y su amor. Anacrónicos y fuera de lugar.
Caminó unos pasos... Se detuvo... La colonia había cambiado. “Claro, diez años es mucho tiempo, demasiado”, reflexionó con tristeza.
Estaba desorientado. Esperó tanto por este instante que ahora que lograba estar donde quería, no sabía qué hacer. Tampoco quedaba espacio para dilatar nada. El destino lo esperaba. El final de su peregrinar se acercaba. Lo intuía.
Marchó hacia la casa parroquial. Allí lo recibió  el cura. Un hombre anciano pero de mirada vivaz y severa. Lo hizo pasar al despacho. El forastero preguntó dónde vivía Clara Liebermann. El sacerdote lo miró fijo. Hizo memoria... Una larga y tediosa pausa. Un silencio parecido a la angustia envolvía a los dos hombres... Y el cura recordó. El forastero era Richard Rigelhof, “el que hace diez años mató de una puñalada en el corazón a aquel pobre muchacho, hijo de don Luciano”, sentenció para sí mismo, castigándolo. El rostro lo delató. La mirada se trocó en asco. “Me recuerda”, pensó el forastero.
“Los padres de Clara habían arreglado una boda conveniente para ella. Conveniente no... acorde a su noble jerarquía social. Pero la tonta de Clara amaba a este pobre diablo que no tenía donde caerse muerto”, continuó reflexionando el sacerdote. “Eso desencadenó la tragedia”.
“Clara Liebermann se casó y se marchó de la colonia”, dijo por fin el cura, con profunda amargura.
El forastero no se inmutó. No dijo nada. Tomó su valija y se marchó. Ya en la calle, lloró, lloró desconsoladamente.
En la oficina parroquial, el cura seguía recordando. Clara nunca se casó. Sus padres la encerraron en una habitación para que no escapara tras los pasos del asesino. Tanto lo amaba. A los tres días de que la policía se llevara al delincuente, la encontraron atiborrada de pastillas para dormir. Muerta.
“Fin de la historia”, exclamó el sacerdote, saliendo a la calle, rumbo a la iglesia, para oficiar la misa de las seis de la tarde.

Falleció la histórica modista de novias de los pueblos alemanes

Fuente: lanuevaradio.com.ar

Alfonsina Schmidt de Heffner con sus 98 años de edad se apagó su vida rodeada del blanco ilusión de las más radiantes novias de nuestro medio. La máquina de coser a pedal, comprada con mucho esfuerzo y pagada en cuotas, ahora está silenciosa.

Tenía la mirada celeste característica de la raza alemana y el cabello blanco que le dejaron los años pero hace 4 años atrás cuando la entrevistamos para el programa de “Los Pueblos Alemanes y su gente” pudimos apreciar que entonces la memoria conservaba intactas varias imágenes de esta profesión que supo acunar con tanto amor.
Ella nos contó que “llegué a tener hasta tres novias por fin de semana para vestir, y todas venían aquí a mi casa para prepararse. Yo les hablaba, les contaba cosas para tranquilizarlas, y me aseguraba que todas se fueran contentas. Ese era siempre mi deseo, que las novias no llegaran furiosas a la iglesia porque no les gustaba el vestido. Quería que todas estuvieran contentas, que se sintieran felices y las más lindas, porque el vestido les quedaba bien”.
“Sine” en Alemán o “Sina” como le decían en la ciudad ha sido toda una institución en Pueblo San José, y cosió tanto y tantos vestidos que dejó su sello no solo en los Pueblos Alemanes , sino también en Coronel Suárez y también en poblaciones de alrededor a nuestro Distrito, por su personalidad, detalles y prolijidad que transformada un traje en una expresión bella y radiante.
Alfonsina era una agradable mujer que en cada puntada, en cada giro de pedal de su máquina, multiplicó la ilusión blanca de decenas de novias que querían lucir las más lindas en el día de su casamiento y desde hoy es un recuerdo de una artesana laboriosa, fiel representante de nuestros pueblos alemanes.
Por esta bendita profesión periodística, es otro de los tantos personajes que forman parte de nuestro archivo, un archivo por donde pasaron y pasan referentes de distintos ámbitos de nuestro Coronel Suárez.

