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martes, 28 de febrero de 2017

Durante este fin de semana, multitudinaria Strudel Fest en Pueblo Santa María

El evento comienza el viernes y continúa durante todo el fin de semana y está organizado por todas las instituciones de la comunidad. El domingo se llevarán a cabo los actos centrales con la elaboración de un Strudel gigante, a cargo del Chef Javier Graff, de WeimannHaus. A lo largo de esos tres días se desarrollarán muestras de arte, funciones de teatro en el dialecto de nuestros abuelos, exposiciones, torneos de Kosser, circuito fotográfico, patio de bebidas y salchichas alemanas, almuerzos y cenas típicas, artesanías y gastronomía alemana, patios de comidas, exposición de autos antiguos y autos de alta gama, presentación de grupos de bailes y grandes grupos de música alemana. También habrá stand de todo tipo, entre ellos stand culturales, como el del escritor Julio César Melchior,  dónde se podrán adquirir todos sus libros, dedicados a rescatar y conservar la historia y cultura de los alemanes del Volga. Y mucho más. Los esperamos a todos.


sábado, 25 de febrero de 2017

Durante este fin de semana largo los libros los estarán esperando en Capital Federal

Firmando autógrafos. Libro "La vida privada
de la mujer alemana del Volga".
Durante todo el fin de semana largo los libros los estarán esperando en Capital Federal, en el barrio de Belgrano. Mi gratitud a todos los lectores que ya pasaron ayer, viernes, y dejaron sus palabras de afecto y compartieron su interés en la historia, cultura y gastronomía de los alemanes del Volga. Entre todos podemos hacer que la memoria de nuestros ancestros y su legado histórico-cultural permanezca vivo por siempre. (Para adquirirlos, también se pueden comunicar a: juliomelchior@hotmail.com).

Nuestros abuelos nos dejaron una herencia que merece ser conservada y salvada del olvido. Es un trabajo permanente que debemos llevar a cabo entre todos y a diario. La obra que llevaron a cabo es inmensa. Y nosotros debemos respetar y honrar su memoria y su recuerdo.

"Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga".
"La gastronomía de los alemanes del Volga"
"Historia de los alemanes del Volga" y "La vida privada
de la mujer alemana del Volga".

viernes, 24 de febrero de 2017

El escritor Julio César Melchior ya tiene en imprenta su nuevo libro


“La infancia de los alemanes del Volga”. Con prólogo de Jorge Piaggio y con un extraordinario dibujo de tapa realizado por la artista plástica Guillermina Victoria.

“Estoy muy feliz porque en el día de ayer –por el miércoles- ingresó a imprenta mi noveno libro. Cada vez que eso sucede me produce una gran alegría porque es la finalización de un trabajo de varios años y porque dentro de poco tiempo va a estar en la mano de los lectores”, dijo Julio César Melchior, ante la consulta de La Nueva Radio Suárez.
El escritor de Pueblo Santa María, que en estos últimos años viene teniendo muchísimo reconocimiento, especialmente del mundo académico y de los lectores en general, informó que este nuevo libro se ocupa de la infancia de los alemanes del Volga.
“Se divide en cinco capítulos. El primero reconstruye toda la niñez de los niños alemanes del Volga: su nacimiento, su educación, cómo era el trato familiar, sus sueños, sus juegos, juguetes, las fiestas de Navidad, Año Nuevo. El capítulo 2 se ocupa de los juegos que pude reconstruir que ellos jugaban. El capítulo 3 son algunas canciones infantiles que cantaban; el capítulo 4 los deseos de Navidad y Año Nuevo que se decían en aquella época, todos en alemán, por supuesto, y convenientemente traducidas. Y el capítulo 5 son adivinanzas, una buena cantidad, que todavía sobreviven en la gente mayor y no tanto de los alemanes del Volga, y en las Colonias en particular”.
La mayoría de este material es inédito y se logró “a través de entrevistas que fui realizando a lo largo de varios años. En la investigación de campo para otros libros siempre fui dejando un pequeño material que no encajaba en los otros libros. Los iba separando y cuando vi que había material disponible para un nuevo libro se me ocurrió que podía profundizar mayormente ese tema, y me aboqué de lleno”, dijo el escritor.
El libro “La infancia de los alemanes del Volga” cuanta con prólogo de Jorge Piaggio y con un extraordinario dibujo de tapa realizado por la artista plástica Guillermina Victoria.
Se estima que a fines del mes de marzo estará lista la impresión de este noveno libro de Julio César Melchior, a partir de lo cual comenzará la difusión del mismo.
“Quiero que quede constancia de la forma que se vivió en una época, sus modos y sus costumbres. Inclusive el libro rescata el habla de los alemanes del Volga, porque está escrito en parte en alemán, manteniéndose fiel al dialecto que hablan los alemanes de las Colonias de Coronel Suárez, y se mantiene fiel al momento de traducir la lengua”, dijo el escritor de Pueblo Santa María.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Por el orgullo de mi crianza, de mi infancia y juventud, por mi pueblo y su gente, por mis padres y abuelos

