Rescata

Para más información pueden comunicarse al WhatsApp: 2926 461373 o al Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com

miércoles, 9 de junio de 2021

Embarcando en el puerto rumbo a América

 
Al embarcar en el puerto de Bremen, en Alemania, tuvo la absoluta certeza de que jamás iba a tener la oportunidad de regresar a Kamenka, la aldea en la que quedaban sus padres aguardando un retorno imposible. Lo sabía porque la distancia a América era enorme, alrededor de un mes, el valor del pasaje exorbitante, y porque tampoco sabía cómo le iba a ir en el nuevo país, la Argentina. Lo desconocía todo de esa nación. Le habían hablado de que era un país con tierras prósperas para la siembra de trigo, con campos vírgenes casi infinitos esperando ser colonizados, de aldeas fundadas hacía poco y que ya progresaban y crecían con la llegada de más y más contingentes de volguenses, pero nada más. Era suficiente para alimentar sus deseos de emigrar buscando un horizonte mejor, libre, sin hambre y sin guerras, pero, a la vez poco, para proyectar un retorno a la casa de su infancia, al hogar de sus padres, buscarlos y llevarlos consigo. Por eso se preguntaba: conseguiría hacer una pequeña fortuna para regresar a buscarlos y darles una mejor vida antes de que fallecieran? Los veía tan grandes, tan desamparados y tan solos, parados en el portal, despidiendo a sus hijos, apoyándolos con alegría, con fortaleza, pero escondiendo llantos, tristeza, porque quizás, ellos también comprendían que el adiós era para siempre. El clima en Rusia, y por lo tanto en el Volga, día a día se volvía más y más violento y difícil de sobrellevar.
Al alejarse del puerto, unas lágrimas rodaron por sus mejillas. Era el adiós definitivo a su hogar, a su infancia y a su tierra natal. A su aldea y a sus amados padres.

lunes, 7 de junio de 2021

Nombres de los fundadores de los tres pueblos alemanes del Volga del Partido de Coronel Suárez y sus aldeas de origen

 Todos sabemos que los alemanes del Volga arribaron al país a finales del siglo XIX, desde la lejana Rusia. También todos sabemos que ingresaron por el puerto de Buenos Aires y que fundaron un numeroso grupo de colonias y aldeas en distintas provincias argentinas, que pronto se transformaron en prósperas localidades. Y que conservaron su lengua, su forma de vida, sus tradiciones, sus costumbres y su profunda fe en Dios.
Eso está claro que lo conocemos todos, es verdad? Lo que, seguramente, no conocemos todos, y en esto coincidiremos la mayoría, son los nombres y apellidos de todos esos inmigrantes alemanes del Volga que llevaron a cabo esa proeza. Hombres y mujeres de férrea voluntad, que trabajaron, lucharon, se sacrificaron para fundar un nuevo hogar y darles una patria a sus hijos, una patria libre, justa y equitativa.
Por eso vamos a rescatar los nombres y apellidos de las personas que, junto con sus familias, fundaron los pueblos Santa Trinidad, San José y Santa María, en el Partido de Coronel Suárez.
Los que pusieron las bases de Pueblo Santa Trinidad llegaron al país desde la Hildmann, nombre con el que se conoció a la nueva localidad en los primeros años.
Actualmente se la denomina Pueblo Santa Trinidad, que es su nombre oficial, y popularmente se la llama Colonia I, denominación cuyos orígenes se pierden en los albores de su nacimiento.
Las familias fundadoras de esta localidad fueron: Juan Francisco Jonas, Gaspar Kippes, Christian Müller, Gaspar Gerling, Pedro Konrad, Jorge Maier, Juan Galinger, Juan Triu, Luis Weisbeck, Adán Hubert, Pedro Müller, Andrés Ashembach, Sebastián Herlein, Adán Diser, Esteban Gerling, Juan Francisco Haas, Jacobo Bahl, Cristóbal Heit y Pedro Kippes.
En tanto que las familias que fundaron Pueblo San José, son oriundas de las aldeas
Dehler y Volmer.
En los primeros tiempos, a la localidad se la conoció con el nombre Dehler.
Actualmente, se la conoce no solamente por su nombre oficial: Pueblo San José, sino también por Colonia II.
Los fundadores de este pueblo fueron: Martín Sieben, Jacob Schwab, Stephan Heit, Jacob Schell, Konrad Schwab, Johann Förster, Joahnn Butbilopky, Johann Opholz, Nicolás Seib, Michael Schuck, Mattias Schönfeld, Johann Peter Philip, Adam Dammderfer, Gottlieb Diel y Heinrich Heim.
Finalmente, las familias que fundaron Pueblo Santa María, eran de aldea Kamenka. Nombre que se le asignó al poblado en sus inicios.
Su nombre oficial es Pueblo Santa María pero, popularmente, se la conoce por Colonia III.
Antes de transcribir los nombres y apellidos de los fundadores de Pueblo Santa María, debemos remarcar que, en este caso en particular, también se conservan el nombre y apellido de la mayoría de las esposas.
Los nombres y apellidos de los fundadores de esta localidad fueron: Juan Reser/Bárbara Roth; Juan Graff/Ana María Detzel; José Meier/Cristina Minnig; José Schneider/Catalina Reser; Jacobo Fogel/Crsitina Schmidt; José Schroh/Catalina Sauer; José Streitenberger/María Legmann; Federico Streitenberger/Elisa Gertner; José Meier (h)/Catalina Melchior; José Schneider (h)/Ana Roth; Juan Schneider/Elisa Quitlain: Miguel Schneider/Ana Roth; Juan Schneider/Catalina Reeb; Juan Dailoff/María Walter; Nicolás Walter/Catalina MInnig; José Schmidt/Susana Walter; Jacobo Schwindt/Bárbara Bahl; Antonio Schwindt/Catalina Maier; Miguel Siebenhardt/Cristina Schneider; y Juan Maier; Nicolás Hasper; Gottlieb Schneider; Jacobo Schermer; Juan Schwindt – de quienes se desconoce el nombre de sus esposas-; y Jorge Streitenberger, que era soltero.
Conservemos viva la memoria de estos héroes, que lucharon con trabajo y dignidad, para sembrar sueños en una tierra virgen, y poder legarnos un futuro mejor. La memoria de nuestros ancestros perpetuadas en los libros "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga", "La infancia de los alemanes del Volga", "La vida privada de la mujer alemana del Volga" y "La gastronomía de los alemanes del Volga". Comunicarse con el correo electrónico juliomelchior@hotmail.com.