Procesión y aniversario a la Gruta de la Virgen de Fátima. Contamos su historia


La Gruta de Fátima en todo su esplendor.
El viernes se cumplen 49 años de la inauguración de la gruta. El domingo, a las 18 horas una nueva procesión, para pedir y agradecer.

Este viernes se cumplen 49 años de la inauguración de la gruta de la Virgen de Fátima, al ingreso de Pueblo Santa María.
Esta obra fue el resultado de la fe de un pueblo, que venía soportando hace más de 50 años atrás, una enorme sequía –años 1960-1961- y que realizó tres procesiones pidiéndole a la Virgen que proporcionara agua. 
Oscar Baumgaertner, hace varias décadas 
un fiel custodio de la 
Gruta de la Virgen de Fátima.
El que condujo a la población para elevar oraciones a la Virgen fue el padre Juan Peter. A la tercera procesión, llovió mucho, lo suficiente para hacer reverdecer los campos. 
La gente, agradecida, puso manos a la obra para cumplir lo que había sido una promesa en el medio de la desesperación por la falta de agua: levantar una gruta a la virgen, en una porción de campo que había donado el Sr. Pin. 
La imagen de la Virgen se trajo directamente desde Fátima, Portugal, y el encargado de traerla fue el padre Peter. 
Pero hubo un suceso en la aduana, donde la imagen quedó incautada bajo la sospecha que en su interior se podía estar trayendo droga. Intercedieron las gestiones del escribano Moccero, y finalmente la imagen llegó a Santa María para ser entronizada en la gruta, hace 49 años atrás.
Este próximo domingo se estará celebrando este acontecimiento, lo que constituye una invitación a la población católica para renovar sus oraciones, una oportunidad para pedir y para agradecer.
A las 18 horas, desde el templo de Santa María, partirá la procesión hacia la gruta, con la imagen de la Virgen, escoltada por jinetes. 
A las 19 horas comenzará la misa, en la gruta, a cargo de los sacerdotes Antonio Vedellini y Mario Schmidt. 
Todo esto lo comentó a La Nueva Radio Oscar Baumgaertner, que desde hace años es un fiel custodio de la gruta de la Virgen de Fátima. Anticipó que el año que viene, cuando se cumplan 50 años de la inauguración del lugar y de la entronización de la imagen de la Virgen, lucirá la corona original, que es una verdadera reliquia y que por seguridad, está guardada en Santa María.

lunes, 17 de febrero de 2014

Se conmemoran 49 años de la bendición de la gruta de Fátima

Fuente: lanuevaradio.com.ar

Invita a la misa en acción de gracias en la gruta de Fátima en el acceso a Pueblo Santa María. Se conmemoran los 49 años de la inauguración de este centro mariano de fe.

El próximo domingo 23 de Febrero se llevará a cabo la concentración de fe anual oficiándose la santa misa de acción de gracias para rogar por el año nuevo recordando a su vez los 49 años de la bendición de la gruta de Fátima ocurrido un 21 de Febrero de 1965 después de la iniciativa que impulso el recordado Padre Juan Peter.
La misa este año comienza a las 19 horas, pero previamente a las 18 horas partirá la procesión con la imagen de la virgen escoltada por los jinetes y la comunidad partiendo desde frente al templo del Pueblo Santa María para ser recibida con gran devoción por la multitud que se congrega en el lugar proveniente de los tres pueblos alemanes, Coronel Suárez y la zona rural, ya que los agricultores están también invitados a participar del oficio religioso que presidirá el Padre Antonio Vedellini acompañado por el Coro Parroquial y fieles agradecidos a Dios, y a María Santísima, madre de Dios y Madre nuestra, según han convocado desde la Parroquia Natividad de María Santísima.