Por el orgullo de mi crianza, de mi infancia y juventud, por mi pueblo y su gente, por mis padres y abuelos, es que quise y quiero dar a conocer la historia y cultura de este pueblo que acunó a tantos hombres y mujeres dignos de ser conocidos. Por el trabajo y el sacrificio que marcó su historia, por la lucha y la esperanza. Por el orgullo de su cultura y sus tradiciones, que son las mías. Por todo esto, es que escribí libros que abarcan distintos aspectos de esta cultura digna de ser conocida y difundida, para que no se pierda en el olvido y viva de manera permanente en la memoria de sus descendientes y de todos aquellos que deseen aprender de su legado y admirar su pasado, lleno de buenos ejemplos y de epopeyas dignas de imitar.

martes, 21 de febrero de 2017

Historia de vida de una abuela que nació en la colonia y la enviaron de niña a trabajar a Buenos Aires

“La casa de mis padres era de adobe y estaba en el medio del campo, donde trabajaban. El patrón les había dado permiso para levantar una cocina, una pieza y, a varios metros de distancia, un Nuschnick. La construyeron ellos dos solos, con sus manos. Allí nací yo y mis trece hermanos. Todos en la misma pieza. Pero nunca llegamos a estar todos juntos, durmiendo o manteniendo un almuerzo en familia, porque a los nueve o diez años, ya teníamos que salir a trabajar a las estancias vecinas para ganarnos el alimento y aportar dinero en la casa, para ayudar a criar a tantos hijos” –evoca doña Felisa.

“El agua había que buscarla en un molino, que estaba a cien metros de distancia de la casa. Para cocinar, bañarse, lavar la ropa y los pisos. Había que buscarla en baldes. Que eran pesados. Muchas veces llevábamos dos, uno en cada mano. Cerca del molino mis padres tenían una quinta de verduras, grande, en la que teníamos que ayudar todos, desde muy pequeños. Mis padres estaban obligados a hacer esa quinta porque el patrón solamente les daba la carne y nada más, todo lo demás tenían que conseguirlo mis papás. Además mi madre tampoco tenía un sueldo. ¿Pero adónde se iban a quejar? Antes era así. El rico siempre tenía la razón. Y la pobreza era grande” -sostiene.
“A los once años me mandaron a trabajar de cocinera a Buenos Aires, junto con mi hermana. Nunca más pudimos regresar a casa. Todos los meses mandábamos el dinero de nuestros sueldos. No nos quedábamos con nada. Cómo no fuimos a la escuela le pedíamos a una mucama que trabajaba en la misma casa de familia que nosotros, que nos escriba las cartas que mandábamos a casa. Mis papás, a su vez, que no sabían leer en castellano, le pedían a alguien que se las lea y que nos responda” –rememora.
“Fueron años muy duros. Estábamos solas. Recuerdo que cuando nos mandaron a Buenos Aires, casi ni sabíamos hablar en castellano. Lloramos mucho. Mucho” –agrega.
“Trabajamos siempre en el mismo lugar hasta que nos casamos. Primero mi hermana y después yo, a los diecisiete años. Mi marido tenía treinta y dos. No tuvimos hijos porque mi marido era viudo y el único hijo que tuvo murió a los tres años, por eso no quería tener más hijos. Había sufrido mucho. Entonces me quedé a vivir en Buenos Aires Mi marido nunca quiso ir a la colonia a conocer a mi familia. Así fue como perdí todo contacto. Ni siquiera pude despedirme de mis padres el día que murieron. Antes era así, la mujer tenía que obedecer al marido” –acota con tristeza.
“Nos casamos y me fui a vivir a su casa. El trabajaba en una fábrica y yo cocinaba y limpiaba la casa. Fue muy bueno conmigo. En el verano nos íbamos a Córdoba, a visitar a su hermana. Ella sí tenía hijos. Era una linda época. Pero todo lo bello termina. Mi marido murió de un infarto y yo me quedé sola, sin nadie, sin familia, en medio de Buenos Aires, donde no conocía a casi nadie” –cuenta con los ojos llenos de lágrimas.
“Y yo me fui haciendo grande. Hasta que un día me di cuenta que ya no podía arreglármelas sola en casa. Ya estaba muy vieja. Entonces me vine aquí, al hogar, donde deben estar los viejos. Hace cinco años que estoy acá. En la colonia ni se deben acordar de mí. Me fui hace tanto tiempo y la última vez que tuve noticias de allá fue cuando murió uno de mis hermanos, hace veinticinco años, más o menos. Seguramente si alguien se acuerda de mí pensará que ya me morí. Por eso no pongas mi apellido cuando escribas mi historia” –pidió. “No quiero que nadie de allá sepa que terminé sola y en un hogar para viejos”.

