Rescata

Para más información pueden comunicarse al WhatsApp: 2926 461373 o al Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com

domingo, 22 de enero de 2012

Fotografías de exposición: "Algo de nuestras colonias alemanas", de Josi de Lusarreta

En el marco de nuestras cada vez más compartidas y sugeridas exposiciones de los días viernes,  El Proyecto-Pulpería se congratula en presentar quien ha sido la fotógrafa más elogiada en todas las exposiciones que hemos realizado a lo largo de más de medio año, en las oportunidades en las que nos ha mostrado su obra, ha generado una verdadera catarata de visitas y comentarios. Su obra nos es conocida, sus imágenes nos hablan de una delicadeza y belleza sin iguales, reflejan la realidad mostrando un camino diferente, a veces, haciéndonos pensar en otros mundos dentro del nuestro, pero otras veces las fotografías de Josi hablan, cuentan, se refieran a la vida, nos cautivan y entonces, en ambos casos, sólo nos cabe la contemplación, serena y abierta. Hoy la serie que presentamos lleva como título: “ALGO DE NUESTRAS COLONIAS ALEMANAS” y se centra en el partido de Coronel Suárez, lugar de residencia de la prestigiosa fotógrafa. Podremos ver entonces, los retratos y los rincones característicos de estas colonias que forjaron aquellos inmigrantes. Agradecemos a Josi de Lusarreta por su maravillosa obra.









viernes, 20 de enero de 2012

Despidiendo hijos


Mamá y papá despidieron seis hijos. Seis veces se quedaron en el portal de casa
agitando la mano viendo como uno de sus hijos se iba de la colonia para hacer su vida. Seis veces lloraron en silencio el amargo sentimiento de perder a un ser querido que, aunque no fallecía, se iba para no volver. Seis veces experimentaron la triste orfandad de contemplar otra cama vacía. Seis veces sintieron desangrarse y seis veces descubrieron, cada vez mas azorados y melancólicos, como la casa parecía volverse más inmensa y la soledad más dolorosa e insoportable.
Mamá y papá no supieron o no quisieron aprender a vivir sin la presencia y la compañía de sus hijos. Los extrañaban demasiado. Por lo que decidieron llenar la casa de recuerdos y la convirtieron en un santuario dedicado a venerar el ayer. Desempolvaron antiguos objetos que habían sido descartados por el uso y el paso de los años y los atesoraron como reliquias. Buscaron en el desván y en vetustos baúles, hasta dar con los juguetes del nene: sus soldaditos de plomo, la vieja pelota de fútbol, los autitos de lata, las ya amarillentas revistas Patoruzú; los chiches de la nena: sus muñecas, sus trapitos que simulaban ropa de bebé. El traje que usaron el día que tomaron la Primera Comunión; los útiles escolares, manchados de tinta y gastados por el tiempo; las primeras cartas de amor cuando adolescentes soñaban con el mañana compartido con un querer que pronto olvidaron. Y tantas cosas más que los regocijaba en el recuerdo y los hundía cada vez más en el olvido del presente,
Mamá y papá envejecieron sin darse cuenta ni importarles el transcurso de los años y de la vida. Su ciclo vital había concluido con la marcha de los hijos. Les dieron vida, los criaron, los educaron, les entregaron lo mejor de sí mismos, y les dieron alas. Y los hijos volaron. Se fueron como todos los hijos, sin volver la mirada, dejando a los pobres padres soñando un regreso que nunca se produjo.

jueves, 19 de enero de 2012

Las brujas no existen pero nosotros hacemos que existan


El destino

 (Basado en un relato de Reyes Adorna)

La anciana tiró las cartas de tarot sobre la mesa, las observó leyendo con atención mi futuro, y me dijo que mi vida cambiaría de forma radical. Pero no me dijo en qué consistiría ese cambio.
Viendo que el tiempo pasaba y todo seguía igual, me divorcié de mi marido, aunque en realidad lo quería; me mudé de colonia, aunque mi colonia, me gustaba; y me busqué un trabajo totalmente distinto al que tenía, aunque la verdad es que el trabajo me daba mucha satisfacción.
Ahora, cuando veo mi vida tan cambiada, echo de menos a mi marido, a mi colonia y a mi trabajo, pero he llegado a la conclusión de que “qué le voy a hacer, si ese era mi destino”.

martes, 17 de enero de 2012

Die Kröte - El sapo (Texto en alemán con su correspondiente traducción al español)


Giftig bin ich nicht;
Kinder beiss’ ich nicht;
Wurzeln nag’ ich nicht;
nach Blumen frag’ ich nicht.
Würmlein und Schnecken,
Die lass’ ich mir schmecken.