Falleció Pedro Benito Graff: un gran hombre de los pueblos alemanes

Fuente: lanuevaradio.com.ar

Un hombre comprometido con su Pueblo e incansable colaborador de las instituciones.

Fue un gran amigo, su palabra reflexiva siempre era un estímulo a pesar de los momentos difíciles.
Pedro Benito Graff fue un gran consejero, pero también un hombre acostumbrado a los rigores de las épocas lejanas, donde el trabajo se gestaba de sol a sombra, sin el confort de hoy, sino todo lo contrario, por eso, junto a otros visionarios del Pueblo Santa María se puso al frente de los grandes avances que fueron llegando.
Presidente respetado y reconocido de Club El Progreso, gestor de la llegada de los primeros teléfonos domiciliarios a través de la Cooperativa Eléctrica del Pueblo San José, de la cual integro el consejo de administración, colaborador de las entidades parroquiales, escolares, sociales y en cuanta iniciativa surgiera para elevar la calidad de vida de su Pueblo Santa María que hoy lamenta su fallecimiento.
Fue concejal de la UCR, integrante del Rotary Club Las Colonias del cual era socio fundador y activo integrante del Coro Las Voces del Corazón, entre otras actuaciones relevantes en la comunidad, pero por sobre todas las cosas, fue un hombre bueno, apreciado por su gente, con un sentido del humor que lo transformaba en un gran anfitrión por lo cual nos ha quedado la admirable sensación y privilegio de haberlo tratado en innumerables cantidad de oportunidades, compartiendo momentos trascendentes de las vida comunitaria y familiar.
Nos deja un gran recuerdo y ejemplo de compromiso con todo que significaba un adelanto y nuevos horizontes para su gente y sus pueblos alemanes, por eso el grado de compromiso y presencia en el crecimiento de nuestras colonias.
A su esposa Rosita, incondicional compañera de toda la vida, a sus hijos y demás familiares llegan hoy los mensajes de adhesión al duelo provocado por su fallecimiento.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Julio César Melchior presentará su libro que contiene reflexiones para el alma


Será para mediados de marzo y aquí un adelanto.

“Aprender a vivir” es el último libro del escritor de Pueblo Santa María Julio César Melchior que en estos días ingresó a la imprenta y que espera podrá presentar a mediados del mes de marzo.
Las ansiedades por estas horas para el escritor no están puestas en el momento de la presentación de su nueva criatura literaria, sino cuando la imprenta se lo envíe para la corrección y pueda palparlo. 

Es que hace más de un año que no publica nada nuevo y el año pasado logró una reimpresión –la novena- de su gran éxito el libro de gastronomía que aborda los platos típicos de la cultura alemana y después tuvo intensa actividad presentando sus libros de historia de los alemanes del Volga en diferentes lugares, como universidades y centros literarios, además de la publicación del periódico Hilando Recuerdos. 
Por eso contó ante los micrófonos de la Radio que espera el momento en que pueda tocar las hojas impresas y recorrer, revisando, cada una de las líneas que surgieron de su inspiración creativa.
Este libro, que está próximo a salir a la luz, tiene reflexiones sobre la vida, el amor, el propio ser, se plantea cuestiones sobre los cánones materialistas de posesión de las cosas que el ser humano ha ido gestando a lo largo de los tiempos. 
Se pregunta sobre la belleza, lo que cada uno es, indaga en la verdadera personalidad, frente a lo que los otros ven de uno provocando determinismo, y lo que cada uno quiere hacer ver a los otros, en la producción de una imagen estereotipada de sí mismo.
Dijo que “en mi vida me tocaron vivir momentos duros, creo que desde mi adolescencia hasta los treinta y pico fui absorbiendo la imagen que los demás tenían de mí y tardé en despojarme de todo eso para encontrarme plenamente con mi ser. No lamento aquello porque fue el proceso para la persona que soy ahora. Me siento muy feliz con la persona que soy”.
Nuestro querido Julio comentó en la entrevista que escucharemos el sábado en “Los Pueblos Alemanes y su gente” que estima para mediados de marzo poder presentar su libro, el que es distinto a todos los otros: no es de historia, no cuenta relatos relacionados con la cultura alemana, no tiene recetas de cocina; son reflexiones que han salido de su alma y que espera puedan venir muy bien para otras almas.

