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lunes, 30 de enero de 2012

Recuerdos de un abuelo: “Éramos pobres pero felices”.


 Una cocina a leña, bosta de vaca para quemar y calentar el ambiente, una mesa larga de madera, una banco contra la pared, una alacena antigua, unos cucharones, sartenes y cacerolas colgadas de la pared, una carpeta tejida a croché y sobre ella un adorno, una pava siempre hirviendo, con a punto para cualquier menester: desde tomar mate hasta desplumar una gallina.

Mi madre yendo y viniendo. Lavando ropa. Cocinando.  Siempre trabajando. Cantando en alemán. Feliz. Y en las noches rezando su rosario de perlas negras. Murmurando plegarias. Mirando el mañana. Seguramente soñando un futuro mejor para sus hijos pobres. Para sus hijos que, a los diez años, ya laburaban a la par de sus padres.
Esos son los recuerdos más entrañables de mi infancia.
Jugando con mis hermanos a los Koser, Loftipier y otros juegos tradicionales, más otros que inventábamos nosotros imitando las tareas rurales. Trepar árboles. Husmear los nidos de los pájaros. Cazar peludos para comer. O perdices. Y hasta palomas cuando la malaria era grande. Libres. Felices a pesar de la escasez de todo. Siempre corriendo. Por la colonia, por las calles de tierra, detrás de los carros, metiéndonos, sin permiso, en las quintas de los vecinos para robar alguna sandía. O corriendo por el campo, cazando mariposas, atrapando bichitos de luz. Jugando siempre jugando. Pobres pero felices.

El Área de Turismo se reunió con representantes del Centro Argentino Cultural Wolgadeutsche

El Área de Turismo se reunió con representantes del Centro Argentino Cultural Wolgadeutsche, tratando temas relevantes con motivo del aniversario de los 125 años de la llegada de los Alemanes del Volga a Coronel Suarez. Temas referentes a Cultura y Turismo para desarrollar en el 2012 fueron tratados en profundidad. El Sr Heigel Huck, vicepresidente del centro, quedó en enviarle al municipio un listado de actividades a llevar adelante para las Kerb de las tres Colonias Alemanas.

Se decretará de interés municipal la celebración de los 125 años de la fundación de los Pueblos Alemanes

Decretar de interés municipal la celebración de los 125 años de la fundación de los Pueblos Alemanes y desarrollar una importante oferta turistica durante todo el año 2012, es uno de los proyectos que el equipo del área de Turismo conjuntamente con el Instituto Cultural le plantearon al Intendente Lic. Ricardo Alejo Moccero.

Los integrantes del Área de Turismo se han reunido esta semana con los delegados municipales de las tres colonias alemanas

 Los integrantes del Área de Turismo se han reunido esta semana con los delegados municipales de las tres colonias alemanas asi como también con el Consejo de Adultos Mayores de la Municipalidad de Coronel Suárez. De esta manera se están diagramando en forma conjunta las actividades del año 2012 para trabajar de manera sinérgica entra las diferentes áreas.


domingo, 29 de enero de 2012

Fotografías de Colonia Menonita, en Guatraché (Por Josi de Lusarreta)

Imágenes fotográficas tomadas por la artista Josi De Lusarreta en la Colonia Menonita, en Guatraché. Además de mostrar el modo de vida de esta comunidad, sus costumbres, sus hábitos, las imágenes son obras de arte en sí mismas. (Salida fotográfica organizada por La casa de Lusarreta Hotel e Isidoro espacio de ARTE)










(Para ver más imágenes: https://www.facebook.com/jdelusarreta)

viernes, 27 de enero de 2012

Choque de culturas: Los colonos alemanes del Volga les temían a los gauchos



"Era risueño –rememora el historiador Alejandro Guinder- cuando a veces en el campo llegaba algún paisano que no era alemán y no estaba el pa­dre de familia. Entonces la madre, que no hablaba ni comprendía el castellano, como primera medida gritaba: "Kinder, unter das Bett;"("¡Hijos, abajo de la cama!"), "das kommt ein Schwartz!" ("¡Viene un negro!) o: "ein Spanier" ("un español"),
Esto era un resabio de la vida del Volga, en que venían las hordas salvajes de cosacos, calmucos y quirguizes y se llevaban no pocas veces a los niños, que vendían en los mercados de China y Mongolia co­mo esclavos. De allí el temor de estas madres por sus hijos.
A Dios gracias en nuestra patria ningún "Schwartz" se llevó chico alguno y esto es uno de los agrade­cimientos que tenemos a la República Argentina...".

