Saber de
dónde venimos para saber quiénes somos. Conocer nuestras costumbres para
entender el por qué somos como somos. Develar el misterio de la vida privada y
social de nuestros abuelos y padres para definir nuestra identidad. Reconstruir
nuestro pasado para proyectar el futuro sobre bases sólidas. Todas las
respuestas en estos cinco libros: “La vida privada
de la mujer alemana del Volga”, “Historia de los alemanes del Volga”, “La
infancia de los alemanes del Volga”, “Lo que el tiempo se llevó de los alemanes
del Volga”, “La gastronomía de los alemanes del Volga”. Los reciben en su
domicilio en cualquier lugar del país. No se los pueden perder. Escribir
a juliomelchior@hotmail.com.
Historia, costumbres y tradiciones de los alemanes del Volga. Investiga y escribe: Julio César Melchior
Rescata
Para más información pueden comunicarse al WhatsApp: 2926 461373 o al Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com
martes, 19 de marzo de 2019
Receta de Pirok
Cortar el repollo y la cebolla en
juliana. En una olla colocar la materia grasa, calentar, agregar la cebolla y
cuando tome color, agregar el repollo cortado, tapar y revolver cada tanto para
que no se pegue. Cuando el repollo este casi a punto, agregar la carne y los
condimentos, revolver bien para que la carne quede desmenuzada, cocinar unos 10
minutos.
Armado del Pirok:
Estirar la masa ya levada (al
doble de su volumen) hasta un espesor de 3 a 4 mm, cortar en cuadrados de 10 cm
de lado En cada cuadrado colocar una cucharada bien generosa de relleno, unir
en la parte superior los cuatro vértices de la masa y cerrar apretando con los
dedos las cuatro aberturas que así se forman y colocar cada pirok con las
costuras hacia abajo en una asadera en mantecada o engrasada y dejar levar los
pirok aproximadamente 25 a 30 minutos.
Precalentar el horno a muy
caliente y cocinar cada asadera hasta que la masa quede doradita (10 a 15
minutos de acuerdo al horno).
Ingredientes
Carne Picada: 500 Grms.
Repollo: 1 ½ KG.
Grasa de Cerdo o Manteca: 2
Cucharadas.
Sal: 2 Cucharadas.
Pimienta: a Gusto.
Cebolla: 250 Gr.
Masa de Pan Con Harina: 1 Kg.
Todas las recetas
publicadas están en el libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”, del
escritor Julio César Melchior, que se puede adquirir escribiendo a juliomelchior@hotmail.com.
miércoles, 6 de marzo de 2019
Se agotó la tercera edición del libro “La vida privada de la mujer alemana del Volga” del escritor Julio Cesar Melchior
Fuente: lanuevaradiosuarez.com.ar
El autor
consideró que “el que haya leído el libro se da cuenta que es sorprendente lo
que han contado. Que hayan tenido la plena confianza de contar cosas muy
personales, en otros momentos cosas muy íntimas, refiriéndose a temas sexuales,
religiosos. No hay ningún tema que se haya abordado en el libro, ninguna de las
mujeres se negó a tratar esos temas. Al contrario, todas las mujeres lo
sintieron como una reivindicación”.
Muy
contento, feliz en realidad por la repercusión que siguen teniendo sus libros.
Así se encuentra Julio César Melchior, el escritor de pueblo Santa María. Se agotó
la tercera edición de su libro “La vida privada…”, y proyecta, para más o menos
mitad de este año, una nueva reedición.
También hay
otros dos libros que están a punto de agotarse, el que se refiere a la
infancia, y el libro de Historia de los Alemanes del Volga. El escritor,
agradece la gran repercusión que ha tenido el stand de sus libros y
publicaciones, el fin de semana pasado, en la Strudel Fest.
“El año
empezó muy bien, literariamente hablando, porque se agotó la tercera edición
del libro de la vida privada de la mujer alemana del Volga, y también hay muy
buenos pronósticos para que se agoten otras ediciones de otros dos libros, el
de la infancia, y el que está ahí, que quedan muy pocos ejemplares, es La
Historia de los alemanes del Volga”, expresó en el principio de la entrevista.
Además, de
la posibilidad de reediciones de estos tres libros, anticipó que hay otros
proyectos que tiene en gestación: “siempre hay otros proyectos dando vuelta,
veremos cómo se presenta el año. No es un año sencillo económicamente hablando.
Uno de los proyectos, quizás para fin de año, está relacionado con los alemanes
del Volga, quizá sea para fin de año. Otro, por ahí, que está listo, es uno
sobre poesía. Voy a volver a mis orígenes, que fue el primer libro que publiqué.
Si todo marcha bien, en dos o tres meses este libro verá la luz”-.
Julio César
cuenta que “en el último tiempo abrí una página especial en Instagram, dedicada
a la poesía. Sentía necesidad de volver a escribirla y quería separar bien las
cosas en lo que es mi trabajo literario con respecto a la investigación de los
alemanes del Volga, y por el otro lado, mi faceta con la poesía”. Mucha
repercusión tiene también en este espacio: “me sorprendió mucho la gente que me
sigue. También que hay lectores de poesía de todas las edades. Mucha gente que
cree que es de otra época y la verdad es que me siguen lectores de todas las
edades.
He tenido
muy buena repercusión, por lo que, a raíz de eso, es que me decidí a publicar
un libro. Es más, mi hermana que atendió el stand que teníamos en la Strudel
Fest, me contaba que muchos preguntaban que buscaban el libro de poesía”.
Agradeció,
a todos los que pasaron por el stand y compraron sus libros.
En cuanto a
una nueva edición de La Vida Privada, dijo que “estamos trabajando en eso, para
que haya una próxima. Si bien está muy difícil la situación económica, no
obstante, estamos trabajando para una cuarta edición y yo supongo que en unos
meses habrá una nueva. Supongo que primero saldrá el libro de poesía y un poco
más adelante, saldrá la 4ta edición de este libro”.
“La vida
privada…”, dice su escritor, “tiene, tuvo y seguirá teniendo muy buena
repercusión”.