sábado, 1 de febrero de 2014

Ya ingresó en imprenta el nuevo libro del escritor Julio César Melchior

Se llama “Aprender a vivir”, reflexiones para el alma, y se lanzará dentro de unas semanas en un evento cultural a desarrollarse en la ciudad de Coronel Suárez.

En este nuevo libro el escritor aborda una temática totalmente diferente de la desarrollada en los siete libros publicados hasta la actualidad, en los que rescató y revalorizó la historia y cultura de los alemanes del Volga, alcanzando un éxito inédito, tanto que sus obras fueron presentadas en la Feria Internacional del Libro, en la Capital Federal, y obtuvieron varias distinciones además de estar a punto de agotarse uno de los libros en su novena edición.
En “Aprender a vivir”, reflexiones para el alma, trata temas tales como la vida, el amor, la fe en uno mismo, la superación personal, cómo enfrentar y superar los problemas cotidianos, valorarse, entre muchos otros, como su experiencia personal frente a la existencia que le tocó vivir.

jueves, 30 de enero de 2014

¡Padre, padre, soy famoso, soy famoso!

-¡Soy famoso! ¡Soy famoso! -ingresó a los gritos en la casa paterna el pequeño Hans Peter, de unos dieciocho años, después de una semana de faltar de su hogar. Etapa en la que sus padres lo esperaron con angustia y desesperación temiendo que se hubiera marchado lejos como tantos hijos de las colonias en busca de mejores condiciones de trabajo. -Ustedes nunca se enteran de nada. Claro, jamás leen el diario, cómo se van a enterar de las grandes novedades que suceden en el mundo.  Su hijo se vuelve famoso de un día para el otro y ustedes como si nada, sentados, tomando la sopa, almorzando. Parece que nada les interesa de mí. Ni siquiera mis hermanos que están ahí, mirándome con la boca abierta y desconcertados. Son animales amaestrados y  conformistas con su vida diaria, monótona y trivial, conviviendo con caballos, vacas en el medio del campo.
El padre levantó la vista del plato de sopa, herido en su orgullo más íntimo. La familia entera, madre y ocho hermanos, lo observaron estupefactos ante tamaña afirmación.
-¿Y desde cuándo sabés leer? -preguntó el padre ofendido con las palabras de su hijo y porque le molestaba que le arruinaran el almuerzo con paparruchadas de la vida moderna y sus chismes sin importancia práctica.
-Eso no es importante -continúo Hans Peter. -No me venga con sermones. Ahora soy famoso, va a tener que respetarme. Y logré serlo a pesar de no saber leer ni escribir. El diario más importante de Coronel Suárez escribe sobre mí y publica una foto, en la misma edición en la que aparece el Presidente de la República Argentina. ¡Vea que orgullo, padre! No cualquiera tiene un hijo tan famoso. ¡Ni yo mismo lo puedo creer todavía!
-¡Dame el diario! -se lo arrebata bruscamente el padre, calzándose los anteojos. En su cabeza de ideas prácticas no cabía el delirio que dibujaba ante sus ojos su hijo. Lo juzgaba demasiado estúpido para alcanzar la fama de la noche a la mañana y menos aún una persona con una personalidad interesante que valiera la pena ser publicado en el periódico.
-¡Lea, lea, padre! Y hágalo en voz alta para qu e escuchen mamá y mis hermanos. Que todos sepan de mi fama. ¡Todos! ¡El pueblo entero debe enterarse que tiene un hijo famoso!
“En el día de la fecha -comienza a leer el padre- Hans Peter..., oriundo de la Colonia..., fue detenido por una comisión policial por causar desorden en la vía pública y por desacato a la autoridad, resistiéndose al arresto en total estado de ebriedad. -El padre levanta la vista y recién ahí descubre los moretones que tiene su hijo en la cara y el estado desastroso en que está la ropa que viste. Obvia decir que comenzó a bufar como un toro furioso. Pero se contuvo lo suficiente para seguir leyendo. - Reducido por la comisión policial, luego de un arduo despliegue ante la resistencia del reo, éste fue conducido a la comisaria, donde pasó la noche hasta que fue puesto en libertad. Actuando como garantía su abuelo, hombre probo y de intachable conducta”.
El padre volvió a levantar la mirada, esta vez con los ojos rojos de rabia, enojado. Bullía de bronca y de ganas de lavar semejante oprobio social.
Sin decir nada, volvió a bajar la mirada, pensativo. Pero de pronto, sin mediar palabra, se puso de pie de un salto, cinturón en mano, arrojando el plato de sopa y la silla por los aires, dispuesto a darle una paliza que su hijo no iba a olvidar jamás. 