"Los colonos –cuenta Matías Seitz- preferían vivir en grupos de fa­milia por temor a los pampas, gauchos matreros que pululaban por doquiera en los campos abier­tos y que, leales con sus amigos, eran feroces y traicioneros con sus enemigos. Sus mismos ami­gos debían cuidarse mucho de cualquier palabra, chanza o gesto equívoco, pues en la mano del gaucho, cual chispa eléctrica, aparecía el facón del que no se salvaban enemigos ni amigos, dado su temperamento impulsivo, irascible e irrefle­xivo.
"En general, el rey de las pampas (las llanu­ras) por una parte era leal, altivo, bravo y va­liente, muy avezado en el uso del facón y audaz compañero en las lides pendencieras, inclinán­dose a favor del más débil; por la otra, con vis­ta clara, cauta, escrutadora y recelosa, era des­confiado, desafecto al trabajo, pues aguantaba hasta tres días la labor de la trilla. Su afición predilecta era asistir a las yerras sin paga. Irre­flexivo en su furor y rencoroso, enemigo de los colonos y de los extranjeros, nos odiaba conside­rándonos como usurpadores y expoliadores de sus tierras y derechos, sin vacilar en perjudicar­nos, principalmente ejerciendo el abigeato. Ese espíritu personal suyo de libertad, empero, los llevó a ser de gran ayuda en la epopeya liberta­dora sudamericana. Su presencia o su compañía no era nada estimada, porque, dadas sus condi­ciones personales, no se les podía tener con­fianza.
"Se dijo que los gauchos no eran afectos al trabajo –continúa Seitz-. ¿Y para qué? Todo era barato y la vida hermosa. Una vez en posesión de "pilchas", re­domón, recado, facón y trabuco, lazo y boleado­ras, sólo hacía falta cigarrillos, fósforos, sal, yer­ba mate, una pavita y algún porrón de ginebra. Por la comida y la bebida no se preocupaban. Había agua en los arroyos y ríos, en las llanuras ovejas y vacunos cerriles, peludos, piches, muli­tas, perdices comunes y coloradas, martinetas, ñandúes, llamas, etc. En su hogar, que formaba en la vasta llanura bajo el cielo abierto, no te­mía al viento ni a la lluvia ni al frío. Por cama, sobre los pastos del suelo, los aperos del recado, los bastos para almohada, lo demás para colchón y cobijas. Su vestimenta: chambergo, de anchas alas, o vincha; pañuelo rojo o celeste al cuello; camiseta; blusita negra; calzoncillos con flecos; chiripá; cinturón ancho; alpargatas blancas o bo­tas de potro; un hato de ropa ceñida con un man­tón a la cintura, con su guitarra al hombro, lo vemos en su flete, al que estimaba más que a un cristiano, recorrer la pampa solitario, sintiéndo­se satisfecho y libre. El mate era la bebida pre­ferida y necesaria, que tomaba en cantidad y que le aportaba algunas vitaminas que el cuerpo requería, carentes en la nutrición de otro alimen­to que no fuera la carne”, concluye Matías Seitz.

miércoles, 25 de enero de 2012

Historias sencillas de gente común

Por CARLOS O. POLAK. Tornquist Bs. As.
Quienes vivimos en pequeñas ciudades, otrora pueblos, no podemos evitar recordar esos momentos que tanto significaron y significan en nuestras vidas desarrollados en la infancia.
 Hacia la década de 1960 y 1970 había en la mayoría de las casas de pueblo una importante cantidad de gallinas, las cuales formaban parte inobjetable del paisaje en esos grandes patios. Gallineros construidos con adobe o con ladrillos asentados en barro eran la morada nocturna de estas aves. Dichas construcciones tenían en su interior palos de eucalipto o similares que permitían a estos animales dormir en distintos niveles, sistema que dio origen a la famosa " ley del gallinero". Todas estas construcciones tenían por lo general su techo de chapa de cartón, muy usadas por ser lo más barato de la época.
 Era totalmente normal ver deambular por todo el terreno a las gallinas buscando insectos, picoteando y dejando alguna sorpresa para que quienes jugábamos en el patio, la pegáramos en nuestras zapatillas Boyero y cuando entrábamos en la casa, sin darnos cuenta "perfumáramos " el ambiente con la consecuente orden : "andá afuera y mirate las zapatillas!!!".
 Debido a que las gallinas recorrían los grandes patios, no era fácil encontrar los huevos. Por eso la señora de la casa estaba atenta al cacareo e inmediatamente iba a ver dónde ponía la pícara. Una vez conocido los lugares que a menudo eran distintos, los chicos juntábamos los huevos a la tardecita, siempre con el mismo encargue de mama: "dejale uno para que siga poniendo...!”.
 Algunas otras cruzaban la calle y ponían en baldíos con gran cantidad de pasto por lo que nos enterábamos más de un mes después, cuando mama gallina volvía a casa con su fila de seguidores pollitos.
 Había gallinas malas, a las que cuando juntábamos los huevos les teníamos mucho miedo porque a veces nos corrían para picarnos. Ahora cuando mamá carneaba alguna para puchero o estofado, se les terminaba lo malo ya que la mayoría de nuestras madres le quebraban el cogote con rápidos movimientos y sin que el animal lo advirtiera.
¡Cuántas cosas más habrá en torno a estas historias que fueron y ya no serán.



martes, 24 de enero de 2012

¡Y la vida se va!

