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sábado, 12 de octubre de 2013

Traumática noche de bodas de una mujer alemana del Volga

Contada sin tabúes, de manera cruda, reveladora, real y objetiva. Espejo de muchas mujeres alemanas del Volga que debieron soportar idénticas experiencias de vida.

-Me llamaron a la cocina, donde papá y mamá estaban conversando con una familia vecina acompañada de uno de sus hijos, para presentarme a mi futuro marido. Me dijeron: “María, este es Juan y va a ser tu esposo”. Yo los miré desconcertada y asustada. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Juan no me gustaba ni un poquito y yo todavía no quería casarme. Tenía 15 años y muchas ganas de seguir jugando a las muñecas. Pero la decisión ya estaba tomada. En aquellos años ninguna chica se hubiera atrevido revelarse o protestarles a los padres. Todas las decisiones que tomaban eran para nuestro bien. Ellos sabían lo que hacían y jamás se equivocaban –cuenta María.
Las tradiciones y costumbres marcaban el ritmo social, familiar y la vida privada en que se desarrollaba la existencia de todos los habitantes de la localidad. Cada movimiento, cada decisión de sus integrantes, estaba regido por esquemas rígidos establecidos por la Iglesia: moral férrea y el espacio para la individualidad, escasa. La existencia privada y pública estaban signadas por el ojo censor del otro en la idea de una comunidad que lo veía todo a través de la mirada de Dios. Sin piedad ni concesiones. Sin tener en cuenta ningún tipo de atenuantes, por más valederos que pudieran parecer o ser. Nada justificaba el perdón de lo que se consideraba una falta. El que la cometía sabía a lo que se exponía. Y desobedecer a los padres era una de las faltas consideradas mayores.
María bajó la cabeza, escondió las lágrimas y se sentó a la mesa para escuchar cómo sus padres y sus suegros comenzaban a trazar su futuro: concertaron los días de visita de los novios; arreglaron los detalles de la celebración de la boda, con una gran fiesta familiar que se prolongaría durante tres días; fijaron el lugar dónde se iba a radicar el nuevo matrimonio; dónde iban a trabajar; lo que se esperaba de la esposa y del esposo; cuánto se iba a gastar y cuánto necesitaban para empezar a formar una familia.
El noviazgo empezó formalmente cuando María comenzó a recibir la visita de Juan los domingos, de cuatro a seis de la tarde.
-Los dos nos moríamos de vergüenza –recuerda María-. Ni siquiera nos conocíamos. No nos mirábamos a la cara. Mamá estaba siempre presente vigilando lo que hacíamos. Yo tenía que servir mate con Kreppel. Los minutos no pasaban más.
Los padres la habían colocado en un espacio nuevo: el de ser novia. Y debía comportarse como tal pero no sabía exactamente qué se esperaba de ella. Temerosa, llena de dudas e incertidumbre, cumplió con el protocolo.
Ni ella ni el novio tenían la posibilidad de modificar nada. El futuro de los dos estaba resuelto. Primero por los padres y luego por el sacerdote desde el momento en que, encaramado en el púlpito, anunció la buena nueva del casamiento de Juan y María.
Se casaron sin apenas darse un beso en la mejilla. Sin haber estados solos en ningún instante. Mientras se prolongó el noviazgo jamás se atrevieron a salir de la cocina de la novia como tampoco los abandonó la presencia supervisora de la madre.
María llegó a la noche de bodas virgen de todo conocimiento sexual.
-Cuando nos quedamos solos en el dormitorio me largué a llorar desconsoladamente –confiesa -. Me quería ir a mi casa, con mi mamá.
Estaba sola en el mundo en un lugar desconocido y con una persona totalmente ajena a ella, a la que solamente le había tomado la mano al salir de la iglesia: fue el único momento en que sintieron el calor de sus cuerpos.
Juan se desnudó. Cuando estuvo sin ropas se paró frente a ella, esperando lo mismo. María quedó horrorizada al posar su mirada entre las piernas de Juan. Fue un shock tremendo.
-Sentí miedo. Entré en un estado de pánico –revela-. Tenía miedo que me lastimara. No sabía que me esperaba. Nunca había vista a un hombre desnudo y lo que veía me daba terror. Fue la noche más terrible de mi vida.
No sabía qué hacer ni qué actitud asumir. Por lo que optó por no hacer nada. No se movió. Fue Juan quien la desvistió torpemente. La recostó sobre la cama e hizo lo que un hombre debía hacer: poseer a la mujer.
-Me quedé paralizada de miedo –evoca sin tabúes María-. Me dolió mucho. Sufrí. Grité de dolor. Me acuerdo de la sangre y todavía se me pone la piel de gallina. No sabía de dónde venía. Me asusté. Pensé que Juan me había perforado la panza. Quería irme a mi casa, con mi mamá; pero Juan se enojó mucho y me gritó: “Ahora yo soy el que manda”.
El sexo se transformó en algo malo y en un trámite para complacer al marido y de paso engendrar hijos. Nada más. No hubo belleza. No hubo ni un detalle sublime. No hubo afecto. No hubo ternura. Todo fue –y siguió siendo en lo sucesivo- meramente mecánico. Sin sentimientos de ningún tipo. Sin deseo. Sin lujuria. Sin éxtasis. Todos los días, toda la vida.

