Rescata

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miércoles, 5 de junio de 2013

Me casé con lo puesto. (Historia de vida)

Yo me casé con lo puesto. Después de la ceremonia religiosa comimos un asado en casa de mis padres. Mi tío tocó el acordeón, bailamos un poco, y enseguida nos fuimos al campo a trabajar. Los viajes de boda no existían, tampoco teníamos dinero. Así es que pasé mi primera noche con mi marido en la chacra en la que fuimos a trabajar de matrimonio. Mi marido como mensual y yo como cocinera. Tenía que cocinar para diez peones. Con apenas diecisiete años ya tenía tanta responsabilidad. Y de un día para el otro. Me acuerdo que tenía mucho miedo que se me quemara la comida o me saliera mal. Pero, por suerte y gracias a Dios, todo salió bien.
Empezamos muy de abajo, sin nada. La cama nos la regaló un tío de mi marido. El colchón mi papá. Y así. Fuimos reuniendo cosas prestadas hasta que, de a poco, pudimos empezar a comprar nuestros propios muebles. Vivíamos en casa de mis padres. En una habitación que era cocina y pieza. El baño quedaba como a veinte metros de la casa, casi al fondo del patio.
Pero en esa vivienda solamente pasábamos tres días al mes, porque veníamos de visita del campo a la colonia, una vez cada treinta días, más o menos: llegábamos los sábados a la mañana y nos íbamos los lunes a la mañana. Ahí vivimos durante veinte años hasta que por fin pudimos ahorrar unos pesos y comprarnos nuestra propia casa. Para ese entonces ya teníamos ocho hijos, el mayor de diecinueve trabajaba a la par de mi marido.
Nuestra vida fue dura, muy dura. Pero no me quejo. A pesar de todo, fuimos felices. No nos sobró nada. Pero tampoco nos faltó nada. No había lujos, sólo teníamos lo necesario para vivir y eso alcanzaba. ¿Para qué más?

Die Wochentage: Los días de la semana en alemán

Montag………………Lunes

Dienstag……………..Martes

Mittwoch…………….Miércoles

Donnerstag…………..Jueves

Freitag……………….Viernes

Samstag……………..Sábado

Sonntag……………..Domingo

En el gris del atardecer

En el gris del atardecer
desfallecen los minutos
en melancólicos suspiros,
deshojando las horas
que en pétalos de olvido
lloran tu ausencia.

Mientras mi alma,
huérfana de ti,
liba el amargo néctar
de la rosa del tiempo,
que gime de ayeres
que nunca volverán.

Y mirando el ocaso,
veo irse el día
como el partir de un velero
rumbo a la eternidad,
buscando en el más allá
la felicidad perdida.