Una casita de adobe, pintada a la cal; una anciana lavando ropa en una palangana; niños jugando; hombres arando la tierra; gaviotas que surcan el cielo, un horizonte de pampa húmeda: vastedad y misterio; promesa y futuro.
Transcurre el tiempo.
La inmensidad se trueca en trigal, el trigal en harina y la harina en pan. El sudor fructifica. Se transforma en hostia, en Cuerpo de Cristo.
Y la casita de adobe se viste de fiesta, la familia celebra la buena cosecha. Suena un acordeón; se escuchan voces cantando milenarias canciones. Surge el baile. Brota la emoción.
Vuelven a pasar los meses.
Llega el invierno. La helada. Nuevamente los hombres siembran. Nuevamente esperan la cosecha.
Y se les va la vida construyendo un futuro que nunca llega a ser presente porque el presente siempre es mañana y el mañana siempre está en manos de los hijos.

lunes, 23 de enero de 2012

Die Wochentage - Los días de la semana en alemán


Montag………………Lunes
Dienstag……………..Martes
Mittwoch…………….Miércoles
Donnerstag…………..Jueves
Freitag……………….Viernes
Samstag……………..Sábado
Sonntag……………..Domingo

domingo, 22 de enero de 2012

Fotografías de exposición: "Algo de nuestras colonias alemanas", de Josi de Lusarreta

En el marco de nuestras cada vez más compartidas y sugeridas exposiciones de los días viernes,  El Proyecto-Pulpería se congratula en presentar quien ha sido la fotógrafa más elogiada en todas las exposiciones que hemos realizado a lo largo de más de medio año, en las oportunidades en las que nos ha mostrado su obra, ha generado una verdadera catarata de visitas y comentarios. Su obra nos es conocida, sus imágenes nos hablan de una delicadeza y belleza sin iguales, reflejan la realidad mostrando un camino diferente, a veces, haciéndonos pensar en otros mundos dentro del nuestro, pero otras veces las fotografías de Josi hablan, cuentan, se refieran a la vida, nos cautivan y entonces, en ambos casos, sólo nos cabe la contemplación, serena y abierta. Hoy la serie que presentamos lleva como título: “ALGO DE NUESTRAS COLONIAS ALEMANAS” y se centra en el partido de Coronel Suárez, lugar de residencia de la prestigiosa fotógrafa. Podremos ver entonces, los retratos y los rincones característicos de estas colonias que forjaron aquellos inmigrantes. Agradecemos a Josi de Lusarreta por su maravillosa obra.









viernes, 20 de enero de 2012

Despidiendo hijos


Mamá y papá despidieron seis hijos. Seis veces se quedaron en el portal de casa
agitando la mano viendo como uno de sus hijos se iba de la colonia para hacer su vida. Seis veces lloraron en silencio el amargo sentimiento de perder a un ser querido que, aunque no fallecía, se iba para no volver. Seis veces experimentaron la triste orfandad de contemplar otra cama vacía. Seis veces sintieron desangrarse y seis veces descubrieron, cada vez mas azorados y melancólicos, como la casa parecía volverse más inmensa y la soledad más dolorosa e insoportable.
Mamá y papá no supieron o no quisieron aprender a vivir sin la presencia y la compañía de sus hijos. Los extrañaban demasiado. Por lo que decidieron llenar la casa de recuerdos y la convirtieron en un santuario dedicado a venerar el ayer. Desempolvaron antiguos objetos que habían sido descartados por el uso y el paso de los años y los atesoraron como reliquias. Buscaron en el desván y en vetustos baúles, hasta dar con los juguetes del nene: sus soldaditos de plomo, la vieja pelota de fútbol, los autitos de lata, las ya amarillentas revistas Patoruzú; los chiches de la nena: sus muñecas, sus trapitos que simulaban ropa de bebé. El traje que usaron el día que tomaron la Primera Comunión; los útiles escolares, manchados de tinta y gastados por el tiempo; las primeras cartas de amor cuando adolescentes soñaban con el mañana compartido con un querer que pronto olvidaron. Y tantas cosas más que los regocijaba en el recuerdo y los hundía cada vez más en el olvido del presente,
Mamá y papá envejecieron sin darse cuenta ni importarles el transcurso de los años y de la vida. Su ciclo vital había concluido con la marcha de los hijos. Les dieron vida, los criaron, los educaron, les entregaron lo mejor de sí mismos, y les dieron alas. Y los hijos volaron. Se fueron como todos los hijos, sin volver la mirada, dejando a los pobres padres soñando un regreso que nunca se produjo.

