
“Mi padre recordaba algunas escenas que
vivió sobre el barco. El miedo que pasaron. Me contaba de cuando bajaron en
Buenos Aires sin entender una sola palabra en castellano. También se acordaba
algunas cosas sobre su viaje en tren a la colonia. Cómo los recibieron los
parientes que los esperaban deseosos de recibir noticias del Volga” –resume
doña Ana.
“Mi papá se puso a recordar cuando
envejeció. Siempre andaba muy triste, sentado debajo de los árboles, solo,
pensando. Seguramente se acordaba de la familia que quedó allá. Lástima que en
aquel tiempo a nadie le importaban esas historias” –se lamenta.
“Mi padre fue un buen hombre. Trabajador,
honesto, muy recto y estricto, eso sí. Teníamos que ir todos los domingos a
misa y todos mis hermanos varones tenían que ayudarle al sacerdote, en la
iglesia y en la casa parroquial. Era muy católico. Nunca lo escuché decir una
sola mala palabra ni tampoco rezongar por nada. Iba siempre a misa” –enfatiza.
“Era un hombre muy bueno” –repite. “Me
permitió casarme con la persona que quería. No me puso ninguna objeción. Me
dijo ‘la elección es tuya. Fijate bien lo que hacés. Una vez que te cases con él
ya no vas a poder volver a casa’. Y me casé. Tenía diecisiete años. Mi novio
veintiuno. Nos fuimos a vivir a la casa de sus padres y a los pocos meses nos
fuimos a trabajar al campo, de matrimonio. Y ahí nos quedamos hasta que él
murió, a los cincuenta y ocho años. Entonces yo me vine a la colonia. Tuvimos
ocho hijos: dos varones y seis mujeres” –detalla.
“Hace muchos años que quedé viuda pero
todavía rezo por mi marido. Todavía lo extraño.
Él era muy bueno conmigo y con mis hijos. Pero Dios sabe lo que hace. Él
murió tan joven. Cómo es la vida ¿no? Yo acabo de cumplir ochenta y nueve. Es
increíble ¿no?” –pregunta.
Doña Ana habla de sus nitos. De su vida
cotidiana.
“Todavía me hago todo sola. Me cocino,
me lavo la ropa, todo. Despacito, a mi tranco; pero lo hago” –afirma. “Y estoy
contenta con la vida que Dios me dio” –concluye.
Historias que se repiten...muy similares. El desarraigo es doloroso
ResponderEliminarHistorias que se repiten...muy similares. El desarraigo es doloroso
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