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sábado, 31 de agosto de 2013

Conservar y acrecentar nuestra identidad como descendientes de alemanes del Volga

"Y como sacerdote nacido en este pueblo” dijo en un discurso Matías Seitz, Mayor Capellán, en 1962-, “solicito a los vecinos de Pueblo San José que todos nos esmeremos en conservar y acrecentar, en lo posible, la estructura de la fisonomía originaria que le dieron nuestros antepasados, porque la historia enseña que todos los pueblos que se mantienen fieles a esa fisonomía marchan hacia adelante y progresan, y que al contrario, si se apartan, necesariamente se dirigen hacia su propia ruina. Y esa fisonomía originaria se basa en los siguientes puntos: 1°) conservar siempre nuestra fe católica; 2°) conservar siempre nuestro idioma alemán, con sus hermosas canciones, y 3°) vivir agrupados en colonias para una mejor defensa mutua.
Nuestros antepasados tenían estas cosas como sagradas, casi equivalían, en su concepto, a un juramento. Entonces nosotros, para tributar un homenaje digno de su memoria, hemos de hacer proyectar su efecto duradero en nuestra memoria, como un estímulo de acción sobre la voluntad, que nos mueva a poner en práctica permanente la realización, en nosotros mismos, del luminoso ejemplo que nos  dieron de ser católicos, laboriosos y pacíficos, cualidades salientes a las que Coronel Suárez debe su pujanza de pueblo progresista”.

Una delegación de Castelli, Chaco, llegó para disfrutar de la Fiesta de la Carneada


Buenos amigos que comparten experiencias y la pasión por la conservación de las más caras tradiciones.

Ya habían estado el año pasado con un numeroso y entusiasta grupo de alrededor de 40 personas que vinieron a disfrutar de la Megafiesta.
Luego, a principios de este 2013, una delegación de la Asociación de Alemanes del Volga de Coronel Suárez viajó hacia Castelli con los integrantes del Coro Las Voces del Corazón, para estar presentes en la Fiesta del Socio que llevan a cabo sus pares de Castelli y actuar en el marco de esa celebración.
Así se han fortalecido las relaciones y para participar de la Fiesta de la Carneada han llegado a los Pueblos Alemanes cuatro integrantes de la Asociación de Castelli, que visitaron La Nueva Radio Suárez.
Abelino Prester, Tesorero; Luis Pagliari, Secretario; Luis Masson, Vocal, y Carlos Kass, Vicepresidente de la Asociación Alemanes del Volga de Castelli, contaron cómo se gestó la entidad que tiene 36 años de historia y que reúne a los descendientes de quienes hace poco más que 80 años llegaron hacia esta zona del Chaco en busca de mejorar sus expectativas.
Relataron que la inmigración interna desde las colonias alemanas de La Pampa y parte de Buenos Aires, pero sobre todo las localidades pampeanas de Alpachiri, General Campos, Macachín y otras poblaciones, se dio en el marco de una gran sequía que afectaba a toda esta zona.
Fue en el año 1930 cuando familias enteras se trasladaron por tren hasta donde llegaba la punta de riel o por carros hasta la Provincia de Chaco, buscando llegar a Castelli. 
En el trayecto las familias que iban en carros tuvieron una terrible travesía, deteniéndose para aprovechar la oportunidad de trabajo en las cosechas, de algodón por ejemplo, donde laboraban todos: hombre, mujer y los niños, por lo menos los mayores. 
Había nacimientos en el trayecto y en muchos casos la muerte de algún niño al que le faltaba asistencia médica, incapaz de soportar las condiciones en las que se vivía. 
Entonces se producía el velatorio y el entierro muy cerquita del camino por el que estaban circulando, apenas unos metros adentro, en el campo.
Esta es la historia de muchas familias que hoy viven en Castelli y que disfrutan del resultado del trabajo de los abuelos y padres, sabiendo que el secreto radica en seguir trabajando siempre, marchando hacia adelante.
En honor a todas estas familias, y para preservar las tradiciones y la cultura, hace algo más de 30 años se creó la Asociación de Alemanes del Volga de Castelli.
La institución es muy activa, produce cinco fiestas al año y por su organización esta institución es una de las mejores en su tipo del país.
Estarán presentes este sábado en la Fiesta de la Carneada en el Pueblo San José como invitados especiales y para ello conforman un gran lazo de amistad con dirigentes locales de las comunidades de los alemanes del Volga.