Nuestros orígenes

 Un día dejaron su aldea natal,
allá lejos, a orillas del río Volga,
sus padres agitando el pañuelo
y a sus hermanos llorando el adiós.

Llevaban sus enseres en grandes baúles,
donde también atesoraban sus sueños,
junto a un cúmulo infinito de recuerdos
que el camino fue coloreando de nostalgia.

Se hicieron a la mar del océano inmenso,
leyendo la Biblia, en las largas noches,
rezando el rosario en las madrugadas,
sufriendo la angustia del desarraigo.

Arribaron al puerto de Buenos Aires,
después de soportar durante treinta días,
la tempestad y el bravo oleaje,
y sobrevivir en oscuras bodegas.

Aquí se diseminaron por la indómita
tierra virgen de la pampa húmeda,
fundando decenas de aldeas y colonias,
transformando los campos los campos en vergeles.

Levantaron al cielo las iglesias,
que llenaron todos los domingos
y erigieron escuelas para educar
los niños que iban naciendo.

Año tras año fueron progresando,
creando riquezas para el país,
que los cobijó como a sus hijos,
bajo la enseña celeste y blanca.

Kartoffelskreppielr o tortitas de papa

 Ingredientes:
4 papas
3 huevos
1/3 taza de harina

Preparación:
Hervir las papas con cáscara, cuando estén blandas escurrir y quitarles la piel. Hacer un puré. Agregar los huevos, la harina, salpimentar a gusto y con la mano formar tortitas.
Freír en aceite bien caliente.
Para una versión mas saludable utilizar una sartén apenas untada con un poco de aceite.

miércoles, 2 de junio de 2021

¿Recuerdan las hermosas manos de nuestras madres elaborando las tradicionales comidas que hacen a nuestra identidad de descendientes de alemanes del Volga?

 ¿Recuerdan las hermosas manos de nuestras madres elaborando las tradicionales comidas que hacen a nuestra identidad de descendientes de alemanes del Volga? ¿Se acuerda de los domingos en que mamá se levantaba bien temprano para hornear en el horno de barro el lechón al horno y el Füllsen? ¿O los días de semana en que horneaba los riquísimos panes caseros? Las manos de mamá eran manos sabias, puras, tiernas y dulces, siempre blancas de harina, por las cosas ricas que amasaba o cocinaba para sus hijos, o húmedas de agua por la enorme cantidad de ropa que lavaba para toda la familia. Las manos de nuestras madres eran manos que simbolizaban el hogar, el amparo, la contención, el abrigo, el secarnos las lágrimas en días de tormenta, en curarnos una rodilla cuando nos lastimábamos jugando al fútbol, en acomodarnos el guardapolvo cuando íbamos a la escuela, o acomodarnos la corbata el día que nos casábamos….Las manos de mamá lo eran todo en nuestro mundo infantil y en nuestro mundo de grandes. Las manos de mamá eran su alma, su amor inconmensurable poniéndose de manifiesto en gestos que nos llenaban de cariño, de afecto, de mil sentimientos más que se fueron al cielo junto con ella.

El amor inconmensurable de nuestras madres

Mi madre sentía un amor inconmensurable por sus hijos, un amor sin límites ni fronteras, tan profundo que hubiera dado su vida por ellos sin dudarlo, y sin embargo, jamás la escuché decirme "te quiero mucho", como tampoco jamás la vi, ni la sentí, deshacerse en caricias de ternura, en abrazos, en besos.
Para ella, el amor se demostraba de otra manera, con expresiones tales como "cuidate mucho", "abrígate", "no tomes frío", "comé que tenés que alimentarte", y en cocinar sabrosas y suculentas comidas, que era su modo natural de poner de manifiesto el infinito cariño que sentía por mí, que en ocasiones podía llegar al extremo de irse a dormir sin cenar, para que la comida alcanzara para alimentar a todos sus retoños.
Otra manera de demostrar su inconmensurable amor hacia mí y hacia todos sus hijos, era estar sentada noches enteras junto a mi cama, brindándome aliento y todos los cuidados necesarios para que me recuperara pronto. A veces, llorando en secreto; otras, rezando a escondidas.
El amor de mamá era tan infinito como eterno en el tiempo. Porque aún hoy, tantos años después de su fallecimiento, todavía me continúa protegiendo. Todavía la escucho, cuando salgo a la calle en días de lluvia, susurrarme al oído "tené cuidado, no te mojes, que te vas a enfermar" o cuando me siento a comer, aconsejarme "aliméntate bien, hijo, que hace frío".