Este libro
fue el puntapié para que Julio César Melchior diera conferencias en
universidades, en ámbitos académicos y frente a profesionales de diferentes
áreas, desde historia, psicología, sociología, filosofía y otras.
“A partir
de ahí, es como que el libro tuvo un auge y una repercusión muy grande. Creo
que se debe a dos factores, que se pueden resumir en uno. Primero que es el
único libro que trata el tema dentro del contexto que es los alemanes del
Volga. Es el único libro con esa temática y lo trata de manera objetiva,
descarnada y real, sin suavizar nada. Y segundo, también interesa mucho, porque
se puede hacer un paralelismo con otro tipo de culturas. Tomando la vida de la
mujer alemana del Volga, se la puede transpolar a cualquier otra cultura, y en
el fondo, el contexto social, económico, cultural, y hasta no hace muchos años,
era donde tenían que desarrollar su vida. Si bien hay ciertas diferencias
culturales, en el fondo, se puede hacer un paralelismo con otro tipo de
culturas. Eso hace que el libro tenga mucha repercusión fuera de los alemanes
del Volga”.
Además, la
cuestión muy valiosa es que el libro es resultado de una investigación, de las
entrevistas a la mujer alemana, algunas que llevaron varias horas, creando un
vínculo de confianza, entre el investigador y la entrevistada.
Julio
cuenta que “El que haya leído el libro, se da cuenta que es sorprendente lo que
han contado. Que hayan tenido la plena confianza de contar cosas muy
personales, en otros momentos cosas muy íntimas, refiriéndose a temas sexuales,
religiosos. No hay ningún tema que se haya abordado en el libro, ninguna de las
mujeres se negó a tratar esos temas. Al contrario, todas las mujeres lo
sintieron como una reivindicación. Lo que puedo ver a la distancia, es que tuve
la objetividad de ver el tema desde afuera, no involucrarme en el momento de
escribirlo. Pude ver las historias de las mujeres de manera objetivo, sin
involucrarme emocionalmente para presentarlas como heroínas.
Presenté
crudamente la realidad, todo lo que tuvieron que pasar, todo lo que vivieron.
Si bien fueron heroínas, trato en el libro de reflejar la cruda realidad que
tuvieron que soportar”.
Quien quiera conseguir ahora un ejemplar de “La vida privada…”, no hay
más. Se agotó la tercera edición. Habrá que esperar por la cuarta edición, que
ojalá salga a la luz, hacia mitad de este año.
Imponente suceso alcanzó la IV edición de la Strudelfest en pueblo Santa María
Fue un
magnífico corolario de un intenso año de actividades llevadas a cabo por las
instituciones, autoridades y toda la comunidad, y nuevamente quedó de
manifiesto lo que es capaz de lograr la unión de un pueblo, el trabajo de su
gente, el esfuerzo, la voluntad y el coraje para enfrentar y vencer grandes
desafíos. Pueblo Santa María volvió a demostrar que trabajando todos unidos se
pueden lograr grandes cosas. Felicitaciones a todos los que hicieron posible
esta gran y exitosa fiesta popular, donde todos y cada uno de los eventos se
desarrollaron de manera gratuita.
Hilando
Recuerdos estuvo presente con su propio stand difundiendo la cultura de los
alemanes del Volga mediante los libros publicados por el escritor Julio César
Melchior. Muchas gracias a la gran cantidad de personas que pasaron por el
stand y adquirieron las obras literarias.
Típica relación de madre e hija en una colonia alemana del Volga
Un sábado a la tarde, doña Ester
y su hija terminaron de bañar a los cinco niños, después de que se bañaron los
hombre de la casa, el marido de doña Elvira y sus tres hijos mayores, que ya
trabajaban en el campo y que, ni bien terminaron de vestirse, enfilaron hacia
la calle, uno a visitar a su novia y los otros dos, rumbo al bar a beber el
clásico vermut con los amigos y a jugar a los naipes.
El marido, don Fermín, se dirigió a la cocina, encendió la radio para
escuchar el noticioso mientras, relajado, tras una larga semana de trabajo,
tomó unos mates en silencio. Doña Ester y su hija, que se llamaba Mercedes,
empezaron a recorrer las habitaciones recogiendo ropa sucia. Al pasar por la
cocina con los bultos, don Fermín les convidaba un mate, alardeando de su
sapiencia como cebador. Doña Ester lo miró fijo pero no dijo nada. Para qué?
Nada cambiaría. La vida era así y seguiría siendo así por toda la eternidad.
Ya en
la patio, se dispusieron a lavar en enormes fuentones de chapa. Soplaba una
brisa fresca.
Mercedes
había cumplido dieciséis años y si bien ella no lo advertía, sus padres ya la
habían reservado como garantía de su vejez. Le dejarían en herencia la casa
como premio al sacrificio. Ella no tendría derecho a tener novio, tampoco a
casarse, ni a tener hijos. Apenas sí el permiso de tener una o dos amigas que,
andando el tiempo, formarían sus propios hogares y la dejarían sola en su
vejez. (Autor: Julio César Melchior)
martes, 26 de febrero de 2019
Travesuras infantiles a la hora de la siesta en las colonias de antaño
El niño estaba tirado entre los pajonales, apretado contra el suelo, conteniendo la
respiración, mientras espiaba como don Fermín salía de la casa, a una hora inusual, para caminar hasta el fondo del patio e ingresar al baño.
Allí permaneció durante un tiempo que al niño le pareció interminable, hasta que, por fin, salió y desanduvo el camino rumbo a la casa. El deseo de ir al baño era el único motivo por el cual el anciano podía interrumpir su siesta y dejar la cama en pleno verano para andar bajo los rayos del sol a las dos de la tarde.
Cuando el niño estuvo seguro de que don Fermín ya no volvería por un buen rato, se arrastró hasta el borde de la quinta, cerca de las plantas de tomates, miró hacia la casa, por las dudas, y, cautelosamente, se puso de pié.