jueves, 19 de enero de 2012

Las brujas no existen pero nosotros hacemos que existan


El destino

 (Basado en un relato de Reyes Adorna)

La anciana tiró las cartas de tarot sobre la mesa, las observó leyendo con atención mi futuro, y me dijo que mi vida cambiaría de forma radical. Pero no me dijo en qué consistiría ese cambio.
Viendo que el tiempo pasaba y todo seguía igual, me divorcié de mi marido, aunque en realidad lo quería; me mudé de colonia, aunque mi colonia, me gustaba; y me busqué un trabajo totalmente distinto al que tenía, aunque la verdad es que el trabajo me daba mucha satisfacción.
Ahora, cuando veo mi vida tan cambiada, echo de menos a mi marido, a mi colonia y a mi trabajo, pero he llegado a la conclusión de que “qué le voy a hacer, si ese era mi destino”.

martes, 17 de enero de 2012

Die Kröte - El sapo (Texto en alemán con su correspondiente traducción al español)


Giftig bin ich nicht;
Kinder beiss’ ich nicht;
Wurzeln nag’ ich nicht;
nach Blumen frag’ ich nicht.
Würmlein und Schnecken,
Die lass’ ich mir schmecken.

Ich sitz’ in dunklen Ecken;
ich bin so arg bescheiden;
doch keiner kann mich leiden.
Das betrübt mich in meinem Sinn –
kann ich dafür, dass ich hässlich bin?

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El sapo

Venenoso no soy.
Niños no muerdo.
Raíz todavía no soy.
Por flores no pregunto.
Gusanos y caracoles
degusto con placer.

Me siento en rincones oscuros.
Soy muy modesta.
Nadie me puede soportar.
Esto da vueltas en mi mente:
¿Puedo asegurar que soy fea?

Mamá ya era muy viejecita... ¡Y la queríamos tanto!

Por José Ángel Buesa
Ya era muy viejecita... Y un año y otro año
se fue quedando sola con su tiempo sin fin.
Sola con su sonrisa de que nada hace daño,
sola como una hermana mayor en su jardín.

Se fue quedando sola con los brazos abiertos,
que es como crucifican los hijos que se van,
con su suave manera de cruzar los cubiertos,
y aquel olor a limpio de sus batas de holán.

Déjenme recordarla con su vals en el piano,
como yéndose un poco con lo que se le fue;
y con qué pesadumbre se mira la mano
cuando le tintineaba su taza de café.

Se fue quedando sola, sola... sola en su mesa,
en su casita blanca y en su lento sillón;
y si alguien no conoce que soledad es esa,
no sabe cuánta muerte cabe en un corazón.

Y diré que en la tarde de aquel viernes con rosas,
en aquel "hasta pronto" que fue un adiós final,
aprendí que unas manos pueden ser mariposas,
dos mariposas tristes volando en su portal.

Sé que murió de noche. No quiero saber cuándo.
Nadie estaba con ella, nadie, cuando murió:
Ni su hijo Guillermo, ni su hijo Fernando,
ni el otro, el vagabundo sin patria, que soy yo.

domingo, 15 de enero de 2012

¿Dónde está la cultura?

 La cultura
está en las manos de mi madre
arropando mi cama,
canturreando una canción,
en su sonrisa cristalina,
su sabiduría,
el sol de sus ojos
reflejando mañanas,
abriendo caminos,
siempre abriendo caminos,
para mi futuro.

La cultura
está en las manos de mi padre
trabajando la tierra,
sembrando esperanzas
(en el trigo dorado,
en la cosecha)
en su andar pausado
enseñando,
siempre enseñando,
y en el cantar de su voz
que habla de ayeres olvidados.

La cultura
está en el pueblo,
en la voz colectiva
de la memoria de los abuelos,
en las calles de tierra,
las casas de adobe,
las tradiciones,
las costumbres,
el recuerdo
del pretérito añorado
y de las horas que transcurren
en silencios de luto,
llorando lo que jamás
ha de volver.


La paz interior se construye a diario...


La paz interior se construye a diario mediante pequeños gestos y actos realizados con el corazón y sinceridad con uno mismo. Manteniéndose fiel a sus ideas y convicciones. Y es con estos mismos pequeños gestos y actos, quizás tan cotidianos que ni siquiera prestemos atención a ellos, con los que se construye nuestra felicidad y la consciencia de saber que no estamos desperdiciando nuestras vidas.