Recuerdos de escuela primaria

Para los que están, para los que se fueron, para los que regresaron, para los que se fueron y ya no pudieron regresar; para los que murieron antes de concretar sus sueños, para los que lo logaron, para los que lo intentaron y no pudieron; para los que son felices, para lo que lo fueron y ya no lo son, para los que esperan serlo; para los niños, los jóvenes, los adultos, los ancianos; para los que llevan grabados en el alma (y los recuerdan con cariño) sus años de estudio en las escuelas de las colonias, para los que los olvidaron y los desean recordar. Para todos ellos ésta página.
Estas líneas están escritas, sólo es cuestión de leerlas. Las manos están tendidas y el corazón abierto. Sean bienvenidos para recordar a las Hermanas religiosas, docentes, ex docentes, alumnos, ex alumnos, colaboradores, padres, amigos…
Para rescatar costumbres, tradiciones y la infancia misma no dejen de leer "La infancia de los alemanes del Volga" y "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga". Consultas al correo electrónico juliomelchior@hotmail.com.

Ángeles de guardapolvo blanco

Uno crece. Los años transcurren. La vida nos golpea, nos enseña. Se da cuenta que todo pasa por algo. Va acumulando experiencias. Tal vez forma pareja, tiene hijos… Logra concretar sueños, objetivos… A veces se siente triste; otras plenamente feliz. Y sin embargo, nunca olvida lo que vivió en su niñez y en sus años de escuela primaria. Más aún, con el paso del tiempo, estos recuerdos parecen reforzar su legado: por las enseñanzas que nos dejaron esos años, por las maestras que nos enseñaron no solamente a sumar y restar y dividir y escribir, sino también porque nos enseñaron lo que está bien y lo que está mal. Esas maestras que educaron con el ejemplo. Y forjaron nuestro espíritu. Nos hicieron comprender que ser mujeres y hombres de bien era lo que debía ser. Y se hicieron nuestras amigas, nuestras compinches… porque nos comprendían, nos entendían… porque sabían cómo pensábamos, cómo sentíamos… porque sabían de nuestra idiosincrasia particular de ser de las colonias alemanas… porque eran madres antes que nada… y porque eran ángeles de guardapolvo blanco.
Para rescatar y revalorizar la infancia y tradiciones infantiles consulten "La infancia de los alemanes del Volga" y "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga". Consultas al correo electrónico juliomelchior@hotmail.com.

Las docentes

En cada ex alumno sobrevive la imagen de una docente que nos guía en la vida y un cúmulo de remembranzas que nos dejó nuestro paso por la escuela. La docente nos ilumina el alma, y en momentos difíciles, todavía nos aconseja, con aquellos ejemplos y consejos que nos dio cuando éramos sus alumnos. Y las remembranzas brillan en nuestra memoria como un tesoro que nunca dejaremos en el olvido, porque forman parte de lo más importante que vivimos en nuestra humilde niñez de niños de la colonia. Porque la escuela fue nuestro hogar, nos instruyó pero también nos educó y nos formó como seres humanos. Nunca olvidemos esto. Y nunca olvidemos todo lo que le debemos a las docentes que tuvimos durante nuestro paso por la Escuela Parroquial.
Para rescatar la infancia de antaño no dejen de consultar mi libro "La infancia de los alemanes del Volga". Consultas al correo electrónico juliomelchior@hotmail.com.

Los libros de lectura de la escuela primaria

No sé por qué uno olvida los títulos de ciertos libros de lectura que usa en la escuela y por qué a otros los recuerda con tanto afecto y ternura. Pero esta mañana me dio cierta añoranza al rememorar mis libros de lectura. Esos libros que antaño pasaban de hermano en hermano y luego continuaban acompañando a los primos, amigos, etc. Eran libros eternos. Los cuidábamos porque tenían que perdurar varios años.
El que más recuerdo, diría que puedo repetir de memoria todas las páginas, incluyendo las imágenes, es “Flores y espigas”, el libro que utilicé en cuarto grado. No tenía una sola fotografía, como los libros de ahora, pero tenía unos dibujos que transmitían, al menos a mí, cierta dosis de melancolía, con sus trazos y sus colores apagados, entre mezcla de nostalgia de un mundo perdido y un mañana todavía lejano.
Lo llevé durante muchos años conmigo hasta que en una de las tantas mudanzas se perdió en el ayer de mi niñez.
¡Cuánto daría por volver a ojear uno y ver surgir ante mis ojos los recuerdos de un tiempo que ya no regresará como no regresarán los sueños que soñaba mientras lo leía sentado en mi pupitre del aula de cuarto grado!
Para rescatar la infancia de antaño no dejen de consultar mi libro "La infancia de los alemanes del Volga". Consultas al correo electrónico juliomelchior@hotmail.com.