Sus ojos brillaron, destilando codicia, al ver tan cerca de sus manos los rojos y sabrosos tomates, que brillaban al sol, instándolo a que los corte y les eche un buen mordiscón. Pero se contuvo. En lugar de eso, pensó en su hermanito, se sacó la gorra y comenzó a llenarla hasta más no poder.
Terminada la faena y justo cuando iba a darle un mordisco al más grande y hermoso tomate que había visto en su corta vida, un grito lo paralizó. Don Fermín venía corriendo hacia él, lanzando maldiciones y agitando una escoba, furioso.
El niño, asustado y desorientado, salió corriendo hacia los pajonales, no sin tropezar con la regadera, que estaba parada junto a las plantas. Con tan mala suerte que cayó sobre la gorra. Como pudo, se levantó dolorido, agarró la gorra que chorreaba un espeso líquido rojo, y escapó despavorido, seguido por don Fermín, a los gritos. (Autor: Julio César Melchior).
miércoles, 20 de febrero de 2019
Se viene con todo la cuarta edición de la Strudel Fest en Pueblo Santa María
Fuente: lanuevaradiosuarez.com.ar
1, 2 y 3 de marzo, con
muchas novedades, muchos shows, gastronomía típica, música, cultura y un Strudel
gigante de 50 metros de largo. Todo totalmente gratuito.
Organizado por
instituciones locales –con el acompañamiento de la Municipalidad de Coronel
Suárez- se llevará a cabo el multitudinario evento, el viernes 1, sábado 2 y
domingo 3 de marzo, en Pueblo Santa María, -ubicado en el Partido de Coronel
Suárez, en el sudoeste de la Provincia de Buenos Aires- que contará con una
enorme variedad de espectáculos gratuitos para los vecinos de la comunidad y
lugares aledaños que se acerquen a disfrutar del evento.
Se desarrollará el
concurso denominado “el mejor Strudel de Santa María” y se elaborará un Strudel
gigante en vivo. Se anuncia torneo de Kosser, paseo de artesanos, música y
baile tradicional, gastronomía alemana, stand de diferentes productos,
exposiciones y mucho más.
Durante toda la jornada
los vecinos que se acerquen disfrutarán de paseo de artesanos, patios de comidas,
inflables para niños, venta de gastronomía alemana, música típica y danzas
alemanas.
Desde la Municipalidad
se invita a participar para juntos mantener vivas las tradiciones y costumbres
de nuestros ancestros, los alemanes del Volga.
La celebración central
se desarrollará el domingo 3 de marzo - a partir de las 9:00- cuando se lleve a
cabo la apertura del predio y comience la realización del Strudel gigante entre
todas las instituciones e integrantes de la comunidad.
A continuación, se
adosan los cronogramas con las actividades, direcciones de correo electrónico y
teléfonos para comunicarse con los organizadores.
Viernes 1 de marzo:
Muestra Fotográfica a
cargo de Juan José Detzel en el Centro Cultural.
18:30: Circuito
histórico - arquitectónico. Punto de encuentro: Plaza Andenkenplatz (Av.
Alemanes del Volga y Santa Cruz)
20:00: Se presenta a la
comunidad la restauración e iluminación de la Arcada de ingreso realizada por
la Delegación Municipal y la Asociación de Turismo Comunitario.
21:30: Punto de
Encuentro: cervezas, picadas y chorizo a la pomarola. Presentación oficial del
grupo de baile Alles Froh, taller de Tango "Inspiración" de Coronel
Suárez, taller de Música del Centro Cultural a cargo del profesor Raúl Benítez,
y un evento organizado por la Asociación de Turismo Comunitario Santa
María.
Sábado 2 de marzo:
Muestra Fotográfica a
cargo de Juan José Detzel en el Centro Cultural.
14.00: Torneo de Kosser
(juego típico de los descendientes alemanes del Volga) organiza subcomisión de
Kosser del Club "El Progreso".
17.00: Paseo de
artesanos y exposiciones.
17:30: Circuito
histórico - arquitectónico. Punto de encuentro: Plaza Andenkenplatz (Av.
Alemanes del Volga y Santa Cruz) 18:30 hs. 2° Concurso Gastronómico "El
Mejor Strudel de Santa María 2019" Dos categorías: niños y adultos.
19:30: Inicio Shows
musicales, sobre el escenario central, servicio de cantina a cargo de las
instituciones de Santa María. Se presentarán los siguientes artistas: Agustina
Roth y Pía Bermejo, Mara Miranda, Raúl Benítez, Don Misterio, Sobra un Griego,
Polka Rock, Orquesta de Santa Fe: Lustiger Takt Orchester.
Domingo 3 de marzo:
9:00: Muestra
Fotográfica a cargo de Juan José Detzel en el Centro Cultural.
Apertura de predio.
Inicio de la elaboración del STRUDEL GIGANTE 50 metros, entre todas las
instituciones, miembros de la comunidad. Junto con un desfile de música por la
Orquesta de Santa Fe: Lustiger Takt Orchester. Elaboración en vivo de Strudel
apto para celíacos a cargo del grupo celíacos Coronel Suárez. Paseo de
artesanos. Feria Local "Unser Saich": artesanías y gastronomía
alemana.
11:30: Inauguración
Oficial: Presencia de la Banda Municipal de Música "Bartolomé Meier".
Palabras de bienvenida a cargo de las autoridades.
Presentación del Strudel
Gigante, listo para llevar al horno.
12:00: Lugares para
almorzar con gastronomía alemana: Patios de Comidas: Stand de las diferentes
Instituciones organizadoras, sobre el predio principal de la fiesta. Precios
accesibles. Almuerzo popular en el Polideportivo Club Social, Deportivo y
Cultural "El Progreso".
14:30: Visita guiada al
"Museo Parque La Palmera". Punto de encuentro Plaza: Andenkenplatz
(Av. Alemanes del Volga y Santa Cruz).
17:00: Presentación y
degustación Strudel gigante.
21:00: Elección
Embajadora de la Strudel Fest. Durante toda la tarde: Inflables para los niños.
Paseo de artesanos y exposiciones. Venta de gastronomía alemana.