Lecturas que leían los abuelos en la escuela primaria

Las riquezas del hombre

Un hombre, descontento de su suerte, exclamó:
-¡Los demás son ricos y yo no tengo nada! ¿Cómo puedo vivir así?
Un anciano oyó sus palabras y le dijo:
-¿Eres tú tan pobre como crees? ¿N tienes la juventud y la salud?
-No digo que no, y puedo estar orgulloso de mi fuerza y mi juventud.
El viejo tomó entonces la mano derecha de aquel hombre y le preguntó:
-¿Te dejarías cortar esta mano por mil pesos?
-No, indudablemente que no.
-¿Y la izquierda?
-Tampoco.
-¿Consentirías en quedar ciego por diez mil pesos?
-¡Dios me libre de ello! NO daría ni un ojo por todo el dinero del mundo!
-Ya ves –agregó el anciano- ¡cuánta riqueza tienes! y sin embargo te quejas. Pero no olvides que llevas en tu alma un tesoro inagotable: la voluntad, que te dará cuanto le pidas si la pones al servicio de la razón, de la bondad, de la justicia, de la solidaridad y del trabajo útil.

Moraleja: No busques la felicidad muy lejos. A menudo la hallarás en ti mismo y a tu alrededor.

(Fuente: Trabajo. Nuevo método de lectura expresiva y lectura para uso de las escuelas primarias y de adultos. Autor: José H. Figueira. –Adaptación de un relato de León Tolstoi-)

Recetas de dulces caseros de nuestras abuelas alemanes del Volga

“Durante el estío las abuelas trabajaban elaborando dulces para el invierno. Las huertas con sus hortalizas y sus frutales producían que daba asombro verlas. Como también causaba admiración ver a las abuelas, en pleno calor del verano, paradas junto a las cocinas a leña revolviendo el contenido de inmensas cacerolas donde cocinaban todo tipo de dulces. La variedad de recetas era increíble. Los sótanos y las despensas se atiborraban de frascos llenos de dulces de frutas y hortalizas, produciendo un colorido digno del mejor jardín, un jardín que se sembraba para el invierno”.

Dulce de ciruela

Ingredientes:
- 1 kilo de fruta
- 800 gramos de azúcar
Preparación:
Se corta la fruta en trozos y se pone a hervir hasta que se convierta en puré. Colar. Poner a hervir nuevamente y agregar el azúcar. Dejar cocer hasta que la preparación se espese, revolviendo cada tanto con la cuchara.