martes, 4 de junio de 2013

Historia de vida de un descendiente de alemanes del Volga


 -Tenía diez años. Me acuerdo muy bien. Mi papá me mandaba a pastar las vacas por las calles rurales porque había sequía. Yo solito, con la única colaboración de un perro, cuidaba de cuarenta vacas lecheras. Era todo el capital que poseía mi padre. Papá era dueño de un tambo. Ordeñábamos bien temprano, de madrugada, porque las nueve había que llevar la leche a la quesería, una fábrica que existía cerca de la colonia tres. Tomaba el desayuno y a la calle. Me llevaba un poco de carne, pan y yerba. Encendía fuego en algún reparo que encontraba. A veces hacía tanto frío que titiritaba. Pero había que estar igual. Las vacas tenían que comer, no solamente para no morir de hambre, sino para dar más leche. Las heladas eran tremendas. Se me congelaban las manos y los pies. Los guantes y las medias de lana hilada que tejía mi madre no alcanzaban para mitigar el frío. Llega a casa al atardecer, encerraba las vacas en el corral, y me iba corriendo a sentarme al lado de la cocina a leña para calentar el cuerpo. Mamá me esperaba con mate cocido y Kreppel, chorizo casero y jamón. ¡Qué rico era comer aquellos manjares y ver a mi madre sonreír satisfecha! –cuenta don Luis.
 -Ese trabajo lo hice casi todos los años de mi niñez porque mi padre tenía poco campo y la cantidad de cabezas de ganado aumentaba con cada parición. Me conocía todos los secretos de los caminos… Dónde podía refugiarme si hacía mucho frío, si llovía, si soplaba viento… Donde había un nido con pichones… También conocía a todos los chacareros de la zona que pasaban saludándome y haciéndome bromas, cuando iban a la colonia. Era una época difícil pero yo era feliz.  Llevaba mi honda, cazaba pajaritos para comer. Me acuerdo de una vez en que, por correr detrás de una liebre con el perro, me descuidé y las vacas salieron corriendo en estampida, en una carrera loca que las llevó lejos, bien lejos. Me costó laburo y mucho llanto volver a juntar todas. Tenía mucho miedo a que mi padre se enterara y me castigara. Nunca más volví a cometer ese error. Uno aprende de las macanas que se manda –afirma.
-Cuando no tenía que estar en la calle con las vacas, tenía que ayudar a mi madre y a mi padre en las tareas domésticas y en el campo. Me gustaba más trabajar con mi mamá, ella no me gritaba y tampoco me pegaba. Papá se enojaba mucho y cuando se enojaba, era bravo. Me acuerdo de una vez en que me dijo que enlazara un carnero y yo enlacé una oveja. Me equivoqué feo y me dio miedo. Comencé a llorar. Cuando mi padre vio mi error y mis lágrimas, me retó furioso no solamente por la macana que había hecho sino porque lloraba como una mujer. Sacó su alpargata y me pegó. Me retaba y me pegaba una y otra vez –rememora.
-Trabajé con mis padres hasta que cumplí los quince años. Entonces le pedí permiso para buscar otro trabajo. Me dijo que sí; pero si me iba no podía regresar a trabajar nunca más con él. Acepté. Era duro. No se le movió un solo pelo cuando me lo dijo. Me dolió mucho. Pero nada podía ser peor que trabajar con él. Así que junte las pocas cosas que tenía y me fui para siempre –evoca en un quiebre emocional.
-Me fui del campo sin un peso. Mi papá no me dio nada. Tampoco me dio la mano para despedirme. Mamá lloraba mirando cómo sucedían las cosas. Cuando me ensillé el caballo y empecé a marcharme, papá estaba arando el campo, indiferente a lo que hacía yo. Seguramente estaba ofendido conmigo porque lo dejaba solo en la chacra con tres hijos pequeños. ¡Pero así es la vida! Uno no piensa cuando es joven. Quiere ser libre. Quiere tener su propia plata. Y los meses la tuve. Porque enseguida empecé a trabajar en una estancia, a cincuenta kilómetros de casa. Los fijes de semana tenía dinero para ir a los bailes de la colonia. Paraba en la casa de los padres de un amigo. Íbamos a los bares- ¡Qué tiempos aquellos! –sonríe.
-Me agarraba unas curdas tremendas. Pero en aquellos años era algo normal.se tomaba mucho. Me acuerdo que más de una vez me llevaron a la estancia en carro porque ni siquiera podía subir al caballo de la curda que tenía encima. ¡Eso sí! –recalca- Los lunes a la mañana estaba en el trabajo. Jamás falté. Era muy cumplidor. Nunca le fallé al patrón –asegura.
-Veníamos a la colonia con mucha plata. Eran años en que se ganaba muy bien en el campo. Nos divertíamos a lo grande. Me acuerdo de las grandes fiestas Kerb. ¡La gente que había en la colonia en esos días! Asado, bailes y farra por todos lados. Todos contentos. En la Escuela Parroquial las religiosas preparaban kermeses. Había tantos juegos y tanta gente en el patio que era imposible caminar sin llevarse a alguien por delante. Me acuerdo del juego de las latas apiladas unas sobre otras que había que voltear con tres pelotas fabricadas con medias de hombre rellenas de telas o papel. Nos matábamos de risa. A veces también se proyectaba alguna película en el Salón Parroquial. ¡Era todo un acontecimiento y un lujo!  Las películas que recuerdo son las de Chaplin, El gordo y el flaco… ¡Qué divertidos que eran! Las películas de cowboy. El inolvidable John Wayne y sus duelos con los vaqueros malos y los indios apaches. ¡Qué linda época! –exclama satisfecho consigo mismo y sus recuerdos.
-Una de aquellas noches, en un baile, conocí a María, mi esposa. Estaba con su hermana y sus padres. Me gustó enseguida. Así que junté coraje y a los quinces días fui a ver a su padre para decirle que me quería casar con ella. Me dijo que sí; pero que tenía que esperar tres meses y que podía visitarla todos los domingos a la tarde, de cuatro a seis. Siempre que la visitaba estaba presente la mamá. En ningún momento pudimos mantener una conversación en privado. Transcurridos los tres meses, nos casamos y me la llevé al campo a trabajar de matrimonio. ¡Era brava la María! No le gustaba el campo. Me costó mucho domarla y hacerle entender que yo ahora era su marido y ella tenía que hacer lo que le decía. No hizo falta pegarle para que entendiera. Ella era mía. Unos pocos gritos bastaron para que entrara en razón. Nunca tuve quejas de ella. Fue una buena mujer. Me dio ocho hijos: tres mujeres y cinco varones. Todos sanos –revela orgulloso.
-A los doce años de casados pudimos juntar la plata para comprarnos una casa en la colonia. Era chica pero suficiente para nosotros. Los chicos empezaron a ir a la escuela. Los menores terminaron. Los mayores tuvieron que dejar para salir a trabajar. Todos tenían que aportar para poner la olla. Nadie comía de arriba. Había que ganarse la comida. Los más chicos ayudaban a mi esposa en la quinta de verduras: a regar, a carpir y a hacer chucrut, pepinos en conversa –acota con cierta displicencia, como dando a entender que esas eran tareas de mujeres.
-Yo seguí en el campo, laburando como una bestia durante toda mi vida. Si no trabajás no tenés plata y si no tenés plata no podés vivir ni mantener a tu familia.  Eso lo sabe cualquiera –sentencia.
-Trabajé hasta que me jubilé. Mis hijos, como todos los hijos, se casaron, se fueron de casa y se te he visto no me acuerdo.  Todos hicieron su vida. Uno vive en Buenos Aires, otro en Bolívar, y así –describe.