lunes, 20 de febrero de 2017

Cumple 52 años la Gruta de la Virgen de Fátima de Pueblo Santa María


La imagen de la Virgen de Fátima 
fue traída desde Portugal 
por el padre Juan Peter
Con tal motivo habrá una procesión que contará con la presencia del Obispo Coadjutor de Bahía Blanca, Fray Carlos Aspiroz Costa.

El próximo 21 de febrero se cumplen 52 años desde que se dejó inaugurada y bendecida la gruta a la Virgen María que se encuentran en el cruce del camino de las colonias hacia la ruta85 y el ingreso a Pueblo Santa María.
Vale recordar que en el año 1962 nuestra zona sufrió la sequía más intensa y prolongada de su historia y que los productores de aquel entonces, cansados de mirar el cielo vanamente, encomendó sus sembrados a la Virgen pidiendo por lluvias  y prometiendo la construcción de una gruta para venerar su imagen y tener un lugar donde ir a agradecerle de manera permanente. El padre Peter, impulsor de la idea, trajo desde Portugal una imagen de la Virgen de Fátima, que luego fue emplazada en la Gruta e inaugurada un febrero de 1965.
En estos días se celebran los 52 años de este histórico acontecimiento de fe y esperanza, y como sucede cada año se ha organizado una procesión en honor a la Virgen. Se llevará a cabo el día 26 de febrero. La procesión partirá desde el templo de Santa maría, sobre la calle 11 de Mayo, y los feligreses caminarán hacia la Gruta hacia la gruta, donde las 17:00 comenzará la concentración y a la 18:00  está prevista la misa frente a la gruta.
En esta oportunidad, se contará con una destacada presencia: la del Arzobispo Coadjutor de Bahía Blanca, que este año se ha propuesto visitar todos los lugares de oración dedicados a la Virgen de Fátima, ya que se cumplen 100 años de la primera aparición de la Virgen, en el año 1917, en el pueblo de Fátima, en Portugal.
El fiel custodio de la gruta de la Virgen de Fátima, Oscar Baumgaertner, recordó que la imagen fue traída por el padre Juan Peter “en viajó a Alemania y en su vuelta, pasó por Portugal y trajo esta imagen de allí, original, ya que en su base tiene tierra de Portugal. Fue entronizada el 21 de febrero de 1965, veníamos de una sequía importante, cuando el padre Peter dijo a los colonos que tenían que pedirle ayuda a la madre de Dios, a Santa María. Llegó la lluvia y la promesa había que cumplirla, de levantarle a la Virgen un santuario a la entrada del pueblo, donde está hasta el día de hoy”.
Dijo que “el domingo 26 a las 17:00, sale la procesión desde la iglesia de Santa María. A las 18:oo habrá una Santa Misa, presidida por el arzobispo Fray Carlos Azpiroz Costa. También estará el padre Leandro Volpe, párroco de los pueblos alemanes, y si Dios quiere, va a estar el padre Antonio Vedellini, representando a la congregación del Verbo Divino, ya que en dicha misa le vamos a hacer un homenaje al reverendo padre Víctor Heit, que falleció el año pasado, el 4 de abril”. 
Oscar Baumgaertner luego comentó que “La gruta de la Virgen de Fátima, era un lugar que el padre Víctor quería muchísimo, por eso vamos a colocar una placa y una foto, recordándolo para siempre. Fue un sacerdote muy querido por todo pueblo Santa María, y él siempre se acordaba de nosotros. Más adelante le haremos un homenaje, cuando sea el aniversario de su fallecimiento”.
La invitación a todos para que participen de esta procesión y posterior misa en la gruta de la Virgen, al ingreso a pueblo Santa María.