Pueblo Santa María se prepara para sus fiestas patronales


Entre el 8 y el 15 de septiembre.

Sobre el particular nos habló la Directora de la Escuela Parroquial Santa María, Luján Streitemberger, que en todo momento destacó el sentido religioso de la celebración.
Informó que los alumnos, con sus docentes, están trabajando desde hace tiempo en los preparativos de la participación que tendrán en el marco de las Fiestas Patronales. 
El día 8 por la mañana habrá una misa en la Parroquia con procesión, en celebración del Día de la Virgen. Luego se producirá la inauguración de una Ermita de la Virgen de Schoenstatt, en el lateral derecho del predio que ocupa la Iglesia. Al mediodía el almuerzo típico organizado por la Unión Padres de Familia. 
El día sábado 14 habrá actividad religiosa presidida por el Sacerdote Antonio Vedellini y el domingo los actos centrales incluirán la misa, el acto oficial, desfile de Kerb en las primeras horas de la tarde y luego actividades en diferentes instituciones. 
En el caso de la Escuela Parroquial, el nivel secundario estará sirviendo el té con repostería alemana típica y por supuesto el toro mecánico y diversos juegos inflables en el patio de la escuela. 

Habrá también en los salones una muestra de los trabajos realizados en el año por los alumnos y una exposición de artesanos de Coronel Suárez y los Pueblos Alemanes.

Hoy se lleva a cabo la 12º edición de la Fiesta de la Carneada


Organizan la Asociación Cultural Germano Argentina y la Asociación Descendientes de Alemanes del Volga. Schlachtfeste 2013. Menú típico, Grupo Astral y la participación especial de Gerhardt Papp y sus glockenspiel.

Hace quince días se agotaron todas las tarjetas para una nueva edición de la tradicional fiesta que organiza la Asociación Alemanes del Volga de Coronel Suárez y la Asociación Cultural Germano Argentina. 
Es que el año pasado no se llevó a cabo (estaban todos los esfuerzos dedicados a la Megafiesta que se llevó a cabo en noviembre) y hay ganas contenidas de disfrutar de las exquisitas facturas de cerdo que se pueden degustar en el marco de la fiesta y que remiten a las infancias pasadas, donde la actividad era acostumbrada para las familias.
Relató Hugo Schwab, Presidente de la Asociación Cultural Germano Argentina de Pueblo San José, que el día jueves se estaban elaborando las morcillas blancas, negras y el queso de cerdo que será servido como entrada.
A las 9 de la noche está previsto el comienzo de la Fiesta y la recomendación para la gente es que sea puntal en la llegada al salón.
La terminación será cuando los bailarines lo dispongan, bien entrada la madrugada.

En esta ocasión los medicamentos de protección digestiva no estarán en los platos, como sucedió otros años, porque esto lo prohíbe una ley, sino que estarán disponibles en la cantina para todas aquellas personas que lo soliciten.

martes, 27 de agosto de 2013

Das Dorf (La aldea) - Lecturas que leían los abuelos en la escuela

Steht ein Kirchlein im Dorf, geht der Weg dran vorbei,
und die Hühner, die machen am Weg ein Geschrei.

Und die Tauben, die flattern da oben am Dach,
und die Enten, die schnattern da unten am Bach.

Auf der Brück’ steht ein Junge, der singt, dass es schallt,
kommt ein Wagen gefahren, der Fuhrmann, der knallt.

Und der Wagen voll Heu, der kommt von der Wiese,
und oben darauf sitzt der Hans und die Liese.

Die jodeln und jauchzen und lachen all’ beid’,
und das klingt durch den Abend, es ist eine Freud’!

Und dem König sein Thron, der ist prächtig und weich,
doch im Heu da zu sitzen, dem kommt doch nichts gleich!