Ich sitz’ in dunklen Ecken;
ich bin so arg bescheiden;
doch keiner kann mich leiden.
Das betrübt mich in meinem Sinn –
kann ich dafür, dass ich hässlich bin?

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El sapo

Venenoso no soy.
Niños no muerdo.
Raíz todavía no soy.
Por flores no pregunto.
Gusanos y caracoles
degusto con placer.

Me siento en rincones oscuros.
Soy muy modesta.
Nadie me puede soportar.
Esto da vueltas en mi mente:
¿Puedo asegurar que soy fea?

Mamá ya era muy viejecita... ¡Y la queríamos tanto!

Por José Ángel Buesa
Ya era muy viejecita... Y un año y otro año
se fue quedando sola con su tiempo sin fin.
Sola con su sonrisa de que nada hace daño,
sola como una hermana mayor en su jardín.

Se fue quedando sola con los brazos abiertos,
que es como crucifican los hijos que se van,
con su suave manera de cruzar los cubiertos,
y aquel olor a limpio de sus batas de holán.

Déjenme recordarla con su vals en el piano,
como yéndose un poco con lo que se le fue;
y con qué pesadumbre se mira la mano
cuando le tintineaba su taza de café.

Se fue quedando sola, sola... sola en su mesa,
en su casita blanca y en su lento sillón;
y si alguien no conoce que soledad es esa,
no sabe cuánta muerte cabe en un corazón.

Y diré que en la tarde de aquel viernes con rosas,
en aquel "hasta pronto" que fue un adiós final,
aprendí que unas manos pueden ser mariposas,
dos mariposas tristes volando en su portal.

Sé que murió de noche. No quiero saber cuándo.
Nadie estaba con ella, nadie, cuando murió:
Ni su hijo Guillermo, ni su hijo Fernando,
ni el otro, el vagabundo sin patria, que soy yo.

domingo, 15 de enero de 2012

¿Dónde está la cultura?

 La cultura
está en las manos de mi madre
arropando mi cama,
canturreando una canción,
en su sonrisa cristalina,
su sabiduría,
el sol de sus ojos
reflejando mañanas,
abriendo caminos,
siempre abriendo caminos,
para mi futuro.

La cultura
está en las manos de mi padre
trabajando la tierra,
sembrando esperanzas
(en el trigo dorado,
en la cosecha)
en su andar pausado
enseñando,
siempre enseñando,
y en el cantar de su voz
que habla de ayeres olvidados.

La cultura
está en el pueblo,
en la voz colectiva
de la memoria de los abuelos,
en las calles de tierra,
las casas de adobe,
las tradiciones,
las costumbres,
el recuerdo
del pretérito añorado
y de las horas que transcurren
en silencios de luto,
llorando lo que jamás
ha de volver.


La paz interior se construye a diario...


La paz interior se construye a diario mediante pequeños gestos y actos realizados con el corazón y sinceridad con uno mismo. Manteniéndose fiel a sus ideas y convicciones. Y es con estos mismos pequeños gestos y actos, quizás tan cotidianos que ni siquiera prestemos atención a ellos, con los que se construye nuestra felicidad y la consciencia de saber que no estamos desperdiciando nuestras vidas.

Lema de alemanes del Volga: Dios, Patria, Hogar.

Este era el lema: Dios, Patria, Hogar. Una iglesia, una Nación y una familia. Tres pilares donde se asentaban la idiosincrasia, la tradición, las costumbres y todo un modo de vida de los inmigrantes alemanes del Volga. Esencia ancestral que quedó eternizada en fotografías y en la memoria colectiva de las colonias que aún mantienen vigente tan fundamental legado.

sábado, 14 de enero de 2012

Familia unida (Fotografía antigua)

Este era el lema: Dios, Patria, Hogar. Una iglesia, una Nación y una familia. Tres pilares donde se asentaban la idiosincrasia, la tradición, las costumbres y todo un modo de vida de los inmigrantes alemanes del Volga. Esencia ancestral que quedó eternizada en fotografías y en la memoria colectiva de las colonias que aún mantienen vigente tan fundamental legado. (Familia Hubert de Pueblo San José).