El constructor

Un hombre de bien, llamado Pedro Schmidt, fue el constructor de la Capilla ‘Virgen de Fátima, quien no sólo profesaba su profunda fe cristiana sino que además tenía cercanía con el clero y principalmente con la congregación del Verbo Divino, lo cual hizo que fuera el constructor de los sacerdotes. La familia cuenta que trabajó en la ampliación de la Iglesia ‘Natividad de María Santísima’, en su parte trasera, en las aulas que están sobre el costado izquierdo. 
 Para construir la Capilla, según Juan Pedro Gallinger, su yerno, lo había contratado directamente el Padre Peter, quien señaló que también trabajó en el seminario de Pueblo San José. Tuvo dos hijas, Irma Schmidt y Olga Beatriz Schmidt de Fuhr.

jueves, 16 de febrero de 2017

Canal Encuentro filmará un documental en Pueblo Santa María, sobre su historia, su cultura y su gente


El ciclo será conducido por Ana María Cacopardo, periodista, guionista y documentalista que trabaja en el canal Encuentro.  El ciclo “Dos Patrias” contará la historia de comunidades de inmigrantes que llegaron a la Argentina en el siglo XIX, entre ellos los alemanes del Volga. Se filmará durante la Strudel Fest.

Ana María Cacopardo hace unos días atrás se comunicó con Juan Carlos Roth, presidente de El Progreso de Pueblo Santa María, para informarle que venía a conocer Santa María, en una actividad de pre producción de un nuevo ciclo documental, de cuatro programas, en uno de los cuales será protagonista esta colonia alemana.
El miércoles por la mañana, previo a llevar a cabo una serie de visitas y entrevistas habló con los medios de prensa de la ciudad.
“Estamos haciendo una primera visita a la colonia, en lo que se llama una pre producción. Es el primer contacto con historias, con el territorio, con las instituciones. Es para una serie del canal Encuentro, que se va a llamar “Dos Patrias”, que trabaja con comunidades de inmigrantes que llegaron a la Argentina en el siglo XIX, entre ellas, alemanes del Volga”. 
La periodista luego comentó que “con un enfoque que no es tan histórico, sino que lo que busca la serie es poner foco en la vitalidad que tienen estas identidades hoy. El foco está puesto también en las nuevas generaciones, en cómo ciertos legados se siguen transmitiendo de una generación a otra. Y cómo en definitiva, lo diverso nos enriquece, nos hace mejores. Eso es un poco la mirada. Va a ser una serie de cuatro capítulos. Uno dedicado a la comunidad italiana de Mar del Plata que está instalada en el mundo del puerto. Otro capítulo dedicado a los lituanos que están instalados en Berisso. Otro dedicado a la comunidad gallega en Avellaneda que fueron un puntal en el desarrollo industrial”.
Fue allí donde anticipó que “el cuarto capítulo será en Santa María: Juan Carlos, el Club El Progreso, su bar, el barrio La Manchurria, el grupo de teatro, la familia Meier. Estamos asomándonos a algunos de esos linajes familiares”.
La idea para una jornada de trabajo intensa el miércoles era, al decir de la prestigiosa periodista, “conversar, tranquilos, dibujando un guión de trabajo. Vamos a volver a rodar, vendremos a grabar en la fiesta del strudel. Ese es un poco el motivo de la presencia nuestra acá”.
Destacó que “hay una cuestión muy fuerte de identidad alemana. No es únicamente una mirada sobre lo que fue, una mirada melancólica sobre lo que quedó atrás, sino algo que tiene mucha vitalidad en el presente y lo tiene desde la mezcla”. 
“Por eso el título de la serie, “Dos patrias”, porque es algo que también define a estas identidades que se afincaron en la Argentina, y que tienen una preocupación por preservar un legado que reconocen como único. Por ejemplo, el idioma, que vienen los alemanes a estudiarlo aquí. Entonces, la conciencia de que hay algo que es un patrimonio y que hay que preservarlo. Pero al mismo tiempo, eso tan lindo que produce la mezcla, de estar en esta tierra y dialogar con la cultura argentina, con eso que construye la diversidad. Lo que estamos intentando transmitir en esta serie, que se estará estrenando en el canal Encuentro, prontito, en marzo o abril, es esta idea: la vitalidad de las identidades migrantes, que hace pie en las nuevas generaciones. Con una capacidad de mezcla y de diversidad”.
¿Por qué eligió Santa María? Responde la periodista que “Santa María tiene una identidad muy fuerte. La distancia es pequeña, son apenas unos 15 kilómetros de Coronel Suárez. Nos interesó su visualidad, su arquitectura. Es una colonia que no perdió su trazado original. Podríamos habernos ido a Entre Ríos, pero hay algo como demasiado ligado a lo turístico, que la verdad no nos interesaba. Encontramos que estaba menos contada la historia de Santa María y que valía la pena acercarse aquí. El eje está puesto en esta dimensión de lo diverso, en la de los legados familiares, y en un territorio que nos pareció que no estaba tan contado”.