-Yo quedé viudo hace ocho años. Vivo solo y me las arreglo solo. No necesito de nadie. Nunca necesité de nadie. Siempre pude solo y también puedo ahora. Viví mi vida y no me quejo. Ahora solamente me queda esperar que Dios me llame” –concluye Luis Agustín Lambrecht.

Autor: Julio César Melchior.-

sábado, 1 de junio de 2013

Avanza la construcción del salón de fiestas del Centro de Jubilados de San José

 El jueves por la mañana, como casi todos los días, Héctor Melgor estaba en la obra que está en pleno proceso de construcción y que se encuentra emplazada al lado de la sede social del Centro de Jubilados de Pueblo San José, entidad que preside.

Se trata de la edificación del salón de fiestas que es el resultado del trabajo manual de algunos de los miembros de la Comisión, con Melgor encabezando la iniciativa.
A la pregunta de qué siente cuando entra a la obra que han levantado con sus propias manos, Melgor responde, emocionándose, que “quiero solamente que nos retribuyan esto con afecto”.
Han levantado paredes, realizado el revoque grueso, colocado ventanas y puertas. Han trabajado incesantemente en cada uno de los detalles, hicieron las cabreadas del enorme salón y colocaron el techo.
Cuenta el Presidente del Centro de Jubilados que “ahora vienen los detalles y, entre ellos, lo más caro es hacer el contrapiso y luego colocar el piso”. 
Esta parte de la obra está presupuestada en alrededor de $30.000 con precios de hoy y por eso no dejan de gestionar subsidios o algún tipo de ayuda que pueda llegar desde organismos nacionales.
En esta semana concurrieron a una reunión en Pigüé con autoridades del PAMI y allí fueron con una carpeta con informes de la obra que están llevado adelante y se trajeron de vuelta la promesa de un subsidio para ayudar a esta enorme construcción.
Si bien las expectativas estaban puestas en poder verla terminada para fin de este año, la realidad es que no hay seguridad que se pueden reunir los dineros necesarios para ello. 
Pero el sueño de ver terminado el salón de fiestas no decae y, lejos de eso, se acerca a su concreción cada día un poco más por el esfuerzo y la constancia de los hombres que han sido la mano de obra y la inspiración para esta realización.

Una nota con Manuel Ángel Valea sobre las tradiciones en nuestras colonias

Recuerdos de la niñez de antes, del concepto de familia, de la conciencia de trabajo y dignidad por sobre todas las cosas.