Und wär’ ich ein König, gleich wär ich dabei
und nähme zum Thron mir einen Wagen voll Heu. 
Robert Reinick
………………………………………….


Traducción: La aldea – En la aldea se levanta una pequeña iglesia; cruza una calle; / y las gallinas, llenan la calle de alboroto. / Las palomas aletean sobre el tejado; / los patos graznan en el arroyo. / Sobre el puente está sentado un joven que canta a toda voz; / se aproxima un carro con un auriga que el látigo hace sonar. / El carro está cargado de heno y viene de la pradera; / sobre el heno están sentados Juan y Elisa. / Ellos cantan y lanzan gritos de júbilo y ríen a coro: / resuena en la noche la alegría! / El trono del rey es blando y magnífico: / al estar sentado sobre el heno, nada le llega enseguida! / Si yo fuera un rey, los acompañaría, / tomando como trono un carro con heno.

domingo, 25 de agosto de 2013

El amor de mamá y papá

Mamá y papá despidieron seis hijos. Seis veces se quedaron en el portal de casa agitando la mano viendo como uno de sus hijos se iba de la colonia para hacer su vida. Seis veces lloraron en silencio el amargo sentimiento de perder a un ser querido que, aunque no fallecía, se iba para no volver. Seis veces experimentaron la triste orfandad de contemplar otra cama vacía. Seis veces sintieron desangrarse y seis veces descubrieron, cada vez mas azorados y melancólicos, como la casa parecía volverse más inmensa y la soledad más dolorosa e insoportable.
Mamá y papá no supieron o no quisieron aprender a vivir sin la presencia y la compañía de sus hijos. Los extrañaban demasiado. Por lo que decidieron llenar la casa de recuerdos y la convirtieron en un santuario dedicado a venerar el ayer. Desempolvaron antiguos objetos que habían sido descartados por el uso y el paso de los años y los atesoraron como reliquias. Buscaron en el desván y en vetustos baúles, hasta dar con los juguetes del nene: sus soldaditos de plomo, la vieja pelota de fútbol, los autitos de lata, las ya amarillentas revistas Patoruzú; los chiches de la nena: sus muñecas, sus trapitos que simulaban ropa de bebé. El traje que usaron el día que tomaron la Primera Comunión; los útiles escolares, manchados de tinta y gastados por el tiempo; las primeras cartas de amor cuando adolescentes soñaban con el mañana compartido con un querer que pronto olvidaron. Y tantas cosas más que los regocijaba en el recuerdo y los hundía cada vez más en el olvido del presente.
Mamá y papá envejecieron sin darse cuenta ni importarles el transcurso de los años y de la vida. Su ciclo vital había concluido con la marcha de los hijos. Les dieron vida, los criaron, los educaron, les entregaron lo mejor de sí mismos, y les dieron alas. Y los hijos volaron. Se fueron como todos los hijos, sin volver la mirada, dejando a los pobres padres soñando un regreso que nunca se produjo.

sábado, 24 de agosto de 2013

Proyecto elaborado para preservar el patrimonio arquitectónico de los pueblos alemanes



Fue elaborado por Loriana Schamberger y su esposo, residentes en Buenos Aires.


Loriana Schamberger elaboró un proyecto de ley para preservar las construcciones de los Pueblos Alemanes que, junto a su esposo, han presentado al Concejo Deliberante en el 2011 y al no tener respuesta hace unos días se lo acercaron directamente al Intendente Municipal, con la esperanza que sea tenido en cuenta.
Nos cuentan desde Buenos Aires donde residen que “sabemos que existen muchas agrupaciones que trabajan incansablemente hace años defendiendo el patrimonio cultural que nos dejaron los inmigrantes; por eso consideramos sumamente importante que desde las autoridades se tomen medidas para que se conserven esas construcciones y así poder seguir trabajando para que los Pueblos Alemanes sean un destino turístico de nuestro país y que puedan ofrecerse distintas propuestas gastronómicas, hoteleras y culturales dando la posibilidad de trabajo a sus integrantes”.

lunes, 19 de agosto de 2013

Historia de vida de una descendiente de alemanes del Volga

Una mujer, descendiente de alemanes del Volga, cuenta su vida sin dudas ni prejuicios. Revela sus vivencias más íntimas y deja al descubierto qué esperaban los padres y la sociedad de una mujer en aquellos lejanos años cuando las colonias comenzaban a surgir y las costumbres, las tradiciones y la férrea moral religiosa, se aplicaban sin contemplaciones y sin tener en cuenta los deseos personales de nadie.