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Dulce de higo

Ingredientes:
- 1 kg. de higos no muy maduros
- 3/4 kilo de azúcar

Preparación:
Pele los higos. Haga un almíbar medio y retire del fuego. Agregue la fruta entera y deje reposar durante 5 minutos. Ponga todo al fuego hasta que los higos tomen un color cristalino. Ponga la fruta en un colador y haga hervir el almíbar hasta que quede más espeso. Vuelva a verter la fruta y deje hervir por 5 a 10 minutos a fuego alto. Vierta la preparación en frascos.

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Dulce de zapallo

Ingredientes:
- 1 kilo de zapallo
- 500 gramos de azúcar
- Agua
Preparación:
Hervir el zapallo y hacer un puré. Agregar el azúcar y llevar a fuego bajo sin dejar de revolver. Si es necesario agregarle un poquito de agua. Cuando se obtenga el punto de mermelada, retirar del fuego y dejar enfriar. Una vez frío, envasar.

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Dulce de tomate

Ingredientes:
- 1 kilo de tomates enteros
- Azúcar

Preparación:
Poner en una olla el contenido de los tomates y medir igual cantidad de azúcar y de agua. Hervir por una hora a fuego suave, hasta que adquiera la consistencia deseada.

Chistes que nos contaron los abuelos

Ach net Närrich
(Ni loco)

Por el año 1900 y pico, vivía en una de las colonias un paisano alemán que luego de arrear hacienda por esos caminos de Dios, y habiendo quedado sin trabajo no podía encontrar ocupación alguna. Su difícil situación no hallaba remedio y entonces decidió dirigirse a la Capital Federal con el propósito de ganarse unos pesos. A poco de bajar del tren alguien lo encaminó a una agencia de colocaciones, donde expuso, en un castellano plagado de palabras en dialecto, su deseo:
-Vengo a buscar un empleo…
-¿De qué clase? –le preguntó al alemán el encargado de la agencia.
-De cualquiera…
-¿Le vendría de jardinero?
-¿Dejar dinero? –entendió el alemán-. ¡Ach net Närrich! (Ni loco)… ¡Si lo que ando buscando es el modo de conseguirlo!

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Discusión después de un casamiento…

Cuentan en los bares de las colonias que una madrugada de invierno de 1940 regresan dos borrachos a sus hogares, después de haber bebido hasta más no poder en un casamiento que ya llevaba tres días de jolgorio. Uno se llamaba Joseph y el otro, Hans. Caminaban en zigzag, extraviados en la neblina del alcohol.
Hans se aferra a un poste y mira hacia el cielo.
-Mirá, esa es la luna –afirma.
-¡No! Ese es el sol –lo corrige Joseph.
-¡Pero no hombre!, esa es la luna –insiste Hans con voz pastosa y ánimo contrariado.
-¡Te digo que no! –se mantiene firme en su opinión Joseph mientras se sienta, colocando la palma de la mano en forma de visera para escrutar el cielo con más precisión. –¡Ese es el sol!
La discusión continúa hasta que deciden preguntarle a otro borracho que, igual que ellos, vuelve del mismo casamiento.
El borracho mira hacia el cielo. Analiza la pregunta. Piensa, reflexiona, y finalmente contesta:
-No sé, no soy de esta colonia.

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Mejor no hacer preguntas

Un colono ebrio hasta la locura, llora una pena de amor imposible, sentado en una de las esquinas de la calle ancha de la colonia. Llega corriendo el oficial de policía de la localidad, agitado y sudado por el esfuerzo realizado, y le pregunta imperioso, con el revólver en la mano:
-¿Viste a un tipo doblar la esquina?
El borracho lo mira. Se seca las lágrimas con el torso de la mano, suspira hondo, se concentra increíblemente, para responder:
-No sé... cuando llegué, la esquina ya estaba doblada.

lunes, 27 de enero de 2014

¿Cómo se vivía la niñez entre los alemanes del Volga de antaño?