lunes, 13 de febrero de 2017

En tiempos de la abuela daba gusto recorrer la colonia durante el verano

En tiempos de la abuela daba gusto recorrer la colonia durante el verano. En cada casa florecía un jardín y producía una huerta. Hombres, mujeres y niños se esmeraban para regar en los atardeceres, sacando agua en la bomba y trasladándola en enorme baldes. Se trabajaba en familia. Todos utilizaban la pala para dar vuelta la tierra, el rastrillo para emparejarla y la azada para formar los círculos dónde luego se sembraban las semillas. No faltaba la clásica regadera. Tampoco los inventos para espantar los pájaros, sobre todo a los gorriones y a las palomas, como el rectángulo de madera recubierto con alambre tejido o los piolines con tiritas de tela o papeles de colores, entre otros.
Las verduras se cosechaban y se consumían frescas y con el excedente se preparaban dulces, conservas y encurtidos.
En pleno verano, se hacían suculentos pucheros que contenían abundante verdura, que se ponían a hervir bien temprano sobre la cocina a leña. Donde también, y a la par, se cocinaban dulces de tomate, zapallo, entre otros muchos, para su consumo inmediato  y para guardar en el sótano para el invierno.
Pequeños recuerdos cotidianos del tiempo de nuestras abuelas. De aquellos veranos inolvidables de nuestra niñez.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Traumática historia de vida contada por su protagonista

La imagen es meramente alegórica.
Doña Águeda desea contar su historia de vida pero sin revelar su apellido. Tiene temor de que los vecinos la señalen con el dedo y que sus hijos la consideren una mala madre, explica.  Cuenta que guarda un secreto que la atormentó a lo largo de toda su existencia. Un hecho que la marcó profundamente y destrozó sus sueños de casarse virgen y de, según afirma, “poder mirar a mi esposo y a Dios a los ojos”. En esta historia quedan en evidencia no solamente los prejuicios y las severas normas morales, religiosas y sociales que gobernaban la época sino también cómo las personas de dinero y poder se aprovecharon de la necesidad de los más humildes.