domingo, 30 de mayo de 2021

Los recuerdos de nuestra infancia

Una casa de adobe, una bomba de agua, un fuentón de chapa, una tabla de lavar, un jardín, y allá al fondo, un Nuschnick, un gallinero, una huerta, una vaca lechera, un cerdo esperando la época de la carneada, un galponcito para guardar las herramientas y más al fondo, un patio inmenso.
Un pueblo habitado por personas sencillas, honestas y trabajadoras, que hablan en alemán, que celebran fiestas tradicionales, que asisten todos los domingos a misa y que todos los días, de sol a sol, trabajan la tierra.
Esa es mi infancia. Esos son mis recuerdos. Nuestros recuerdos. Los recuerdos de todos los descendientes de alemanes del Volga. Los que nos definen y nos dan identidad. Y los que jamás debemos olvidar.
Nuestra identidad, nuestra historia y cultura, nuestras tradiciones y costumbres perpetuadas en los libros: "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga", "La infancia de los alemanes del Volga", "La vida privada de la mujer alemana del Volga", "La gastronomía de los alemanes del Volga". Se envían a todo el país y el mundo. Imperdible oportunidad de poder tenerlos, leerlos y legarlos, para que nuestras raíces no se diluyan en el tiempo. Comunicarse con el correo electrónico juliomelchior@hotmail.com.

Sergio Denis, nuestro querido Héctor Hoffmann, fue un grande. Fue tan grande que jamás se olvidó de sus orígenes alemanes del Volga

He aquí una de canciones que habla de su gente, nuestra gente, unsere leute:

Mi casa tenía

Mi casa tenia un lugar donde me escondía
ni me imaginaba que mi madre lo sabia
un aromo un cerco un cantero con margaritas
esa era la selva jugando a la tardecita

Tenia una espada de lata y un triciclo viejo
tenia una cinco de cuero cocida con tiento
Guardaba en una caja vieja piedras y bolitas
y el álbum que nunca llenaba y las repetidas

Mi casa tenia una verja que separaba,
lo que se podía de aquello que se soñaba,
una mesa grande una foto de casamiento
un baúl con cartas, postales, libros de cuentos

Yo andaba en un fuentón gastado recorriendo el mundo
jugando con los bucaneros en el mar profundo
montado en una escoba vieja cabalgaba el patio
para llegar a la cocina y encender la radio

En mi casa oían todos los radioteatros
entonces los buenos vencían a los malvados
yo era el muchachito que hacia de poncho negro
salvaba a mi novia adentro de los roperos

Mi casa tenia una verja que separaba
lo que se podía de aquello que se soñaba.

sábado, 29 de mayo de 2021

Tres recetas de la cocina alemana del Volga

 Les compartimos tres recetas, de las tantas que integran la amplitud de sabores de la cocina alemana del Volga, para que puedan elaborarlas y compartirlas en familia como lo hicieron por siglos nuestros ancestros. Estas recetas y mas de 150 las encuentran en "La gastronomía de los alemanes del Volga"

Recetas de Kartoffel und Klees, Kraut und Brei y Trucke Nudel

Kartoffel und Klees

Ingredientes:
1 kg. de papas
½ kg. de harina
1 huevo
½ taza de agua
1 pizca de sal

Preparación:
Colocar en un bol ½ kilo de harina, agregar el huevo, el agua y pizca de sal; mezclar bien todos los ingredientes hasta obtener una masa liviana y dejar descansar ½ hora aproximadamente. Cortar las papas en dados y ponerlas a hervir. Luego tomar la masa con las manos y cortar pequeños trocitos, dejándolos caer directamente dentro del agua, que debe estar en plena ebullición. La cocción de los Klees es de 5 minutos aproximadamente. Pasar todo por colador para que escurra bien. Se puede servir con chucrut, con pedacitos de panceta dorados previamente en aceite, con crema o con huevo batido.

……………………………………………..

Kraut und Brei

Ingredientes:
1 kg. de papas
1 kg. de huesitos de cerdo o de panceta de cerdo
½ kg. de chucrut

Preparación:
Con las papas preparar puré. Hervir los huesitos de cerdo durante ½ hora aproximadamente y agregarle el chucrut y dejar hervir todo hasta que al carne esté cocida. Sacarlo y escurrirlo en el colador. Se sirve con el puré.

……………………………………………..

Trucke Nudel

Ingredientes:
4 papas
3 huevos
300 grs. de harina
1 cebolla
Pedacitos de pan tostados

Preparación:
Cortar las papas en dados y ponerlas a hervir. Con la harina y los huevos preparar la masa para los Nudel (fideos), y cuando las papas ya están cocidas, agregar los fideos. Sacarlos, escurrirlos y poner la cebolla dorada previamente en aceite o manteca y los pedacitos de pan tostados (Kristier).