9 comentarios:

  1. Esto me parece, una barbaridad, pobres las mujeres lo que aguantaron , pensar que en otras culturas hoy día sigue pasando, basta ya!!!

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  2. me da escalofrios es como una violacion ! pero es verdad mis papas tambien se casaron sin conocerse y creo que simplemente se aaguantaron toda la vida

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  3. Muchas gracias por visitar el blog, leer, reflexionar y compartir experiencias!!!

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  4. Puedo imaginar el susto de María....y como opinaron mas arriba, reflexionar que aún ahora en algunas zonas del planeta la mujer es un objeto sin derechos...triste...

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  5. mi suegra me contó que con el vestido que tomó la comunión le armaron el casamiento,muy traumático todo.Nunca voy a entender porqué las casaban los padres,pobrecitas mujeres niñas

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  6. si me consta y despues nos asustamos de otras costumbres, a mi tia herna la obligaron a casarse, tenia 13 o 14 años con un tipo mas frio y seco de 35 años, tuvo 3 hijos, pero nunca amo a su marido, lo cuido y cumplio con todos los mandatos de esposa, me diverti mucho cuando me entere que tenia un amante de su edad, esaaaaaaaa yany feyt

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  7. soy nieta de alemanes de volga. a mi abuela le pasó lo mismo. Ella era Húngara de familias gitanas nómades y mi abuelo que trabajaba en el campo, la compro a los 15 años por cinco caballos. El se enamoro de ella, pero su padre cogio los caballos y se fueron . mi abuela nunca mas supo de su familia, solo lo tenia a mi abuelo que era un hombre muy bueno y tranquilo Y lleno de alegría. Tuvieron 11 hijos ( 4 murieron de chiquitos). ellos eran emigrantes en argentina, alla nacio mi padre. mi abuela fue una mujer, muy dura , muy trabajadora, y era como si su mente y su cuerpo fuese de piedra, pero nos quería mucho, a todos sus nietos y cuido de mi abuelo hasta el final. murió tres meses después que él, de un cáncer de hígado del cual jamas dijo nada, ni se quejo , ni tomo un calmante, quiso estar lúcida hasta que cerró los ojos, para no batallar mas con el dolor! creo que lo logro volverse de piedra el dia que su familia la abandono por cinco caballos.

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  8. Qué tristeza me da este relato. No conocí a mis bisabuelos ni abuelos, pero supongo que debe haber sido igual de dura sus vidas en aquella época. Mamá era poco comunicativa, vivió una vida muy dura y su carácter era fuerte, pero vivió mucho más libre que su madre y abuela. Tenía facciones muy serias, pero cuando reía o se alegraba por alguna situación, le cambiaba la cara y se la veía feliz. Vivió sus últimos 12 años en mi casa.... espero haberla hecho feliz y que tuviera todo lo que le gustaba. Partió hace 5 años y la tengo cada día que pasa más presente. Fue una mujer de esa raza fuerte, como son los Alemanes del Volga. Fué admirable!!!

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    1. A mi madre la obligaron a casarse con su hermanastro, el estaba enamorado de ella pero ella no quería saber nada, jamas tuvo un amante pero si se enamoro de otro en sus primeros tiempos de casada, luego se enamoro de papa, fuimos una familia con economías que subían y bajaban pero fuimos muy felices, fueron padres excelentes, y cuando el fallecio ella jamas pensó en casarse otra vez, pero siempre me relataba lo que sufrio al tener que casarse tan joven y por obligación, tanto fue el apuro de su madre por verla casada que dio el si ante el juez quien tuvo que llamarle la atención y volver a preguntarle a mama, gracias a Dios que nosotros aunque hayamos elegido bien o mal lo hicimos por nosotros mismos.

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