Por José Brendel

“Parte vital del mundo infantil, era ser monaguillo. Para llegar a ese honor, había que pasar una serie de pruebas, ante el Padre y el Schulmeister. Una vez ingresado en el coro de los monaguillos, bulliciosa y eternamente despeinada grey al servicio del altar  —pues para dar salida a los cofrades, los días de fiesta se ayudaba hasta de a diez— había sus prioridades. Una de ellas muy importante, la representaba el incensario, cuya posesión se conquistaba a co­dazos, a falta de espacio para ulterioridades, y el encargado del fuego. Este último inspiraba marcada preferencia. Se podía estar afuera de la iglesia —en continuación moral con los oficios mien­tras allí la gente se moría de calor en las largas misas cantadas—, revoleando en un alambre el recipiente del fuego como una hon­da davídica, y aún quedaba tiempo para tirarle alguna piedra a las palomas imprudentes, que se acercaran a las cornisas...”.
                                                                                        
Los niños soñaban con ser monaguillos

La inocencia de los niños, es, al decir de los que saben, el re­flejo del hogar y de su medio ambiente. Mucho se ha escrito, y se escribirá aún, sobre cómo se debe educar a los niños, pero nun­ca los autores llegan a ponerse de acuerdo de una época a la otra, y a la postre resulta, que lo que ayer era sabia ley pedagógica, hoy es desechada y suplida por otra más moderna y psicológica, lo que al fin demuestra, que la anterior era mala, y la nueva es me­jor, cuando no, que ambas son malas, pues dentro de un tiempo serán sustituidas por otras.
Si hay algo que ha preocupado constantemente al género hu­mano, es la educación de sus niños. Pero por lo visto, aún no hay acuerdo en los métodos, debido unas veces, a que el autor del li­bro esconde cuidadosamente el fracaso en la educación de sus propios hijos y ensaya su sabiduría en los demás, o quien escribe, teoriza en el aire como una poesía, pues carece de hijos, y enton­ces resulta infinitamente más fácil el educarlos.
Yo no quiero, caro lector, agregar otro sistema más, pero sí, afirmo por propia experiencia de niño, que en la colonia, sin textos pedagógicos, y con la sola apli­cación de un profundo cristianismo y el cumplimiento exacto de los diez Mandamientos, existía un inocencia, casi incomprensible a la luz de los tiempos modernos.
Quizás alguien esboce una sonrisa, suponiendo que los chicos colonienses de aquellos tiempos heroicos eran tontos; ¡no! ¡Ni mucho menos! Eran como lo son, lo fueron y lo serán todos los ni­ños de la tierra, por el mero hecho de serlo; pero el hogar, la es­cuela, que era su continuación y la Iglesia que era su alma, obra­ban el milagro de una inocencia, sin abrir los ojos a la vida antes de tiempo, y bajo la mirada atenta del Padre, a través de las rejillas de su confesionario, el que hasta este momento ponía en práctica el sistema pedagógico más barato y eficiente.
Podemos imaginar, que no siempre los esposos estaban de acuerdo en todos los procedimientos y acontecimientos de la vi­da hogareña. ¿Pero cuál de los niños de la vieja colonia puede afirmar, haber visto discutir o pelear a sus padres en su presencia?
Recién mucho más tarde nos explicamos los niños de ayer, por qué, después de una reunión secreta en la Kleine Stube —sede habitual del comando familiar— salía nuestra madre secándose alguna lagrimilla: es que allí se había discutido un procedimiento, una influencia, o un método, como quizás tam­bién se había corregido un error.
La niñez, como pude comprobar por propia experiencia, era totalmente feliz. No había ambiciones de cosas imposibles, ni sueños irrealizables. Los juguetes como hoy se conciben, eran muy raros en esa época, lo que no quiere decir que los niños no tuvieran los suyos, fabricándoselos, y su tema siempre eran o máquinas de trillar o de segar, o carros de diversos tamaños . .. pero siempre "made in home" industria doméstica.