Manuel Valea nació en Pueblo San José. Aunque su apellido es bien gallego su abuelo se instaló con un almacén de ramos generales en la segunda Colonia Alemana. 
En aquellos años las calles eran de tierra, el trabajo de todos era diario, las tradiciones estaban bien presentes y el respeto de los más chicos hacia los adultos no se discutía.
Sentado en el living de la casa paterna, en la misma vivienda donde en una de cuyas habitaciones nació, en los años en que la partera, Antonia Querejeta de Pisano en su caso, concurría a los domicilios para atender los partos, recuerda los años de su niñez.
“Nos hacíamos las hondas no de hierro sino que buscábamos una buena horqueta de los árboles (rama en forma de v), le pedíamos un pedazo de goma al gomero del barrio y al zapatero un pedazo de cuero. De la misma manera en forma creativa nos fabricábamos caballitos con los huesos de los caballos y autos con los cajones de dulce de membrillo, a los que les hacíamos ruedas de troncos. Y no éramos ningunos mansos: como han pasados los años y ya estoy lejos de la posibilidad de alguna penitencia lo puedo contar. No usábamos piedras para tirar con la honda, usábamos una especie de balín que venían como parte del seguro en los tambores de combustible y que el abuelo Manuel descartaba a medida que iba utilizando”, contó “Nene” Valea.
Luego nos explicó que “debimos haber roto más de una vez algún vidrio que nos valía por supuesto una penitencia severa en casa. La más leve era quedarse sin jugar por unos cuántos días; pero había otras, quedarnos sin postre un mes por ejemplo, y por supuesto que debíamos permanecer en la mesa hasta que nos daban autorización para levantarnos, aunque se estuviera sirviendo el postre preferido nuestro que no podíamos disfrutar por el castigo”.
En la segunda parte de la nota, Manuel Valea habla de la admiración que siente por este pueblo trabajador. 
Indica que “no me corresponden las generales de la ley, lo veo desde afuera, porque soy un gallego implantado en las Colonias y en San José, que siento como mi pueblo. No en vano cuando Nicolás Avellaneda, el Presidente más joven que tuvo nuestro país, con una extraordinaria visión de futuro, envió a las colonias alemanas que estaban a orillas del Río Volga a un emisario para invitarlos a venir a trabajar la tierra sabía que estaba convocando a gente muy laboriosa. Habían hecho de un desierto en Rusia un verdadero vergel” señaló con un tono casi nostálgico.
Manuel concluyó afirmando que “yo estoy convencido en el empuje y la convicción para conseguir lo que uno se propone, lo que hace a la pujanza del Distrito lo hemos conseguido con el espíritu que impregnaron las Colonias Alemanas, por eso nuestro Partido se puede ver más floreciente que otros pueblos de la zona. Esto es producto de lo que nos enseñaron los alemanes del Volga”.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Historia de los juegos infantiles en los alemanes del Volga



“El tiempo de la niñez en las colonias era una época dichosa para nosotros. Vivíamos en un universo que no estaba afectado por ningún tipo de problemas ni inquietudes. Los niños nunca nos enterábamos de nada. Los mayores, tanto padres como abuelos, mantenían todas las dificultades  que aquejaban a la familia en secreto y conversaban buscando las soluciones de los mismos, cuando estaban solos. Recién mucho más tarde nos explicamos los niños de ayer, por qué, después de una reunión secreta salía nuestra madre secándose alguna lagrimilla: es que allí se había discutido un procedimiento, una influencia, o un método, como quizás tam­bién se había corregido un error. Ellos tenían su mundo y nosotros el nuestro. De la misma manera, ellos poseían su trabajo y nosotros teníamos nuestros juegos. Algunos muy ancestrales, que heredábamos de generación en generación, como los Koser, die Loftipier, die Fohreiter, por citar tres de los más populares, y otros que inventábamos imitando las tareas rurales que desarrollaban nuestros padres en el campo. Al respecto recuerdo haber leído en el libro del Padre Brendel que “La niñez, como pude comprobar por propia experiencia, era totalmente feliz. No había ambiciones de cosas imposibles, ni sueños irrealizables. Los juguetes como hoy se conciben, eran muy raros en esa época, lo que no quiere decir que los niños no tuvieran los suyos, fabricándoselos, y su tema siempre eran o máquinas de trillar o de segar, o carros de diversos tamaños . .. pero siempre "made in home" industria doméstica”. (Padre Brendel)

EL Prof. de Teatro Oscar Rekovski recibió un reconocimiento en la Fiesta Nacional del Teatro en Venado Tuerto


“Es por ello que desde el Instituto Cultural del Gobierno Municipal de Coronel Suárez queremos destacar el reconocimiento que se tributara a la trayectoria del suarense Oscar Andrés Rekovski”.

Luego de diez días a puro teatro culminó en Venado Tuerto una nueva edición de la Fiesta Nacional del Teatro. 
Elencos de todo el país se dieron cita en la que fue la edición más convocante de la historia de la fiesta. Los números oficiales indican un total de 30.000 espectadores entre todas las funciones previstas y las actividades especiales pautadas. 
“Es por ello que desde el Instituto Cultural del Gobierno Municipal de Coronel Suárez queremos destacar el reconocimiento que se tributara a la trayectoria del suarense Oscar Andrés Rekovski”.
En dicha Fiesta Nacional el Plenario de todos los representantes de las provincias del país y el Consejo de Dirección del Instituto Nacional del Teatro convocaron al ex Representante de la Provincia de Buenos Aires, Oscar Andrés Rekovski, para un homenaje en reconocimiento al valioso aporte de su gestión de diez años y dos períodos de dos años en el Consejo de Dirección del Instituto Nacional del Teatro, siendo la máxima autoridad del mismo. 
Luego de sentidas palabras de la Secretaria General, Francisca D´Agostino, y del Director Ejecutivo, Guillermo Parodi, se hizo entrega de un presente institucional.

sábado, 25 de mayo de 2013

Pentecostés con los niños... en la Escuela Parroquial de Pueblo Santa María

Información gentilmente enviada por
María Luján Streitemberger
Directora Escuela Parroquial Santa María
En los días previos a Pentecostés los alumnos de 1º ciclo de la Escuela Parroquial Santa María y sus docentes compartimos diferentes encuentros en preparación a esta fiesta donde cada niño era invitado a experimentar cada día la efusión del Espíritu Santo.