-Mis padres junto a sus hijos producían y elaboraban casi todo lo que se consumía en casa. Tenían quinta de verduras y frutales. Un horno de barro para hornear pan. Dos veces al año carneaban una vaca y un cerdo para hacer chorizos, morcillas, jamón. Elaboraban chucrut y pepinos en conserva.  Dulces de tomate, zapallo, ciruela, higo, manzana. Tenían gallinero con gallinas, patos, gansos, pavos, gallaretas. Criaban cerdos, conejos y tenían alguna que otra vaca lechera. Tenían de todo. Y eso que éramos una familia humilde. Pero nunca fuimos pobres. Jamás nos faltó la comida. Todo lo contrario: cuando se podíamos también ayudábamos a algún vecino necesitado, a una viuda sola, a un anciano sin hijos. Antes la gente era más solidaria –rememora Emilia.
-Mamá y papá trabajaban mucho. Los dos. Mano a mano. Mi mamá se levantaba muy temprano para hacer el Kalach, el pan diario, y papá trabaja en el campo de peón. Se iba a caballo de madrugada.  A veces, a la noche, cuando regresaba, traía una liebre, un peludo, una mulita, una vizcacha. Esos eran días de fiesta. Los chicos nos poníamos contentos. Mamá preparaba guisos riquísimos. Eran muy sabrosos. Tenían un aroma que nunca voy a olvidar –sonríe la anciana mientras una lágrima rueda por la mejilla.
-Mientras  íbamos creciendo, los hijos nos sumábamos al trabajo. Los hombres en la tarea rural y las mujeres en las labores domésticas: limpiar el gallinero, el chiquero; barrer el patio con escobas fabricadas con ramas secas; regar la quinta con agua que había que sacar con la bomba, bombeando litros y litros de agua. Y, por supuesto, había que lavar la ropa de toda la familia, coser, remendar, planchas. Ayudar en la cocina… -enumera Emilia.
-Lo hacíamos con alegría. Cantábamos en alemán. Y a la noche, después de cenar, teníamos libre para jugar en la calle, con los hijos de los vecinos. Jugábamos a la mancha, a la escondida. Cazábamos bichitos de luz y los poníamos en un frasco, sobre cerca de la cama, como un velador. Eran juegos sencillos. Todo lo inventábamos nosotros. Jugábamos a la visita, a la mamá y al papá. Eran otros tiempos. Más lindos –vuelve a sonreír Emilia.
-Todo desapareció el día que abuela nos llamó para decirnos que papá había muerto. Al principio no entendimos lo que eso quería decir. Después lo vimos dentro del cajón, con los ojos cerrados, en la habitación vacía donde dormía con mamá, que lloraba desconsoladamente. Recién nos dimos cuenta lo que significaba la noticia cuando volvimos a casa después de sepultarlo. Ahí entendimos lo que había pasado. Estábamos solos para siempre y que nunca volveríamos a ver a papá –revela la anciana mirando fijo y sin pestañar para no llorar otra vez
-A partir de ese día todo cambio. Mi hermano mayor se hizo cargo de la casa hasta que mi abuelo le consiguió un marido a mi mamá. Antes era así. Los abuelos decidieron que mamá necesitaba un hombre, que tenía que volver a casarse, que no estaba bien visto que se quedara sola con cuarenta y cinco años. Y la casaron con un hombre de cincuenta. Un solterón. Alguien que aceptó enseguida y rápidamente se hizo cargo de la familia. La llegada del solterón hizo que la unión entre mamá y sus hijos se rompiera. Él era muy mandón. Siempre nos ordenaba hacer cosas. Nos decía que era por nuestro bien, que un día se lo íbamos a agradecer; pero lo único que logró fue que los mayores se casaran pronto y se fueran de casa. Y de a poco, nos fuimos yendo todos, dejando a mamá sola con el solterón. No sé si alguna vez se quisieron; pero siempre se llevaron bastante bien. Tanto que ella le hizo más caso a él que a sus propios hijos –reprocha bajando la voz para que no se le escape alguna lágrima.
-¡Así es la vida! –exclama-. Volví a casa después de muchos años, el día en que el solterón me mandó un telegrama a Córdoba para avisarme que mamá había muerto. Cuando llegué acá, cansada de un largo viaje y llena de dolor, hacía ya unas horas que la habían enterrado. Fui al cementerio a visitarla en la tumba. Lloré mucho. Me arrepentí de corazón de no haber regresado una sola vez para visitarla y verla con vida aunque más no sea un ratito. Nunca se me pasó el enojo que tenía porque se había vuelto a casar y preferir al solterón en lugar de sus hijos –esta vez sí, Emilia lloró desconsoladamente.

