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viernes, 14 de octubre de 2011

Historia de un labrador


El labrador escucha las campanas de la torre de la iglesia, allá lejos, en el horizonte, entre la bruma de la neblina, en el centro de la colonia, que llaman a rezar el Ángelus del atardecer.
El labrador deja su labor y ora. La cabeza baja, las manos unidas, el alma en diálogo con Dios.
Después desata el caballo del arado mancera. En silencio. En paz consigo mismo.
Las estrellas surguen, una a una, en el cristalino cielo invernal.
Camina lento rumbo al pueblo, silbando contento.
El caballo relincha.
Sopla una brisa fresca.
El labrador sube el cuello de su saco. Sudoroso. Cansado. Sucio.
¡Vuelve a la colonia luego de un arduo día de trabajo!

6 comentarios:

  1. María Teresa Vallet Perego16 de octubre de 2011, 16:34

    Muy buena la descripción del atardecer invernal, en las tierras del labriego. Felicitaciones!

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  2. Bellísima descripción!!!

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