Ya que Él nos impulsa, nos renueva, nos hace revivir, nos da nuevos ánimos. Él es el Paráclito prometido del Padre. El Espíritu de sabiduría y verdad. 
“No habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo” (Evangelii Nuntiandi, No. 75). 
Debemos evangelizar y cumplir nuestra misión. Para que eso ocurra corresponde clamar el auxilio del Espíritu Santo y promover un efectivo encuentro personal de los niños con Jesús.
Fue Él mismo el que dijo: Dejad que los niños vengan a mí, no se los impidáis… en seguida, Jesús abrazaba a los niños y los bendecía, imponiéndoles las manos”. (Mc. 10, 14-16).




Jardín Rural Nº1 de Pueblo Santa María


Consolidando su propuesta educativa pública para los niños de esta Colonia Alemana.

 
El Jardín Rural de Matrícula Mínima Nº 1 que funciona en Pueblo Santa María cuenta con un lindo y por ahora cómodo edificio. Una sala amplia contiene a los alumnos de todas las edades que en forma integrada desarrollan diferentes experiencias educativas. El espacio se completa con un lugar para preceptoría y áreas de servicios como cocina y baño.
Esther es la portera del lugar y quien tiene más amplia antigüedad. Todos los días prepara la leche a media mañana para los niños y el pan con dulce que las señoritas Lucrecia y Marina sirven a los pequeños.
Llegamos a visitarlos y los encontramos en el momento de la taza de leche, mientras una de las docentes terminaba de preparar todo el material para la exposición de artes plásticas que tuvo lugar en la mañana de ayer y que convocó a la concurrencia de los padres para ver las producciones de sus hijos, como una forma de celebrar el 25 de mayo.
Consultada Marina Sallefranque, Directora del establecimiento, dijo que “tenemos una sala integrada con nenes de 3, 4 y 5 años. Hace poco tiempo que estoy al frente del jardín. El mayor desafío en salas integradas es hacer actividades separadas por grupos para no bajar el nivel para los nenes más grandes, ni subirlo tanto para los más chicos. Pero lo importante es que trabajamos en equipo, con una muy buena participación de los papás, que siempre están dispuestos a seguir bien de cerca la educación de sus hijos”.

Taller Protegido de Pueblo Santa María: éxitos y gran proyecto. Todos a participar y colaborar!!!

Organizando la cena aniversario después de un exitoso té con tortas el fin de semana pasado.

Estela Maris Roth, Presidenta del Taller Protegido de Pueblo Santa María, dijo a La Nueva Radio Suárez que en el té a beneficio que llevaron a cabo el fin de semana pasado tuvieron “una concurrencia de gente mayor a la esperada”. 
Es que el viernes, cuando empezaron a acomodar el salón donde se llevaba a cabo, no había muchas tarjetas vendidas, pero luego, con un clima desapacible que invitaba a estar en interiores cálidos, se terminaron de completar todos los lugares, terminando la actividad a beneficio en un verdadero éxito.
Ahora el trabajo de la Comisión Directiva está orientado hacia la organización de la cena y baile el próximo 15 de junio en el Club El Progreso, con 500 tarjetas a la venta. 
La preparación del menú estará a cargo de Juan Hippener y su grupo de colaboradores y la música del Grupo Brisas. Las tarjetas a $120 los mayores y $100 los menores se pueden adquirir ante miembros de la Comisión o bien llamando al Taller Protegido al teléfono 494363; y en Coronel Suárez habrá tarjetas en Graff Schwerdt y en Panadería La Victoria.
Se están consiguiendo prácticamente todos los productos para preparar la cena en forma donada por la comunidad de los Pueblos Alemanes y por la ciudad de Coronel Suárez, por lo que la mayor parte de lo que se recaude quedará a beneficio de la institución.
El objetivo este año está puesto en recaudar fondos para la compra de las aberturas de la sede propia, según informó la Presidenta del Taller Protegido de Santa María.

viernes, 24 de mayo de 2013

Gretel, Pastetel (Canción infantil que cantaban los abuelos)


Gretel, Pastetel
Was machen die Gäns?
Sie sitzen im Wasser
Und waschen die Schwänz.

