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martes, 25 de octubre de 2011

Experiencia de vida de los alemanes del Volga

Llegó el momento –murmura el sacerdote, con voz acongojada.
Las palabras resuenan en las paredes de la habitación, yendo a morir dentro del ataúd.
Retumba el eco de la tapa del féretro, mientras los hombres sacan a las mujeres a la fuerza.
En la habitación permanecen el sacerdote y dos hombres que comienzan a clavar la tapa.
El cura se desahoga. Ahora se permite llorar desconsoladamente. Es difícil ser Ministro de Dios, y decir “Es la voluntad del Señor”, cuando la que está en la caja es “mi hermana de quince años”.
Cerrado el féretro, el sacerdote se persigna. Los dos hombres abren la puerta y los familiares de la difunta la llevan a la iglesia, donde se oficiará la misa de cuerpo presente.
El sacerdote vuelve a calzarse el traje de cura y marcha al frente, escondiendo su dolor.

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