Lema de alemanes del Volga: Dios, Patria, Hogar.

Este era el lema: Dios, Patria, Hogar. Una iglesia, una Nación y una familia. Tres pilares donde se asentaban la idiosincrasia, la tradición, las costumbres y todo un modo de vida de los inmigrantes alemanes del Volga. Esencia ancestral que quedó eternizada en fotografías y en la memoria colectiva de las colonias que aún mantienen vigente tan fundamental legado.

sábado, 14 de enero de 2012

Familia unida (Fotografía antigua)

Este era el lema: Dios, Patria, Hogar. Una iglesia, una Nación y una familia. Tres pilares donde se asentaban la idiosincrasia, la tradición, las costumbres y todo un modo de vida de los inmigrantes alemanes del Volga. Esencia ancestral que quedó eternizada en fotografías y en la memoria colectiva de las colonias que aún mantienen vigente tan fundamental legado. (Familia Hubert de Pueblo San José).


Una historia escalofriante que esperamos jamás se repita


La luz mortecina de la madrugada difuminaba los rostros haciéndolos desaparecer en las sombras. No se distinguían facciones ni rasgos personales de carácter. Apenas si el perfil de una nariz, el abrir de las bocas ocupadas en oxigenar los ahogados cuerpos. Dos cuerpos, sombras diluidas en las sobras de la noche que no terminaba de marcharse y el día que no culminaba de llegar, que se movían cerca de unos ligustros jamás podados de un baldío. Ambos cavaban. Con celeridad. Nerviosos. Los músculos tensos, crispados y sudorosos de frío y miedo.
Eran dos hombres. Uno vestido de paisano y el otro de traje y corbata. Ninguno de los dos hablaba. Sólo estaban concentrados en hacer el pozo. “¿Para qué? ¿Qué secreto tan misterioso podía unir a dos hombres socialmente tan dispares, a juzgar por sus ropas, para cavar un hoyo en la madrugada?”, se preguntó la vecina que los espiaba desde detrás del parral del corredor de su casa.
Los hombres continuaban hundiendo la pala, sacando tierra hasta quedar exhaustos. La respiración de ambos rasgaba el silencio como el aleteo de dos vampiros que ven próximos el amanecer y con él la muerte. Ese rumor de ultratumba encoge el corazón de la vecina que, medrosa, se persigna. Piensa en un crimen. Idea que deshecha enseguida, cuando el hombre de traje arroja un bulto del tamaño de un pequeño zapallo dentro del hoyo. “¡Son ladrones!”, deduce. “Le robaron a alguien y esconden el dinero... o las joyas”, reflexiona, imaginando que robaron en el almacén de ramos generales cuyo propietario se jactaba cotidianamente de los rico que es... o en la iglesia, piensa después: los cálices son de oro... La vecina vuelve a persignarse.
Los hombres sepultan el bulto. “¡Listo!”, exclama como una orden, seca y amarga, el muchacho vestido de traje que parece oficiar de jefe. “Vamos, se hace tarde. Ya amanece”, agrega, señalando hacia el horizonte. Y así es. Ambos desaparecen diluyendo sus cuerpos entre las sombras que proyectan los ligustros.
La vecina vacila. Despacio, muy lentamente, retorna a la cocina. “¿Qué habrán enterrado allí?”, se pregunta mientras se sienta a deliberar qué hacer pero, por sobre todas las cosas, qué camino seguir para saber lo que esos dos hombres escondieron. ¿Llamar a la policía? ¿Desenterrar ella misma el bulto? La curiosidad le aguijonea el alma como una abeja en el paroxismo de la excitación frente a una flor inimaginablemente dulce.
A la diez de la mañana ya no soportó más. La curiosidad la empujó al puesto de vigilancia de la colonia, donde un policía apenas despabilado (la noche de timba había sido demasiado larga) tomó nota de la declaración. A las doce del mediodía dos agentes se hicieron presentes en el lugar donde la vecina les indicó. Observaron el sitio; realizaron breves comentarios sobre la tierra recién removida; intercambiaron opiniones; reflexionaron;  hasta que, por fin, luego de una espera demasiado larga, según estimaba la vecina, tomaron una decisión: ver si allí había algo enterrado.
Mandaron a la vecina a buscar una pala. Ambos adujeron que ninguno podía dejar el lugar en tanto y en cuanto no se resolviera el misterio. El menor de los agentes desenterró el “tesoro”: un bulto envuelto en una sábana ensangrentada. La vecina gritó. Uno de los policías la tomó del brazo furioso, haciéndola callar. El otro desenvolvió el paquete. Al quedar expuesto el contenido, la vecina se desmayo. Entre los pliegues del trapo asomó el cuerpo sin vida de una criatura bañada en sangre y placenta.
El misterio nunca fue develado. Tampoco nadie de la colonia se enteró de lo ocurrido esa noche ni ese mediodía. Los policías, todavía demasiado jóvenes, volvieron a enterrar el recién nacido so pretexto de “no querer líos con el comisario y menos con el juez”. Opinión que compartió la vecina. “¡Además... no hay nada que se pueda hacer por este pobre angelito”, justificó la mujer, temiendo que los policías se arrepintieran. Ella no quería que el caso se supiera porque temía que los dos hombres que enterraron el recién regresaran para degollarla. En su mente febril, ya se veía descuartizada, tirada en la cama, inundada en sangre, con la cabeza colgando del pescuezo.
Nunca se supo nada del asunto hasta hoy, en que el único sobreviviente de los policías, se animó a relatar el hecho, en la convicción y seguridad que ninguno de los dos hombres que enterraron el recién nacido, aquella lejana noche de 1949, vive.