Sobre la Avenida 11 de
Mayo música típica alemana, y danzas a cargo de: - Ballet "De la Dulce
Vida" de la Ciudad de Azul. Grupo de danza "Alles Froh", de
Pueblo Santa María. Grupo de danza "Cross mother-cross father",
Consejo de Adultos Mayores de Santa María. -Presentaciones de los Acordeonistas
Gonzalo Berger, Dario Schwerdt y Franco Schwerdt. Los Alegres del Volga con
Raúl Minig, Tito Limardo y Francisco Peralta.
Willy Weimer Polkarock.
Orquesta de Santa Fe: Lustiger Takt Orchester. Morse y la Repentina.
Cierre de la noche con
la presentación del Grupo Revelación.
En su cuarta edición, la
Strudel Fest buscará a su ‘embajadora’.
Para mayor información comunicarse
a: StrudelFest_SantaMaria@outlook.com, o bien, dirigirse al Centro Cultural
"Héctor Maier Schwerdt", o comunicarse al Tel: 2926- 494196.
También se encuentra abierta la inscripción para el
concurso gastronómico de la 4º edición de la Strudel Fest.
En el marco de la cuarta
edición de la Strudel Fest del Pueblo de Santa María - que será en marzo de
este año -se informa a todos los interesados que se encuentra abierta la
inscripción para participar del segundo concurso denominado "El Mejor
Strudel de Santa María 2019".
El evento se
desarrollará el 2 de Marzo, será con cupos limitados –con un valor de $100-, y
habrá grandes premios para quienes demuestren sus habilidades gastronómicas en
realizar la tradicional y deliciosa comida alemana.
Habrá premio en
categoría niños que serán un viaje para dos personas a Temaiken, y el premio en
Categoría de adultos que será un viaje a Merlo -San Luis- con la agencia
ElectroTurismo.
Para más información escribir
al siguiente correo: StrudelFest_SantaMaria@outlook.com.
martes, 19 de febrero de 2019
Recuerdos de cuando el baño estaba en el fondo del patio y llovía durante días enteros
Llovía a cantaros. El patio era un fangal de charcos distribuidos aquí y allá. La noche llegaba más temprano que nunca. El sol había estado oculto durante todo el día, detrás de oscuros nubarrones.
La casa de adobe soportaba estoica, empapada su techo de paja vizcachera, chorreando agua por las cuatro paredes rectangulares. Las aberturas, puerta y ventanas, colgaban desvencijadas a merced de la impiedad del temporal.
Dentro, una familia compuesta de una pareja, tres hijos y un tío solterón, de vez en cuando miraban por los vidrios de los ventanucos, oteando el horizonte, implorando que la lluvia amainara, mientras observaban con deseo incontenible, la letrina, que se erigía en el fondo del patio.
Los niños, porque son niños, y no conocen todavía el pudor y la vergüenza de los mayores, tenían la dispensa de los padres para sentarse en cuclillas en el centro de la puerta y realizar sus necesidades urinarias sin salir al patio.
Los mayores, sin embargos, sufrían. No solamente vergüenza y pudor, lo que les impedía copiar a los niños, sino también porque ya les resultaba humanamente imposible resistir más, sin vaciar la vejiga u otro espacio lleno de tanta comida ingerida durante la larga jornada de lluvia.
A la medianoche, habiéndose acostado todos a dormir, el tío, fastidiado de tanto apretar las piernas y contener la respirar, gruñendo una queja y lanzando un insulto, se levantó precipitadamente, salió corriendo de la habitación, a oscuras cruzó la cocina, tropezando con una silla y tirando una cacerola que colgaba de la pared, abrió la puerta, para enfilar corriendo rumbo a la letrina.
La lluvia, los charcos, el barro y el intenso viento, más la veloz corrida, lo zarandeaban como si fuera un equilibrista tratando de no precipitarse en una caída humillante. Una caída que resultó inevitable. Cayó despatarrado en un charco de agua. Se hundió en el fango mientras sentía un vergonzoso alivio en su vejiga y en su vientre. (Autor: Julio César Melchior)
lunes, 4 de febrero de 2019
Un domingo en familia en la colonia
Sobre la cocina a leña varias ollas exhalan vapores y aromas disímiles. El fuego, su interior, crepita. Abuela abre la puerta del horno, observa la fuente en la que descansa un lechón rodeado de papas, da unos pinchazos aquí y allá con el tenedor, para finalmente decidir que todavía le falta un poco. Luego toma una cuchara de madera y revuelve el contenido de una cacerola. Se nota a primera vista que sabe lo que hace. No necesita ninguna receta escrita. Todo lo lleva grabado en su memoria. Tampoco necesita balanza para pesar los ingredientes, sus manos y sus cálculos siempre resultan perfectos.
Es domingo, día de reunión familiar. Primero asistir a misa, a las diez de la mañana, en la iglesia de la colonia, después todos a almorzar a casa de abuela. Los hijos, nueras, nietos. Un universo de personas que se sentarán en torno de la larga mesa familiar, con abuelo presidiendo la cabecera. Hablarán todos a la vez. Habrá recuerdos. Anécdotas. Risas. Alguna lágrima. Y después, si abuelo si tiene ganas y el cuerpo le da, aparecerá el acordeón y surgirán las canciones alemanas.
Abuela vuelve a revolver el contenido de la olla con la cuchara de madera. La coloca sobre la mesa y se acerca a la ventana para observar si ve gente en la calle, retornando de la iglesia. No ve a nadie. Eso le da tiempo para salir al patio, tomar la palangana e ir a la bomba a llenarla de agua, para lavar unas prendas y colgarlas en el tendal, allá en el fondo, cerca de la quinta, donde florecen las verduras y los frutales.
Al volver, ingresa al galponcito de chapa y sale con el brazo cargado de astillas de eucalipto, para alimentar el fuego de la cocina a leña.
Alguien pasa por la calle y la saluda. Ella responde con una sonrisa.
-Terminó la misa -piensa. Ahora vendrán mis hijos.
