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martes, 15 de febrero de 2011

Recuerdo de infancia: Las pepitas de la abuela

Cuando íbamos de visita a la casa de abuela, ella se tomaba tiempo para tostar semillas de girasol. Llenaba hasta desbordarla una enorme fuente y la introducía al horno de la cocina a leña. Luego de unos minutos la casa se impregnaba del olor característico del tostado de las semillas. De vez en cuando sacaba la fuente, revolvía su contenido, probaba alguna que otra semilla para comprobar si estaban crocantes y listas para ser consumidas.
Una vez tostadas, abuela se sentaba a la mesa, junto a nosotros, sus nietos, que éramos aún muy pequeños para abrir las semillas de girasol con los dientes como hacían las personas mayores, y las pelaba una a una, con suma paciencia, sacando la pepita con los dedos.
Nosotros la mirábamos “trabajar” con ternura, esperando con ansias que el montón de pepitas creciera y abuela dijera: “Bueno… ¡Ahora se las pueden comer!” ¡Y vaya si las comíamos! ¡¡¡Las espolvoreábamos con mucha azúcar, revolvíamos el montón y a comer!!!

2 comentarios:

  1. Con azúcar?!!! Qué trabajo el de las abuelas!! A medida que crecia el montoncito de pepitas peladas crecia la felicidad de abuela por mimar asi a sus pequeños. Leyendo las historias publicadas en este blog, me doy cuenta de cómo n pequeños grndiosos actos diarios derramaban amor por su familia. Como compartir lo que habia se transformaba en una ceremonia de amor. COMPARTIR. Cuanto se perdio hoy en dia de eso!! En el afan de tener ya ni importa a quien tenemos a nuestro lado, ni lo efimera que es la vida. Que pobres somos hoy en dia!!!!!

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  2. Cuánta cruda verdad, Mariposa, en tus palabras!!!

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