-El solterón tenía ochenta y tres años. Estaba en casa, en la casa donde habíamos nacido, que ahora era suya. Por eso mis hermanos y yo nos reunimos en la casa mi hermano mayor. Discutimos que hacer con la casa. Si pelear con el solterón o no, para que nos diera las cosas que le pertenecían a mamá y que ahora eran nuestras. Decimos no hacer nada. ¿Para qué? Ya no era nuestra casa. Papá y mamá habían muerto. Casi seguro que la casa había olvidado a papá hacía muchos años y que el interior estaba totalmente cambiado a como nosotros lo recordábamos. No quise ir a averiguarlo. Me fui de la colonia sin averiguarlo y lloré todo el viaje de regreso a Córdoba –cierra su relato Emilia Simon.

domingo, 18 de agosto de 2013

Fotografías: El escritor Julio César Melchior en la Feria del Libro organizada por la Biblioteca Juan Carlos Graff

Un éxito resultó la Feria del Libro, organizada por el Club de Amigos de la Biblioteca Popular Juan C. Graff, de Club El Progreso, en forma conjunta con la Comisión Directiva, en el marco del 75 Aniversario de "Club S. D. y C. El Progreso". ¡Fueron días de fiesta para la cultura en Pueblo Santa María!












Los escritores Julio César Melchior y Graciela Schmidt Robilotta presentes en la Feria del Libro de La Biblioteca Juan Carlos Graff


Dos escritores suarenses que comparten sueños, iniciativas y proyectos de editar juntos.

Ambos compartían un stand en la Feria del libro y se los puede encontrar en el Club El Progreso exhibiendo sus obras.
Graciela muestra su libro “Ofrenda”, que le ha abierto la posibilidad de muchos contactos, conocer gente nueva y hasta –lo que considera una bendición- acompañar a quienes sufren una enfermedad, la oportunidad de estar con ellos en los momentos más difíciles. 
Se la ve plena, vivaz y agradecida por tantas vivencias que se dispararon a partir de su propia vida y que está tan bien plasmada en cada uno de los versos que conforman los poemas de su libro.
Julio César cuenta que ya se agotó la edición de su libro “Historia de los Alemanes” y proyecta una nueva edición, debido a que sigue teniendo mucha demanda del mismo. También está agotada la 9na edición de su libro “Gastronomía”, por lo que no descarta una reimpresión. 
Ambos hablan sobre la posibilidad de escribir algo juntos.

jueves, 15 de agosto de 2013

Deutsche Sprichwörter (Proverbios alemanes) (Refranes que utilizan los abuelos)




Los invitamos a participar de la Fiesta de la Carneada


La Fiesta de la Carneada será el 31 de agosto y para el 7 de diciembre podría llevarse a cabo la Fiesta Alemana de la Cerveza en el Anfiteatro de Santa Trinidad, si se consigue apoyo de la Provincia.