Visita de la Revista Raíces Alemanas al escritor Julio César Melchior

Con mucha alegría el escritor Julio César Melchior recibió en su lugar de trabajo a los responsables de Revista Raíces Alemanas, Cintia Wendler y Doane Hein. Compartiendo un momento de camaradería e historias, anécdotas y vivencias personales, de la historia y cultura de los alemanes del Volga y de la satisfacción de compartir los mismos ideales.
Ambos, Cintia y Doane, vienen desarrollando una importante tarea cultural en pos de rescatar, revalorizar y difundir la historia, cultura, tradiciones, costumbres y actualidad de todas las colonias y aldeas habitadas por descendientes de alemanes del  Volga. Para ello recorren el país, visitando cada lugar, trabajando sin canso y pausa y llevando al lector una revista de calidad y prestigio.


miércoles, 11 de enero de 2012

Rätsel (Adivinanzas)


Wenn’s der Wand hängt, ist traurig,
wenns herunterkommt, wird’s lustig.

Die Geige

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Si cuelga de la pared, está triste;
si es descendido, derrama alegría.

(El violín)

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Es springen vier Brüder hintereinander,
und springt einer so schnell als der andere,
und fängt doch keiner den andern.

Wagenräder

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Cuatro hermanos saltan uno detrás del otro
-cada uno salta tan rápido como el restante-;
pero ninguno puede alcanzar al que va delante.

(Ruedas de carro)

La mujer alemana del Volga de “clase alta”

La mujer no sólo se encarga de la economía doméstica, sino que también dirige la educación de sus hijos. Les brinda una educación esmerada y en su propia casa, según la tradición, elige y vigila a los sucesivos maestros particulares de las niños o la escuela a la que han de concurrir, les enseña todas las artes de su posición social, y, por supuesto, dispone todas sus salidas, al almacén, a ver a la familia, a la iglesia, más el paseo familiar de los domingos.
De hecho, vive frecuentes momentos de intimidad con sus hijos en el ámbito familiar, sin descuidar el orden constante del hogar; ya que todo el problema de la vida doméstica consiste en delimitar las libertades y aislamientos posibles.
Si se lee la correspondencia de la época o se presta atención a los relatos que de las personas ancianas que rememoran tanto los tiempos remotos vividos en el bajo Volga, en Rusia como en las colonias en la Argentina, se tiene la impresión de que las mujeres de fortuna disponían de márgenes de maniobra más amplios que las de posición humilde, lo cual les permitía en ocasiones librarse de las imposiciones del papel que se les asignaba. Por ejemplo,  según la costumbre es la mujer quien elige a sus sirvientas. En el nivel social acaudalado es ella la que escoge a sus criadas a quienes exige ser bien parecidas y solteras, a condición de controlar exactamente lo que gastan y de no dejarles demasiado en el bolsillo. Naturalmente, es derecho de la mujer corregirles en el ámbito privado: “acechar” a su sirvienta desleal para obligarla a confesar y para hacer que restituya lo que ha robado. Bien es verdad, también, que dirige su trabajo y vive con ellas en un ambiente de familiaridad que puede llegar a la complicidad.

Pueblito viejo

Por José A. Morales
Lunita consentida  colgada del cielo  como un farolito  que puso mi Dios  para que alumbraras  las noches calladas  de este pueblo viejo  de mi corazón.  Pueblito de mis cuitas  de casas pequeñitas  por tus calles tranquilas  corrió mi juventud.  En ti aprendi a querer  por la primera vez  y nunca me enseñaste  lo que es la ingratitud.  Hoy que vuelvo a tu lares  trayendo mis cantares  y con el alma enferma  de tanto padecer  quiero pueblito viejo  morirme aquí en tu suelo  bajo la luz del cielo  que un día me vio nacer.