Es hora de volver a nuestros orígenes, a preparar y saborear los ricos platos tradicionales de los alemanes del Volga

Los alemanes del Volga poseen un menú compuesto por un amplio abanico de platos tradicionales, desde saldados, dulces, agridulces, ácidos y agrios. Este amplio abanico de posibilidades es un conjunto de platos que se fueron congregando y sumando a lo largo de los siglos. La mayoría de ellos nacieron en tierras alemanas, la madre patria de nuestros ancestros, otros pocos se gestaron en Rusia, y finalmente, algunos se sumaron en la Argentina. Todos ellos conforman hoy la gastronomía de los alemanes del Volga y por lo tanto hacen a la identidad no sólo culinaria sino también cultural de este pueblo.
Las recetas fueron pasando de generación en generación, de madres a hijas, de hijas a nietas, y así sucesivamente a lo largo de los siglos. Hasta llegar a la actualidad, en que todas ellas están reunidas en mi libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”.

viernes, 28 de mayo de 2021

Los platos tradicionales de la abuela Elisa Schroh

Al ingresar a la casa de la abuela Elisa Schroh me encontré con una mesa de madera larga y seis sillas dispuestas alrededor de ella, gastada por el tiempo y los años, con profundas cicatrices que parecían haber sido realizadas con cortes de cuchillo al cortar alguna masa, por ejemplo para los Wickel Nudel, los fideos caseros, los Kreppel. Más allá, junto a una cocina a leña, que despedía calor de hogar, una mecedora traída desde Rusia, desde una remota aldea llamada Kamenka, y en ella estaba la abuela Elisa, hamacándose, las manos cruzadas sobre su regazo mientras me recibía con una sonrisa.
Me saludó en alemán, me invitó a que me sentara, me ofreció mate, té, y Kreppel que había amasado para la ocasión, por supuesto que acepté el mate y los Kreppel.
Mientras tomábamos mate y saboreábamos los ricos Kreppel, la abuela Elisa me empezó a contar su historia de vida. Me reveló que sus padres habían llegado de la aldea Kamenka, que su madre había quedado viuda muy joven con siete hijos y que los crió sola, sin la ayuda de ningún hombre. Eso sí – agregó-, mi mamá trabajó de todo. Y por eso también murió muy joven. Falleció a los 48 años. La vida la había consumido.
Ella me enseñó todo lo que sé. Me enseñó a cocinar, a coser, a bordar, a tejer y a hacer acolchados. Durante mi juventud me ganaba la vida haciendo acolchados mientras mi marido trabajaba en el campo.
La abuela Elisa contó muchos detalles y pormenores de su vida en familia y de su vida privada. Me confesó que había perdido un hijo de dos años en un accidente casero. También me contó que, al igual que su madre, había quedado viuda muy joven.
Después se entusiasmó hablando de las comidas tradicionales. Me detalló, por ejemplo, cómo y con qué ingredientes elaboraba los Kreppel. Me dijo un puñadito de harina, leche, huevos... Y de la misma manera me detalló cómo preparaba los Maultasche (Varenick). Me contó que tomaba un puñadito de harina, le agregaba dos o tres huevos, dependiendo la cantidad de comensales, que los rellenaba con ricota y así fue sumando más y más ingredientes. Los cuales siempre eran puñaditos, nunca gramos ni centímetros cúbicos si era un líquido. Su conocimiento era tal que no necesitaba conocer nada de eso. Su sabiduría era innata. Como el de todas las abuelas alemanas del Volga. Que sabían preparar decenas y decenas de platos tradicionales que llevaban en sus prodigiosas memorias. De la misma manera fueron pasando de generación en generación desde tiempos inmemoriales, repitiendo los mismos puñaditos, los mismos sabores, los mismos aromas y el mismo amor a cocinar para la familia.
(Para quienes deseen preparar los platos tradicionales tal y como lo hacía la abuela Elisa no dejen de tener el libro “La gastronomía de los alemanes del Volga” y para conocer la vida de las mujeres y sus pormenores sociales, culturales, religiosos y familiares no dejen de consultar mi libro “La vida privada de la mujer alemana del Volga”).
(Para más información comunicarse al correo electrónico juliomelchior@hotmail.com)

Nuestra infancia fue hermosa

 Nuestra niñez fue estar en contacto con la tierra, jugar con ella, construir puentes para los autitos de lata que fabricábamos y hacer tortitas de barro en los días de lluvia. Nuestra niñez fue jugar al fútbol en los baldíos con una pelota de media rellena de trapos viejos. Fue saltar a la cuerda. Jugar al elástico. A la payana. A las bolitas. A los Koser. Cazar bichitos de luz. Remontar barriletes en los días de viento. Comer ciruelas verdes que después nos hacían vomitar la noche entera. Bañarnos los sábados en grandes fuentes llenas de agua calentada en enormes pavas y tarros en la cocina a leña. Nuestra infancia fue tomar la comunión y la confirmación. Fue comer las cosas ricas que nos cocinaba mamá. Compartir los trabajos de papá. Escuchar las historias que nos contaba el abuelo. Comer los sabrosos dulces que nos preparaba la abuela. En fin, nuestra infancia fue la más feliz que niño alguno pudiera haber soñado alguna vez tener y fue la etapa de nuestra existencia que nos formó como personas y nos dio identidad. Una identidad que debemos conservar con orgullo. Para rescatar y conservar esa identidad, es que escribí el libro "La infancia de los alemanes del Volga".
 (Para más información comunicarse al correo electrónico juliomelchior@hotmail.com)

viernes, 21 de mayo de 2021

Presentamos una inolvidable receta de la gastronomía de los alemanes del Volga

Nuestras abuelas sabían hacer, con elementos básicos y sencillos, delicias que todos recordamos. Como estos sabrosos Brotschnitze, que presentamos a continuación, y cuya receta también está publicada en el libro "La gastronomía de los alemanes del Volga", junto a 150 más.

BROTSCHNITZE

Ingredientes:
1 taza de harina
½ litro de leche
2 huevos
2 cucharadas de azúcar
Pan de unos días de antigüedad

Preparación:
Mezclar todos los ingredientes hasta obtener una masa líquida y liviana. Cortar el pan en rodajas; remojarlo en la masa; y freírlo en la sartén con un poco de grasa.