Marcha a muy buen ritmo la venta de tarjetas para la 12° edición de la Fiesta de la Carneada que organiza la Asociación Descendientes de Alemanes del Volga.
Es que viene con demanda contenida, debido a que el año pasado la misma no se llevó a cabo y muchos concurrentes habituales han acumulado ganas de disfrutar de los embutidos bien sabrosos que cada año prepara el grupo que lidera Juan Hippener.
Consultado explicó que hasta la fecha se han vendido algo así como 480 tarjetas de un total de 600 lugares que hay dispuestos en el salón del Club Germano, en Pueblo San José, donde se llevará a cabo el evento.
En esta ocasión el baile estará animado por el Grupo Astral, pero se suma el dúo de los Hermanos Paff, que interpretan música con saxo y con cencerros, por lo que toda la noche estará animada con extraordinarias interpretaciones.
Juan Hippener fue especialmente entrevistado por La Nueva Radio Suárez para su programa “Los Pueblos Alemanes y su gente”, historiando con su particular forma de relatar lo que implicaban las actividades de carneada para las familias de hace unos años atrás.
Es que se reunían amigos, vecinos y familiares para la faena de cerdos y vacas, los primeros muchas veces criados por la misma familia. La actividad duraba por los menos tres, cuatro, cinco días o más y se transformaba en una verdadera fiesta, porque se empezaba a trabajar y a disfrutar desde que salía el sol hasta que se ocultaba en el horizonte.
Entonces la jornada se terminaba bailando al son de la verdulera o el acordeón que mucha gente sabía ejecutar.
En esas actividades había mucho trabajo para todos, hombres, mujeres y niños, y la propuesta se vivía como una reunión festiva en familia.
Juan Hippener anunció también que la Asociación que dirige está proyectando llevar a cabo una Fiesta Alemana de la Cerveza el 7 de diciembre en el Anfiteatro de Santa Trinidad, con la presencia de varias orquestas.
Pero será posible de llevar a cabo si se cuenta con el apoyo del Estado, especialmente de la Provincia o de la Nación, según anticipó.

sábado, 10 de agosto de 2013

Memorias de Juan Pedro Frank

¡Oh dulce infancia cuánto me has dado!

Para los que tenemos suerte de volver a las colonias, al hogar donde nacimos… para los que tenemos memoria de lugares, olores, vivencias… tenemos la suerte de ser un poco más felices porque llevamos en el alma las raíces del pasado y el motivo secreto que le da sentido a nuestras vidas.
  
En los momentos de soledad y reflexión me pasan por la mente lugares de otros tiempos, allá lejos, vividos en las colonias, cuando era apenas un niño, en los que no había autos, ni celulares. Lugares en los que algunas de las fiestas más esperadas eran las de Pascua, con la llegada del Conejito y Navidad, con el Pelznickel y el Chriskindie recorriendo las calles, repartiendo las deseadas golosinas que solamente saboreábamos en esos días especiales.
Era una época en que las naranjas eran naranjas de verdad, porque los niños las arrancábamos de las quintas de los abuelos, cuando dormían la siesta.
Y mi abuela Mary cocinaba ricos Wicknel Nudel, Klees, Maultasche, Kraut und Brei… Y desayunábamos café con leche acompañado de manteca, miel, chorizo casero, jamón y mil delicias más.
No había luz eléctrica pero parecía no importar. El farol a kerosén suplía eso. Era suficiente para que abuela tejiera, mamá remendara la ropa, los hombres jugaran a los naipes y nosotros jugáramos con los Koser.
Hoy, al volver a los lugares que recorrí cuando era chico, que me parecían enormes, me siento tan grande, y me duele tanto el recuerdo de los momentos felices, que me resulta imposible no llorar de emoción y nostalgia.
No había tecnología pero tampoco consumo desenfrenado y nada de envidia, nada de maldad. Las personas se respetaban y amaban unos a otros.
¡Qué lástima que ese bello tiempo se haya ido para no volver jamás y las colonias hayan perdido ese bello encanto de aldeas sencillas y de corazón simple!
Sin embargo, todos los recuerdos, anécdotas y situaciones vividas en el pasado, nos sirven para tener herramientas para construir un futuro mejor, más justo e igualitario.