Y así es. Llegan los hijos y las nueras, pero también abuelo y los nietos, que ingresan corriendo al patio a abrazarla y llenarla de besos. (Autor: Julio César Melchior).
Todas las recetas de nuestras abuelas están en mi libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”, que se puede adquirir desde cualquier localidad del país.
sábado, 26 de enero de 2019
IV Strudelfest: fiesta tradicional de los alemanes del Volga, con entrada libre y gratuita a todos los eventos
Se llevará a cabo los días 1,
2 y 3 de marzo en Pueblo Santa María, Partido de Coronel Suárez, Provincia de
Buenos Aires. Se realizará un Strudel gigante y se organizan una gran variedad
de eventos tradicionales.
viernes, 18 de enero de 2019
La casa de adobe
La vivienda era precaria, estaba
construida con adobes, revocada con barro, pintada a la cal, y con piso de
tierra. Tenía solamente dos dependencias, una que cumplía las veces de cocina y
otra, de habitación. La única puerta que daba al patio, lo mismo que la que
daba al dormitorio, al igual que las dos ventanas, una para la cocina y otra
para la pieza, estaban pintadas de verde.
El único lujo, y a la vez, el
único confort, que sus moradores poseían, era una cocina a leña, en la que se cocinaban y horneaban todos
los platos que ponían sobre la mesa, y con la que calentaban toda la casa en
invierno.
También
tenían una mesa larga de madera, varias sillas, un enclenque mueble para los
enseres domésticos, una cama matrimonial y otra de una plaza y dos colchones,
que yacían tirados en el piso.
En la
vivienda vivían don Alfredo, su esposa y seis hijos. El mayor tenía trece y el
menor dos años. Ninguno asistía a la escuela. Todos debían aportar, con su
trabajo, en la manutención del hogar. De nada sirvió que la monja superiora
tratara de convencer al hombre de que sus hijos merecían una educación. “Y
quién me ayuda en el campo? Usted?” -fue la respuesta. “Somos muchos en la y
todos quieren comer”.
La
vivienda había sido levantada a unos cien metros del pueblo. Cerca de un
arroyito. Los niños, en verano, junto a la madre, cultivaban una quinta, como
para alimentar a toda la colonia. Cosa que intentaban, porque todos los días,
bien temprano a la mañana, madre e hijos, recorrían el pueblo vendiendo
verduras y hortalizas.
Tenían
una vida sacrificada. Dura. Llena de privaciones. Que, con los años, se
profundizó, porque fueron naciendo varios niños más. La pobreza no parecía un
límite para concebir más niños. Más bien, parecía todo lo contrario.
Tampoco
el poco espacio que había en la casa era un límite para traer más hijos al
mundo. En vez de ampliarla, cosa difícil, ante una situación de humildad tan
extrema, se solucionaba el inconveniente desparramando colchones en la cocina
durante las noches, que generalmente eran compartidos por más de dos niños.
Todos
crecieron sanos y de uno en uno fueron abandonando la casa para luego
casarse.
Finalmente
don Alfredo y su esposa quedaron solos, en la casa de adobe, junto al
arroyito.
Primero
murió don Alfredo, a los 83 años, y unos meses después, lo siguió su esposa.
La
vivienda, de adobe, pintada a la cal, con puertas y ventanas verdes, quedó
sola, a merced del tiempo.
Un
día, transcurridos muchos años de soledad y olvido, un viento fuerte se llevó
el techo.
Y la casa empezó a morir.
(Julio César Melchior).
sábado, 5 de enero de 2019
Se cumple un nuevo aniversario de la fundación de Colonia Hinojo, la colonia madre de los alemanes del Volga
Un 5 de enero pero de 1878 se fundaba
Colonia Hinojo, en el partido de Olavarría, provincia de Buenos Aires, el
primer asentamiento alemán del Volga en la República Argentina. Los fundadores
habían nacido en la aldea Kamenka. Traían consigo su lengua, su arquitectura,
sus costumbres, sus tradiciones y su idiosincrasia. Un legado cultural que
conservan con orgullo sus descendientes. La colonia madre fue fundada, entre
otros, por Andrés Fischer, Jorge Fischer, José Kissler, Miguel Kissler, Andrés
Kissler, Pedro Pollak, José Simon, Juan Schamber, Jacobo Schwindt y Leonardo
Schwindt, acompañados por sus esposas e hijos.
Todavía se conservan algunos
testimonios de esas primeras épocas, como por ejemplo un breve manuscrito que
el Schulmeister José Gottfried encontró en la iglesia local. Se lee allí que:
"Duros fueron los primeros tiempos, nos decían nuestros abuelos (...)
primero el idioma (...) los pajonales (sic), no se divisaba más que unos metros
y el poco tiempo transcurrido de la conquista de (sic) desierto siempre
quedaban algunos indios los hombres (que) tenían que (ir) a sus chacras a
trabajar (ilegible. Quizá: "les temían").
Con mejor sintaxis pero con datos parecidos, informa a su vez esta otra reseña: “Llegaron hasta un lugar llamado San Jacinto. Lo único que respondía a ese nombre eran los pajonales, donde los patriarcas permanecieron unos dos años, debiendo organizar continuamente guardias, armados con implementos antediluvianos para defenderse de los malones indios."
Con mejor sintaxis pero con datos parecidos, informa a su vez esta otra reseña: “Llegaron hasta un lugar llamado San Jacinto. Lo único que respondía a ese nombre eran los pajonales, donde los patriarcas permanecieron unos dos años, debiendo organizar continuamente guardias, armados con implementos antediluvianos para defenderse de los malones indios."
De cualquier forma, los rastros
de esta primera fundación prácticamente se han perdido.
“A raíz de algunos conflictos suscitados
con otro grupo de colonos, en este caso franceses establecidos en la zona
acogida por la misma ley de colonización, los alemanes solicitaron y obtuvieron
el permiso para trasladarse a un kilómetro de distancia”, escribe Olga Weyne.
Acordado este permiso,
desmontaron todas las viviendas para trasladarlas al nuevo destino, al cual
llegaron pocos días después nuevos emigrantes del Volga en cantidad bastante apreciable.
