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domingo, 16 de enero de 2011

Costumbres y tradiciones: El servicio fúnebre

“Los servicios fúnebres fueron siempre una demostración de gran pesar tanto en los velorios como los entierros; toda la población de la aldea acompañaba a los deudos del fallecido, tanto entre los católi­cos como entre los protestantes, formándose largos cortejos que eleva­ban sus plegarias a Dios con cánticos y rezos, apropiados para esa cir­cunstancia. Eran momentos solemnes que llamaban a la oración y a la reflexión sobre lo trascendente; entre los Evangélicos, en cada cere­monia fúnebre los fieles eran exhortados al arrepentimiento y los católicos acostumbraban rezar el rosario, salmos penitenciales y al ser colocado el difunto en su fosa, se entonaba el vehemente y sugestivo Schiksal que movía las fibras más íntimas de todos los acompañantes”.

“El intenso frío de Rusia durante el largo invierno permitía prolon­gar el velorio hasta tres días; durante ese período sucedíanse las prác­ticas religiosas y en especial, la reunión de las Hermandades que ha­llaban así ocasión propicia para fortalecer su fe”.
“Los ataúdes eran fabricados en la misma aldea y las fosas eran cavadas por cuatro hombres designados al efecto, quienes portaban también en hombros el féretro hasta el cementerio; se acostumbraba sepultar a los muertos en tierra para facilitar el cumplimiento de la sentencia bíblica: "eres polvo y en polvo te convertirás".
“En general, los colonos alcanzaban una edad avanzada, que a ve­ces superaba los cien años, aunque la mortalidad infantil era elevada; se acostumbraba visitar a los enfermos, quienes también eran asisti­dos por los clérigos. Permanecer con el enfermo en su lecho de muerte era una demostración de afecto y un deber moral para el vecino; los alemanes del Volga no temían la muerte y se preparaban espiritualmente para recibirla en paz. El moribundo, al notar su estado, solici­taba la presencia de sus enemigos para reconciliarse con ellos en el mejor estilo cristiano; eran momentos solemnes y conmovedores. "Mi propio padre, al notar que sus días se limitaban sobre la tierra, exterio­rizaba una extraña y sublime alegría al elevar su pensamiento a Dios y preparar su alma para ir al encuentro del Señor; durante una sema­na exhortó a parientes y amigos que lo visitaban al arrepentimiento y perdón de los pecados y acercarse a Dios, alejándose de los placeres de este mundo" (VP. Popp)”.
“Así terminaron sus días muchos de los alemanes del Volga en Ru­sia; en todos los casos la asistencia espiritual del sacerdote o del pas­tor, siempre se hacía correctamente, para conferir los consuelos de la religión”.
“Fallecida la persona, su cadáver era aseado, vestido y bien peina­do; siempre los vecinos prestaban el mayor auxilio a los familiares en desgracia. Si las debilidades humanas habían introducido discordias y rencores entre parientes y vecinos, los momentos supremos de una existencia que se extinguía, eran propicios para el perdón, el olvido de las injurias y el abrazo del retorno a la amistad y reconciliación.
La intransigencia germana ha debido soportar un siglo de duras pruebas y constantes sacrificios, que formaron un nuevo tipo de in­dividuo: más dúctil y obediente a las obligaciones espirituales de la vida, más serio e introvertido y con más confianza en su pueblo”.

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