Mi madre fue una mujer sensacional

Mi madre me dijo que recordara el lugar de donde vengo, la casa de adobe, la comida humilde, las reuniones familiares, las calles de tierra, las gentes honradas y sinceras. Los hombres y las mujeres buenas, trabajadores, siempre sonrientes, rezando y cantando. Los domingos de fiesta. Los días tristes. También los buenos. Para tener presente en cada instante de mi vida que nada es permanente, que después de cada tormenta siempre sale el sol y que aún en la noche más oscura, las estrellas nunca dejan de brillar y Dios nunca deja de protegernos. Mi madre fue una mujer sin estudios académicos pero tenía la sabiduría que da la vida, esa sabiduría que no se enseña en la escuela ni en ninguna universidad.

jueves, 20 de mayo de 2021

Dos comidas tradicionales de los alemanes del Volga, elaboradas por Martin Gerling, un lector que adquirió el libro "La gastronomía de los alemanes del Volga"

El libro "La gastronomía de los alemanes del Volga" nació teniendo como base tres premisas: rescatar, revalorizar y difundir las recetas tradicionales de nuestros ancestros, todas esas comidas que hacen a nuestra identidad culinaria y que, paulatinamente, se estaban perdiendo en el olvido, porque las nuevas generaciones estaban dejando de prepararlas o porque, sencillamente, la cadena de ir legándolas de generación en generación, se había cortado.
Y desde el día mismo que fue lanzado, no solamente cumplió con creces con esas premisas sino que su repercusión fue mucho más allá y rompió cualquier tipo de expectativas previas. Tanto que, enseguida, marcó un récord, se agotó la primera edición en apenas tres meses, luego vino la segunda, después la tercera, hasta llegar a la actual, que es la décima cuarta. Todo un mérito y un orgullo para un libro de los alemanes del Volga.
También, enseguida, los lectores que lo adquirían comenzaron a volver a preparar las recetas que rescata el libro y a enviarnos fotografías de los platos que iban preparando, de la misma manera, y con los mismos ingredientes y resultados, que sus ancestros.
Tal como lo hizo Martín Gerling, un talentoso y conocido músico suarense, que adquirió el libro y preparó las tradicionales recetas que allí se rescatan, continuando con el legado histórico de sus ancestros. Y lo hizo de manera excelente, tal como lo demuestran las dos fotografías que nos envío de los Wickelnudel y Ochenta Golpes que preparó, elaborados de manera perfecta y cuidando todos los detalles.

miércoles, 19 de mayo de 2021

Los alemanes del Volga

 Un día dejaron su aldea natal,
allá lejos, a orillas del río Volga,
sus padres agitando el pañuelo
y a sus hermanos llorando el adiós.

Llevaban sus enseres en grandes baúles,
donde también atesoraban sus sueños,
junto a un cúmulo infinito de recuerdos
que el camino fue coloreando de nostalgia.

Se hicieron a la mar del océano inmenso,
leyendo la Biblia, en las largas noches,
rezando el rosario en las madrugadas,
sufriendo la angustia del desarraigo.

Arribaron al puerto de Buenos Aires,
después de soportar durante treinta días,
la tempestad y el bravo oleaje,
y sobrevivir en oscuras bodegas.

Aquí se diseminaron por la indómita
tierra virgen de la pampa húmeda,
fundando decenas de aldeas y colonias,
transformando los campos los campos en vergeles.

Levantaron al cielo las iglesias,
que llenaron todos los domingos
y erigieron escuelas para educar
los niños que iban naciendo.

Año tras año fueron progresando,
creando riquezas para el país,
que los cobijó como a sus hijos,
bajo la enseña celeste y blanca.

Una ocasión única e imperdible de tener acceso a toda la historia de los alemanes del Volga

Una ocasión única e imperdible de tener acceso a toda la historia de nuestros ancestros, partiendo desde lo familiar pasando por lo social hasta lo religioso y cultural. Una manera simple y sencilla de acceder a todas las recetas que cocinaban nuestras abuelas y también, para profundizar en la forma de vida que llevaban las mujeres alemanas del Volga: como eran recibidas cuando nacían, como eran educadas, para que se las formaba, que se esperaba de ellas desde el punto de vista familiar, social y religioso. Asimismo un amplio material que brinda un profundo acceso al conocimiento de cómo era la niñez de nuestros padres, mediante una descripción fidedigna del ambiente en el que nacían y crecían, sus juegos, con una explicación detallada de cada uno de ellos, adivinanzas y una profusa variedad de costumbres a las que estaban invariablemente sujetos. Y por último una reconstrucción de anécdotas, vivencias, historias de vida, costumbres y tradiciones. Cuatro libros que definen la identidad de los alemanes del Volga de antaño y nos hacen comprender por qué tenemos algunos comportamientos y actitudes frente a la vida que nos definen como personas y como descendientes de aquellos alemanes que emigraron del Volga, trayendo consigo férreos valores morales, sociales, religiosos, culturales y una apuesta inquebrantable al trabajo como puntal de crecimiento, desarrollo y progreso.