Constructores de sueños: Homenaje a los albañiles de los pueblos alemanes

Por Carlos Castro Saavedra
En las noches más frías y en los días más ardientes, es cuando más se ama la albañilería, y cuando más se siente sobre el cuerpo y aún sobre el alma, la sombra de las casas, el amor de los muros, la caricia de las piedras labradas.
Ningún oficio tan alto y tan noble como la albañilería. No tiene alas visibles, pero es el más alto y el más alado. La albañilería toma la tierra del suelo y la levanta, y lo mismo hace con los ladrillos: los pone a las alturas. No se cansa de subir, de hacer música mientras sube, de materializar anhelos y poder soñar, unos minutos, que su fuego nunca será esparcido por el viento.
Claros y bellos son los albañiles, con sus cabellos al viento, con sus camisas ondeantes, con sus pantalones remangados hasta la rodilla, con su olor de tierra húmeda y su fragancia de madera aserrada, con su golpe en la nube que pasa y oscurece un momento las plomadas y los andamios.
Trabajan en sitio más alto y lo hacen con amor, aunque el pan es escaso en sus mesas. Mientras unen con argamasa palpitante, silban una canción. Caminan por las tablas tendidas de uno a otro extremo de las construcciones, y las hacen temblar con los pies anchos y embarrados.
Dios los contempla desde arriba, desde más arriba, y les lava los rostros con llovizna y con brisa.
La campana debe a los albañiles su morada, su nido en la cima de la iglesia. La estatua debe a ellos su pedestal, la fábrica su chimenea activa y progresista. Los albañiles dejan en las construcciones lo más hermoso que éstas tienen: el resplandor humano, la huella de los dedos, el rastro de la sangre. Los materiales que los albañiles tocan se iluminan con la luz del hombre, que es insustituible y a la vez fuente inagotable de ternura.

Die Lebensalter - Las etapas de la vida

Wie die Jahre vergehen

Die Lebensalter

Zehn Jahr – ein Kind,
Zwanzig Jahr – ein Jüngling,
Dreissig Jahr – ein Mann,
Vierzig Jahr – ist wohlgetan,
Fünfzig Jahr – geht auch noch an,
Sechzich Jahr – geht’s Alter an,
Siebzig Jahr – ein Greis,
Achtzig Jahr – schneeweiss,
Neunzig Jahr – gebückt zum Tod,
Hundert Jahr – ein Gnad’ von Gott.

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A medida que pasan los años

Las etapas de la vida

10 años – un niño
20 años – un adolescente
30 años – un hombre
40 años – una vida hecha
50 años – las cosas todavía marchan
60 años – comienza la vejez
70 años – en la ancianidad
80 años – (la cabeza) blanca como la nieve
90 años – inclinado hacia la muerte
100 años – en la gracia de Dios.

sábado, 3 de agosto de 2013

La felicidad de abuela Alfonsina

Alfonsina tuvo 9 hijos. Los alimentó. Los crío. Los mandó a la escuela. Les enseñó el valor del trabajo, del respeto y a honrar la palabra empeñada. Viuda a los 40, fue madre y padre. Hoy vive en la casa de uno de sus hijos varones.

Nos recibe con mate y Kreppel. Conversa en alemán hasta por los codos. Están presentes su hijo, su nuera y un nieto de 10 años. Todos hablan a la vez. Cada uno quiere homenajear a Alfonsina con una anécdota que la pinte en toda su grandeza. “Madre ejemplar” –afirma su hijo-. “Lo dio todo por su familia” –sentencia la nuera.
Alfonsina ríe. Sus ojos brillan como dos estrellas plenas de bienestar. Nos cuenta que tiene 85 años y una linda familia. Que en las fiestas de Kerb se reúnen todos para festejar y que en ese día llegan a visitarla los 9 hijos, los que están en la colonia, los que están en Buenos Aires y los que están en Bahía Blanca también. Que cocinan asado al horno con papas y Füllsen, como cuando vivía su marido y sus hijos eran pequeños.
No se calla nada. Es franca. Sincera. Nos revela sus vivencias sin ocultar secretos. Dice que, pese al dolor que le causó la imprevista muerte de su marido siendo aún muy joven, tuvo una existencia muy feliz. Y se le nota. Toda ella es un despliegue de felicidad, de satisfacción, de orgullo. Vivió la vida que quiso y sus hijos la aman. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?