Gretel, Pastetel
Was macht euer Hahn?
Er spreizt seine Federn
Und Kräht, was er kann.

Gretel, Pastetel,
Was macht denn das Huhn?
Es gackert und gackert,
 
Hat sonst nichts zu tun.

………………………………………
Traducción
Gretel, Pastetel

Gretel, Pastetel
¿Qué hacen los gansos?
Están en el agua
Lavando su cola.

Gretel, Pastetel,
¿Qué hace vuestro gallo?
Despliega sus plumas
Y canta cuanto más puede.

Gretel, Pastetel
¿Qué hace la gallina entonces?
Cacarea, cacarea, 
No tiene otra cosa que hacer.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Bienvenidos al blog de Julio César Melchior, donde se rescata y revaloriza el patrimonio cultural de los descendientes de alemanes del Volga


El escritor Julio César Melchior investiga y escribe las notas de este blog y, por lo tanto, es el autor de Hilando Recuerdos e Hilando Recuerdos no solamente es un blog sino también un Periódico Cultural que se publica en formato de diario. 

Le damos la bienvenida a Hilando Recuerdos, donde encontrará páginas que reflejan la actividad que desarrolla para rescatar y preservar la identidad cultural de los descendientes de alemanes del Volga. Visítelas y conozca la historia, cultura, tradiciones, costumbres e idiosincrasia de esta etnia. Muchas gracias por visitar este espacio y colaborar en la difusión de la cultura e historia de los descendientes de alemanes del Volga.

Periódico Cultural de los pueblos alemanes

Hilando Recuerdos

Rescata y revaloriza la historia y el patrimonio cultural de los descendientes de alemanes del Volga

Mentalidades, costumbres, formas de vida, creencias, expresiones políticas, manifestaciones artísticas, aportes culturales, actividades económicas, conformación social de la clase inmigrante que habita los pueblos alemanes de Coronel Suárez y que se conoce como descendiente de alemanes del Volga.
Difusión de las notas periodísticas que publica el escritor e investigador Julio César Melchior en su mensuario Hilando recuerdos, el Periódico Cultural de los Pueblos Alemanes de Coronel Suárez, que tiene como premisa rescatar y revalorizar la cultura e historia de los descendientes de alemanes del Volga.
Investiga, escribe y edita el periódico el escritor en sociedad con su hermana María Claudia Melchior, que tiene a su cargo la producción y distribución del mismo.
Tengamos en cuenta que todos los recuerdos, anécdotas y situaciones vividas en el pasado, nos sirven para tener herramientas para construir un futuro mejor, más justo e igualitario.
¡Gracias por acompañarnos y estar junto a nosotros compartiendo este bello sueño!

lunes, 13 de mayo de 2013

Los años felices

El aroma a tiza, el cuaderno único, los lápices de colores, los antiguos pupitres de madera, y todo un universo de reminiscencias poblando las aulas de las antiguas escuelas de las colonias, que surgen en la memoria de los alumnos de aquellos lejanos años. La presencia de la Hermanas Siervas del Espíritu Santo, a veces tiernas y dulces, otras, severas y excesivamente rectas en la enseñanza y la educación. El libro de lectura. El libro de catecismo. La Biblia. El estudiar de memoria. Las lecciones. Las cuentas; los números; la aritmética; la gramática; el lenguaje... Los recreos jugando a la payana o a decenas de divertimientos que el tiempo se llevó al olvido y solamente perduran en el ayer de alguna remembranza. Los grupos de amigas y amigos tramando travesuras. Y una inocencia increíble. Niñas y niños que creían en la pureza de la vida, en las hadas, en los ángeles, en los reyes magos, y en un mundo de fantasía que la misma existencia se encargó en trocar en cruda realidad.
Eran otros tiempos, otro estilo de vida, más simples, más sencillos, quizás más felices, porque se compartía lo que se tenía, porque los sueños se podían realizar, porque nada parecía imposible y porque en la niñez no existen las palabras “no se puede”.
Sin embargo, la vida y el tiempo transcurrieron. Las niñas y los niños de aquellos lejanos años crecieron. Se hicieron mujeres y hombres de bien. La mayoría se casaron. Formaron un hogar. Tuvieron hijos. Y en la actualidad seguramente Dios los habrá bendecido con nietos. Todos supieron, de alguna u otra manera, luchar por su felicidad y hacer de sus existencias una vida honesta y digna. 
(Texto del libro "La infancia de los alemanes del Volga". Lo pueden encontrar en el barrio de Belgrano, en la ciudad de Buenos Aires, o en Librería Lázaro, en la ciudad de Coronel Suárez, y también en Pueblo Santa María o desde cualquier lugar del país, por correo. Escribir a juliomelchior@hotmail.com).