Una historia escalofriante que esperamos jamás se repita


La luz mortecina de la madrugada difuminaba los rostros haciéndolos desaparecer en las sombras. No se distinguían facciones ni rasgos personales de carácter. Apenas si el perfil de una nariz, el abrir de las bocas ocupadas en oxigenar los ahogados cuerpos. Dos cuerpos, sombras diluidas en las sobras de la noche que no terminaba de marcharse y el día que no culminaba de llegar, que se movían cerca de unos ligustros jamás podados de un baldío. Ambos cavaban. Con celeridad. Nerviosos. Los músculos tensos, crispados y sudorosos de frío y miedo.
Eran dos hombres. Uno vestido de paisano y el otro de traje y corbata. Ninguno de los dos hablaba. Sólo estaban concentrados en hacer el pozo. “¿Para qué? ¿Qué secreto tan misterioso podía unir a dos hombres socialmente tan dispares, a juzgar por sus ropas, para cavar un hoyo en la madrugada?”, se preguntó la vecina que los espiaba desde detrás del parral del corredor de su casa.
Los hombres continuaban hundiendo la pala, sacando tierra hasta quedar exhaustos. La respiración de ambos rasgaba el silencio como el aleteo de dos vampiros que ven próximos el amanecer y con él la muerte. Ese rumor de ultratumba encoge el corazón de la vecina que, medrosa, se persigna. Piensa en un crimen. Idea que deshecha enseguida, cuando el hombre de traje arroja un bulto del tamaño de un pequeño zapallo dentro del hoyo. “¡Son ladrones!”, deduce. “Le robaron a alguien y esconden el dinero... o las joyas”, reflexiona, imaginando que robaron en el almacén de ramos generales cuyo propietario se jactaba cotidianamente de los rico que es... o en la iglesia, piensa después: los cálices son de oro... La vecina vuelve a persignarse.
Los hombres sepultan el bulto. “¡Listo!”, exclama como una orden, seca y amarga, el muchacho vestido de traje que parece oficiar de jefe. “Vamos, se hace tarde. Ya amanece”, agrega, señalando hacia el horizonte. Y así es. Ambos desaparecen diluyendo sus cuerpos entre las sombras que proyectan los ligustros.
La vecina vacila. Despacio, muy lentamente, retorna a la cocina. “¿Qué habrán enterrado allí?”, se pregunta mientras se sienta a deliberar qué hacer pero, por sobre todas las cosas, qué camino seguir para saber lo que esos dos hombres escondieron. ¿Llamar a la policía? ¿Desenterrar ella misma el bulto? La curiosidad le aguijonea el alma como una abeja en el paroxismo de la excitación frente a una flor inimaginablemente dulce.
A la diez de la mañana ya no soportó más. La curiosidad la empujó al puesto de vigilancia de la colonia, donde un policía apenas despabilado (la noche de timba había sido demasiado larga) tomó nota de la declaración. A las doce del mediodía dos agentes se hicieron presentes en el lugar donde la vecina les indicó. Observaron el sitio; realizaron breves comentarios sobre la tierra recién removida; intercambiaron opiniones; reflexionaron;  hasta que, por fin, luego de una espera demasiado larga, según estimaba la vecina, tomaron una decisión: ver si allí había algo enterrado.
Mandaron a la vecina a buscar una pala. Ambos adujeron que ninguno podía dejar el lugar en tanto y en cuanto no se resolviera el misterio. El menor de los agentes desenterró el “tesoro”: un bulto envuelto en una sábana ensangrentada. La vecina gritó. Uno de los policías la tomó del brazo furioso, haciéndola callar. El otro desenvolvió el paquete. Al quedar expuesto el contenido, la vecina se desmayo. Entre los pliegues del trapo asomó el cuerpo sin vida de una criatura bañada en sangre y placenta.
El misterio nunca fue develado. Tampoco nadie de la colonia se enteró de lo ocurrido esa noche ni ese mediodía. Los policías, todavía demasiado jóvenes, volvieron a enterrar el recién nacido so pretexto de “no querer líos con el comisario y menos con el juez”. Opinión que compartió la vecina. “¡Además... no hay nada que se pueda hacer por este pobre angelito”, justificó la mujer, temiendo que los policías se arrepintieran. Ella no quería que el caso se supiera porque temía que los dos hombres que enterraron el recién regresaran para degollarla. En su mente febril, ya se veía descuartizada, tirada en la cama, inundada en sangre, con la cabeza colgando del pescuezo.
Nunca se supo nada del asunto hasta hoy, en que el único sobreviviente de los policías, se animó a relatar el hecho, en la convicción y seguridad que ninguno de los dos hombres que enterraron el recién nacido, aquella lejana noche de 1949, vive.