Así quedó fijado el lugar
definitivo de colonia Hinojo.
Como las familias estaban
formadas por personas todavía jóvenes y los hijos eran numerosos, tanto los
hombres como las mujeres, al principio, tuvieron que realizar tareas sumamente
agobiadoras, no sólo en la casa sino también en el campo. Uno de los más
jóvenes principiantes, el primer año, contra viento y marea pudo sembrar de
cuatro a cinco hectáreas; el segundo año anduvo mejor y llegó a las 14
hectáreas.
Después de fundarse la colonia de
Hinojo, se desplazó otra corriente inmigratoria desde el Volga y unas veinte
familias fundaron la colonia Nievas, llamada también Holtzen. El cielo los
favoreció y, obteniendo buenas cosechas en los años siguientes, pudieron
acomodarse bien. La producción abundante de la hacienda sumó nuevos ingresos,
que fortalecieron la economía que ya tomaba bases sólidas.
Estas circunstancias estimularotn
su progreso y dos años más tarde se fundó colonia San Miguel.
Los colonos orientaron sus actividades
hacia las dos ramas fundamentales del campo: agricultura y ganadería. Las
chacras de las tres colonias contaban con pasto muy bueno para la hacienda. Ese
fue un factor de peso para que algunos se consagraran con preferencia a lo
último, por lo cual podía observarse chacras que contaban hasta con mil y dos
mil cabezas de animales, entre vacunos, lanares y equinos (Autor: Julio César
Melchior).
domingo, 30 de diciembre de 2018
Quién se acuerda de esta tradición de Año Nuevo: Wünsche gehen?
“Cuando éramos niños, el día de
Año Nuevo era para nosotros una jornada de fiesta” -recuerdan los más ancianos
de la colonia. “Salíamos a visitar a toda la parentela vor wünsche (para desear
feliz Año Nuevo). Entrábamos en todas las casas para desear un feliz comienzo
de año a todos los integrantes de cada familia, y ellos, a cambio, nos
obsequiaban masitas caseras, unas golosinas, escasas en aquel tiempo, y un poco de dinero, cuando había. Para los niños humildes de
la colonia era, quizás, la única fecha del año en que recibían una golosina.
Por eso no dejábamos de visitar ningún pariente ni amigo. Con cada regalo
armábamos un paquetito que llamábamos Pindle: poníamos las golosinas en el
centro de un pañuelo y uníamos sus cuatro puntas mediante un nudo”.
Así comenzaban Año Nuevo los
niños de la colonia
El primer día del año los niños
se levantaban bien temprano a la mañana, casi con el amanecer, para saludar a
sus padres deseándoles feliz año nuevo, recitando un poema varias veces
centenario y de autor desconocido, que dice así: Vater und Mutter ich wünsche
euch glückseeliges neusjahr, langes leben und Gesundkeit; frieden und einigkeit
und nach eren Tod die ewige klückseeligkeit”. “Das wüsnsche mir dir auch”,
respondían mamá y papá mientras les obsequiaban algún presente.
Cumplido este ritual, los
pequeños salían a visitar a parientes y amigos para también desearles la
felicidad en el año nuevo que comenzaba. Pero esta ocasión el poema era otro:
glück und segen / auf allen Wegen! / Frieden im Haus / jahrein, jahraus! / In
gesunden und kranken Tagen / kraft genung, Freud und Leid tragen! / Stets im
Kasten ein stücklein Brot, / das geb’ uns gott!
Al finalizar la jornada todos los
niños de la colonia, sobre todo los más humildes, se sentían dichosos con la
enorme cantidad de regalos que lograban reunir tras una larga jornada de
“trabajo”, visitando tíos, abuelos y demás parientes (Julio César Melchior).
domingo, 23 de diciembre de 2018
El Pelznickel y el Christkindie, dos personajes tradicionales de la Navidad de los alemanes del Volga
El Pelznickel, de barba
enmarañada, arrastrando su larga y gruesa cadena, ataviado de prendas oscuras y
gastado sobretodo negro, viene vociferando sonidos guturales, cual monstruo
prehistórico escapado del fondo de los tiempos para castigar a los niños
díscolos. En la mano un Rutschie, una rama fina y delgada, para descargar sobre
los dedos de los infantes que, una vez sorprendidos
en su falta, no saben rezar o, a causa del pánico, se olvidan del Padrenuestro,
confundiéndolo con el Avemaría.
Un
solo eco de su voz a lo lejos, provoca que los niños huyan despavoridos a
esconderse debajo de la mesa y de la cama o detrás de la falda de la madre.
Imposible huir de este personaje que conoce las faltas y las travesuras
cometidos por todos los niños de la colonia a lo largo del año.
Pero
como todo tiene su recompensa, una vez que el Pelznickel hubo partido de la
casa, dejando a los niños inmersos en un mar de lágrimas, llega el
Christkindie, el niño Dios, personificado en una niña vestida de blanco
inmaculado, para calmar el llanto, mitigar el sufrimiento y brindar consuelo a
las almas de los pobres niños de la colonia.
Toda
ella es dulzura y santidad y lleva colgado en uno de sus brazos, una canastilla
llena de galletitas caseras, frutas y alguna que otra humilde golosina que,
para los niños colonienses, es el manjar supremo, una delicia que saborean
solamente en estas ocasiones o en Pascua, cuando llega el conejito. (Autor:
Julio César Melchior).
La historia del Pelznickel y la pequeña Elisa
El Pelznickel la miró a los ojos,
hasta el fondo de su alma. Parecía poder atisbar en los rincones más recónditos
de su interior, allí dónde ocultaba las travesuras que sus padres no debían
saber jamás, como la tarde que dejó escapar las ovejas, arruinando la quinta y
la cosecha de verduras para el invierno, ocasión en que el culpable terminó
siendo el pobre perro que, dicho sea de paso, recibió una furibunda paliza por
el delito que no cometió. Elisa, de nueve años,
cerró los ojos. Temblaba. Apenas respiraba. A su lado, su hermano la observaba
de reojo, consciente de que él sería próximo.