Enrique A. Roth: Historia de vida de un alemán del Volga


Vivir era una responsabilidad desde el momento que nacíamos. No solamente debíamos ser responsables de nosotros mismos, sino que cargábamos con el peso de toda la familia desde niños. Cada integrante del grupo familiar tenía que aportar lo suyo para el sustento diario. Llevar alimentos a la mesa era toda una odisea. Éramos muchos: hermanos, mamá, papá, abuelos, algunos tíos, todos viviendo bajo el mismo techo.
Nosotros éramos catorce hermanos. Mamá y papá. Dos tías y tíos. Varios primos. Abuelos. Todos sentados alrededor de una mesa de madera grande. Todos sufriendo calladamente la miseria de ser pobres. En una casa donde, a veces, faltaba hasta lo más indispensable. Era duro acostarse y levantarse con hambre. Pero… ¡ojo! ¡Jamás se nos cruzó por la cabeza salir a la calle a pedir limosna! Eso se consideraba indigno para una familia trabajadora y honesta. Era una humillación. Si nos daban, por supuesto, aceptábamos el obsequio; pero pedir nunca.
El dolor me hizo fuerte. El sacrificio me hizo tener más fe en Dios, que nunca nos abandonaba: apretaba pero no ahogaba, siempre nos tiraba un salvavidas. Siempre había una luz al final de la oscuridad. Siempre salimos adelante. Superando mil y una dificultades, incluyendo la muerte de seres queridos. Pero nada ni nadie logró doblegarnos. Trabajamos. Luchamos. Sufrimos. Hicimos mucho sacrificio. Y un día, con tesón, apretando los dientes y el cinturón, logramos sonreír: conseguimos nuestra casa. Mejoramos nuestra vida. Y a partir de allí, a medida que mis hermanos iban creciendo, pudimos darles una vida mejor a mis padres y abuelos.
Así crecí. Me hice hombre. Tengo las manos curtidas, el corazón duro. Trabajo desde los ocho años. No fui a la escuela. No había tiempo. De niño lloré todo lo que tenía que llorar. Nadie me consoló; nadie me abrazó ni me dio ternura. Siempre estuve solo. Solo en el medio de una gran familia que se amaba mucho pero que no lo demostró en ningún momento. Según mi padre, no hubo tiempo para perder en cursilerías, había que utilizarlo para solucionar cuestiones más urgentes, como sobrevivir. Trabajar era lo más importante porque aportaba el dinero para comprar comida.
A simple vista parece que no hubiera tenido infancia. Pero, sin embargo, la tuve. Tampoco puedo decir que fui infeliz porque, a mi manera, fui feliz, muy feliz. Eran otros tiempos, con otros códigos. Recuerdo aquellos años con mucha nostalgia y volvería a vivirlos con mucha alegría. Extraño tanto a mis padres. Las cenas con ellos, con mis hermanos, mis tíos, mis abuelos, sentados alrededor de la enorme mesa de madera, conversando a los gritos, o rezando, o cantando al compás del acordeón. Sí, a pesar de todo, fui muy feliz y muy afortunado de la vida que Dios me dio.

Brillante cena aniversario de Pueblo Santa María organizada por Unión Padres de Familia de la Escuela Parroquial


La tercera Colonia conmemoró sus 126 años de vida. Más de 600 personas participaron de la reunión social en el Polideportivo de Club El Progreso. Un marco popular apropiado para resaltar el acontecimiento. Asistió el Intendente Moccero, se interpretaron las estrofas del Himno Nacional, se entregaron distinciones y una hermosa torta coronó el acontecimiento. Notable ornamentación del salón y una excelente cena preparada por Daniel Minig y su equipo.