Visita de la Revista Raíces Alemanas al escritor Julio César Melchior

Con mucha alegría el escritor Julio César Melchior recibió en su lugar de trabajo a los responsables de Revista Raíces Alemanas, Cintia Wendler y Doane Hein. Compartiendo un momento de camaradería e historias, anécdotas y vivencias personales, de la historia y cultura de los alemanes del Volga y de la satisfacción de compartir los mismos ideales.
Ambos, Cintia y Doane, vienen desarrollando una importante tarea cultural en pos de rescatar, revalorizar y difundir la historia, cultura, tradiciones, costumbres y actualidad de todas las colonias y aldeas habitadas por descendientes de alemanes del  Volga. Para ello recorren el país, visitando cada lugar, trabajando sin canso y pausa y llevando al lector una revista de calidad y prestigio.


miércoles, 11 de enero de 2012

Rätsel (Adivinanzas)


Wenn’s der Wand hängt, ist traurig,
wenns herunterkommt, wird’s lustig.

Die Geige

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Si cuelga de la pared, está triste;
si es descendido, derrama alegría.

(El violín)

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Es springen vier Brüder hintereinander,
und springt einer so schnell als der andere,
und fängt doch keiner den andern.

Wagenräder

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Cuatro hermanos saltan uno detrás del otro
-cada uno salta tan rápido como el restante-;
pero ninguno puede alcanzar al que va delante.

(Ruedas de carro)

La mujer alemana del Volga de “clase alta”

La mujer no sólo se encarga de la economía doméstica, sino que también dirige la educación de sus hijos. Les brinda una educación esmerada y en su propia casa, según la tradición, elige y vigila a los sucesivos maestros particulares de las niños o la escuela a la que han de concurrir, les enseña todas las artes de su posición social, y, por supuesto, dispone todas sus salidas, al almacén, a ver a la familia, a la iglesia, más el paseo familiar de los domingos.
De hecho, vive frecuentes momentos de intimidad con sus hijos en el ámbito familiar, sin descuidar el orden constante del hogar; ya que todo el problema de la vida doméstica consiste en delimitar las libertades y aislamientos posibles.
Si se lee la correspondencia de la época o se presta atención a los relatos que de las personas ancianas que rememoran tanto los tiempos remotos vividos en el bajo Volga, en Rusia como en las colonias en la Argentina, se tiene la impresión de que las mujeres de fortuna disponían de márgenes de maniobra más amplios que las de posición humilde, lo cual les permitía en ocasiones librarse de las imposiciones del papel que se les asignaba. Por ejemplo,  según la costumbre es la mujer quien elige a sus sirvientas. En el nivel social acaudalado es ella la que escoge a sus criadas a quienes exige ser bien parecidas y solteras, a condición de controlar exactamente lo que gastan y de no dejarles demasiado en el bolsillo. Naturalmente, es derecho de la mujer corregirles en el ámbito privado: “acechar” a su sirvienta desleal para obligarla a confesar y para hacer que restituya lo que ha robado. Bien es verdad, también, que dirige su trabajo y vive con ellas en un ambiente de familiaridad que puede llegar a la complicidad.

Pueblito viejo

Por José A. Morales
Lunita consentida  colgada del cielo  como un farolito  que puso mi Dios  para que alumbraras  las noches calladas  de este pueblo viejo  de mi corazón.  Pueblito de mis cuitas  de casas pequeñitas  por tus calles tranquilas  corrió mi juventud.  En ti aprendi a querer  por la primera vez  y nunca me enseñaste  lo que es la ingratitud.  Hoy que vuelvo a tu lares  trayendo mis cantares  y con el alma enferma  de tanto padecer  quiero pueblito viejo  morirme aquí en tu suelo  bajo la luz del cielo  que un día me vio nacer.

¡Feliz aniversario, Revista Raíces Alemanas!