¡Feliz aniversario, Revista Raíces Alemanas!


Lo que no se escribe, 
lo borra el olvido

Nuestra historia, nuestra cultura, en definitiva, nuestra identidad como descendientes de alemanes del Volga, está marcada por mojones que la arena del tiempo intenta permanentemente cubrir de olvido al compás del transcurrir de los años, que nos alejan de los hechos históricos que forjaron no solamente nuestro destino, sino nuestro futuro como etnia, con sus costumbres y tradiciones originales, dentro del amplio contexto de lo que es el crisol de razas que constituye el entramado social de la República Argentina.
Por eso, celebramos con júbilo el aniversario del día en que Cintia Wendler y Doane Hein, tomaron lápiz y papel y comenzaron a desempolvar remembranzas, cual sabios antropólogos, para fundar la revista Raíces alemanas, una “enciclopedia” en la que resuena el eco de las voces de nuestros ancestros, con sus hazañas, anécdotas, vivencias, y mil y una aventuras que hicieron grande e imperecedero su nombre.
Una “enciclopedia” en la que permanecerá atesorada por siempre el recuerdo de nuestros queridos ancestros como así también el nombre y apellido de quienes le están dando vida y poniendo al servicio de una causa noble, toda su creatividad y talento.
¡Feliz aniversario, Raíces Alemanas!

Correo electrónico: revista@raicesalemanas.org

martes, 10 de enero de 2012

Gretel, Pastetel (Canción infantil)


Gretel, Pastetel
Was machen die Gäns?
Sie sitzen im Wasser
Und waschen die Schwänz.

Gretel, Pastetel
Was macht euer Hahn?
Er spreizt seine Federn
Und Kräht, was er kann.

Gretel, Pastetel,
Was macht denn das Huhn?
Es gackert und gackert,
 
Hat sonst nichts zu tun.

………………………………………
Traducción
Gretel, Pastetel

Gretel, Pastetel
¿Qué hacen las ocas?
Están en el agua
Lavando su cola.

Gretel, Pastetel,
¿Qué hace vuestro gallo?
Despliega sus plumas
Y canta cuanto más puede.

Gretel, Pastetel
¿Qué hace la gallina entonces?
Cacarea, cacarea, 
No tiene otra cosa que hacer.

lunes, 9 de enero de 2012

Sofía Schmidt, de Pueblo San José presenta su libro “Lo que nos separa del otro lado”

 Presenta su libro “Lo que nos separa del otro lado”. “Es para que lo lean todos los que quieran: jóvenes, adultos, adolescentes”, expresa. Será el viernes en la Sala Bicentenario del Mercado Municipal de las Artes de Coronel Suárez. En resumen: joven, bonita y buena escritora.
Tiene apenas 24 años, vive en Pueblo San José y aquello que comenzó como un juego, cuando apenas tenía 8 años, se ha transformado en una actividad muy apreciada.
A esa edad empezó primero haciendo poesías a la bandera, luego una a su padre para homenajearlo en su día; luego en la adolescencia se multiplicaron las expresiones poéticas para sus amigos, algunos novios, sus personas más queridas.
Y lo que había comenzado como un juego se transformó en una manera de expresar lo que siente en su interior, para sacar afuera lo que le pasa por dentro.
En estos días Sofía no cabe en sí de felicidad: tiene en sus manos su primer libro impreso por editorial “Lo que nos separa del otro lado”. 
Se trata de una novela de ficción y su autora así lo explica: “he tenido en este tiempo una experiencia importante, estuve haciendo terapia, eso me despertó a volver a vivir otra vez lo que siempre me gustaba. Lo que descubrí en este proceso es que vivir con intensidad es importante y quise plasmar eso en estas tres historias paralelas que están dentro del libro. Mi deseo es que a quien lo lea le quede la sensación de no tener miedo que hay del otro lado, porque no sabemos que hay, ni sabemos que va a pasar con la muerte o con aquello que cualquiera considera que es “el otro lado” nos dice Sofía.
“Para hacer las historias me serví, entre otras cosas, del aporte que me hicieron los jóvenes de la Escuela Parroquial, a quienes les pedí que me ofrecieran algo para formar parte de este libro. Por eso una carta hecha por una de las protagonistas está inspirada en la contribución de estos chicos. El libro es para que lo lean todos los que quieran: jóvenes, adultos, adolescentes”.
La presentación será en la Sala Bicentenario el viernes de la semana que viene y estará a la venta en diferentes locales comerciales de Coronel Suárez y los Pueblos Alemanes

sábado, 7 de enero de 2012

¿Se acuerdan de la casa de mamá?