La posesión de dinero, era algo fuera de nuestro alcance. Los domingos y no todos, nuestra madre nos daba, después de mu­cho cargosear, diez centavos para caramelos ... y con diez cen­tavos en el bolsillo, un pibe coloniense se sentía más rico que Anchorena.
Recuerdo, que cierto año, habiendo vendido mi padre la cosecha, me compró un caballito, con música en una de sus ruedas de soporte. Valía un peso . . . pero para mi concepto financiero no se pagaba con un millón ... Lo guardaba en el ar­mario y sólo algunas veces en la semana, salía el caballito a dar una vuelta , ., detalles, que quizás no dicen nada . . . ; ¡pero me lo hubieran preguntado entonces!. ..
Parte vital del mundo infantil, era ser monaguillo.
Para llegar a ese honor, había que pasar una serie de pruebas, ante el Padre y el Schulmeister, que eso en realidad era lo de me­nos ... porque lo serio era el rito "piel roja" de los puños de los congéneres, ya que las plazas eran pocas y demasiados los candi­datos, y sobre todo para mí, demasiado grandes. Ante esa des­ventaja física, los pequeñitos nos hacíamos de un rebusque, para ponernos en igualdad de fuerzas: acudíamos a los Vorsteher, y con esa cuñita (¡criollos al fin!) vencíamos la resistencia.
Esa sotanita colorada costaba unas veces rabia, y otras trom­padas, chichones que se mantenían en secreto, y alguna lagrimilla sorbida en la pelea, de puro guapo.
Una vez ingresado en el coro de los monaguillos, bulliciosa y eternamente despeinada grey al servicio del altar, —pues para dar salida a los cofrades, los días de fiesta se ayudaba hasta de a diez— había sus prioridades. Una de ellas muy importante, la representaba el incensario, cuya posesión se conquistaba a co­dazos, a falta de espacio para ulterioridades, y el encargado del fuego. Este último inspiraba marcada preferencia. Se podía estar afuera de la iglesia —en continuación moral con los oficios mien­tras allí la gente se moría de calor en las largas misas cantadas—, revoleando en un alambre el recipiente del fuego como una hon­da davídica, y aún quedaba tiempo para tirarle alguna piedra a las palomas imprudentes, que se acercaran a las cornisas...
En ese tiempo, el fuego para el servicio del altar, no se pre­paraba en la Parroquia, sino que el monaguillo a cargo, todo de colorado, salía por el pueblo a buscárselo.
Era la hora más apropiada; las cocinas marchaban a todo tempo, alimentadas por la buena leña pampeana, y había brasas en abundancia. Pero, en vez de ir a requerir el elemento a las casas vecinas, de Leonhardt, Vogel o Bayer, que estaban frente a la iglesia, el monaguillo elegía la última casa de la villa, para cami­nar más lejos.
Uno recorría las calles dormidas de la colonia dominguera, sin un alma, hasta aparecer como peludo de regalo en la cocina de los Beratz, mostrando desde lejos el recipiente sagrado: Feuer! ¡Fuego!
Durante las Rogativas, en que se iba hasta las tres Cruces del campo, los niños marchaban adelante en formación y tomados de la mano, en dos bandas, varones y niñas. En medio caminaba Don Juan, todo lleno de de­voción. trasmitiendo por repetición hacia la grey infantil las Le­tanías de todos los Santos, para su contestación.
Los muchachos rezaban distraídamente, mientras sus ojos va­gaban por los campos vecinos, llevándose a cada rato algún pozo por delante. Entonces Don Juan intercalaba sabias advertencias en­tre las advocaciones: ¡San Matías... ruega por nosotros!... ¡San Pedro . . . chicos más hacia la alambrada! . . . ruega por nosotros ¡Santa Cecilia ... vean por donde caminan!... ruega por nos­otros! ¡San Andrés. . . mira infeliz qué has pisado!. . . ruega por nosotros!
Cuando desde el tiempo que pasó se repasan esos recuerdos, historia de un alma infantil, uno se sonríe con cierta añoranza y el corazón se ve desbordado de melancolía por una época que ya no retornará.