Lo que no se escribe, 
lo borra el olvido

Nuestra historia, nuestra cultura, en definitiva, nuestra identidad como descendientes de alemanes del Volga, está marcada por mojones que la arena del tiempo intenta permanentemente cubrir de olvido al compás del transcurrir de los años, que nos alejan de los hechos históricos que forjaron no solamente nuestro destino, sino nuestro futuro como etnia, con sus costumbres y tradiciones originales, dentro del amplio contexto de lo que es el crisol de razas que constituye el entramado social de la República Argentina.
Por eso, celebramos con júbilo el aniversario del día en que Cintia Wendler y Doane Hein, tomaron lápiz y papel y comenzaron a desempolvar remembranzas, cual sabios antropólogos, para fundar la revista Raíces alemanas, una “enciclopedia” en la que resuena el eco de las voces de nuestros ancestros, con sus hazañas, anécdotas, vivencias, y mil y una aventuras que hicieron grande e imperecedero su nombre.
Una “enciclopedia” en la que permanecerá atesorada por siempre el recuerdo de nuestros queridos ancestros como así también el nombre y apellido de quienes le están dando vida y poniendo al servicio de una causa noble, toda su creatividad y talento.
¡Feliz aniversario, Raíces Alemanas!

Correo electrónico: revista@raicesalemanas.org

martes, 10 de enero de 2012

Gretel, Pastetel (Canción infantil)


Gretel, Pastetel
Was machen die Gäns?
Sie sitzen im Wasser
Und waschen die Schwänz.

Gretel, Pastetel
Was macht euer Hahn?
Er spreizt seine Federn
Und Kräht, was er kann.

Gretel, Pastetel,
Was macht denn das Huhn?
Es gackert und gackert,
 
Hat sonst nichts zu tun.

………………………………………
Traducción
Gretel, Pastetel

Gretel, Pastetel
¿Qué hacen las ocas?
Están en el agua
Lavando su cola.

Gretel, Pastetel,
¿Qué hace vuestro gallo?
Despliega sus plumas
Y canta cuanto más puede.

Gretel, Pastetel
¿Qué hace la gallina entonces?
Cacarea, cacarea, 
No tiene otra cosa que hacer.

lunes, 9 de enero de 2012

Sofía Schmidt, de Pueblo San José presenta su libro “Lo que nos separa del otro lado”

 Presenta su libro “Lo que nos separa del otro lado”. “Es para que lo lean todos los que quieran: jóvenes, adultos, adolescentes”, expresa. Será el viernes en la Sala Bicentenario del Mercado Municipal de las Artes de Coronel Suárez. En resumen: joven, bonita y buena escritora.
Tiene apenas 24 años, vive en Pueblo San José y aquello que comenzó como un juego, cuando apenas tenía 8 años, se ha transformado en una actividad muy apreciada.
A esa edad empezó primero haciendo poesías a la bandera, luego una a su padre para homenajearlo en su día; luego en la adolescencia se multiplicaron las expresiones poéticas para sus amigos, algunos novios, sus personas más queridas.
Y lo que había comenzado como un juego se transformó en una manera de expresar lo que siente en su interior, para sacar afuera lo que le pasa por dentro.
En estos días Sofía no cabe en sí de felicidad: tiene en sus manos su primer libro impreso por editorial “Lo que nos separa del otro lado”. 
Se trata de una novela de ficción y su autora así lo explica: “he tenido en este tiempo una experiencia importante, estuve haciendo terapia, eso me despertó a volver a vivir otra vez lo que siempre me gustaba. Lo que descubrí en este proceso es que vivir con intensidad es importante y quise plasmar eso en estas tres historias paralelas que están dentro del libro. Mi deseo es que a quien lo lea le quede la sensación de no tener miedo que hay del otro lado, porque no sabemos que hay, ni sabemos que va a pasar con la muerte o con aquello que cualquiera considera que es “el otro lado” nos dice Sofía.
“Para hacer las historias me serví, entre otras cosas, del aporte que me hicieron los jóvenes de la Escuela Parroquial, a quienes les pedí que me ofrecieran algo para formar parte de este libro. Por eso una carta hecha por una de las protagonistas está inspirada en la contribución de estos chicos. El libro es para que lo lean todos los que quieran: jóvenes, adultos, adolescentes”.
La presentación será en la Sala Bicentenario el viernes de la semana que viene y estará a la venta en diferentes locales comerciales de Coronel Suárez y los Pueblos Alemanes

sábado, 7 de enero de 2012

¿Se acuerdan de la casa de mamá?