La casa de mamá tenía un cielo de estrellas y una luna de ensueño donde uno podía pedir cualquier deseo y éste irremediablemente se volvía realidad. En casa de mamá, cuando éramos niños, “veíamos” a Melchor, Gaspar y Baltasar recorriendo el patio montados en sus camellos luego de dejarnos los regalos de reyes; al conejito de Pascua dejando en los niditos que armábamos con cajas de zapatos y papel recortado, una infinidad increíble de huevitos de chocolate y golosinas; al Pelznickel (Papá Noel)entrando en la cocina arrastrando cadenas mientras nos asustaba gritando “¿Dónde están los niños malos?” y al Christkindie (Niño Jesús) llenándonos las manos de sorpresas y bendiciones...
La casa de mamá olía a pan casero, a café con leche, a sabrosas comidas tradicionales, a chucrut, a pepinos en conserva y mil olores más que al recordarlos nos llenan el alma de ternura y el corazón de nostalgia y añoranza. Porque unidos a ellos está la imagen de mamá cocinando, lavando la ropa, cociendo, tejiendo, bordando, enseñándonos a escribir, compartiendo un secreto, ayudándonos a crecer... y está también la imagen de papá, tan serio y tan formal, pero en el fondo tan bueno y tan dulce, trabajando el campo, arando, sembrando, tejiendo sueños para el futuro de sus hijos... y los interminables atardeceres de invierno, en los días de lluvia, sentados alrededor de la mesa comiendo Kreppel, haciendo la tarea escolar, esperando que el tiempo pase y poder volar y poder crecer y poder ser grandes como mamá o papá.
Evocar la casa de mamá es recordar nuestra casa de la niñez, su enorme corredor donde jugábamos durante las siestas de verano, el patio inmenso, donde conquistamos los primeros sueños y concretamos nuestras primeras aventuras imitando los ídolos infantiles... y también es recordar la angustia del momento que dijimos adiós para marchamos y hacer nuestra vida, las lágrimas de mamá y el abrazo fuerte muy fuerte y silencioso de papá al despedimos y desearnos la mejor suerte del mundo... y el inesperado regreso a la casa cuando hubo que decirle adiós para siempre a nuestros queridos padres.
La casa de mamá en la colonia está poblada de recuerdos, llena de afectos inolvidables; pero está vacía, porque ya no están mamá ni papá ni nuestros hermanos. Está dolorosamente vacía.

viernes, 6 de enero de 2012

¿Existe todavía el bagaje cultural que nos legaron nuestros ancestros?


Transcurridos más de cien años de la fundación de las colonias; transcurridas aquellas primeras décadas difíciles, de lucha y sacrificio; cabe preguntarnos: ¿Existe todavía ese inmenso bagaje cultural que nos legaron nuestros ancestros? ¿Nos preocupamos e hicimos lo posible por conservarlo?

Las primeras décadas en las colonias fueron años de trabajo para nuestros ancestros, tiempos difíciles en que el sacrificio y labor ruda perlaba las frentes de sudor de los abuelos inmigrantes mientras araban la tierra, sembraban los campos y cosechaban la mies bajo el sol tórrido de la pampa argentina.
Las primeras décadas en las colonias fueron tiempos de fe en Dios y esperanza en el futuro para nuestros ancestros, que erigían majestuosas iglesias, construían escuelas, abrían comercios, trocaban la vasta soledad de la pampa argentina en un vergel de viviendas.
Las primeras décadas en las colonias fueron años de vivir aferrados a las tradiciones y costumbres que nuestros ancestros trajeron consigo desde las lejanas riberas del río Volga, con estilos y modos de vida que conservaban de un lejano ayer que se perdía en la añorada Alemania.
Las primeras décadas en las colonias fueron años en que el dialecto alemán era el único idioma que hablaban nuestros ancestros, que llevaban grabados en el alma una cultura inmensa y una identidad sin comparación.
Las primeras décadas en las colonias fueron años diferentes a los actuales. Todo era distinto. Era otra época. Eran otros hombres. Inmigrantes alemanes que tenían sueños y los creían realizables, y que amaban su cultura y amaban a Dios por sobre todas las cosas. Hombres que luchaban por conquistar un pedazo de tierra que los hiciera dueños de un porvenir para sus descendientes y que, a pesar del dolor del desarraigo de la aldea natal, allá en el Volga, volvieron a comenzar, a formar hogares, a tener hijos, sin perder su identidad cultural.
Transcurridos más de cien años de la fundación de las colonias; transcurridas aquellas primeras décadas difíciles, de lucha y sacrificio; cabe preguntarnos: ¿Existe todavía ese inmenso bagaje cultural que nos legaron nuestros ancestros? ¿Nos preocupamos e hicimos  lo posible por conservarlo?