“Tenía catorce años –relata-, cuando mis padres me entregaron como empleada doméstica a una familia rica de Buenos Aires, que tenía mucho campo por la zona de Bahía Blanca. Me subieron a un tren con mi atadito de ropa, sola, y me mandaron a Buenos Aires, donde, en la estación, me estaba esperando uno de los empleados de mis patrones. Me llevó a una casa inmensa, en el barrio de Palermo, donde me presentó a mis compañeras de trabajo, que eran tres. Me entregó un uniforme y las chicas me enseñaron lo que tenía que hacer y cómo comportarme. El trabajo empezaba a las seis de la mañana y terminaba cuando el último integrante de la familia se iba a dormir o decía que ya no necesitaba nada de la cocina.  Tenía que hacer de todo en la casa. Desde ayudar en la cocina, lavar, planchar, limpiar las habitaciones, hasta lustrar los pisos arrodillada para sacarles brillo. El sueldo que pagaban era una miseria pero había que aguantar, no quedaba otra. La plata se la mandaban todos los meses a mi padre que la necesitaba mucho, porque la estaban pasando muy mal. Había que mantener a una familia con quince hijos. La pobreza era tan grande y había que cuidar tanto los gastos, que yo solamente iba de visita a la casa de mis padres una vez al año. El viaje era muy caro. Y como yo no tenía familiares ni amigos en Buenos Aires, también tenía que trabajar sábados y domingos” –evoca.
“Los primeros días me la pasé llorando en secreto y llamando a mi mamá” -agrega. “Le pedía a Dios que mi papá me viniera a buscar; pero nunca vino. Con el tiempo me fui acostumbrando a estar siempre sola. Hasta que un día el hijo menor del patrón me empezó a hablar y a visitarme en la cocina. Tenía dos años más que yo. Me regalaba la ropa que ya no usaban sus hermanas, una cadenita y una pulsera. De a poquito nos fuimos conociendo. A veces me tocaba las manos y yo las apartaba enseguida. Me daba mucha vergüenza. Después empezó a robarme besos. Así hasta que un día, en que los patrones no estaban en la casa, se apareció en mi pieza para preguntarme si quería ser  su novia para casarme con él. Le dije que sí. Era muy tonta en aquel momento. Nunca había salido de la colonia. No sabía nada de la vida. Fuimos novios en secreto hasta que quedé embarazada y el patrón se enteró. Se enojo mucho, me gritó, me dijo que yo tenía la culpa, me insultó y casi me pega. Al otro día, al hijo lo mandó a Córdoba, a la casa de unos parientes, y a mí me subió a un tren y me mandó de vuelta a la casa de mis padres. Fue terrible. Mis padres se enojaron mucho también. Mi papá me dijo que había cometido un pecado muy grave y que, por eso, Dios me iba a castigar. Mi mamá lloraba y gritaba. Me repetía una y otra vez ‘y ahora que va a decir la gente’. Me encerraron en la pieza y no me dejaban salir para que nadie me viera. Fue terrible. Tuve mucho miedo. A la semana mi papá me mandó al campo en compañía de mi madre, a casa de unos tíos, para que nadie se enterara en la colonia de que estaba embarazada. Mi papá también pasó unos días en el campo. Me escondieron hasta que nació mi hijo. Cuando regresamos a la colonia mis padres le dijeron a todo el mundo que mi mamá había tenido un hijo. Nadie se enteró jamás de la verdad, ni siquiera el día en que mi hijo murió en un accidente en un campo en el que trabajaba de peón, a los cuarenta y cinco años” –confiesa llorando.
“Al regresar del campo con el bebé me dijeron que tenía que casarme enseguida para no volver a cometer el mismo error. Así que a los pocos meses me casé con uno de los hijos del vecino, que era un hombre muy bueno y fue un buen esposo y un padre excelente. Tuvimos seis hijos. Siempre estuvimos unidos, trabajando en el campo pero nunca pude recuperarme del todo. Al principio mi marido me preguntaba qué me pasaba porque siempre me veía triste y llorando. Me lo preguntó varias veces, hasta que una noche se enojó y me dijo que me dejara de llorar por los rincones porque si no lo hacía él me iba a dar un buen motivo para llorar.
“Con el tiempo aprendí a ocultar lo que me pasaba pero fue muy duro. Mi vida fue una tortura y empeoró con los años. Sentí tanto dolor que es imposible de contar. Dicen que el tiempo lo cura todo. Eso es mentira. El tiempo no cura nada. Al contrario. Empeora las cosas. Porque con los años me fui quedando sola. Otro de mis hijos murió y los demás se casaron y se fueron de casa. Y mi esposo también murió y me dejó sola. Y yo me quedé viva para sufrir y llegar a vieja como castigo” –sentencia doña Águeda, que hace unos días cumplió ochenta y nueve años.

jueves, 2 de febrero de 2017

Pueblo Santa María se prepara para la Strudel Fest, que se llevará a cabo durante los primeros días del mes de marzo

 Este año tres días: el 3, 4 y 5 de marzo.