La casa de mamá tenía un cielo de estrellas y una luna de ensueño donde uno podía pedir cualquier deseo y éste irremediablemente se volvía realidad. En casa de mamá, cuando éramos niños, “veíamos” a Melchor, Gaspar y Baltasar recorriendo el patio montados en sus camellos luego de dejarnos los regalos de reyes; al conejito de Pascua dejando en los niditos que armábamos con cajas de zapatos y papel recortado, una infinidad increíble de huevitos de chocolate y golosinas; al Pelznickel (Papá Noel)entrando en la cocina arrastrando cadenas mientras nos asustaba gritando “¿Dónde están los niños malos?” y al Christkindie (Niño Jesús) llenándonos las manos de sorpresas y bendiciones...
La casa de mamá olía a pan casero, a café con leche, a sabrosas comidas tradicionales, a chucrut, a pepinos en conserva y mil olores más que al recordarlos nos llenan el alma de ternura y el corazón de nostalgia y añoranza. Porque unidos a ellos está la imagen de mamá cocinando, lavando la ropa, cociendo, tejiendo, bordando, enseñándonos a escribir, compartiendo un secreto, ayudándonos a crecer... y está también la imagen de papá, tan serio y tan formal, pero en el fondo tan bueno y tan dulce, trabajando el campo, arando, sembrando, tejiendo sueños para el futuro de sus hijos... y los interminables atardeceres de invierno, en los días de lluvia, sentados alrededor de la mesa comiendo Kreppel, haciendo la tarea escolar, esperando que el tiempo pase y poder volar y poder crecer y poder ser grandes como mamá o papá.
Evocar la casa de mamá es recordar nuestra casa de la niñez, su enorme corredor donde jugábamos durante las siestas de verano, el patio inmenso, donde conquistamos los primeros sueños y concretamos nuestras primeras aventuras imitando los ídolos infantiles... y también es recordar la angustia del momento que dijimos adiós para marchamos y hacer nuestra vida, las lágrimas de mamá y el abrazo fuerte muy fuerte y silencioso de papá al despedimos y desearnos la mejor suerte del mundo... y el inesperado regreso a la casa cuando hubo que decirle adiós para siempre a nuestros queridos padres.
La casa de mamá en la colonia está poblada de recuerdos, llena de afectos inolvidables; pero está vacía, porque ya no están mamá ni papá ni nuestros hermanos. Está dolorosamente vacía.

viernes, 6 de enero de 2012

¿Existe todavía el bagaje cultural que nos legaron nuestros ancestros?


Transcurridos más de cien años de la fundación de las colonias; transcurridas aquellas primeras décadas difíciles, de lucha y sacrificio; cabe preguntarnos: ¿Existe todavía ese inmenso bagaje cultural que nos legaron nuestros ancestros? ¿Nos preocupamos e hicimos lo posible por conservarlo?

Las primeras décadas en las colonias fueron años de trabajo para nuestros ancestros, tiempos difíciles en que el sacrificio y labor ruda perlaba las frentes de sudor de los abuelos inmigrantes mientras araban la tierra, sembraban los campos y cosechaban la mies bajo el sol tórrido de la pampa argentina.
Las primeras décadas en las colonias fueron tiempos de fe en Dios y esperanza en el futuro para nuestros ancestros, que erigían majestuosas iglesias, construían escuelas, abrían comercios, trocaban la vasta soledad de la pampa argentina en un vergel de viviendas.
Las primeras décadas en las colonias fueron años de vivir aferrados a las tradiciones y costumbres que nuestros ancestros trajeron consigo desde las lejanas riberas del río Volga, con estilos y modos de vida que conservaban de un lejano ayer que se perdía en la añorada Alemania.
Las primeras décadas en las colonias fueron años en que el dialecto alemán era el único idioma que hablaban nuestros ancestros, que llevaban grabados en el alma una cultura inmensa y una identidad sin comparación.
Las primeras décadas en las colonias fueron años diferentes a los actuales. Todo era distinto. Era otra época. Eran otros hombres. Inmigrantes alemanes que tenían sueños y los creían realizables, y que amaban su cultura y amaban a Dios por sobre todas las cosas. Hombres que luchaban por conquistar un pedazo de tierra que los hiciera dueños de un porvenir para sus descendientes y que, a pesar del dolor del desarraigo de la aldea natal, allá en el Volga, volvieron a comenzar, a formar hogares, a tener hijos, sin perder su identidad cultural.
Transcurridos más de cien años de la fundación de las colonias; transcurridas aquellas primeras décadas difíciles, de lucha y sacrificio; cabe preguntarnos: ¿Existe todavía ese inmenso bagaje cultural que nos legaron nuestros ancestros? ¿Nos preocupamos e hicimos  lo posible por conservarlo? 

jueves, 5 de enero de 2012

Argentina sede del X° Encuentro de Comunidades de Habla Alemana de América Latina


Agradecemos la nominación de la República Argentina como sede del X° Encuentro de Comunidades de Habla Alemana de América Latina (X° CAAL) , de lo cual nos sentimos muy honrados.