lunes, 17 de mayo de 2021

Memorias de una emigración: el doloroso adiós al Volga

Atrás quedaban las aldeas Dobrinka, Pfeifer, Kamenka, Wollmer, Dehler, Hildmann, Grimm, Huck y muchas más, a uno y otro lado de las orillas del río Volga. Lo mismo que las familias Melchior, Gottfriedt, Dreser, Rohwein, Desch, Reeb, Schneider, Scheffer, Suppes y tantas, tantas más. Todo quedaba atrás, en el ayer, en el pasado. Un ayer y un pasado que cada día quedaría más y más lejano allá, en el fondo de la memoria, de donde sólo resurgirían con profunda nostalgia y melancolía, durante la vejez.
Pero ahora era tiempo de partir, de escapar de la miseria, el hambre, los permanentes conflictos sociales, políticos y económicos, que convulsionaban a Rusia y la hundían cada vez más en un caos sin futuro, donde en el horizonte no se presagiaba nada bueno para los alemanes que residían en el país, sobre todo allí, en el grupo de aldeas, fundadas hacía un poco más de cien años, por valientes pioneros que habían emigrado del Sacro Imperio Romano Germánico, en busca de libertad religiosa, paz y escapando de las guerras y miseria.
A medida que se alejaba, en compañía de su esposa y sietes hijos y un grupo de veinte familias, que cantaban tristes canciones de adiós, de despedida y de cuando en cuando, oraban al Señor, solicitando protección, sus ojos se llenaban de lágrimas. La angustia le oprimía le pecho. Los remordimientos lo atormentaban. Le dolía tener que dejar no solamente su terruño natal, sino a sus hermanos y a sus amados padres, dos personas mayores ya, que lo veían marcharse sabiendo que nunca volverían a reencontrarse ni estrecharse en un abrazo. No al menos en este mundo.

viernes, 14 de mayo de 2021

Receta para preparar Füllsen, el budín de pan tradicional de los alemanes del Volga

Ingredientes:
1 kg de pan duro, 1 litro de leche, ½ taza de azúcar, ½ litro de crema, 2 o 3 huevos, pasas de uva cantidad necesaria a gusto, 3 manzanas.

Preparación:
Cortar el pan en rodajas, sumergirlo en la leche, dejarlo reposar hasta que quede blando. Escurrir la leche y colocar en un bol el pan mojado y escurrido. Luego agregar la crema, los huevos, el azúcar y mezclar bien. Agregar las pasas de uva, volver a mezclar, agregar las manzanas en láminas. Colocar en un molde enmantecado. Cocinar a horno moderado.
(Esta receta y 150 mas las recopilo en el libro "La gastronomía de los alemanes del Volga").