El
Pelznickel gruñó unas palabras para demostrar que estaba muy enojado con la
niña. Le ordenó que abriera los ojos y se arrodillara frente a él. A
continuación le preguntó si se había portado bien durante el año. Sí -mintió
Elisa. Lo que aumentó la furia del Pelznickel, un viejo barbudo, de pelambre
enmarañada, calzado en botas de lluvia y un vetusto sobretodo negro, de
invierno. Lo grupo que le provocaba un mar de sudor. A quién se le ocurría
vestirse con ropas de invierno para aparecerse a los niños durante la
Nochebuena.
El
Pelznickel le revisó las manos y las uñas y la obligó a rezar, primero el
Padrenuestro, después el Avemaría, después el Credo… Elisa tartamudeó, tropezó
con las palabras, se confundió, empezó a sentir como sus manos comenzaban a
temblar y a sudar. Hasta que no soportó más y estalló en llanto. Un llanto
desgarrador. Pero no se movió ni nadie la rescató. Los demás niños miraban
absortos, porque sabían que después les tocaría a ellos, y los padres y tíos
observaban cómplices, conocedores de la rutina que se estaba desarrollando
desde tiempos inmemoriales.
El
Pelznickel repitió el espectáculo con todos los niños de la casa. Todos, los
seis, a su turno, lloraron. Poco o mucho, pero lloraron. Las mujeres y los
varones. Nadie quedó indemne de un castigo. Para la mayoría solo consistió en
rezar. Para el más díscolo, sin embargo, la pena fue, además de orar, recibir
unos golpes sobre las palmas de las manos, con un Rutschie.
Concluida
la labor, el Pelznickel se marchó como había llegado: lanzando estertóreos
gritos guturales y agitando la pesada cadena que, año a año, traía consigo para
anunciar su terrorífica arribo. (Autor: Julio César Melchior).
Rumbo a América
Arrastró los tres grandes baúles
a lo largo del puerto y con la ayuda de su esposa y de su hijo mayor, los subió
al barco, y con el resto de energía física que le quedaba, los acomodó en el
fondo de la bodega, junto a otros bultos, de formas variables y contenidos
dispares.Sus cuerpos estaban profundamente cansados pero interiormente se sentían satisfechos. La primera etapa del largo viaje se había desarrollado sin mayores contratiempos. Los hubo, es cierto. Lo mismo que también era cierto que hubo que enfrentar momentos de mucha angustia. Pero la meta estaba lograda. La aldea quedaba atrás. Cada vez más lejos. Rusia ya no los quería. En realidad, nunca los quiso. “Nos usó mientras fuimos útiles y ahora nos expulsa” -pensó Joseph.
Allá
lejos, en la aldea, allá, en la lejana Rusia, quedaban la pobreza, el hambre y
el sufrimiento; pero también permanecían seres amados, padres, tíos, primos,
abuelos, que no quisieron, no se atrevieron o no pudieron escapar del
dolor.
Por
eso, en el barco, se mezclaban la alegría y la tristeza. La esperanza y la
angustia. Los pasajeros que emigraban eran conscientes que casi con seguridad jamás
iban a volver a reencontrarse con los familiares que quedan atrás. Rusia estaba
inmersa en un caos social, político y económico que terminaría consumiendo
muchas vidas y muchas aldeas habitadas por descendientes de alemanes.
El
barco se fue alejando. Cada pasajero se recluyó en su espacio. Algunos en
sitios muy diminutos, dado la cantidad de pasajeros que el capitán había
permitido ascender en aras de ganarse un dinero extra.
El
viaje iba a ser largo. Casi un mes. La comida empezaría a escasear y a ser
racionada rigurosamente. La mayoría pasaría hambre. Todos terminarían
infectados de piojos y con el cuerpo lleno de ronchas de tanto rascarse. La
falta de agua dulce, completaría el panorama.
Así y
todo, arribaron al puerto de Buenos Aires con el alma henchida de esperanza y
la idea fija de forjar un futuro mejor para sí mismos y sus descendientes.
Y
transcurridos más de cien años de aquella emigración y de aquel viaje, podemos
escribir con total seguridad de que lograron cumplir su meta. (Julio César Melchior).
lunes, 17 de diciembre de 2018
“A mi casa llegó el Pelznickel” recuerda don Federico Schulmeister

“En la Nochebuena, a las doce de
la noche, asistíamos al templo. Por aquellos años todos los eventos sociales
como familiares y privados, tenían como eje central a la iglesia y al
sacerdote. No existían las grandes comilonas de hoy en día” -recuerda Federico
Schulmeister. Y agrega: “teníamos que asistir todos, desde la persona más
grande hasta el niño más pequeño de la casa. No debía faltar nadie”.
“Después de la misa, regresábamos a casa. Mis padres abrían la Biblia y
rezaban. Mientras los niños, entre expectantes y llenos de miedo, nos
sentábamos a esperar al Pelznickel. Ni bien escuchábamos sus gritos y el ruido
de su enorme cadena, la cocina se convertía en un lío de pánico. Algunos niños
se metían debajo de la mesa, otros se escondían en los dormitorios y otros
detrás de las faldas de los vestidos de mamá y las hermanas mayores.
“El
Pelznickel” -acota-, siempre llegaba enojado, a los gritos: 'dónde están los
chicos que se portaron mal durante el año', exclamaba. Y nosotros, traviesos
por naturaleza, temblábamos de miedo.
“Nos
llamaba, nos hacía arrodillar y, uno a uno, nos preguntaba cómo nos habíamos
portado a lo largo del año. Y guay si mentíamos! Él lo sabía todo (porque con
anterioridad nuestros padres le revelaban todas las diabluras que habíamos
cometido).
“Concluido
el interrogatorio (algún niño siempre salía corriendo horrorizado por tan
tremendo suplicio), nos controlaba la limpieza de las manos y las uñas y nos
hacía rezar.