Este décimo Encuentro CAAL, tan especial y festivo por ser un «número redondo», está planeado para los días jueves 20, viernes 21, sábado 22 de Septiembre, finalizando el domingo, 23 de Septiembre de 2012, para que nuestros visitantes del exterior puedan programar el regreso a sus países de origen.
Hemos decidido que Buenos Aires y su conurbano sea la sede.
La Federación de Asociaciones Argentino-Germanas (FAAG) se complace en hacerles llegar a todos Ustedes la más cálida de las convocatorias a participar en el X° Encuentro de Comunidades de Habla Alemana de América Latina (X° CAAL). Conforme se produzcan novedades organizativas, se las iremos comunicando.
Con tal motivo, les saludamos muy cordialmente...

FEDERACIÓN DE ASOCIACIONES ARGENTINO-GERMANAS
FRITZ SCHMID, Presidente
RUDOLF HEPE, Vice-Presidente
SIEGFRIED WOLFSTELLER, Secretario

Mirar al pasado y decir en un suspiro: ¿Se acuerda, abuelo?

¿Se acuerda, abuelo, 
lo felices que éramos?

Por Julio Dornel


En el cofre de los recuerdos nos encontramos con algunas páginas que marcaron a fuego la época dorada de los abuelos, donde terminaban todas las reprimendas de los padres y cuya protección determinaba el término de “malcriados”. Cuántos rezongos paternales finalizaban entre los brazos de los abuelos cuando no se hacían los deberes o volvíamos de la calle con la ropa sucia después del “picado”. Abuelos que siempre estuvieron para cuidarnos, para protegernos y también para enseñarnos, mientras comenzábamos a formar nuestra adolescencia y construir los primeros sueños.

La imagen de los abuelos nos remite al pasado cuando fueron protagonistas y se pasaban la noche esperando el regreso de algún nieto trasnochado para que los padres no se enteraran. Hoy a la distancia y con el paso de los años, los vemos más frágiles y sensibles, con los recuerdos de un pasado lejano salpicado de charlas, anécdotas y travesuras. Fueron los abuelos quienes construyeron los primeros juguetes o la cuna de madera que luego pintaban de cualquier color sin tener en cuenta, porque no lo sabían, que el plomo era perjudicial para la salud. Ni soñábamos con el Nintendo, Playstation o juegos de video. Allí estaban los caballos de madera y los autos artesanales que fabricaba el abuelo sin tener en cuenta el cinturón de seguridad, pero con la seguridad de que eran portadores de la máxima felicidad a que se podía aspirar en aquellos años y que bastaba para espantar el aburrimiento.
Mientras los recuerdos fluyen van desfilando situaciones y costumbres que integraron el mundo mágico del siglo que se fue. Es posible que muchos recuerden con un dejo de nostalgia el auge que habían experimentado las tarjetas en las primeras décadas del siglo XX. ¿Se acuerda, abuelo? Era realmente un placer recibir aquellas tarjetas de Navidad, Año Nuevo, felicitaciones o alguna invitación con sabor familiar. El principal detalle de estas tarjetas y que determinaba las preferencias del público estaba relacionado con las combinaciones multicolores que adornaban su entorno y donde se estampaban las invitaciones y buenos deseos de sus remitentes. El “ boom” de las tarjetas se mantuvo hasta la década del 80, cuando las circunstancias económicas fueron mellando los afectos y los buenos deseos de los remitentes.
Como olvidar al abuelo campesino casi analfabeto que venía desde La Pampa para llevarnos a las vacaciones rurales. Durante la mañana recorría el campo en un caballo sin elegancia que había domesticado lentamente y sin apuro durante 5 años. En esa recorrida con una ternura de chiquilín iba recogiendo huevos de tero que escondía cerca del galpón para que pudiéramos encontrarlos sin mayores dificultades al caer la tarde. ¿Se acuerda, abuelo?
Que fácil era encontrar en los baúles, viejas cartas de amor que atestiguaban alguna relación sentimental no siempre cristalizada con el matrimonio. El sobre forrado con un costo superior, tenía otra presentación y como se dice ahora, otorgaba más “status” al remitente. En la actualidad resulta muy difícil recibir correspondencia, salvo alguna factura de las tarjetas de crédito. Lo primero que mirábamos al recibir el sobre era el nombre del remitente y luego el sello del correo con destacadas figuras de la historia, que comenzábamos a coleccionar por poco tiempo.
Era fácil encontrar viejas revistas entre las que podemos destacar ejemplares de Caras y Caretas, Patoruzú, el Gráfico, Billiken, la revista El Hogar con notables colaboraciones de Horacio Quiroga, tarjetas postales, fotografías de Gardel y jugadores de fútbol del cuadro preferido. ¿Se acuerda, abuelo?
Cómo no mencionar a los circos o parques de diversiones destartalados pero siempre bienvenidos, que se establecían en los baldíos con su magia de trotamundos. Eran la máxima diversión para los niños de la época
Por aquellos años se nacía, se moría y lo velaban en su propia casa. Hoy todo ha cambiado. Los que pueden nacen y mueren en el sanatorio, los otros nacen en los hospitales y mueren en algún hogar de ancianos, solos y olvidados... aunque el almanaque nos diga que un día, de un mes del año se conmemora el Día del Abuelo. 