miércoles, 12 de mayo de 2021

Los Wickelnudel de la abuela

 -Llegaste justito Camila para ayudarme a cocinar Wickelnudel. ¿Me vas a ayudar? -preguntó la abuela a su nieta, que acababa de llegar con la mochila con la que se movía habitualmente de acá para allá, arrastrando libros de estudio.
-Sí! -respondió la nieta entusiasmada. Así aprendo a cocinarlos. Mamá nunca me deja entrar a la cocina cuando está cocinando porque dice que mi función en la casa es estudiar y recibirme.
-¡Y tiene razón! -agrega la abuela. Tenés que estudiar para ser una buena médica.
-Pero las médicas también cocinan -opinó la nieta. ¿O caso las médicas no comen, abuela?
-Sí, Camila, comen; pero tienen empleadas que les preparan la comida.
-Pero yo quiero aprender las recetas alemanas. En las grandes ciudades nadie las sabe cocinar. Y en las colonias, a veces también pasa, porque nuestras madres no nos enseñan a cocinar desde chicas como hicieron ustedes, abuela, con ellas.
-Era otra época, Camila. Tenían que aprender obligadas porque tenían que salir a trabajar desde muy pequeñas. Tu mamá empezó a trabajar a los doce años. ¡Pobrecita! Con tu abuelo tuvimos trece hijos y dos fallecidos. Había que alimentar a tanta gente. Hoy las cosas cambiaron: todos tienen solamente uno o dos hijos, entonces todo se vuelve más sencillo. Los pueden mandar a estudiar. Algo imposible para tu madre. Ninguno de tus tíos pudo terminar la primaria. Todos tuvieron que salir a trabajar al campo. Tu abuelo murió muy joven y eso lo hizo todo aún más difícil. Pero dejemos eso, es historia pasada -se interrumpió abuela. ¿Vamos a cocinar Wickelnudel? ¿Sí? Bueno, vos andá preparando unos ricos mates, así no te aburrís mientras mirás.
La nieta obedeció. Fue a la alacena, sacó la yerba, el mate y todo lo necesario para prepararlo.
La abuela limpió la mesa de madera y sobre una tabla de madera empezó a cortar un pequeño corte de carne en trozos, después pico una cebolla, dos zanahorias y tres papas.
-Esto, y algunas cositas más, es para el estofado donde se van a cocinar los Wickelnudel. Ah! También hay que salar y condimentar bien para que la salsita salga rica. Todo esto lo ponemos a rehogar en una olla con unos chorros de aceite, sobre la cocina a leña. Y lo dejamos ahí, revolviendo de vez en cuando.
-Pero, abuela, no estás diciendo las proporciones. ¿Cuánto de carne?¿Cuántas zanahorias?
-Más o menos, medio kilo de carne. Si tenés menos no importa. Hay que saber arreglárselas como lo hacían nuestros antepasados, que siempre les faltaba de todo. Mi madre, a veces, cocinaba Wickelnudel sin carne. Le agregás dos o tres zanahorias. Una o dos cebollas, de acuerdo al tamaño. Eso lo vas a ver a medida que las vas cortando. Algunas papas. Unas pizcas de condimentos. De los que más te gusten, para que tome rico sabor.
-Uh! Pero así es muy difícil, abuela -se quejó la nieta. Cómo voy a saber cuál es la cantidad necesaria de cada cosa, si nunca preparé una salsa en mi vida.
-Ya vas a aprender -Camila. Ya vas a aprender. Paciencia.
Camila no estaba tan convencida. La abuela se desenvolvía con tanta seguridad.
-Ahora a preparar la masa -exclamó la abuela.
-Sí! -los Wickelnudel!
La abuela limpió bien la mesa, primero con un trapo húmedo y luego seco. Espolvoreó un poco de harina y mientras elaboraba la masa, explicaba:
-Arrojás un montoncito de harina bastante generoso. Le agregás levadura. Una pizca de sal. Uno o dos huevos. Un poco de leche. Unís todo y amasás. Una vez que tenés una masa homogénea la ponés sobre la mesa y la aplanás con el palo de amasar. La enrollás. La untás con aceite. Y la cortas en rollitos de unos cinco centímetros, más o menos. Y finalmente, la dejás reposar durante un rato.
-Me quedó reclara -comentó la nieta con una sonrisa de joven para nada conforme con la explicación. Es imposible que yo haga eso. Uno o dos huevos, tres o cuatro cebollas, más o menos un kilo de harina y no sé qué más!
-No! Un kilo no! -corrigió la abuela. Es demasiado.
-Y después? -preguntó la nieta.
-Paciencia, Camila. En la cocina todo se hace con mucha paciencia y tiempo, para que las cosas salgan ricas. Pero te cuento: después de que hayan pasado unos minutos, colocamos los Wickelnudel sobre la salsa de carne y verduras que preparamos en la olla, que no tiene que ser muy líquido porque la masa se tiene que cocinar al vapor. Si es muy líquido tenés que retirarle un poco de jugo. Colocás los Wickelnudel y los tapás. Se cocina sin quitar la tapa de la cacerola a fuego muy bajo.
-Parece tan fácil cuando te miro mientras los preparás y, sin embargo, es tan difícil. No a todo el mundo le salen los Wickelnudel tan ricos como a vos. Quedé mareada con todo lo que hiciste. Es un lío las cantidades y las proporciones.
-No te preocupes -la consoló la abuela y fue a la pieza a buscar un regalito envuelto en papel de librería.
Qué raro! -pensó la nieta. La abuela yendo a una librería. Justamente ella, que solamente leía la Biblia y, de vez en cuando, algún diario local que le prestaba la vecina. Ella prefería la radio como soporte informativo. Allí también se enteraba quién fallecía en el pueblo.
-Es para vos -dijo sonriente la abuela.
-Para mí? -preguntó desconcertada la nieta.
-Sí, Camila. Abrilo. Hay que romper el papel porque trae suerte. No te olvides.
Así lo hizo la nieta. Y descubrió el libro "La gastronomía de los alemanes del Volga", del escritor Julio César Melchior.
La nieta lo ojeó. Sus ojos se iluminaron. Abrazó a su abuela fuerte, muy fuerte, estampando un beso sonoro en la mejilla.
-Es para que aprendas a cocinar nuestras recetas. Hay más de ciento cincuenta. Explicadas paso a paso. Es un muy buen libro, que rescata nuestras comidas. Te va a encantar.
-Gracias! Gracias! Gracias! Sos un amor, abuela! Estás en todos los detalles.
La abuela emocionada empezó a limpiar la mesa, para que su nieta no se diera cuenta que estaba a punto de llorar de alegría.

Receta de torta 80 golpes (Achtzig Schlag)

 Ingredientes:
500 gramos de harina
30 gramos de levadura
3 cucharadas de azúcar
3 cucharadas de aceite
1 huevo
Esencia de vainilla
Cantidad necesaria de leche
Para el relleno:
200 gramos de manteca
20 cucharadas de azúcar

Preparación:
Colocar la harina en un bol y hacer un hueco en el centro, donde se incorpora el huevo, la levadura desgranada, el azúcar, el aceite y la esencia de vainilla; se comienza a unir con la harina de los bordes y se va agregando leche tibia hasta formar una masa blanda pero que no se pegue en las manos.
Volcar la masa en la mesa y una vez que esté bien unida, darle 80 golpes arrojando la masa sobre la mesa. Tomar el palote y estirar la masa lo más fina posible.
Untar la masa con la manteca que debe estar a temperatura ambiente y mezclada con azúcar.
Enrollar la masa bastante ajustadamente, cortar en trozos de 5 cm. (depende del alto del molde), colocarlos parados y a cierta distancia entre sí en un molde de 30 cm. de diámetro enmantecado.
Dejar levar hasta que se hayan unido todos los rollitos, llevar a horno moderado durante 35´ a 40´.
Desmoldar enseguida que se retira del horno.

(Esta receta y 150 recetas tradicionales más, se pueden encontrar en el libro "La gastronomía de los alemanes del Volga", del escritor Julio César Melchior. Para mayores detalles comunicarse a juliomelchior@hotmail.com.).