El sábado se llevó a cabo la gran cena y baile para celebrar un nuevo aniversario del Pueblo Santa Maria y como sucede habitualmente para este grato acontecimiento es la Unión Padres de Familia de la Escuela Parroquial, quien organiza este encuentro popular que reúne a vecinos, autoridades, referentes de las instituciones e invitados especiales, componiendo un significativo evento que coincidió este año con la fecha exacta de la fundación del Pueblo Santa María.
La Comisión Directiva que preside José Luis Denk, junto a un activo grupo de colaboradores, organizaron la cena consistente en chorizos con ensaladas, carne al horno con papas y filsen, postre, bebidas y un gran baile popular a cargo del grupo Los Errantes.
En la oportunidad se consiguió una gran cantidad de donaciones, donde se multiplican las colaboraciones de los padres y la población en general, lo que permite generar una muy buena recaudación para beneficio de la institución, pero realmente era para destacar la excelente elaboración de la cena preparada por Daniel Minig y su equipo, calificación 10 puntos, sobresaliente.
Un marco ideal para celebrar los 126 años de la fundación del pueblo, por lo cual fue la Directora de la Escuela Parroquial, Lujan Streitemberger, quien dio la bienvenida a la gran cantidad de gente que se acercó para disfrutar de esta velada, donde las extensas mesas que cubrieron todo el espacio del Polideportivo se encontraban colmadas por familias y apellidos bien característicos del Pueblo Santa María.
Asistió el Intendente Municipal Ricardo Moccero, quien fue recibido por el Delegado Municipal Jorge Gregorio Streitemberger, entre otras autoridades del Municipio y del Consejo Escolar respectivamente, como así también referentes de todo el grupo institucional que se desenvuelve en la vecina localidad.
Con la conducción de Luis Omar Baumgaertner se invitó al Cura Párroco, Antonio Vedellini, a pronunciar una invocación religiosa y bendecir los alimentos.
A partir de allí una legión de mozos y colaboradores se distribuyeron para la atención de las más de 600 personas que asistieron a la gran cena y baile que se prolongó hasta altas horas de la madrugada, manteniendo el ritmo inalterable que el grupo Los Errantes supo mantener con un repertorio bien típico y tradicional.
En el comienzo se invitó al público a entonar las estrofas del Himno Nacional, en el día de su bicentenario, mientras que en la sucesión del festejo después de la primera entrada musical de Los Errantes se produjo la tradicional ceremonia del corte de una hermosa torta alegórica a los 126 años del aniversario del Pueblo Santa María que frente a un salón colmado y especialmente ornamentado para la ocasión.

Escuela Parroquial Santa María entregó distinciones en la cena 126º aniversario de Pueblo Santa María


Por su actitud de servicio a Club El Progreso. Por sus 30 años de trayectoria a Rotary Club Las Colonias. Y un especial reconocimiento para Doña Perpetua Weiman de Streitemberger, Socia Honoraria de la Unión Padres de Familia y Mujer Destacada 2013 por la Municipalidad.

 En la gran fiesta que se llevó a cabo el sábado en el Polideportivo del Club El progreso para festejar los 126 años de vida del Pueblo Santa María tuvo lugar su parte muy emotiva, ya que como todos los años la Unión Padres de Familia de la Escuela Parroquial aprovecha esta circunstancia para destacar a vecinos e instituciones de la comunidad.
Se entregó un presente a Club El Progreso, por sus servicios invalorables prestados a la comunidad, ya que la institución pone a disposición de cada evento social, comunitario y benéfico que se organiza sus instalaciones, especialmente el Polideportivo, que brinda la comodidad y el espacio suficiente para el desarrollo de grandes cenas y actividades sociales.
Fue el Ing. Claudio Holzmann, Presidente de la Comisión Directiva, quien agradeció este gesto, señalando que “la filosofía fundacional de Club El Progreso ha marcado siempre su rol de entidad madre, cooperando en todo lo que este a su alcance con el resto de las instituciones que cumplen una destacada función social en la comunidad”.
La entidad reconocida fue fundada en 1938, con el principio fundamental de adoptar el carácter deportivo, social y cultural por lo cual la distinción tenía el carácter de “Servicio Comunitario”
La señora Karina Steinbach, Presidenta de Rotary Club Las Colonias, recibió la distinción por los 30 años que está cumpliendo la entidad en la presente temporada, desplegando una notable acción de servicio y recordando además que entre los socios fundadores se encuentran reconocidos vecinos de Pueblo Santa María.
Doña Perpetua Weiman de Streitemberger es una mujer que siempre ha trabado por la comunidad, fue catequista, una incondicional colaboradora de la Parroquia y además es Socia Honoraria de la Unión Padres de Familia, por lo cual se le entregó un reconocimiento floral en coincidencia con el Día Internacional de la Mujer, cuando el Municipio la distinguió por sus actitudes solidarias, habiendo recibiendo otras distinciones, como el premio Madre Teresa de Calcuta otorgado por Rotary Las Colonias.

domingo, 12 de mayo de 2013

Fotografías de cómo se elaboran los Wickelnudel: ¡El proceso paso a paso!

Por Graciela Hernandez

Pasó a paso, la elaboración de uno de los platos más tradicionales de los alemanes del Volga. La receta la encontrará en el libro "La gastronomía de los alemanes del Volga", del escritor Julio César Melchior-