miércoles, 4 de enero de 2012

Vive serenamente y disfruta tu vida. Por ir de prisa no solamente...

Vive serenamente y disfruta tu vida.  Por ir de prisa no solamente pierdes la capacidad de mirar a tu alrededor. Pierdes también la capacidad de saber con exactitud hacia dónde vas y por qué, y no des por vencidos tus sueños, porque si los sueños mueren en ti, la vida es como un pájaro de alas rotas que no puede volar.

martes, 3 de enero de 2012

Fotografías antiguas

Fiesta de casamiento de los esposos Alicia Heinrich y José Paul. Comparten tan feliz acontecimiento: Alberto Heinrich, José Heinrich, Jorge Heinrich
Fiesta de casamiento de los esposos Carmen Arzer y Dionisio Krotter. Junto a ellos disfrutando de tan dichoso momento: Paulina Safenreiter, Jacobo Arzer, Amalia Safenreiter, Jorge Wesner, Alicia Wesner 

Scherzfragen – Preguntas ingeniosas


Ein Müller war in seiner Mühle,
die vier Ecken hatte.
In jeder Ecke standen vier Säcke,
auf jedem Sack sassen vier Katzen,
jede Katze hatte vier Junge bei sich.
Wieviele Füsse waren in der Mühle?
 Zwei, nämlich die des Müllers.
Die Katzen haben Pfoten.
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Wie kann man Wasser
in einem Sieb tragen?
 Wenn es gefroren ist
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Traducción

Un molinero estaba en su molino,
que tenía cuatro esquinas.
En cada esquina había cuatro bolsas,
cada bolsa contenía cuatro gatos,
cada gato tenía cuatro crías consigo.
¿Cuántos pies había en el molino?
 Dos... porque solamente el molinero tiene pies.
Los gatos poseen patas.
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¿Cómo se puede llevar agua
en un colador?

Cuando está escarchada

lunes, 2 de enero de 2012

Bellos recuerdos de mi infancia! ¡Como extraño ser niño!


¡Cómo añoro ese universo mágico de sueños en que todo es posible! El frío del invierno atormentando mi cabeza, el único espacio de todo mi cuerpo que se libraba de los kilos de ropa con que mi madre me cubría. Su mano cálida, mientras caminábamos hacia la escuela parroquial y un sin fin de sueños surgía en mi alma libre de preocupaciones y problemas interminables que parecían tener las personas mayores. Saltando entre charcos de agua y escarcha. Jugando a ser grande cuando todavía era apenas un niño.
Recuerdo que una ventana separaba nuestra casa de la del único vecino de la colonia que tenía una bicicleta. Por ella me escapaba por las tardes a dar paseos sobre ruedas: vueltas y vueltas en un patio inmenso, recorriendo un mundo de fantasía que llegaba hasta Alemania ida y vuelta.
Y por las noches, un vaso de leche tibia, pan casero; y mi camita arropada, siempre con olor a limpio. El beso de mi madre, las canciones de mi padre, y las historias de horror con que mi hermana me atormentaba antes de dormirme.
Hasta ir al baño podía ser una travesía cuando un terrible monstruo escondido bajo la cama amenazaba con jalarnos por los pies a un mundo distinto de este mundo...
Y otro día despertar y comenzar de cero, y soñar con lo que haremos ese día y con lo que seremos cuando grandes... y construir castillos y convertirnos en príncipes... y creer que el más terrible de los problemas es no saber resolver una suma de cuatro dígitos... Y soñar... soñar... soñar... ¡Como extraño ser niño!