“Finalmente
se iba a visitar otra casa de la misma manera en que había llegado: a los
gritos y agitando estruendosamente su enorme y larga cadena”. (Autor: Julio
César Melchior).
lunes, 10 de diciembre de 2018
El adiós al Volga
Ver por última vez las aguas del río Volga, desencadenó
en él una revolución interna de sensaciones e imágenes: mi abuelo intuyó con
absoluta certeza, que jamás iba a regresar a la aldea, que las circunstancias
de la vida, llámense económicas, sociales, políticas, o simplemente destino,
nunca se lo iban a permitir.
Quiso retener en su memoria el fluir del agua, su color
intenso, la bravura de su ímpetu; pero, muy en el fondo de su alma, sabía que
eso era imposible, porque el transcurrir del tiempo
siempre diluye los recuerdos, primero los pinta de color sepia y finalmente los
transforma y los aleja, hasta quitarles nitidez y emoción.
Agitó las riendas y los
caballos se pusieron en marcha, arrastrando el carro en el que viajaban mi
abuelo, su esposa, sus cinco hijos, tres baúles y unas pocas cosas que pudieron
llevar.
En la aldea quedaba no solamente el pasado, una vivienda, su hogar, al que jamás regresarían, sino padres, hermanos, tíos y abuelos. Un universo de gente que los veía alejarse en el horizonte, envueltos en una bruma de polvo, que levantaban los caballos y el carro al cruzar la inmensidad rusa rumbo a la estación, donde abordarían el tren que los llevaría a Alemania, para, en el puerto de Bremen, embarcar rumbo a la Argentina.
En la aldea quedaba no solamente el pasado, una vivienda, su hogar, al que jamás regresarían, sino padres, hermanos, tíos y abuelos. Un universo de gente que los veía alejarse en el horizonte, envueltos en una bruma de polvo, que levantaban los caballos y el carro al cruzar la inmensidad rusa rumbo a la estación, donde abordarían el tren que los llevaría a Alemania, para, en el puerto de Bremen, embarcar rumbo a la Argentina.
viernes, 30 de noviembre de 2018
La colonia es un murmullo de voces que se pierden
“Caminante no hay camino, se hace camino al andar…” Y al
andar se dejan estelas en la mar que, al mirar atrás, son nuestras huellas en
el camino. Jirones de vida y destino que dejamos en el pasado para construir
este futuro. Este ahora que en mis manos, ajadas y viejas, no logran contener
en toda su inmensidad tanta angustia, devastación y desolación que me dejó el
ayer. Cuando lleno de sueños embarqué hacia la Argentina, con mi esposa y mis hijos. Mis baúles y mis miserias.
Mi adiós a la tierra volguense y mi esperanza desmedida en el futuro argentino.
Y no hubo tal futuro. No hubo
nada. Solamente amargura tras amargura. Fracaso tras fracaso. Llorando muertos
tras muertos. Llorando partidas y continuando a pesar de todo. Cada vez más
solo, cada vez mas desesperado y cada vez mas decepcionado de la vida. Primero
mi esposa. Muerta por la epidemia. Después mis hijos. Difteria y otros males.
Todo me lo llevó Dios. Todo lo perdí. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué tenía que
aprender? ¿A sufrir? ¿Qué culpa tenían mis hijos y mi esposa con mi
aprendizaje? Es ilógico escuchar esa explicación del cura: Toda muerte nos
enseña algo. ¿A quién? ¿Por qué alguien debe entregar su vida para enseñarle
algo a una persona que continúa, supuestamente, disfrutando de la vida? No
tiene lógica. Nada tiene lógica. Ni que mis tres hijos y mi esposa hayan muerto
y yo, totalmente solo, desgarrado de dolor, hoy esté cumpliendo 98 años.
Nuestros abuelos, los alemanes del Volga
Trajeron en sus baúlesenseres de todo tipo:
ropa, vajilla, retratos.
Y en el espíritu
fe, coraje y esperanza.
En los labios un idioma.
En el corazón a Dios.
En el alma tradiciones.
Y en las manos trabajo.
En el corazón a Dios.
En el alma tradiciones.
Y en las manos trabajo.
Trajeron cuerpos fértiles
para una tierra virgen:
la sembraron de trigo
y la poblaron de hijos.
para una tierra virgen:
la sembraron de trigo
y la poblaron de hijos.
miércoles, 7 de noviembre de 2018
Mis libros fueron entregados al alcalde y a los representantes de la ciudad de Schwabach, por el Intendente Municipal de Coronel Suárez, en su viaje oficial a Alemania

El Intendente Municipal, Roberto Palacios, en
su viaje oficial a Alemania, para participar de la Segunda Conferencia de
Cooperaciones Municipales con América Latina y el Caribe, organizada por
Engagement Global, una organización germana que trabaja en el hermanamiento de
ciudades de ese país con otras del este continente, llevó como
representación de la identidad cultural del distrito, mis libros, que rescatan
la historia y cultura de los alemanes del Volga. Un paso gigante, para todos
los que trabajamos para visibilizar no solo a los alemanes del Volga de la
Argentina sino a los tres pueblos alemanes del distrito de Coronel Suárez. Mis
antepasados, y sobre todo mis abuelos, y mi padre, seguramente se sentirán
orgullosos de que sus memorias regresen al terruño, del que, hace más de
doscientos años, partieron en busca de libertad y de la tierra prometida, que
finalmente encontraron en la Argentina.
Los juegos en las colonias de antaño
Los niños juegan a las bolitas en la vereda. Las niñas a las muñecas, en el fondo del patio. Ambos ya saben: los varones tienen derecho a la vida social y las mujeres, la obligación de estar atentas al cuidado del hogar y la crianza de los hijos.
Los varones discuten, se empujan, se abofetean, se trompean, se ensucian, luchan por el espacio que les pertenece por la simple razón de ser hombres. Las nenas sin embargo miman a sus muñecas, las bañan, las visten, las alimentan. Las duermen, aceptan resignadamente y sin siquiera darse cuenta, el papel que la sociedad patriarcal les asigna.
Los juegos perpetúan el modelo. No son tan inofensivos ni tan inocuos como parecen. Y los adultos lo saben.
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