Rocío Reser, responsable del Centro Cultural de Santa María, habló de los preparativos para la segunda gran fiesta del Strudel que se prepara para este año.
Explicó que “para nosotros el año pasado fue la primera vez. Nos desbordó, no nos imaginamos la gran cantidad de visitantes que tuvimos en ese momento. Así que en los preparativos de esta segunda edición las instituciones organizadoras nos hemos juntado prácticamente todos los meses, y este último tiempo con más frecuencia, para tomar muy en cuenta diferentes detalles de la organización”.
Por supuesto que se viene registrando mucho interés, a través de las redes sociales, de potenciales visitantes y artesanos de toda la zona y aún más allá.
“Venimos recibiendo muchas consultas de turistas que quieren venir”, explicó, por lo que “estamos tratando de cerrar el programa de actividades, porque la idea de este año es sumar más propuestas. Que no se centre sólo en el día domingo y alargar un poco la fiesta, centrándola ahora en viernes, sábado y domingo. Se trata de ofrecer diferentes propuestas que abarquen todo el fin de semana para la gente que viene de otros lugares y también los vecinos del Distrito”, explicó Rocío Reser.
El día viernes, en la Casa del Fundador, estará abierto el patio cervecero y un gran parque de diversiones. 
A las 20 horas se hará la apertura de la Strudel Fest, en el Centro Cultural, con un pequeño acto donde se llevarán a cabo danzas típicas. Y con muestras de la artista Karina Schwerdt y exposiciones de fotos de la primera fiesta a cargo de Juan José Detzel.
El día sábado anticipó que habrá un torneo de Kosser, a las 14 horas, con inscripciones ya abiertas para las que quieran participar. 
La Dirección de Turismo llevará a cabo un circuito fotográfico con previa inscripción. La Casa del Fundador también ofrecerá comidas típicas para la tarde de ese día, con el patio cervecero. A las 21 horas el grupo de teatro de Santa María estará ofreciendo la obra “Tartufo”, en versión en idioma alemán, en el Salón Parroquial. A la misma hora también se ofrecerá la cena y baile organizada por la Casa del Fundador. Las entradas ya están a la venta con un menú típico, actuaciones de danzas alemanas y música tradicional. 
El domingo la actividad inicia a las 10 de la mañana con la elaboración del Strudel gigante –ese año tendrá 30 metros-, habrá paseos de artesanos, la feria local Unser Saich, exposiciones de autos antiguos y de comercios locales. 
A las 12 horas se abren los patios de comida de las diferentes instituciones organizadoras. Habrá por supuesto buena música durante toda la tarde, animando en un escenario, en vivo, toda la fiesta. 
La inauguración oficial, con la presencia de la Banda Municipal, será a las 14 horas, con presentación, exposición y degustación del Strudel gigante y palabras de las autoridades.
(La localidad de Pueblo Santa María está ubicada en el Partido de Coronel Suárez, en el sudoeste de la Provincia de Buenos Aires).

miércoles, 1 de febrero de 2017

Clementina Ruppel, de 91 años, nos cuenta su dura vida en el campo


Me casé a los quince –cuenta Clementina Ruppel. Mi marido tenía veintinueve años. Nos casamos un jueves y al lunes siguiente nos fuimos a trabajar al campo. Mi marido haciendo todo tipo de tareas rurales y yo como cocinera para los patrones. En aquella época solamente le pagaban sueldo a los hombres y la mujer tenía que conformarse con casa y comida. La casa estaba a varios metros de distancia del chalet de los patrones y era precaria, tenía solamente una pieza grande y una letrina a cierta distancia. Uno no podía decir nada ni quejarse de nada, porque enseguida éramos despedidos. Había trabajo de sobra y el patrón siempre tenía razón aunque, muchas veces, no la tuviera. En el chalet cocinaba para los patrones, donde había de todo para comer. Para nosotros cocinaba en la pieza, dónde había una cocina a leña y lo que había era escaso, lo necesario y justo para no morirse de hambre. Fue una época dolorosa –enfatiza. Sobre todo cuando comenzaron a llegar los hijos. A los patrones no les gustaba nada que hubiera más bocas para alimentar y menos que anduvieran por el patio junto a sus hijos. Nuestros hijos siempre tenían que mantenerse aparte, lejos de los hijos de los patrones”.
“Se nos permitía ir solamente dos veces al año a la colonia a visitar a nuestros familiares –agrega. En Pascua y en Kerb, o sea, cada seis meses. No había vacaciones ni tiempo libre. Hasta los domingos había que trabajar. Sobre todo en tiempo de arada, siembra y cosecha. Yo tenía que prepararles el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena; hornearles tortas; lavarles la ropa, planchar; limpiar la casa, lavarles las paredes; a veces, si los niños eran pequeños, cuidarles a los hijos, y un montón de cosas más que ya ni me acuerdo.
“En esa estancia estuvimos cuarenta años. Lo bueno fue que pudimos criar gallinas, gansos, patos y pavos y vender los huevos y las aves, a medias con la patrona. Eso nos permitía tener un poco más de dinero y algo más para comer. Ellos nos daban carne, pan, leche, fideos, arroz y alguna que otra cosa más, como la yerba y el azúcar” –cuenta Clementina Ruppel de noventa y un años.